Sobre gustos hay mucho escrito, pero poco editado. Maullando desde 2008... Somos el blog extremeño de entretenimiento, activo, más longevo, hasta la fecha: Con reseñas de cómics, libros, películas, series, gatos, y asuntos varios (relatos cortos y reflexiones). Con más de 4600 entradas publicadas, y 800 etiquetas de todo tipo. Bienvenid@ al Patio-Lavadero.
jueves, 11 de junio de 2020
El Álamo (Yermo Ediciones, 2015) Dobbs, Pezzi, Perovic
miércoles, 10 de junio de 2020
La Casa de Verano (2018)
“La casa de verano” (2018)
es otra película (que mala suerte tengo últimamente) que no me ha llenado, o
que no me ha llegado a contar nada relevante, esa es la palabra, relevante. Es
una especie de comedia francesa, a lo Woody Allen, sin llegar ni por asomo al
nivel de Allen, y a veces, ni siquiera al género de la comedia (si era de lo
que se trataba).
A una enorme casa
familiar situada en la Costa Azul, comienzan a llegar una serie de personajes,
cada uno con sus historias, unos son familia y otros no. Por lo menos una
docena y media, que nos van contando sus manías, sus fobias, sus vidas y sus
historias. Allí llega Anna y su hija. Acaba de salir de un divorcio, prepara
una historia para su próxima película, y aquello es como un micro-universo
donde todos van pasando, como en unos actos teatrales, ajenos a todo lo que no
sea la casa, sus habitantes y sus empleados.
Caen en cierto
surrealismo, pero ciertamente, yo he llegado a bostezar alguna que otra vez.
Estos comederos de tarro, de gente bien, venida a menos, hay directores y
guionistas que lo clavan, aquí, me temo, que no es el caso, y además, su
excesivo metraje (dos horas) no juega a su favor.
Todo 36-39: Malos Tiempos (Penguin Random House, 2018) Carlos Giménez
La verdad es que hace tiempo que le
quería dedicar unas pocas líneas, a una obra que considero imprescindible, de
uno de los historietistas más clásicos del panorama español. Él es Carlos
Giménez, y aquí ya le hemos dedicado un par de entradas a obras suyas, “Delta
99” y “España
Una. Grande y Libre”, que es como hablar de dos gotas de agua en un mar de
publicaciones, ya que Giménez ha sido muy prolífico, y yo que lo celebro desde
mi más sincera admiración.
Hace ya unos años, diez concretamente, pude
leer algunas cosas de “36-39. Malos Tiempos”, que eran cuatro cómics sueltos,
de los que yo solo pude leer algunos, no todos, pero que en su día fueron
reveladores.
Con el paso del tiempo,
ha caído el integral de aquellos cuatro cómics: “Todo 36-39: Malos Tiempos”
(Penguin Random House, 2018), que nos llevan a los días finales de la
República, con el estallido de la Guerra Civil, hasta los meses posteriores del
final de la contienda. Geográficamente, nos localizamos en Madrid, aunque
también hay un par de saltos, para contar una breve historia, a la provincia de
Zamora.
Acompañamos a
Marcelino, obrero afiliado a la Izquierda Republicana de Azaña, y a su familia,
por las miserias, privaciones y horrores de la Guerra Civil. Desde los
bombardeos, hasta la falta de solidaridad de algunos, el hambre, el terror y la
muerte de tres años de conflicto, llenos de pobreza y desesperanza.
La verdad es que este
es uno de esos cómics, en los que realmente me resulta muy difícil escribir,
expresar con palabras todas aquellas cosas que relata magistralmente Giménez
con el dibujo, de riguroso blanco y negro, y narrado como pequeñas historias,
de pocas páginas, que se van engarzando, como una cadena en la que todos los
eslabones tienen algo en común: La guerra.
Leerlo en su conjunto,
me ha encantado, y me ha dado hasta escalofríos (en pleno junio) al leer
determinadas cosas, que ya me sonaban de antes, como la historia del gato Sito,
o la de hombres descabezados que andaban por la calle antes de que sus cuerpos
se desplomaran en el suelo, pasando por familias enteras que agonizaban de
hambre, y las terribles matanzas y paseos por parte de los dos bandos,
desatados en una vorágine de violencia sin sentido. Me ha impresionado, y
mucho, y no será la última vez que escriba sobre la obra de Giménez.
martes, 9 de junio de 2020
Shadow Wolves (2019)
Con “Shadow Wolves”
(2019) estamos ante una de esas películas malas, pero que malas de solemnidad,
tanto en guion como en consecución, pero como uno es masoca con el cine, y creo
que hay que ver de todo para poder criticar, pues nada, me meto en estos berenjenales.
Los “Shadow Wolves” son
un grupo de patriotas estadounidenses, aderezados con adn indio, que
salvaguardan a su sociedad del cartel de la droga mexicanos, y otras amenazas. Están
compuestos por una pandilla teatrera que pone poses cada treinta segundos, y
dirigidos por un militar que haría temblar a un SS nazi. A este grupo de
idiotas, se les une un Cody Walker en horas bajas, con el triple de poses y de
gilipolleces, para luchar contra los narcos, cuyo jefe es un tipo que se parece
a Abascal (el político, no es broma).
Larga, aburrida de
narices, es un querer y no poder en todos los sentidos, bastante absurda, con pobres actuaciones, y que, no merece mucho la pena perder el
tiempo con ella.
lunes, 8 de junio de 2020
Fantasy Island (2020)
“Fantasy Island” (2020)
es una película basada en una serie, que nunca vi, de finales de los setenta,
que estuvo varios años en antena. En ella, tenemos al Sr. Roarke, que lleva el
gobierno de una isla donde todo lo que sueñes, tus fantasías, se hacen realidad:
Ya sean de sexo, de revivir otras vidas pasadas, enmendar errores… Lo que sea.
A ella se llega tras ganar un concurso que no se especifica bien en la
película.
Un grupo de ganadores
llega a la isla, y pronto descubren la magia de la isla, ya que uno vive que
vuelve a ver a su padre, fallecido en combate, siendo soldado. Otros tienen fantasías
sexuales, otros de venganza y una de las protagonistas, de redención ante el
pasado. La cosa se complica cuando las fantasías se cruzan, y resultan ser algo
más grande de lo que manejan en un principio.
La película es
entretenida, pero sin tirar muchos cohetes. Lo mejor son los primeros cuarenta
o cuarenta y cinco minutos iniciales, en los que se presentan los personajes y
sus fantasías. Después la cosa se vuelve un tanto caótica, con algunos giros de
guion, y hay que echarle mucha imaginación a la narrativa si no quieres
bostezar. Es, es, pura fantasía, que vas a olvidar en un rato… ¿De qué os
estaba hablando?
Tamara de Lempicka (Planeta, 2019) Virginie Greiner, Daphné Collignon
Durante mi carrera de
Historia del Arte (hace ya más de veinte años) no le dedicamos más de cinco o
diez minutos a la pintura de Tamara de Lempicka. Una artista que había huido,
junto a su marido, de la Revolución Rusa, que acabó con el Zar y su familia
(con la que su marido, de la aristocracia, tenía mucho trato), y que acabó con
la familia refugiada en París, gracias a la mediación de unos familiares.
Su pintura, neocubista
para algunos (yo creo que ni por asomo), pronto comenzó a causar sensación en
determinados círculos artísticos, frecuentados por personajes como Jean Cocteau
o André Gide, junto a su declarada bisexualidad (estaba casada, pero tenía
relaciones extramatrimoniales, normalmente con sus modelos femeninas) y sus
fiestas antológicas. Representaba a la mujer de los años veinte. Sofisticada,
misteriosa, que vestía con ropas masculinas o llevaba el pelo corto, y que se
codeaba con lo más interesante de la sociedad de la época.
En “Tamara de Lempicka”
(Planeta, 2019) de Virginie Greiner (guion) y Daphné Collignon (dibujo y color)
tenemos a esa fascinante mujer, artista, que lucha entre las aguas turbulentas
de un matrimonio que va haciendo agua, y una maternidad llevada con pinzas, y
el deseo por ser reconocida como pintora, con un estilo muy peculiar, muy
reconocible.
La artista cayó en el
olvido, prácticamente después de la Segunda Guerra Mundial, hasta su muerte.
Este cómic, con un dibujo, ciertamente, muy Decó,
me ha parecido una interesante biografía de su etapa más prolífica, más
atrevida y movida (en todos los aspectos). Tiene, en las páginas finales, un
pequeño dossier que nos ayuda a entender más a Tamara, y el ambiente, y las
circunstancias, en la que se desarrolló. Lo recomiendo, está francamente bien.
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domingo, 7 de junio de 2020
Martha y Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Salamandra, 2018) Emmanuel Guibert
Como cierre a la trilogía
de la vida de Alan Ingram Cope, me he leído el último tomo que le ha dedicado
Emmanuel Guibert a su amigo estadounidense fallecido en 1999. Supongo que
Guibert tendrá mucho material grabado, de las numerosas entrevistas que le hizo
a Alan en vida, aparte de fotografías, dibujos, poemas y otras cosas, pero
también creo (o eso espero), que cierre ya el circulo en torno a su persona. Y
no me malinterpretéis, no significa que sus tres obras no me hayan gustado,
todo lo contrario, pero me da que el propio Guibert debería cerrar ya página,
veinte años después del fallecimiento de su amigo.
“Martha y Alan”
(Salamandra, 2018) es un bonito recuerdo que nos lleva a los años veinte,
principios de los treinta. Con un Alan pequeño, un niño, que encuentra en
Martha, una compañera del coro presbiteriano de su Iglesia, la compañera de
juegos ideal, entre árboles, columpios y juegos infantiles.
Alan pierde a su madre
pronto, y su madrastra le cambia los hábitos, entre ellos visitar a su amiga, que,
en su ausencia, sufre la polio que le deja una cojera de por vida. A los
dieciocho años, antes de ir al frente, durante la Segunda Guerra Mundial, Alan
la busca, pero ella lo tratará con desdén, algo que recordaría setenta años
después, vivamente. Alan, retomó la amistad epistolar con su amiga de la
infancia, compartiendo recuerdos de un tiempo que ambos comienzan olvidar en su
vejez.
A diferencia de “La infancia de Alan” y “La Guerra de Alan”, donde la viñeta suele ser
protagonista, con los claroscuros y el uso de pocos colores, más allá del
blanco y negro y los grises, “Martha y Alan” es una poética explosión de color,
acompañada de mucha melancolía, añoranza y recuerdos preciosos. Es, sin duda,
un buen remate final para la maravillosa historia de Alan Ingram Cope.
The curse of Valburga (2019)
Bueeeeenoooo, con “The
curse of Valburga” (2019) estamos ante una de esas películas cutres, que han
hecho unos amigos una semana que estaban aburridos, y, que, de mala, está
llamada a convertirse, seguramente, en película de culto en poco tiempo.
Estamos en Eslovenia,
tres amigos (dos de ellos hermanos) rateros y mangantes, se les ocurre la feliz
idea de estafar a turistas europeos, contando que el Castillo de Valburga,
donde uno de ellos es vigilante de seguridad, perteneció a un noble malvado
relacionado con el rumano Drácula, concretamente era su primo, con el fin de
estafar a los infelices idiotas que lleguen hasta allí a gastarse sus leuros.
Los primeros turistas que
llegan son un cuadro: Góticos, satánicos, actrices porno, y otra gente que nos
encontraríamos en un tipo de excursión como la que se relata en la cinta… Y
durante la visita, unos misteriosos personajes, con pintas de soldados nazis,
se dedican a diezmarlos a base de cortarles la cabeza y otras partes del
cuerpo, dejando, de paso, tantos litros de sangre por medio, que haría las
delicias de un director de gore japonés.
Hay que decir, que, para
ser una cinta que sospecho de bajo presupuesto, las muertes y las actuaciones
no están del todo mal. La música es indescriptible, y el actor principal es el
Gabino Diego esloveno. A mí me ha entretenido mucho dentro de lo que es, una
película para pasar el rato y no pensar en nada, con un final bastante
divertido.
La Guerra de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Salamandra Editorial, 2019) Emmanuel Guibert
Leer “La
infancia de Alan” hace unos pocos meses, me ha llevado a engancharme a esta
trilogía del francés Emmanuel Guibert, compuesta por el citado libro, este que
os traigo hoy: “La Guerra de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope” (Salamandra
Editorial, 2019) y “Martha y Alan”, que cierra la serie, y del que os escribiré
una entrada en breve.
Guibert iba un buen día
por la Isla de Re (Francia), cuando se encontró con una pareja de ancianos con
los que pronto trabó amistad. Ella era francesa, y él era un estadounidense que
había “combatido” en la Segunda Guerra Mundial (no pegó un tiro, e iba de aquí para allá conociendo gente). A Guibert, el señor, llamado
Alan, le pareció muy interesante. Tanto, que decidió grabar las conversaciones
que mantenía con él, con el fin de sacar un cómic sobre su vida, basándose,
igualmente, en una serie de fotografía que el propio Alan le enseñaba.
Alan Ingram Cope no tuvo
una vida interesante, a pesar de que se codeó con gente, que a su vez se
codeaba con gente más importante (como Octavio Paz o Henry Miller). Con
dieciocho años, es llamado a filas, tras el ataque de Pearl Harbor, sin saber
ni siquiera donde estaba situada la Base Naval estadounidense.
Tras una instrucción de
años, donde ejerció hasta como profesor de códigos de radio, es mandado “al
frente” francés, en febrero de 1945, con la guerra prácticamente terminada,
donde formará parte de un grupo de tanquistas. La Guerra de Alan no fue nada
interesante, fue anodina y sin heroicidades, pero tuvo anécdotas dignas de
contar.
Tras la guerra, fue de
aquí para allá, sin encontrar su sitio en el mundo, mientras rompía compromisos
matrimoniales, se casaba para divorciarse poco después, y trabajaba de lo que
le iba saliendo mientras estudiaba alfarería. Cansado de la sociedad, que él
define como “fundamentalista cristiana” de su país, decide instalarse
definitivamente en Francia, donde se jubilará para dedicarse a su huerto. Alan
no llegará a ver su vida en cómic, pues falleció (1999) pocos meses antes de
que el cómic saliera a la luz.
El cómic va variando en
estructura según avanza. Seis viñetas uniformes, cuatro horizontales, grandes
planos sin fondos, con un blanco y negro riguroso que se rompe en las últimas
páginas de la edición, antes de pasar a un conjunto de fotografía antiguas del
protagonista. Rezuma melancolía y “oportunidades perdidas” por los cuatro costados.
El protagonista estaba convencido de que su vida no había sido interesante y
que había perdido muchos trenes, pero al lector no le da esa sensación por
mucho que ese sentimiento se repita, sobre todo después de la guerra en su
deambular y en su relación con amigos, mujeres y familia.
Me ha parecido un cómic
muy interesante, y creo que la labor es titánica, ya que, una vez leídas las
dos primeras partes, me imagino el trabajo para organizar la memoria de Alan,
que da algunos botes en el tiempo para explicar mejor unas partes que quedan
colgadas, mientras cierra círculos. Su vida, a pesar de ser algo discreta y
simple, no me ha parecido aburrida, y mi interés por el cómic ha ido creciendo
según leía.
sábado, 6 de junio de 2020
The postcard killings (2020)
En “The Postcard Killings”
(2020) tenemos a una pareja de asesinos psicópatas, que les da por matar a parejas
recién casadas en viaje de novios por Europa. Una vez asesinados, los colocan
en diferentes poses artísticas, rememorando cuadros y esculturas que hay
expuestas en diferentes museos del viejo continente.
A Jacob Canon, un
detective de Nueva York, le matan a su hija en Londres. Se desplaza hasta allí
para investigar por su cuenta el asesinato de su hija (y de su marido), y de
paso el resto de casos que le lleva por media Europa, uniéndose por el camino a
detectives y policías de Alemania, Inglaterra y Suecia, aunque no de España, a
pesar de que allí habían tenido un caso (por razones no explicadas).
Igualmente, se une a una
periodista especializada en este tipo de crímenes. Entre todos, van recorriendo
media Europa investigando los asesinatos artísticos, mientras su mujer
investiga en Estados Unidos a los supuestos criminales y su obsesión por el
arte.
La película es bastante
plana, no tiene malas actuaciones, pero tampoco es para tirar cohetes, llegando a ser "bostezante" durante cierto tiempo. El
final, te lo esperas, y los créditos finales son un tanto extraños. Le sobra,
perfectamente media, y está basada en un best-seller (2010) que no he tenido el
placer de leer. La dejo a vuestra elección.
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