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domingo, 19 de abril de 2020

Las águilas de Roma. Libro I (Norma, 2018) Enrico Marini



         “Las águilas de Roma. Libro I” (Norma, 2018) es lo primero que me he comprado de Enrico Marini, y la verdad es que me ha encantado, no os voy a mentir. Este primer tomito, de cuarenta y ocho páginas, comienza con un mapa de lo que era el Imperio Romano en tiempos de Augusto. Nuestra historia comienza en Germania, en el año 9 A.C. Druso, tras tres años de encarnizadas luchas, logra la paz con las tribus de Sugambros, Tencteros, Usipetes y Queruscos (estos últimos, también enemistados a su vez con los Suevos, por territorios).

       Para confirmar la Paz, el joven príncipe querusco Ermanamer, se irá a Roma, donde será educado como un romano. Una vez allí, se le da un nombre romano, y se le adjudica, para ser educado, a un patricio, un militar romano retirado, Tito Valerio Falco, con cuyo hijo Marco, comenzará llevándose mal.

       A Ermanamer, le cambian el nombre por el de Gaio Julio Arminio, y será trasladado a la villa de Tito Valerio, donde comenzará junto al joven Marco, un entrenamiento muy duro. Lo que era una enemistar y un odio declarado, se transforma en un respeto mutuo, hasta que los dos jóvenes se juran como hermanos de sangre. En la villa, la hermanastra de Marco, que es una arpía, confabula contra Albinia, que fue una antigua princesa germana, y ahora, romana, es la madre de Marco. Los años pasan, y ambos se transforman en fuertes guerreros, soldados que visitan los lupanares de Roma, y terribles adversarios.

         El cómic está francamente bien. No es un cómic histórico, y las tramas son sencillas, con malos muy malos, y buenos muy irreales. El dibujo de Marini es muy bueno, y la historia tiene acción a raudales, bastante sexo que no viene a cuento, y un interesante glosario de palabras latinas y germanas, en el final del cómic. Los flashbacks son abundantes, pero no te pierdes con ellos, y te van dando píldoras de la historia que no conoces de momento. Me ha recordado en un par de detalles al clásico “Ben-Hur”, y sospecho, que, el resto de la colección, me va a gustar.

sábado, 18 de abril de 2020

Próxima (2019)



        Sarah tiene una hija, Stella, de siete años, que es el amor de su vida. Sarah está divorciada, pero no se lleva mal con su ex. Sarah es francesa, está en perfecta forma física, y es astronauta. Siempre quiso ser astronauta, es el sueño de su vida.

        En la agencia europea espacial, en Colonia (Alemania), entrenan varios astronautas para ir a Marte. Ella es la única mujer. Sarah ha sido elegida para la misión “Próxima”, que la tendrá un año en el espacio.

        Y es que “Próxima” (2019) es una película atípica, por lo que cuenta su historia. El amor de una mujer por su trabajo, y por su familia, que es su hija. Rodeada de machismos, y micromachismos, encarnados, muchos de ellos por el astronauta estadounidense (Matt Dillon). Es interesante cómo se explica todo el entrenamiento que realiza un astronauta, a lo largo de la cinta, que es bien duro. Después de la primera hora de visionado, se transforma en un drama de mucho cuidado, por el papel, cada vez más presente y pesado de Stella, que hace que, yo por lo menos, haya ido perdiendo interés paulatinamente en la película, hasta encontrarme con un final un tanto insípido. Y, es una pena, porque creo que podría contar más cosas, y quizás mejor.

        P.D: He llegado a varias conclusiones: Los astronautas, y el mundo que los rodea en general, son bastante machistas. La agencia espacial europea no tiene mucha vigilancia ni seguridad. Los taxistas te esperan horas y horas, si se lo pides por favor.

Operación Overlord. 1 Sainte-Mère-Église (Norma, 2015) Michaël Le Galli, Davide Fabbri, Domenico Neziti


        He comenzado una nueva colección de cómics relacionados con la Segunda Guerra Mundial, y estoy como un nene con zapatos nuevos, ya que todo lo que esté relacionado con este tema, entre otros, es algo que me encanta, y procuro hacerme con todo el material posible, y más, si son cómics.

        “Operación Overlord” es la colección a la que me refiero. El primer tomo se titula “Sainte-Mère-Église” (Norma, 2015), de Michaël Le Galli (guión), Davide Fabbri (dibujo) y Domenico Neziti (color), y en este tomo nos trasladamos al 4 de junio de 1944, para conocer el destino de la Compañía G, perteneciente a la 82 División aerotransportada estadounidense.

        Su misión será la de saltar en paracaídas sobre las inmediaciones del pueblito de Sainte-Mère-Église, y hacerse con dicha localidad, para asegurar la llegada de tropas a la playa de Utah. La localidad es tomada, como sabemos, ya que fue el primer pueblo tomado por las tropas americanas, y protagonista de un curioso hecho, porque el soldado John Steele, se quedó colgando de la torre de la iglesia, haciéndose el muerto, mientras veía como los alemanes asesinaban a sus compañeros. ¿Habéis visto la película “El día más largo” (1962)? La escena, se recrea en dicha cinta. Pero el precio es alto, ya que muchos paracaidistas fueron fácilmente eliminados por los alemanes, mientras caían.



         El cómic es muy correcto. Tiene continuos flashbacks para contarnos la vida de algunos protagonistas de la historia, y su narrativa es rápida. Lo malo, por ponerle alguna pega, es que sus cuarenta y ocho páginas me han resultado escasas, se leen en quince minutos. Hubiera estado bien un dossier histórico, como los que tiene la colección del “U-47”, para que el lector se quede con más información sobre los hechos narrados en el cómic. 

Aquí una foto de John Steele. Se echa de menos en el cómic, un dossier histórico que cuente más hechos y acontecimientos relacionados con lo que se narra en sus viñetas.

        P.D: Que digo yo, que tendré que dedicarle una entra a "El día más largo", que hace veinte años que no la veo...

viernes, 17 de abril de 2020

Los Rodríguez y el Más Allá (2019)



        Ufffff, las poco más de dos horas que dura “Los Rodríguez y el Más Allá” (2019) se me han hecho insufribles. Y mira que la película tiene una buena intención, que es ayudar con su recaudación, a los niños enfermos, y con canción dedicada en los créditos finales… Pero es que la historia no hay por donde pillarla, es bastante insulsa, y no tiene ni chispa ni agarre, y eso que lo intenta Edu Soto, pero donde no hay…

        Los Rodríguez son una familia bien, bastante pija, bastante normal. Un día, el pequeño de la casa descubre a través de un vídeo VHS del Paleolítico Superior, que su difunto abuelo era Plácido Domingo, lo cual no es extraño si tienes de abuela a Geraldine Chaplin, y que además… Era extraterrestre.

        En el trastero de casa, abren un portal por donde se cuelan unos habitantes argentinos de otro planeta, con Rossy de Palma como cabeza pensante, y a raíz de ese contacto interestelar, la familia recibe poderes extraños: Tú el bárbaro, tú el arquero… No, que va, poderes más pragmáticos, como el de la superfuerza, la invisibilidad, que se te ponga el culo rojo o que el perro se suba por las paredes tras escuchar las noticias económicas.

        A partir de ahí, hay una hora en la que creo que fui abducido, y después sale, por variar, Santiago Segura, que es el malo, y unos holandeses que hablan inglés y que no pintan mucho en la película… Yo qué sé. Es mala, y amenazan con segunda parte. Con una hora menos, quizás hubieran enganchado más, pero, aparte de su buena causa, que yo también apoyo y por eso los admiro, la película aburre a las moscas.

El eternauta 2 (Norma, 2011) H.G. Oesterheld, F. Solano López



        Hace unos años, le dediqué una entrada en el blog, a un cómic que me pareció (y me parece) una maravilla, y que atesoro en mis estantes, se trata de “El eternauta” de H.G. Oesterheld y Solano López.

        Recuerdo haberme tirado un mes con aquel cómic, que contaba las andanzas de Juan Salvo, un tipo que, en compañía de mujer, hija y amigos, ve como una nevada mortal acaba con la mitad de Buenos Aires. Y pronto descubre que se trata de una invasión alienígena, llevada a cabo por los “Ellos” mentes superiores del espacio exterior, y los “Manos” o lugartenientes, que llevan a cabo sus planes a través de seres llamados Cascadores, Gurbos y hombres-robots, manipulados a su voluntad.

        Al poco, me hice con este “Eternauta 2” (Norma, 2011), pero desapareció en la pila de libros y cómics que tengo pendiente de leer, hasta hace un par de días, en que lo volví a reencontrar, y fue como encontrar el tesoro de un galeón español en una isla tropical.

        La primera parte de “El eternauta” fue un exitazo, y pronto, en los setenta se vuelve a reeditar. Ante el éxito, a finales del 76, Oesterheld y Solano comienzan a sacar la segunda parte en revistas. Aunque el contacto que tenían guionista y dibujante era nulo. Oesterheld le da a la historia un tinte revolucionario, que pretendía ser critico con la situación política argentina, sumida en una dictadura militar, y ya de paso, también, antiimperialista. La propia editorial tuvo que retocar cosas del guión, para evitar problemas con el gobierno a través de la publicación.

        Pronto, a los pocos meses de comenzar la publicación, en abril del 77, Oesterheld es secuestrado. Ya habían desaparecido tres de sus hijas a estas alturas. Y el propio Oesterheld, torturado y asesinado, desaparece de este mundo, sin saberse ni qué fue de su cuerpo. En abril del 78, justo un año después, “El eternauta 2” llegaba a su fin.

        Pero, ¿De qué va esta segunda parte? Volvemos a estar en 1959, en casa de Juan Salvo, con su familia y sus amigos. Solo Germán, que fue testigo de los hechos narrados en la primera parte de “El eternauta” es conocedor de lo que ocurrió. Y trata de hablar con Juan y el resto de acompañantes, sobre la nevada y lo ocurrido.

        Pronto, Juan, su mujer y su hija, y el propio Germán, se ven envueltos en un viaje al futuro, al S.XXIII, donde deberán ayudar a los habitantes de unas cuevas, supervivientes del holocausto postapocalíptico que sufrió la humanidad, a luchar contra los “Manos” y sus secuaces, los zarpos, unos híbridos descerebrados que están a sus órdenes.

        Germán se da cuenta de que Juan ya no es el mismo, y se revela su condición de mutante, con capacidad para derrotar a los “Manos” y a los “Ellos”, los seres alienígenas de superior intelecto, que han provocado la invasión en el S.XX, y que rara vez se muestran.

        Con tintes de “La máquina del tiempo” (1895) de H.G. Wells, “El eternauta 2” es una obra interesante y dinámica, con bastante acción, y que nos deja ver la evolución de los personajes. Juan más frío, con ganas de luchar. Germán, más refugiado en sus pensamientos, y empático con absolutamente todos los habitantes de las cuevas. Mientras que los “Manos” y el resto de malvados seres, muestran sus carencias frente al “Eternauta”. Es un cómic ameno, pero debes leer la primera parte, que yo considero imprescindible, para captarlo todo en su totalidad.

        P.D: Sé que tengo un cómic corto de “El eternauta” en algún lugar, en cuanto lo encuentre, le dedicaré una entrada.

jueves, 16 de abril de 2020

Timmy Failure: Mistakes were made (2020)



        “Timmy Failure: Mistakes were made” (2020), también conocida en España con el nombre de “Desastre y Total: Agencia de detectives nº1” es una película de Disney, basada en una serie de libros de Stephan Pastis, donde un joven de primaria, Timmy, muy especialito, es el protagonista junto a un oso polar imaginario (a otros nenes, les da por tener a Hitler como amigo imaginario).

        Timmy vive en Portland, junto a su madre separada (o divorciada, no lo tengo claro) en una casa de alquiler, donde Timmy se ha montado una agencia de detectives. La agencia de detectives está formada por él, y por su oso polar, que solo puede verlo él (y una vagabunda).

        El chaval, que está como una cabra en bicicleta, se imagina miles de historias extrañas, disparatadas, pero divertidas, donde el surrealismo está al orden del día, y donde va de lío en lío, mientras usa frases hechas como “Se cometieron errores” (Mistakes were made) o “Correcto”, “Afirmativo”, “negativo”, cuando no da la callada por respuesta, algo bastante habitual.

        La película es imaginativa, y a veces original. En la línea de “El diario de Greg”, que lleva ya muchísimos libros (perdí la cuenta hace unos años), o de la deliciosa “Wonder” (2017) en la que el nene quiere ser astronauta, y el hecho de que el protagonista le tenga pavor a la Secundaria, me ha recordado vagamente a la serie “Cien cosas que hacer antes de ir al instituto” (2014-2016) aunque en esta, la protagonista no tiene más imaginación que la voz en off.

        Lo malo de “Timmy Failure” es que el nene puede llegar a caerte mal por sus continuas reflexiones, que ni siquiera los nenes las entienden (por lo menos, con la que yo la he visto), su estética (está agarrado a una bufanda roja, como un bebedor de absenta de Montparnase) y su cierta pedantería. No conecta del todo, y la veo más enfocada para un público más adulto, que entienda ciertas cosas, o referencias. Tiene un par de puntos buenos, pero las continuas subtramas que surgen cada diez minutos, hacen que los chicos se pierdan en la vorágine de narrativas, y fantasías, y solo se fijen en el oso y en sus apariciones, que son una verdadera pasada, ya sea dicho de paso.

miércoles, 15 de abril de 2020

La mala noche (2019)



        “La mala noche” (2019) ya te avisa del drama al que te vas a enfrentar con la película, desde el minuto uno. Una prostituta que va cayendo, poco a poco, e irremediablemente en la droga, en adiciones que conllevan gastar dinero por un tubo, endeudarse, y en el abismo que ello conlleva, una espiral de la que no tiene narices de salir por mucho que mienta y lo intente. Aparte, está el mundo de los clientes, de los chulos, los clubs de striptease, de los corruptores de menores, la sociedad hipócrita y colaboradora de este tipo de situaciones…

        La película tiene unos silencios impresionantes. Unos buenos planos. Una buena fotografía, un trasfondo religioso digno de una tesis doctoral… Pero no va mucho más allá, y es una pena, porque quizás podría haber profundizado mucho más en la trama, y para contarnos esta historia, con poco más de una hora les hubiera salido algo más interesante, aún así, tiene un buen final, que cierra el círculo.

martes, 14 de abril de 2020

El crimen de Georgetown (2019)


        En “El crimen de Georgetown” (2019) tenemos al oscarizado Christopher Waltz encarnando a un caradura de muchísimo cuidado: Ulrich Mott. Un tipo del estilo “Pequeño Nicolás”, jeta, mentiroso compulsivo y desequilibrado mental.

        El muy sinvergüenza, se liga a una prestigiosa periodista (siendo abiertamente gay), Elsa Brecht, de noventa años, con la cual se casa, para poder seguir escalando socialmente. Lo mismo te dice que es un brigadier del ejército iraquí, que lleva una ONG, o que estuvo en la Legión Extranjera. La única que no se traga sus milongas, es la hija de Elsa, Amanda, que cala desde el primer día al caradura de Ulrich, y que advierte en repetidas ocasiones a su madre de lo que se le viene encima.

        Un día Elsa aparece muerta a los píes de la escalera (al principio de la película prácticamente), y Ulrich se inventará mil y una historias para demostrar su inocencia, mintiendo a cascoporro, con un complejo narcisista de manual, y con una verborrea de campeonato.


        La película no está maleja. No tiene mucho enganche, ni fuerza, y posiblemente la olvidaré en un par de días. Pero llama la atención, que, tipos así existen, y que se salen con la suya (al menos por un tiempo). Al parecer, está basada en hechos reales, pero picado por la curiosidad, he buscado y he encontrado esto, que supera a la propia película en delirio.

U47. 6. América en guerra (Coeditum, 2019) Mark Jennison, Gerardo Balsa, Nicolas Caniaux



        “América en guerra” (Coeditum, 2019) de Mark Jennison (guión), es el sexto título de las aventuras y desventuras ficticias del submarino alemán U-47. Este es el último título, creo, que ha editado Coeditum en castellano, de una serie que en Francia va por el número 14. Para este 2020, estaba anunciada la salida del séptimo tomo de la colección, titulado “Duelo bajo el Canal de la Mancha”, pero no sé si realmente saldrá, o en qué fecha concreta, estaremos atentos, ya que los seis cómics me han gustado mucho, y ya lo he comentado en anteriores entradas a esta, he aprendido un montón de cosas con la revista que adjunta al cómic, ¿O es al revés?, que firma Luc Braeuer, y que es una verdadera pasada, tanto por los testimonios, como por las fotografías, muchísimas de ellas, inéditas.

        En cuanto al cómic, tenemos a los miembros del U-47 bastante enfadados con el Estado Mayor, por las misiones nada fructíferas a las que les envían. Berlín sospecha que las claves “Enigma” han podido ser descifradas. Los americanos pierden barcos frente a sus costas, debido a sus inexperiencias, y los británicos envían a Walters, el comandante que se la tiene jurada a Prien desde el ataque al HMS Oak Royal en Scapa Flow, a nivelar la balanza. Mientras tanto, los U-Boote arrasan con los barcos americanos, el propio U-47 hunde un petrolero justo enfrente a la playa de Jacksonville (algo, que, en realidad hizo el U-123) antes de ser atacado por un barco de guerra americano, y la Resistencia Francesa, cerca de Lorient, vuelve a recibir otro golpe en forma de emboscada, por lo que sospechan de un posible topo dentro de la organización.

        En cuanto a la revista marítima, de Luc Brauer, está dedicada al U-123. Un submarino que sobrevivió a todas sus misiones (12) y que fue dado de baja en el verano de 1944, y con el que se llegó a hacer una película durante la guerra (U-Boote Westwärts”). Tras la guerra, como estaba en perfecto estado en el puerto de Lorient, los franceses lo reutilizaron, bautizándolo como “Blaison”, y estuvo activo hasta finales de los cincuenta.

        La revista, como he comentado muchas veces, es muy interesante por las fotos. En esta edición me he encontrado algunos errores ortográficos, más de los habituales, e incluso una fotografía con el pie en francés, que me da la impresión que la edición no ha sido revisada a fondo. Y es una pena, pero no desluce mi interés por el tomo. En la última página, viene una fotografía con los doce últimos miembros de la tripulación del U-123 que seguían vivos en 2006.