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jueves, 11 de junio de 2020

El Álamo (Yermo Ediciones, 2015) Dobbs, Pezzi, Perovic


        Decir “El Álamo” es recordar viejas películas del Oeste americano. Un episodio que enfrentó a los Estados Unidos con México, por la independencia de Texas, que suele conocerse, aunque solo sea por tener un poco de cultura general.

        Dentro de mi interés por cómics que tengan un contenido histórico, he tropezado (además, por casualidad) con este cómic dedicado a aquel episodio en el que la guarnición de texanos, militares y texanos, que no llegaban a trescientos, fue masacrada por el ejército del General Santa Anna. Está narrado desde el punto de vista de un tirador, de origen francés, que consigue escapar “in extremis” de aquella matanza de la que solo se libraron unos pocos niños, mujeres y algunos esclavos.

        Louis Rose, que es un tirador de primera, le cuenta al presidente texano los últimos días en El Álamo, la defensa y el asalto final mexicano al reducto de independentistas antes de su caída. ¿Fue un traidor, un héroe, o un tipo que se movía según las circunstancias. Eso lo decide el lector.

        “El Álamo” (Yermo Ediciones, 2015) tiene guion de Dobbs, y dibujo de Fabio Pezzi y Darko Perovic. Rezuma el estilo de los cómics antiguos de westerns, coloreados, de personajes angulosos y con ciertas dosis (no muchas) de acción, de tipo “Blueberry”, donde la imagen se impone sobre todo lo demás (yo lo prefiero). Es muy entretenido, no llegando a las cien páginas, y si tuviera que ponerle algún “Pero” sería algo tan sencillo como la falta de un dossier histórico, que siempre se echa de menos en este tipo de ediciones. Lo recomiendo, a mí me ha obligado a volver a consultar cosas de aquel hecho, que no recordaba bien. Bien por estos cómics.

miércoles, 10 de junio de 2020

La Casa de Verano (2018)



        “La casa de verano” (2018) es otra película (que mala suerte tengo últimamente) que no me ha llenado, o que no me ha llegado a contar nada relevante, esa es la palabra, relevante. Es una especie de comedia francesa, a lo Woody Allen, sin llegar ni por asomo al nivel de Allen, y a veces, ni siquiera al género de la comedia (si era de lo que se trataba).

        A una enorme casa familiar situada en la Costa Azul, comienzan a llegar una serie de personajes, cada uno con sus historias, unos son familia y otros no. Por lo menos una docena y media, que nos van contando sus manías, sus fobias, sus vidas y sus historias. Allí llega Anna y su hija. Acaba de salir de un divorcio, prepara una historia para su próxima película, y aquello es como un micro-universo donde todos van pasando, como en unos actos teatrales, ajenos a todo lo que no sea la casa, sus habitantes y sus empleados.

        Caen en cierto surrealismo, pero ciertamente, yo he llegado a bostezar alguna que otra vez. Estos comederos de tarro, de gente bien, venida a menos, hay directores y guionistas que lo clavan, aquí, me temo, que no es el caso, y además, su excesivo metraje (dos horas) no juega a su favor.

Todo 36-39: Malos Tiempos (Penguin Random House, 2018) Carlos Giménez



        La verdad es que hace tiempo que le quería dedicar unas pocas líneas, a una obra que considero imprescindible, de uno de los historietistas más clásicos del panorama español. Él es Carlos Giménez, y aquí ya le hemos dedicado un par de entradas a obras suyas, “Delta 99” y “España Una. Grande y Libre”, que es como hablar de dos gotas de agua en un mar de publicaciones, ya que Giménez ha sido muy prolífico, y yo que lo celebro desde mi más sincera admiración.

         Hace ya unos años, diez concretamente, pude leer algunas cosas de “36-39. Malos Tiempos”, que eran cuatro cómics sueltos, de los que yo solo pude leer algunos, no todos, pero que en su día fueron reveladores.

        Con el paso del tiempo, ha caído el integral de aquellos cuatro cómics: “Todo 36-39: Malos Tiempos” (Penguin Random House, 2018), que nos llevan a los días finales de la República, con el estallido de la Guerra Civil, hasta los meses posteriores del final de la contienda. Geográficamente, nos localizamos en Madrid, aunque también hay un par de saltos, para contar una breve historia, a la provincia de Zamora.

        Acompañamos a Marcelino, obrero afiliado a la Izquierda Republicana de Azaña, y a su familia, por las miserias, privaciones y horrores de la Guerra Civil. Desde los bombardeos, hasta la falta de solidaridad de algunos, el hambre, el terror y la muerte de tres años de conflicto, llenos de pobreza y desesperanza.

        La verdad es que este es uno de esos cómics, en los que realmente me resulta muy difícil escribir, expresar con palabras todas aquellas cosas que relata magistralmente Giménez con el dibujo, de riguroso blanco y negro, y narrado como pequeñas historias, de pocas páginas, que se van engarzando, como una cadena en la que todos los eslabones tienen algo en común: La guerra.

        Leerlo en su conjunto, me ha encantado, y me ha dado hasta escalofríos (en pleno junio) al leer determinadas cosas, que ya me sonaban de antes, como la historia del gato Sito, o la de hombres descabezados que andaban por la calle antes de que sus cuerpos se desplomaran en el suelo, pasando por familias enteras que agonizaban de hambre, y las terribles matanzas y paseos por parte de los dos bandos, desatados en una vorágine de violencia sin sentido. Me ha impresionado, y mucho, y no será la última vez que escriba sobre la obra de Giménez.

martes, 9 de junio de 2020

Shadow Wolves (2019)

        Con “Shadow Wolves” (2019) estamos ante una de esas películas malas, pero que malas de solemnidad, tanto en guion como en consecución, pero como uno es masoca con el cine, y creo que hay que ver de todo para poder criticar, pues nada, me meto en estos berenjenales.

        Los “Shadow Wolves” son un grupo de patriotas estadounidenses, aderezados con adn indio, que salvaguardan a su sociedad del cartel de la droga mexicanos, y otras amenazas. Están compuestos por una pandilla teatrera que pone poses cada treinta segundos, y dirigidos por un militar que haría temblar a un SS nazi. A este grupo de idiotas, se les une un Cody Walker en horas bajas, con el triple de poses y de gilipolleces, para luchar contra los narcos, cuyo jefe es un tipo que se parece a Abascal (el político, no es broma).


         Larga, aburrida de narices, es un querer y no poder en todos los sentidos, bastante absurda, con pobres actuaciones, y que, no merece mucho la pena perder el tiempo con ella.

lunes, 8 de junio de 2020

Fantasy Island (2020)



       “Fantasy Island” (2020) es una película basada en una serie, que nunca vi, de finales de los setenta, que estuvo varios años en antena. En ella, tenemos al Sr. Roarke, que lleva el gobierno de una isla donde todo lo que sueñes, tus fantasías, se hacen realidad: Ya sean de sexo, de revivir otras vidas pasadas, enmendar errores… Lo que sea. A ella se llega tras ganar un concurso que no se especifica bien en la película.

        Un grupo de ganadores llega a la isla, y pronto descubren la magia de la isla, ya que uno vive que vuelve a ver a su padre, fallecido en combate, siendo soldado. Otros tienen fantasías sexuales, otros de venganza y una de las protagonistas, de redención ante el pasado. La cosa se complica cuando las fantasías se cruzan, y resultan ser algo más grande de lo que manejan en un principio.

        La película es entretenida, pero sin tirar muchos cohetes. Lo mejor son los primeros cuarenta o cuarenta y cinco minutos iniciales, en los que se presentan los personajes y sus fantasías. Después la cosa se vuelve un tanto caótica, con algunos giros de guion, y hay que echarle mucha imaginación a la narrativa si no quieres bostezar. Es, es, pura fantasía, que vas a olvidar en un rato… ¿De qué os estaba hablando?

Tamara de Lempicka (Planeta, 2019) Virginie Greiner, Daphné Collignon



        Durante mi carrera de Historia del Arte (hace ya más de veinte años) no le dedicamos más de cinco o diez minutos a la pintura de Tamara de Lempicka. Una artista que había huido, junto a su marido, de la Revolución Rusa, que acabó con el Zar y su familia (con la que su marido, de la aristocracia, tenía mucho trato), y que acabó con la familia refugiada en París, gracias a la mediación de unos familiares.

        Su pintura, neocubista para algunos (yo creo que ni por asomo), pronto comenzó a causar sensación en determinados círculos artísticos, frecuentados por personajes como Jean Cocteau o André Gide, junto a su declarada bisexualidad (estaba casada, pero tenía relaciones extramatrimoniales, normalmente con sus modelos femeninas) y sus fiestas antológicas. Representaba a la mujer de los años veinte. Sofisticada, misteriosa, que vestía con ropas masculinas o llevaba el pelo corto, y que se codeaba con lo más interesante de la sociedad de la época.

        En “Tamara de Lempicka” (Planeta, 2019) de Virginie Greiner (guion) y Daphné Collignon (dibujo y color) tenemos a esa fascinante mujer, artista, que lucha entre las aguas turbulentas de un matrimonio que va haciendo agua, y una maternidad llevada con pinzas, y el deseo por ser reconocida como pintora, con un estilo muy peculiar, muy reconocible.

        La artista cayó en el olvido, prácticamente después de la Segunda Guerra Mundial, hasta su muerte. Este cómic, con un dibujo, ciertamente, muy Decó, me ha parecido una interesante biografía de su etapa más prolífica, más atrevida y movida (en todos los aspectos). Tiene, en las páginas finales, un pequeño dossier que nos ayuda a entender más a Tamara, y el ambiente, y las circunstancias, en la que se desarrolló. Lo recomiendo, está francamente bien.

domingo, 7 de junio de 2020

Martha y Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Salamandra, 2018) Emmanuel Guibert



        Como cierre a la trilogía de la vida de Alan Ingram Cope, me he leído el último tomo que le ha dedicado Emmanuel Guibert a su amigo estadounidense fallecido en 1999. Supongo que Guibert tendrá mucho material grabado, de las numerosas entrevistas que le hizo a Alan en vida, aparte de fotografías, dibujos, poemas y otras cosas, pero también creo (o eso espero), que cierre ya el circulo en torno a su persona. Y no me malinterpretéis, no significa que sus tres obras no me hayan gustado, todo lo contrario, pero me da que el propio Guibert debería cerrar ya página, veinte años después del fallecimiento de su amigo.

        “Martha y Alan” (Salamandra, 2018) es un bonito recuerdo que nos lleva a los años veinte, principios de los treinta. Con un Alan pequeño, un niño, que encuentra en Martha, una compañera del coro presbiteriano de su Iglesia, la compañera de juegos ideal, entre árboles, columpios y juegos infantiles.

        Alan pierde a su madre pronto, y su madrastra le cambia los hábitos, entre ellos visitar a su amiga, que, en su ausencia, sufre la polio que le deja una cojera de por vida. A los dieciocho años, antes de ir al frente, durante la Segunda Guerra Mundial, Alan la busca, pero ella lo tratará con desdén, algo que recordaría setenta años después, vivamente. Alan, retomó la amistad epistolar con su amiga de la infancia, compartiendo recuerdos de un tiempo que ambos comienzan olvidar en su vejez.

        A diferencia de “La infancia de Alan” y “La Guerra de Alan”, donde la viñeta suele ser protagonista, con los claroscuros y el uso de pocos colores, más allá del blanco y negro y los grises, “Martha y Alan” es una poética explosión de color, acompañada de mucha melancolía, añoranza y recuerdos preciosos. Es, sin duda, un buen remate final para la maravillosa historia de Alan Ingram Cope.

The curse of Valburga (2019)



        Bueeeeenoooo, con “The curse of Valburga” (2019) estamos ante una de esas películas cutres, que han hecho unos amigos una semana que estaban aburridos, y, que, de mala, está llamada a convertirse, seguramente, en película de culto en poco tiempo.

        Estamos en Eslovenia, tres amigos (dos de ellos hermanos) rateros y mangantes, se les ocurre la feliz idea de estafar a turistas europeos, contando que el Castillo de Valburga, donde uno de ellos es vigilante de seguridad, perteneció a un noble malvado relacionado con el rumano Drácula, concretamente era su primo, con el fin de estafar a los infelices idiotas que lleguen hasta allí a gastarse sus leuros.

        Los primeros turistas que llegan son un cuadro: Góticos, satánicos, actrices porno, y otra gente que nos encontraríamos en un tipo de excursión como la que se relata en la cinta… Y durante la visita, unos misteriosos personajes, con pintas de soldados nazis, se dedican a diezmarlos a base de cortarles la cabeza y otras partes del cuerpo, dejando, de paso, tantos litros de sangre por medio, que haría las delicias de un director de gore japonés.

        Hay que decir, que, para ser una cinta que sospecho de bajo presupuesto, las muertes y las actuaciones no están del todo mal. La música es indescriptible, y el actor principal es el Gabino Diego esloveno. A mí me ha entretenido mucho dentro de lo que es, una película para pasar el rato y no pensar en nada, con un final bastante divertido.

La Guerra de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Salamandra Editorial, 2019) Emmanuel Guibert



        Leer “La infancia de Alan” hace unos pocos meses, me ha llevado a engancharme a esta trilogía del francés Emmanuel Guibert, compuesta por el citado libro, este que os traigo hoy: “La Guerra de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope” (Salamandra Editorial, 2019) y “Martha y Alan”, que cierra la serie, y del que os escribiré una entrada en breve.

        Guibert iba un buen día por la Isla de Re (Francia), cuando se encontró con una pareja de ancianos con los que pronto trabó amistad. Ella era francesa, y él era un estadounidense que había “combatido” en la Segunda Guerra Mundial (no pegó un tiro, e iba de aquí para allá conociendo gente). A Guibert, el señor, llamado Alan, le pareció muy interesante. Tanto, que decidió grabar las conversaciones que mantenía con él, con el fin de sacar un cómic sobre su vida, basándose, igualmente, en una serie de fotografía que el propio Alan le enseñaba.

        Alan Ingram Cope no tuvo una vida interesante, a pesar de que se codeó con gente, que a su vez se codeaba con gente más importante (como Octavio Paz o Henry Miller). Con dieciocho años, es llamado a filas, tras el ataque de Pearl Harbor, sin saber ni siquiera donde estaba situada la Base Naval estadounidense.

        Tras una instrucción de años, donde ejerció hasta como profesor de códigos de radio, es mandado “al frente” francés, en febrero de 1945, con la guerra prácticamente terminada, donde formará parte de un grupo de tanquistas. La Guerra de Alan no fue nada interesante, fue anodina y sin heroicidades, pero tuvo anécdotas dignas de contar.

        Tras la guerra, fue de aquí para allá, sin encontrar su sitio en el mundo, mientras rompía compromisos matrimoniales, se casaba para divorciarse poco después, y trabajaba de lo que le iba saliendo mientras estudiaba alfarería. Cansado de la sociedad, que él define como “fundamentalista cristiana” de su país, decide instalarse definitivamente en Francia, donde se jubilará para dedicarse a su huerto. Alan no llegará a ver su vida en cómic, pues falleció (1999) pocos meses antes de que el cómic saliera a la luz.

        El cómic va variando en estructura según avanza. Seis viñetas uniformes, cuatro horizontales, grandes planos sin fondos, con un blanco y negro riguroso que se rompe en las últimas páginas de la edición, antes de pasar a un conjunto de fotografía antiguas del protagonista. Rezuma melancolía y “oportunidades perdidas” por los cuatro costados. El protagonista estaba convencido de que su vida no había sido interesante y que había perdido muchos trenes, pero al lector no le da esa sensación por mucho que ese sentimiento se repita, sobre todo después de la guerra en su deambular y en su relación con amigos, mujeres y familia.

        Me ha parecido un cómic muy interesante, y creo que la labor es titánica, ya que, una vez leídas las dos primeras partes, me imagino el trabajo para organizar la memoria de Alan, que da algunos botes en el tiempo para explicar mejor unas partes que quedan colgadas, mientras cierra círculos. Su vida, a pesar de ser algo discreta y simple, no me ha parecido aburrida, y mi interés por el cómic ha ido creciendo según leía.

sábado, 6 de junio de 2020

The postcard killings (2020)



        En “The Postcard Killings” (2020) tenemos a una pareja de asesinos psicópatas, que les da por matar a parejas recién casadas en viaje de novios por Europa. Una vez asesinados, los colocan en diferentes poses artísticas, rememorando cuadros y esculturas que hay expuestas en diferentes museos del viejo continente.

        A Jacob Canon, un detective de Nueva York, le matan a su hija en Londres. Se desplaza hasta allí para investigar por su cuenta el asesinato de su hija (y de su marido), y de paso el resto de casos que le lleva por media Europa, uniéndose por el camino a detectives y policías de Alemania, Inglaterra y Suecia, aunque no de España, a pesar de que allí habían tenido un caso (por razones no explicadas).

        Igualmente, se une a una periodista especializada en este tipo de crímenes. Entre todos, van recorriendo media Europa investigando los asesinatos artísticos, mientras su mujer investiga en Estados Unidos a los supuestos criminales y su obsesión por el arte.

        La película es bastante plana, no tiene malas actuaciones, pero tampoco es para tirar cohetes, llegando a ser "bostezante" durante cierto tiempo. El final, te lo esperas, y los créditos finales son un tanto extraños. Le sobra, perfectamente media, y está basada en un best-seller (2010) que no he tenido el placer de leer. La dejo a vuestra elección.