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martes, 24 de diciembre de 2019

New York Blues (reeditado por Wallsen, 2003) Horacio Altuna, Carlos Trillo, Guillermo Saccomano



          Es un gustazo, que, de vez en cuando, caigan en tus manos historietas clásicas del cómic. “New York Blues” (reeditado por Wallsen, 2003) es una de ellas. Nombres como Horacio Altuna, Carlos Trillo (guionista) o Guillermo Saccomano, herederos del gran Oesterheld, son ya, no parte de la historia del cómic argentino, sino universal.


         Y es que los años dorados que vivió el cómic argentino de finales de los sesenta y los setenta, son, a fecha de hoy, aún admirado, y no es de extrañar. Historias en blanco y negro, con guiones originales y narrativas que te enganchan desde el primer minuto, como en una tela de araña, dentro de un mundo que recuerda en muchos aspectos al cine y a la novela negra, de detectives, mafiosos, chicas imposibles, cigarrillos, revólveres humeantes y bombillas de 25 watios.
 Interesante viñeta, donde el representado es el propio Horacio Altuna, revólver en mano.

         Historias cortas, en muchos casos, que te llevan al Nueva York de los setenta, como es el caso, y donde el dibujo y la línea es de un expresionismo vital, las sombras un complemento imprescindible. Son increíbles, marcaron una etapa, que aún tiene una huella muy fuerte, y muy presente, y son de lo más recomendables.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Hernán Pérez del Pulgar. El de las hazañas (Serendipia, 2019) Roberto García Peñuelas, Marta Castro Jiménez.



        Hasta hace pocos meses, no sabía quién era Hernán Pérez del Pulgar. No tenía ni la más remota idea, y eso que suelo leer mucho, muchísimo, sobre la Historia de España, y vosotros, al menos cada cierto tiempo, lo veréis por el blog cuando le dedico una entrada a un libro o a un cómic sobre el tema.


        En Verkami, encontré un proyecto de mecenazgo para llevar la vida de este castellano (hoy sería castellano-manchego, en la España de las Autonomías) al cómic. Y, cuando rasqué un poco sobre quién había sido este caballero, enseguida opté por apoyar el proyecto, ya que me pareció una figura interesante, y digna de rescatar del olvido.


        Hernán Pérez del Pulgar, conocido como “el de las hazañas” nace en Ciudad Real en 1451, curiosamente el mismo año en que nace Isabel I de Castilla, conocida como “La Católica”. Vive en una Castilla que tiene al sur de sus fronteras el reino nazarí de Granada, y, que pronto, se va a ver envuelto en una Guerra Civil entre los partidarios de Juana, llamada La Beltraneja (porque se sospechaba que fuera hija del noble Beltrán de la Cueva, y no de su padre, el rey Enrique IV) e Isabel de Castilla, su tía. Juana está casada con Alfonso V, que ya en 1475 reclama, por su mujer el trono de Castilla. Isabel con su primo Fernando de Aragón.


        La guerra, como digo, está servida, y Hernán, toma partido por Isabel, destacando en valentía, arrojo y temeridad en Toro y Zamora. Años más tarde, vuelve a demostrar su valía en la toma de distintos castillos granadinos, hasta once, que adornarían su escudo de armas, junto a un león coronado, la divisa “Ave María” y su lema familiar: “Quebrar y no doblar”. Distinguiéndose como un hábil adversario en la guerra psicológica en los cercos y asedios, se empeñó en ser el primer castellano en entrar en Granada, y así lo hizo, en una escaramuza, digna de un comando de boinas verdes actuales, donde se infiltró sigilosamente en la ciudad musulmana, y consiguió clavar una daga con un aviso en una de las puertas del templo.
Uno de los autores, Roberto García, con el cómic, en una presentación del mismo.


        Una vez conseguida Granada, su estrella languideció poco a poco, metido a cronista de sus hazañas, y realizando aún algún trabajo militar más para la monarquía hispánica (Carlos I lo llamó, con 73 años, para que luchara contra los franceses en los Pirineos), antes de fallecer en Sevilla (1531) siendo un octogenario. Está enterrado en aquella mezquita reconvertida en Catedral, que una vez asaltó con una daga (concretamente en la Iglesia del Sagrario). Él quería ser enterrado junto a los Reyes Católicos, pero le destinaron una capilla más modesta, para un verdadero héroe de Castilla, “el de las hazañas”, el ahora más conocido por mí, Hernán Pérez del Pulgar.


        “Hernán Pérez del Pulgar. El de las hazañas” (Serendipia, 2019) de Roberto García Peñuelas (dibujo, guion) y Marta Castro Jiménez (guion) es un cómic trepidante, lleno de acción, y elaborado en capítulos o episodios, vistos desde el punto de vista de personajes próximos a Hernán, y del propio Hernán. Tiene un dibujo muy bien conseguido, y la narrativa es muy amena, entretenida, y te engancha desde el principio con suma facilidad. Me ha encantado que rescataran a este personaje histórico, y que lo den a conocer a través de un cómic que seguro que va a llegar a gustar a todos los que nos interesa la Historia.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Planeta Manga (Número 1, 2019)



        En mi pequeña y coqueta biblioteca de cómics, tengo pocos cómics Manga, tanto japoneses como nacionales. De hecho, es un genero del que he publicado pocas entradas en el blog, como podréis comprobar por el buscador, porque suelo apostar más por cómics sociales, históricos, y de vez en cuando, de superhéroes.

        Aún así, poco a poco, procuro ir superando ese lamentable error, y hace unos días, en una librería de Montijo, descubrí la revista “Planeta Manga” (número 1, 2019). La hojeé por encima, vi el precio (muy razonable, 4.95 leuros, 300 páginas en blanco y negro, editado por Planeta) y me la he agenciado.

        Me la he leído, con avidez, en dos tardes. Está realizada por autores manga españoles, a los cuales no conozco, dicho sea de paso. La revista está conformada por relatos cortos, algunos finalizan, otros no. Algunos relatos son interesantes, otros son puro relleno. Al terminar de leerlo, me he quedado con un buen gusto, con ganas de más. Y el 28 de enero, sale a la venta el segundo número, que también caerá. Creo que va a ser trimestral. Lo dejo por aquí, por si os interesa y no la conocéis.

                 P.D: Prometo leer más Manga en los próximos meses.

Star Wars: El ascenso de Skywalker (2019)



        ATENCIÓN: SPOILERS. ¿Sabéis que me pasa con Star Wars?, pues que creo que se han cargado la saga. No, ahora. No, no ha sido ahora, sino hace ya un tiempo. Y, claro, vienes de tragarte los siete primeros episodios de la primera temporada de The Mandalorian, que son para quitarse el sombrero, y un domingo por la mañana, en sesión matinal, te tragas la insufrible, en mi opinión, y nada seria, “Star Wars: El ascenso de Skywalker” (2019), que hace que, ya más tranquilito, con un café delante, reflexiones que siguen siendo las mejores películas de la saga las primeras, es decir, los episodios IV (Una nueva esperanza, 1977), V (El Imperio contraataca, 1980) y VI (El retorno del Jedi, 1983).


        Quizás mis casi cincuenta años, y que estas películas me las tragaba de pequeño en el cine, me hacen ver las cosas así. Llamadlo nostalgia o vejez, pero incluso prefiero las cintas que vinieron posteriormente, las llamadas ominosas: I (La amenaza fantasma, 1997), II, El ataque de los clones (2002) y III (La venganza de los Sith, 2005), donde al menos hay escenarios barrocos y multitud de razas (ahora casi todos son humanos metidos en causas un tanto raras de explicar) a las últimas mierdas que se han estrenado en los últimos años, con la película de Han Solo a la cabeza (2018, de la que ya os hablé por aquí), y de la que en mi opinión, solo se salva “Rogue One” (2016, de la que cometí el error de no dedicarle una entrada en el blog, y la verdad es que se lo merecía), que tiene un argumento trágico al que no está acostumbrado el público, ni de Star Wars, ni de ninguna otra saga.


        Y es que, con el “episodio VIII: Los últimos Jedi” (2017), aquello ya fue más que lamentable, más de lo que mi mente podía permitirse, al ver como la escasa flota rebelde huía por el espacio pidiendo ayuda mientras se les acababa la gasofa, o ver como Leia era salvada por la Fuerza después de haber volado el cuadro de mando de su nave capitana.


        Aquí, en la última entrega, los despropósitos continúan. Una serie de hechos sin sentido (atención, ahora reviento la película, con los llamados spoilers) como ver el alzamiento del Emperador Palpatine, que no solo está vivo (¿Pero de donde sale este ahora, macho?), sino que tiene guardados en un planeta remoto a cientos de cruceros estelares, con sus respectivas tripulaciones (miles de hombres y mujeres, ningún droide, al contrario que en las primeras películas donde el Imperio los tenía y eran de uso habitual), y te preguntas por qué no los ha utilizado antes (es que eran de los Sith, ahhhm, me callo entonces) y volver a ver a la Resistencia, que oculta en medio de la selva (en otras cintas hubiéramos visto a pequeños seres comerse a otros seres, junto a los X-Wings, con total normalidad y naturalidad), solo les falta ir pidiendo por las puertas de alguna Catedral galáctica, con un halo de victimismo que recuerda a ciertos colectivos que no vienen a cuento. Porque, la verdad, ciertamente, nunca he entendido una Republica dirigida por una Princesa, pero tampoco he sabido nunca que es lo que quieren los de la Resistencia, aparte de cargarse un Imperio que está lleno de nazis HdP. El Imperio cargárselo todo, que para eso son fascistas, genocidas y malvados, pero la Resistencia… ¿Qué es lo que anda buscando? Nunca lo explican bien, o yo no me entero, y creo que no quieren una República comercial como en “La Amenaza Fantasma”.


        Por otro lado, tenemos el rollo Kylo-Rey. Te odio, te amo. Pásate a mi lado, pásate tú al mío. Te llamo telepáticamente, no, espera, ahora estoy medio en pelotas o comprando en el mercadillo de la esquina, (superando en poderes a todos los Jedis y Sith juntos que han salido hasta el momento, porque esto lo hace Kylo cada vez que se aburre y deja de mortificarse con la máscara de su abuelo, todo muy kafkiano). Palpatine es malvado, nos quiere joder a ambos… ¿Sabías que eres su nieta y todo esto viene porque no querías visitarlo de pequeña mientras él invadía mundos? Nada de sentido, es absurdo totalmente.


        Igualmente, tenemos la historia de la daga de los Sith, y de cómo siempre hay un protagonista (Poe Dameron) que cuenta que conoce a un tipo, o a una tipa, de toda la vida, que podría ayudar, pero que tiene cuentas pendientes con él o con ella (esto era muy habitual con Han Solo), pero el resto del equipo, que lo conoce desde hace 34 años nunca ha oído hablar de dicho tipo o tipa, ni de sus habilidades. Total, que van, y se encuentran a un Power Rangers femenino, concretamente el rojo, que quiere matar a Poe Dameron (que es el que ingenia este juego de amistades) por cosas de un pasado que no se explican, ni falta que hace porque el público es idiota y se traga todo, y el personaje se va, pero después aparece… El caso es ir añadiendo tramas secundarias absurdas…


        En fin: No hay química entre los actores. No hay química entre Finn, Rey, Kylo (que parece un nene mimado y llorón) y Poe Dameron. Los diálogos son absurdos y sin peso. Los droides han pasado a ser secundarios sin mucha gracia, y Chewbacca… Ufff, enredos con el guión rarísimos: Ahora está muerto, ahora está vivo. No estaba muerto, que estaba de parranda. Le sobra, por supuesto, media hora laaaarga.


        Las muertes, resurrecciones y apariciones, que en las películas “clásicas” solo vimos en “El retorno del Jedi”, aquí están al orden del día. Me muero, me aparezco fantasmalmente a dar consejos. Me muero, me resucitas con la Fuerza. Me encuentro a una serpiente herida de 80 metros de longitud y 6 de grosor en un pozo desértico, espera que la cure antes de seguir (cuando en anteriores cintas la hubieran frito a tiros de blaster sin miramientos). Me encuentro un droide que es un embudo enganchado a una rueda, ¿Para qué lo queremos?, ni idea, pero tú llévatelo, que ya hará algo…


        Visitamos los restos de la Estrella de la Muerte, que explotó en el espacio, con la daga del WarCraft, y sabemos en qué lugar exacto hay que situarse para que nos chive la ubicación de una brújula espacial de los Sith que está entre los restos de la Estrella. Aseguramos que Luke la estuvo buscando años, y Luke, en las películas anteriores decía que se había metido a Monja Carmelita y había estado veinte años viendo La 2 en una choza… Una vez más nos toman por idiotas.


        Yo qué sé… Es larga, aburrida, con una narrativa atroz, hecha con jirones de historias cortas (un refrito de la hostia de cosas ya vistas), donde en cada sitio que visitan, se van añadiendo personajes que no añaden nada, salvo espacio, y con absurdeces como cargas de caballería encima de un crucero imperial, que ya es para bufar, mientras un personaje derriba Tie´s con arco y flechas, como mi admirado Ojo de Halcón o Flecha Verde, como el que come magdalenas con el desayuno… No hay la cantidad de razas, droides y personajes sanguinarios que hay en las primeras, y solo hay pequeños guiños de dos segundos a los moradores de las arenas, o a los Ewoks… Para que el abuelo, como yo, se sienta complacido (porque estamos viendo una copia del final de El Retorno del Jedi), mientras Rey roba el apellido Skywalker (y de paso, el chalet en el desierto).


         Final absurdo, y contradictorio (Kylo se pasa de bando en un recuerdo de su padre), que cierra la saga, pero que amenaza con algún spin-off, como el de una exsoldado imperial (la arquera) y Lando Carlrissian que quiere saber su origen. Me he dejado algunas cosas en el tintero, a propósito, ya que, sino el raje sería de aquí hasta finales de siglo, pero bueno, aquí lo dejo, ya más relajadito y desahogado… Espero que a vosotros os guste, de verdad, y que disfrutéis de algo, que, para mí, supera más lo comercial que otra cosa. Ale, a vender muñecos, que yo seguiré disfrutando de "The Mandalorian" (2019).

sábado, 21 de diciembre de 2019

Elcano y Magallanes: La primera vuelta al mundo (2019)



        “Elcano y Magallanes: La primera vuelta al mundo” (2019) es una película de animación española, que ciertamente, para ser sinceros, me ha empezado a interesar cuando he leído alguna que otra mala crítica. No tenía intención de verla, porque tengo malas experiencias con la animación española, y por respeto no digo títulos de auténticas ñordas que he visto en el cine, y que me han dado vergüenza ajena.

        Este caso no es uno de ellos. Afortunadamente. “Elcano y Magallanes” no es una película para tirar cohetes. Tampoco tiene un rigor histórico exigente, es más bien simplón y muy generalizado. Pero, claro, uno debe entender que la película está dirigida a un público familiar, a un público joven que se interese por la temática de un hecho concreto, dentro de la Historia de España, que sigue levantando ampollas hoy en día (Portugal aseguraba hace poco que el primer viaje al mundo les correspondía a ellos, y en España muchos han dado la callada por respuesta).

        En 1519, cinco barcos, con 240 hombres, capitaneados por Fernando de Magallanes (marinero portugués al servicio de Carlos I de Castilla), buscan una ruta alternativa a las especias asiáticas, a través de una ruta alternativa por el oeste, pasando por Brasil, y posteriormente por el hoy conocido estrecho de Magallanes (donde comienzan las deserciones y motines), y camino del Atlántico al Pacífico, llegando a los codiciados archipiélagos de las especias. En Filipinas, previamente, Magallanes perderá la vida en un enfrentamiento contra nativos. El viaje acabó con un solo barco y dieciocho supervivientes, comandados por el marinero vasco Juan Sebastián Elcano, atosigados por la flota portuguesa que quería acabar con la hazaña, y la presencia castellana en unos mares y rutas que consideraba propios.

        La cinta, como os digo, no está mal. Está bastante entretenida, resumiendo muy bien la gesta. La música bien, el doblaje bastante gracioso en los personajes sevillanos, portugueses e italianos. La comedia no está muy conseguida, o al menos, a mí así me lo ha parecido.

        P.D: A Las Molucas llegan dos barcos, pero solo sale uno, la Victoria. Con el otro no sé qué pasa, si es apresado por los portugueses o… Ni idea.

viernes, 20 de diciembre de 2019

1898: Cuba (Cascaborra ediciones, 2019) Javier Yuste, Ruymán Nieves, Ayoze Nieves



        En este último mes de 2019, en pleno diciembre, Cascaborra Ediciones ha sacado a la venta un nuevo álbum de su colección “Historia de España en viñetas”, que ya va por el número 18, y del que soy un orgulloso suscriptor. No he dudado ni un segundo en seguir con ellos durante el próximo 2020, porque el trabajo y dedicación que hace esta pequeña editorial, a mi parecer, es digno de admiración, y hay que apoyarles en todo lo que se pueda. Y, que ojalá, tengan muchos éxitos y ventas, porque eso significará que la gente sigue comprando cómics e interesándose por la historia de este país.

        En “1898: Cuba” de Javier Yuste (guión, del que ya hablamos por aquí por su “1921: El Rif”, que es de lo más recomendable), Ruymán Nieves y Ayoze Nieves (ilustraciones), nos encontramos una interesante historia, llena de paralelismos, entre dos hechos que marcan la historia de España diferentes, pero entrelazados en la narrativa del cómic. Por un lado, un ataque a una posición española en el Rif, en 1922, que va a conllevar una promesa, y conocer la historia que nos centra el cómic, a través de una confesión, que había estado ignota durante más de veinte años.

        Por otro, la historia de dos soldados españoles, destacados en Cuba, enamorados de la misma mujer, de la que saben que es una traidora, y con el desastre español del 98 de fondo, con todo desmoronándose mientras el amor, la patria, el honor y el deber, se entremezclan en una amalgama que te engancha, poco a poco, hasta el desenlace final. Una promesa que ha llevado a revelar secretos y confesiones.

        El cómic es muy atractivo visualmente. Tiene una narrativa muy bien llevada, y se complementa con un dossier histórico final, que firma María Fidalgo Casares, Doctora en Historia y miembro de la Academia andaluza de la Historia, que pone un fabuloso broche de oro a esta edición. Merece, y mucho, la lectura de “1898: Cuba”. No lo dudéis.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Seis en la sombra (2019)


         “Seis en la sombra” (2019) es una ida de pinza, ideada por Michael Bay, en la que solo falta que salgan los Transformers, y que no ha salido ni en salas de cine, sino directamente a la plataforma Netflix. El comienzo de la película, son veinte minutos de trepidante persecución por Florencia, que no tiene nada que envidiar al mítico juego “Carmageddon” (1997) en el que coches metidos en una carrera de locos, atropellaban a peatones por la ciudad, mientras eran perseguidos por la policía.

          Aquí tenemos a un multimillonario (Ryan Reynolds, el mismísimo Deadpool), que monta un equipo de seis personas, con diferentes habilidades. Un auténtico equipo de élite con el cual se dedican a eliminar a dictadores repartidos por el mundo (y, que curiosamente, han puesto ahí, en muchos casos, los propios americanos). Para el mundo, están muertos, no existen, y ellos se conocen a través de números (del 1 en adelante).

         Cochazos, mujeres espectaculares, parkour, planos de anuncio de colonia, armas sofisticadas, gore por un tubo, sexo esporádico, ralentizaciones de la acción, diálogos prepotentes, incongruentes y sin sentido, música electrónica, mucho cachondeo barato y pedante de chulo de barrio, cine espectáculo con efectos especiales de la leche, y mucha americanada (ellos son siempre muy buenos, algo típico del cine de Bay), resumen, perfectamente, la película. Mucha ida de pinza, como os decía al principio. Es la típica película que veo cuando no quiero pensar en nada durante dos horas (y a esta le sobra media hora larga), y que, seguramente, olvidaré casi enseguida…

         P.D: Hay un guiño (muy bueno en mi opinión) a Transformers, cuando uno de los protagonistas llama “Ratchet” a un enfermero… Como en la película de los extraterrestres robóticos.

Rumores sobre el Rouergue (Edicions de Ponent, 2015)


        Había pasado Mayo del 68, y Pierre Christin (idea, guion) tenía una idea en la cabeza sobre el capitalismo, hadas, y malvados directores de empresas mineras. Jacques Tardi, el dibujante, (uno de mis autores franceses preferidos, del que ya hemos hablado alguna vez por aquí, en “La guerra de las trincheras”, “El último asalto” y en los tres números de “Yo, Réne Tardi. Prisionero de guerra en Stalag IIB”) se enfrascaba, por primera vez, en una historia larga, ya que hasta la fecha aún no había publicado ninguna, y era poco conocido.

        En 1972, publicaban en la revista subversiva “Pilote” la historia “Rumores sobre el Rouergue” (Edicions de Ponent, 2015), que les ocupó dos números, basada en la historia de una mina de cobre cerrada, en una remota zona de Francia, en la que se ha fijado una empresa minera, y a la que mandan a un prospector, el norteamericano Palmer, que no regresa de su visita.

        Pronto, los directivos empresariales, descubren que la mina y la zona, está protegida por “el pueblo llano”, una panda de hadas, elfos, duendes y otros seres mágicos que no van a permitir que reabran la mina, y se carguen el bosque cercano de Cassaniouze. Para ello, usarán todo tipo de sortilegios mágicos, e incluso levantarán en huelga a los mineros españoles allí desplazados.
                                                                                    Tardi


        Irreverente, cargada de humor, y con un claro mensaje ecologista que ya ha cumplido sus cincuenta años, “Rumores sobre el Rouergue” nos trae a la mesa, un problema, que ya preocupaba a finales de los sesenta y principios de los setenta, con el surrealismo como protagonista de un hecho, la apertura de la mina, muy real.

                                                                                                                      Pierre Christin