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miércoles, 8 de abril de 2020

Cuestión de Justicia (2019)


        “Cuestión de Justicia” (2019) es una película basada en hechos reales, sobre los comienzos en la abogacía de Bryan Stevenson, que en Estados Unidos es una celebridad desde hace bastantes décadas, por ser un abogado negro, que estudió en Harvard, y que renunció a un futuro fácil y prometedor, por irse a Alabama a finales de los ochenta, a representar en sus juicios a gente pobre (la mayoría negros), sin recursos, y con juicios llenos de fallos e incongruencias.

        En 1987, se hace cargo del juicio de Walter McMillian, alias “Johnny D”, un leñador negro de un pequeño condado de Alabama. Walter es condenado en un juicio irregular (que de juicio tenía poco), por la muerte de una joven blanca de dieciocho años, con un testigo amañado, y antes incluso de que se celebre el mencionado juicio, es metido en el corredor de la muerte.

        La historia gira en torno a la lucha de Bryan Stevenson por hacer que el juicio se repita. Algo que logra, poniendo encima de la mesa, la verdadera confesión del testigo arrepentido (y embustero). Pero Stevenson no cuenta que en la Vieja Alabama, el racismo y las viejas costumbres del sur, le harán todo lo posible para que fracase en sus propósitos.


        Basada en un libro autobiográfico del propio abogado, “Cuestión de Justicia” es una interesante historia para comprobar como siguen funcionando algunas cosas en el país de las oportunidades, con un racismo aún muy latente y presente en la vida de sus ciudadanos. Está bien de tiempo, la música parece la del ascensor de un edificio administrativo, pero no deja de ser instructiva. No hay que perderse las escenas finales, con los verdaderos protagonistas de la liza.

Berlín. Ciudad de Piedras. Libro Uno (Astiberri, 2013) Jason Lutes



        Hace ya unos pocos años, me compré “Juego de manos” (Astiberri, una de las mejores editoriales de este país, en mi opinión) y conocí el estilo de Jason Lutes. En la misma entrada donde comentaba ese excelente cómic, protagonizado por perdedores (que es una de las características de las novelas gráficas de Lutes), hacía referencia a los dos primeros volúmenes, que también adquirí, de la trilogía, que iba a llevar a Jason Lutes casi quince años de vida y de trabajo.

        Me leí “Berlín. Ciudad de Piedras. Libro Uno” (Astiberri, 2013) hace cuatro años, cuando compré la sexta edición en castellano, junto al segundo libro, del que os hablaré pronto. Enseguida me enganché, porque Lutes tiene esa capacidad para soltar el anzuelo, y tú picas sí o sí. No es un tipo de grandes héroes, sino de gente sencilla, que vive para sobrevivir en una época complicada. Lo demuestra en la citada “Juego de manos”, y lo sigue haciendo, en pequeñas viñetas, y riguroso blanco y negro, en estos volúmenes que integran “Berlín”. El tercer libro, no lo he adquirido hasta hace unos pocos meses, y de ahí que las entradas dedicadas a la trilogía vengan ahora, y no hayan sido publicadas antes.

        Estamos en septiembre de 1928, y la convulsa e inestable República de Weimar, nacida en Alemania tras la Primera Guerra Mundial, hace aguas. La sociedad se ha polarizado, entre comunistas, y nacionalsocialistas (nazis). En medio de toda esa vorágine política, el periodista cegato Kurt Severing, conoce a la estudiante de Arte Martha Müller, en un tren que tiene como destino Berlín.

        Una primera conversación, hace que los dos se estimen, y que se atraigan mutuamente. Posteriormente, la vida de los dos se cruzará nuevamente en las calles de Berlín, pero, además, hay otras subtramas y personajes, cercanos a ellos, con sus vidas, amores y preocupaciones, que también formarán parte de la narrativa de la novelas gráfica. Participando en la agitada historia de Alemania, que dirime sus diferencias a palos en las calles, hasta que llegamos al Primero de mayo de 1929, que es donde finaliza este primer libro.

        El cómic, o la novela gráfica, está ciertamente muy bien. Lutes nos ofrece un enfoque desde los pensamientos de los personajes, diverso y variado. Desde los judíos que se sienten alemanes, hasta los alemanes que vivieron con los judíos la Primera Guerra Mundial en las trincheras, o la lucha obrera, y la organización de los Camisas Pardas, con el odio por bandera.

        Una curiosidad es que Lutes, en el cómic, no dibuja esvásticas. La bandera nazi, parece la japonesa, de hecho. Y, los carteles están en inglés. Pero, solo son pequeñas curiosidades, dentro de un gran cómic, de esos que conviene releer de vez en cuando, y donde, los silencios, son muy importantes. La imagen, el poder de la imagen, como transmisor, es enorme, no cabe duda, y Lutes lo sabe, y sabe usarla.

martes, 7 de abril de 2020

Castlevania (Tercera temporada, 2020)



        Como hace unos años, me tragué las dos primeras temporadas de “Castlevania” sin pestañear, era cuestión de tiempo que la Tercera Temporada, estrenada hace poco más de un mes en Netflix, cayera más pronto que tarde.

        De entrada, tengo que decir, que me encontrado una temporada más madura que las dos anteriores. Más seria, más sexual, y más brutal. Con un entramado más complejo, y que cuenta varias historias a la vez, con subtramas bien hilvanadas.

        Por un lado. Drácula ha muerto. Su hijo Alucard, vive solo en los restos del Castillo de su padre. Un día, en su aburrida vida, recibe la vida de dos hermanos japoneses, que le piden que les enseñe a matar vampiros, que se convierta en maestro de ambos. Algo que Alucard aceptará, más que nada, por no estar solo.

        Por otro lado. Isaac y Héctor, Maestros Forjadores, con la capacidad de crear ejércitos de monstruos, viven misiones diferentes. Uno de ellos, vengar a su maestro (Isaac). El otro, intentar sobrevivir a las cuatro hermanas vampiro que lo tienen retenido en su castillo, y que planean invadir media Europa (recordemos, que, la serie se desarrolla en un hipotético y distópico S.XV)

        Y, en último lugar, tenemos a Trevor Belmont y a la oradora Sypha, convertidos en cazadores ambulantes de monstruos, amantes, que se encuentran con un personaje que es una copia de Sean Connery en “Los Inmortales”, y que deberán investigar los extraños sucesos que acontecen alrededor de un Priorato en las afueras del pueblo de Lindenfeld.

        La serie deja la puerta abierta a una Cuarta, y no menos interesante temporada. Cierra algunas historias, mientras que otras las deja un tanto abiertas. Ahora, me parece más madura, como decía, que las anteriores, más atrevida en las tramas, y en la relación de sus diferentes personajes, y tiene algún par de giros inesperados, que son de los que enganchan… Una curiosidad, es que, la inmensa mayoría de los personajes masculinos (no todos, pero si la mayoría como digo), tienen espaldas que miden dos metros y medio de ancho.

La Historia de España como nunca antes te la habían contado (La esfera de los libros, 2019) Andrés Conesa García, Javier Rubio Donzé



        Hace unos pocos meses, me leía entusiasmado, “La Historia como nunca antes te la habían contado” (6ª edición, 2018, La esfera de los libros, Javier Rubio Donzé), que iba por su sexta edición cuando yo le dediqué una entrada en el blog. Un libro escrito por el personal de Academia Play, un canal al que yo sigo desde hace años, en YouTube, y de donde saco algunos vídeos de apoyo para mis clases de la ESO.
 No. No me parece el mejor comienzo para un libro de Historia de España. 

          Lo más normal, tras el buen sabor de boca que me dejó ese primer libro publicado por los youtubers, era leerme el último libro editado por Academia Play hace apenas unos meses, “Historia de España como nunca antes te la habían contado” (La esfera de los libros, 2019) de Andrés Conesa García y Javier Rubio Donzé.
 Lo de que España significa "Tierra de conejos", es algo que algunos filólogos hoy en día no lo tienen muy claro, pero es una verdad que damos por hecha, y yo lo cito de manera anecdótica en clase. El león como símbolo del antiguo reino, pase. El toro de Osborne, también, yo de hecho tengo un cojín con la bandera y el toro. Ahora, ¿El águila, por supuesto, como símbolo nacional? Ufff, no sé yo... El águila de los Reyes Católicos, era... De los Reyes Católicos. La bicéfala, de Carlos I. La franquista, de un régimen dictatorial, que la copia de los Reyes Católicos (y nunca hay que confundir una con otra, ojo)... Ahora, ¿Símbolo Nacional? Tengo mis dudas...

        Y así lo he hecho. Tengo que decir, que, algunas cosas de este libro me han chirriado bastante, aunque en el resumen final, diría que el libro está muy bien, aunque no comparto todos los enfoques.
 Qué si. Que los musulmanes fueron muy malos, invadieron (como los romanos), saquearon y eran fanáticos religiosos, pero "yugo" durante siete siglos... También habría sus luces, digo yo. Y eso, estaría bien citarlo.

        Lo primero que me llamó la atención, es, precisamente, el comienzo del libro. Creo que un libro de Historia no debería comenzar con esta frase, y cito textualmente: “Hace mucho tiempo, cuando Dios se dispuso a descansar después del esfuerzo de la Creación, sus últimas creaciones, aquellas más semejantes a Él, se aprestaban a descubrir el Mundo que les había sido dado…” Creo que es no es una frase afortunada, comenzar la Historia de España o del Mundo, o de lo que sea, citando y metiendo aquí por medio a Dios.
 Acierto. Una narración sencilla, para todos los públicos, con dibujos atractivos, citas superiores, y una extensa bibliografia. No todo van a ser criticas, hay que ser justos.

        Posteriormente, cuando se habla de la invasión musulmana, y de la presencia islámica en la Península, tienen razón cuando hablan de fanatismos y periodos de auténticas barbaridades, pero también echo de menos que se citen obras filosóficas, matemáticas o astronómicas, que nos aportó el periodo, que nos dejó desde auténticas maravillas arquitectónicas, hasta palabras en el castellano y nombres de ciudades (yo mismo, vivo en una ciudad fundada por musulmanes, que celebra su fundación todos los septiembres del año), sistemas de regadío… Más allá de la visión de “yugo” (que es la palabra textual que se cita para el periodo). Y, ojo, que no hablo de religión, que yo paso de todas por igual, hablo de sociedades y aportaciones, sin caer en infumable rollo de las Tres Culturas felices y en convivencia, que eso tampoco se lo traga nadie.
 Cien capítulos, de dos páginas cada uno. Con sus ilustraciones a todo color y sus códigos QR, que te llevan a ver los vídeos de Academia Play. Pues, otro acierto.

        Posteriormente, aparte de lo citado, el resto del libro me ha gustado. Coincido en gran parte de los enfoques, y me ha parecido fantástico que luchen desde sus páginas contra la leyenda negra, o que se critique con datos a los nacionalismos periféricos, o que se recalque que la bandera actual no la inventó Franco, por citar algunas cosas. Igualmente, creo que es un acierto la narrativa que usan, ya que va dirigida a todos los públicos. Los dibujos, ilustraciones y los códigos QR, lo hacen más atractivo y ameno, y eso es otro punto a favor. 

        Al igual que pasaba con el primer libro de Academia Play, no me gusta el formato, taaaan grande del libro (verás tú, para encajarlo en la estantería). Y me hubiera gustado, que, ya que estamos en 2020, el libro no hubiera concluido en el 92, con la Expo y las Olimpiadas, y que se hubiera atrevido a llegar, como mínimo, hasta Rajoy. Por que creo, que, en estos últimos 25 años, también hay mucha más Historia de España que contar.

domingo, 5 de abril de 2020

Bad boys for life (2020)



        “Dos policías rebeldes” (1995) tiene ya 25 años. Fue una película que triunfó como la espuma, porque Will Smith estaba arriba, en la cresta, y la trama era una especie de “Corrupción en Miami”, protagonizada por dos policías afroamericanos. Uno loco, y el otro más cabal, pero con grandes dosis de humor y escenas de acción atractivas, aparte de coches y chicas.

        La segunda parte (2003), pasó más o menos desapercibida, a pesar de la presencia de Jordi Mollà (que tuvo un tiempo, en que era el malo en toda película americana que se preciara). Y la tercera, “Bad Boys for life” (2020) viene a cerrar la franquicia, bajo el epíteto, curioso, pero ya visto en otras franquicias como en “Cars” o “Toy Story”, de “El ocaso de…”. Y es que, sin darnos apenas cuenta, nos hacemos viejos y vienen otras generaciones…

        En esta ocasión, el agente y cabal, Marcus Burnett (Martin Lawrence) es el primero que se da cuenta de que hay que colgar las botas. Es abuelo. No está en forma físicamente, y ve que es el principio del fin. Sin embargo, su compañero, el agente Mike Lowrey (Will Smith), no quiere admitir la evidencia de que la juventud les adelanta, y ya no son los de antes, y de que, son frágiles.

        En esto: Una vieja “amistad” del agente Lowrey, escapa de una prisión mexicana, y envía a Miami a su hijo, para vengarse de la muerte de su marido (un narcotraficante muerto años atrás). Todos los relacionados con el caso, caen como moscas, y Lowrey es uno de ellos, que deberá hacer frente al fin del dúo, por una parte, y a un asesino letal, más cercano de lo que él cree, por otra…

        Cuando ves películas de este tipo, ya sabes lo que te espera: Tiros, escenas de acción, persecuciones, cochazos y malos que salen por doquier disparando 800 balas por minuto. Es una cinta para verla, y no darle más vueltas. En esta ocasión, la narrativa va tomando tintes de culebrón venezolano, con inesperados giros que la hacen más inverosímil de lo que ya suele ser, y el final, barrunta continuación…

Diane (2018)



        Diane tiene sesenta y tantos años. Es viuda desde hace muchísimo tiempo, un hijo enganchado a la droga (que la trae por el camino de la amargura, pero que mete un cambio que fliparéis), y un gran vacío existencial que llena visitando a enfermos en hospitales (sobre todo a una prima suya moribunda), casas, y ayudando a los demás en todo lo que puede (comedores sociales) y lo que está en su mano.

       Toda esta rutina, su vida, le empieza a pasar factura, y comienza a plantearse cosas, mientras intenta buscar sentido a su vida, a su vejez… Y a todo lo que hace o ha hecho, buscándose en el pasado, en la religión, en alguna copa de más, o en la naturaleza…

        “Diane” (2018) tiene mucho de película costumbrista, con muchas escenas interiores, con vidas de fracasos y soledades, melancolías, reflexiones sobre lo que hicimos o dejamos de hacer con nuestras vidas… Es un auténtico drama, triste de narices, pero no ha conseguido agarrarme del todo, más allá de la transmisión de esa enorme pena, que llega incluso a respirarse en ese pueblo de Massachusetts. Quizás, con treinta minutos menos…

sábado, 4 de abril de 2020

Guns Akimbo (2019)



        “Guns Akimbo” (2019) me ha divertido bastante. Tiene cosas de aquella película ochentera de Arnold Schwarzenegger, alias “El Chuache”, titulada “The Running Man” (1987), en la que, en un futuro distópico, (2017 concretamente), la gente se enganchaba a un programa de Televisión donde unos tipos huían de ser cazados y muertos por otros, con pinta de punkies locos.

        Las referencias a otras películas, como “Terminator”, también de “El Chuache”, creo que son manifiestas, o de “Crank” (2006), que era otra ida de pinza similar, donde las carreras son a vida o muerte, frente a un enemigo superior.

        En esta película neozelandesa, Harry Potter tiene que huir de un programa emitido vía internet (llamado “Skizm”), neopunk, con mucha estética de videojuego, tipo “Fornite”, donde unos tipos con pinta de los jefes de nivel del “Street of Rage” lo han metido, para ser eliminado, en vivo y en directo, por la campeona imbatida, e invicta, “Nix”, que parece haberse escapado de “Blade Runner” mientras imitaba a Harley Quinn.

        Todo comienza, cuando Harry Potter, que tiene un apartamento de la leche, con muñecos por todas partes y de unos 100 m2 con vistas a la avenida, se cachondea de un tipo por una red social, que resulta ser Fétido, el de la Familia Addams, rodeado de una pandilla de frikis violentos.

        Estos tipos, con Fétido a la cabeza, se presentan en la casa de Harry Potter, y le hacen una operación, que ríete tú de la Seguridad Social, por la que le instalan dos pistolones en las manos, pasando a ser “Eduardo Manos Pistolas”.

        Entonces, comenzará una alocada persecución, en la que Nix intentará, por todos los medios, cargarse a Harry Potter. Y este, en calzoncillos y bata de estar por casa, intenta huir de su muerte segura, mientras unos drones lo transmiten por internet y la gente en casa se escacharra de la risa. ¿La policía? Corrupta al 200%.

        La película me ha tenido muy entretenido. Me han encantado las referencias a los cómics, series, (“He-Man”), videojuegos (hay una muy buena de “Mario”) y demás frikadas a las que soy aficionado. La música es buena, y, tiene un par de puntos en los que es inevitable la carcajada, aparte que Harry Potter está que se sale en el papel.

Bliss (2019)



        “Bliss” (2019) es rara de narices. Ya al principio de la película, te avisan de que hay imágenes que pueden provocar epilepsia y otras historias. Bien. Comienza, y pronto te das cuenta que la historia se puede resumir en tres líneas: Una pintora, antaño de éxito, se encuentra parada ante su nueva obra. En dique seco. No le viene la inspiración, y las deudas, el casero y el novio la agobian.

        Decide meterse una mierda para el cuerpo, para ver si le viene la inspiración a través de la droga. El camello de confianza le da “Bliss” (aunque también se refieren a ella como “Diablo”, en castellano)

        La droga le hace tener una inspiración de la leche, y avanza el cuadro cuando está bajo su influencia, pero como efecto secundario, se vuelve una especie de vampiresa, ávida de sangre, mientras mezcla sexo, Black Metal y muchas lucecitas y movimientos de cámara que marean más que una noria con tres cubatas. Por lo que tenemos gore servido con una pizca de terror y con una estética un tanto de los ochenta.


        La película me ha parecido interesante. Parece mentira, que, con una historia tan sencilla, te tengan enganchado una hora y media. Es una cinta que a mí me hubiera encantado hace treinta años, la hubiera disfrutado mucho más, pero que ya me pilla un poco viejo para estos viajes psicodélicos. Aparecen como unos 9800 litros de sangre, lo cual envidiaría cualquier director japonés que se precie.