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jueves, 29 de agosto de 2019

Yo, René Tardi (1-3). Prisionero de Guerra en Stalag IIB (Norma, 2013-2019) Jacques Tardi


          Desde que, con doce o trece años, alguien me regalara “Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-sec” (1976) de Jacques Tardi (1946), me aficioné a este autor, guionista y dibujante francés, y, a fecha de hoy, tengo gran parte de lo publicado de Tardi en castellano.


        En 2013, año en que le conceden La Legión de Honor de las Artes, comencé con la que iba a ser la trilogía de Tardi, en la que contaría las vivencias de su padre durante La Segunda Guerra Mundial. En “Yo, René Tardi 1: Prisionero de Guerra en Stalag IIB”, un joven Tardi, adolescente, embutido en una boina negra, acompañaba a su padre por los inicios de la guerra, narrando, a la vez que su progenitor, las vicisitudes del conflicto, en un cómic mitad documental, mitad biografía, con mucho de historia de andar por casa, familiar, por medio, y con las curiosidades de ver los movimientos, los ataques y vehículos, desde el punto de vista de un tanquista francés (René). Centrándose en las humillaciones y fatigas que tuvieron que pasar los franceses en el campo de concentración Stalag IIB. Está dibujado y coloreado en un riguroso blanco y negro.

        En el segundo volumen, “Yo, René Tardi 2. Prisionero de Guerra en Stalag IIB. Mi regreso a Francia” (2015), Tardi y su padre nos narran la salida del campo, y la vuelta a casa, a una Francia llena de colaboracionistas que se esconden y comienzan a cambiar de chaqueta, y donde los antiguos prisioneros ahorcan a guardias alemanes. Como curiosidad, cambia en este cómic, a raíz de los ajusticiamientos el color de la historia, del blanco y negro al color, empezando por el rojo de la sangre de los muertos.

        Y, el tercer volumen, “Yo, René Tardi 3. Prisionero de Guerrea en Stalag IIB. Después de la guerra” (2019) que es el que menos me ha gustado (no os voy a mentir), nos narra Tardi, como su padre, que sigue incomprensiblemente en el ejército que tan mal le ha tratado, cambia su carácter, cada vez más agrio y malhumorado, mientras la familia intenta aterrizar de todo lo que han pasado, e iniciar una nueva vida en la nueva situación política y económica francesa, y europea. En este volumen, Tardi, da vueltas por la Historia, ahora a Napoléon, ahora a la guerra franco-prusiana, ahora con los chismes de su familia, cambiando su narrador adolescente, por su narrador niño, y resumiendo perfectamente el problema colonial francés, que era bien peliagudo y la vuelta a la normalidad del país, con el terror a una supuesta guerra contra la URSS, y los inicios de la Guerra Fría. El color, curiosamente, vuelve a ratos al monocromismo (¿Está bien dicho monocromismo?, bueno, tú me entiendes).

        Han sido seis años siguiendo a Tardi y a su padre, por la Segunda Guerra Mundial (humillaciones, muertos, sin razón...), y años posteriores, con su infancia, el colegio, y su flechazo por los cómics y los aviones de papel. Esta trilogía, ciertamente, merece mucho la pena. Por su originalidad, por el tratamiento de la guerra, por el material que añade Tardi a los propios cómics. Es, de verdad, una verdadera pasada, aunque el tercer volumen me haya parecido “menos interesante”, o con menos fuerza. Totalmente, imprescindible.



miércoles, 28 de agosto de 2019

Donbass (2018)



        “Donbass” (2018) es una película ucraniana sobre el conflicto que se desarrolla allí, desde diferentes puntos de vista, como si se trataran de historias cortas, sin una conexión aparente en un principio, en la que se ve absolutamente de todo por lo que puede pasar un ser humano en ciertas situaciones extremas.

        Desde unos actores que ruedan una película, y justo en ese momento hay un ataque, hasta la agresión a un alcalde corrupto, y los milagros que hacen la gente por vivir. Una de mis favoritas ha sido la de un periodista alemán en la República separatista de Donetsk, donde, por el solo hecho de ser alemán, ya le llaman fascista (llevando ellos en el brazo la bandera confederada), reclutan a hombres que bajan de los autobuses de línea, etc.

        Otra muy dura es ver cómo viven los refugiados, los ancianos, los niños, en casas llenas de moho, con hambre y con una media de -20º grados, con un gran maltrato psicológico y físico (hay una escena, muy dura, de palos a un soldado), que difiere de algunas clases altas que se han labrado durante los últimos años.

        La película me ha parecido interesante, porque hay muchas lagunas informativas sobre lo que pasa en esa parte de Europa. Nadie sabe casi nada. La visión es ucraniana, y aquí los malos son los rusos y los de Donetsk, que no salen muy bien parados. Con estos últimos hay unas historias muy crudas: Amenazas a personas para que paguen sus movimientos políticos y militares, secuestrados en antiguos edificios gubernamentales ucranianos, o atar a personas en farolas acusadas de fascistas para escarnio del personal, que llega a situaciones surrealistas, como hacerse fotos con ellos, pegarles... Pero, lo que, sí es cierto, es que la deshumanización es total, junto al frío y las calamidades que sufren en este país roto. La fotografía muy buena, y los actores cumplen su cometido. El final, inquietante. Lo malo, como siempre, que le sobran, perfectamente, treinta minutos largos.

martes, 27 de agosto de 2019

Ana y el Apocalipsis (2017)



        Los musicales son uno de mis géneros favoritos, y las películas de zombies… También. Por eso, cuando mezclas un musical, con zombies, pues te sale una película de bajo presupuesto, buenas intenciones y un rato entretenida.

        Ese es el caso de “Ana y el Apocalipsis” (2017), película británica, que, a lo anterior le suma las Navidades, un instituto (donde sus alumnos rondan los veinticinco años, como en cualquier película de este tipo que se precie), un malvado profesor (por variar) y amores y desamores. Entre las canciones, la verdad es que hay un par de ellas que son pegadizas, no están mal, al igual que las coreografías. ¿Y la historia? Pues os la podéis imaginar: Típico instituto que prepara las Navidades. Actuaciones, vacaciones a la vuelta de la esquina, alumnos aquí y allá, y una invasión de zombies. Lo normal, vamos.

        Y, encima, la actriz principal es la bellísima (por lo menos para mí), Ella Hunt. Así, que… Música y zombies… Parodia y humor… ¿Por qué no?

lunes, 26 de agosto de 2019

Share (2019)



         Interesante película me ha parecido “Share” (2019). En ella, tenemos a Mandy, una joven adolescente, jugadora de baloncesto, que, tras una noche de fiesta, de la que no recuerda gran cosa, comienza a recibir mensajes relacionado con un video que rula entre los chicos del instituto.

        En dicho vídeo, se la ve tendida, inconsciente y semidesnuda, rodeada de chicos, en lo que parece una agresión sexual en toda regla. A partir de ese momento, la vida de Mandy cambia radicalmente, convirtiéndose en un infierno en su día a día, en el instituto, con sus compañeras de equipo, en la calle…

        Como decía ahí arriba, la película me ha parecido interesante por el tema que aborda, dentro del cine social, y tan en boga hoy en día. Es una cinta que me gustaría ponerle a mis alumnos. En contra, en la parte técnica, tiene mucho metraje en lo que no pasa nada, con una música inquietante, (como de xilófono, tipo fluxus) y unos encuadres oníricos, poéticos, que hubieran estado mejor fuera de la película. No voy a decir que le sobre media hora, pero si sus veinte minutos. Al parecer, la película es hija de un cortometraje (que no he visto), y ello explicaría muchas cosas.

        Lo dicho, no hacéis mal si la veis. El mensaje merece mucho la pena. Y, el final, es inquietante.

El vicio del poder (2018)



        Hasta que no he visto este biopic (recomendado por el amigo Eduardo, mil gracias tío), me imaginaba que Dick Cheney era un tipo secundario, mediocre, y oculto por la sombra de la Historia, que no podría contarte nada demasiado interesante, muy burocrático y tecnócrata.

        Después ves este “El vicio del poder” (2018), en el que un magnífico Christian Bale interpreta al poderoso vicepresidente, Dick Cheney, y te dices: Vaya, esta parte de la historia, no la conocía…

        Y es que el tipo, metido en política desde los setenta fue escalando poco a poco, hasta conseguir el máximo poder en la etapa de la invasión de Irak. Pasando por encima de todos y de todo, a pesar de sus numerosos problemas coronarios.

        La película, tiene mucho de documental (usando, en muchas ocasiones durante la cinta, imágenes reales, no recreadas), a ratos, al más puro estilo de Michael Moore, con ligeros toques de humor, dentro de lo que cabe, pues la cosa fue seria, y mucho. Me ha gustado mucho que salgan títulos de crédito a mitad de la película, algo que hubiera ocurrido si Cheney se hubiera retirado a tiempo, y que rompan la cuarta barrera para hablar con el espectador, directamente, tanto por parte del narrador, como del propio Cheny en los minutos finales. Para verla, debes tener conocimientos mínimos históricos de la época de la que estamos hablando, o no te vas a enterar de la misa la media.

        P.D: Por cierto, con la escena post-créditos, me partí, literalmente, de la risa.

sábado, 24 de agosto de 2019

Pokémon: Detective Pikachu (2019)



        Muchos han sido los que han intentado, en los últimos cuarenta años, hacer adaptaciones más o menos fidedignas, de dibujos animados, series de animación o videojuegos, buscando dar el pelotazo en la pantalla grande: Pac-Man, Street Fighter, Mortal Kombat… Yo qué sé, varios cientos de ejemplos (ejem, sin exagerar).

        Pero, debo reconocer, que, de los que más se acercan a la esencia original, han sido los creadores de este “Pokémon: Detective Pikachu” (2019), que, si conoces a los simpáticos seres, creados en 1996, verás reflejados muchas de sus habilidades, apariencias y poderes. Y es que, cada Pokémon tiene una apariencia y un poder distintos. Existiendo de agua, tierra, fuego, psíquicos…

        En esta película, lejos de la serie de dibujos animados, basada en un videojuego de la compañía Pokémon (que no conozco, no voy a mentir), Tim deberá investigar la desaparición de su padre, Harry, un detective que estaba a punto de aclarar un importante caso relacionado con los Pokémons. Con ayuda de un pikachu (una especie de tierno mapache amarillo que da calambrazos, competencia de Endesa e Iberdrola), Tim descubrirá que la aparición de un poderoso Pokémon, que se creía extinto, está detrás de la desaparición de su padre, y le pondrá en camino de resolver el caso.

        Película entretenida, muy visual, poco humorística a pesar de la presencia de Ryan Reynolds en el elenco, al que ya no podemos ver de otra manera que no sea de “Deadpool”. Para pasar la tarde, tanto si conoces el Universo Pokémon como si no.

Un corazón extraordinario (2017)



        La sombra de “Intocable” (2011) es alargada, muy alargada. Tanto es así, que, aparte de la versión francesa, existe otra argentina, y una estadounidense, que yo sepa. La película alemana “Un corazón extraordinario” (2017) navega por las mismas aguas, basada en una historia real, que igualmente tiene un libro, y que, al menos en Alemania, ha sido una historia bastante conocida.

         En ella, tenemos a Lenny (Elyas M´Barek, “El turco” de la película “La Ola”), un treinteañero que no tiene trabajo, pero como su padre es cirujano, está forrado, y vive la vida (discotecas, chicas, drogas, cochazos, tarjetas de crédito inagotables…). Su padre, harto de sus correrías y de su inmadurez, lo manda a cuidar a uno de sus pacientes, un joven quinceañero con problemas cardiacos. Y entre los dos surge un vínculo muy fuerte, haciendo que Lenny se plantee muchos aspectos de su vida, mientras los diferentes gags y situaciones, más o menos cómicas, se desarrollan…

          La película, como decía, navega las mismas aguas que “Intocable”, incluso tiene escenas bastante parecidas, así como la actitud de sus dos protagonistas principales (el cuidador borde y vividor, y el enfermo y sus problemas, pero sin caer en el llanto, ni tocar la fibra). Hay mucho buen rollo, la música es cañera, y la historia no da para mucho más…

El último libro de Sergi Pàmies (Anagrama, 2007) Sergi Pàmies



        Desde hace unos días, me he puesto a releer libros de la editorial Anagrama, que ya me leí hace unos años, al voleo. Esta vez, le ha tocado el turno a un pequeño librito de relatos cortos: “El último libro de Sergi Pàmies” (Anagrama, 2007) de, precisamente, Sergi Pàmies (1960). Pàmies es, para mí, junto a Quim Monzo, dos de los mejores escritores de relatos cortos, o por lo menos, los que más me gusta leer. Pàmies escribe en catalán, y tengo algunos libritos suyos que me encantan.

        En este, concretamente, tiene nueve relatos cortos, que apenas llegan a las ciento treinta páginas. Es un libro que te lees en media hora, con narrativas muy interesantes. En “La bestia”, un cazador se encuentra con su propio cadáver en el bosque, abriéndose para él mil posibilidades a raíz de dicho encuentro. En “La fama”, un señor que no se parece a nadie en el mundo, sufre depresión por ello. O en “La popularidad” nos resume, en pocas páginas, el daño que puede llegar a provocar un chisme, que pasa de simple ola a huracán en breve tiempo.

        Todos sus relatos tienen un punto de magia, de surrealismo, de misterio. Se leen, como os comento arriba, muy rápido y bien. Y, a mí, personalmente, me suele arrancar más de una sonrisa.

viernes, 23 de agosto de 2019

Érase una vez en... Hollywood (2019)



        Llevaba un tiempo esperando el estreno de “Érase una vez en… Hollywood” (2019), y como no suelo ir el día, ni los días posteriores del estreno, lo he postergado al día de ayer, que vas mucho más tranquilo, sin apenas nadie en la sala.

        La película es otra nueva ida de pinza de Tarantino. Una deliciosa ida de pinza, una distopía, o una realidad paralela, según se mire, donde nos meten una fantástica banda sonora de 240 temas de todo tipo, y se mezclan leyendas urbanas, ficciones, con rumores y con medias verdades, sobre el tiempo dorado de Hollywood (años 60), sus películas, sus dobles, productores, actores y actrices.

         Aquí tenemos a una vieja gloria de las películas del Lejano Oeste (DiCaprio) y su doble (Pitt), que intentan amoldarse a los cambios que les vienen en la vida, la bajada de la montaña rusa es dura, y vienen los Espagueti-Western, las producciones hispano-italianas, y los cambios de gusto del personal, aderezados con algunas que otras fiestas, chicas, depresiones y viajes.

        El personaje de DiCaprio es vecino de Sharon Tate, recién casada con Polanski, y por eso digo lo de las realidades paralelas, algo a lo que nos tiene acostumbrados Tarantino en algunas de sus producciones, no en vano, recordemos, que, en una de ellas, se llega a cargar a Hitler en un teatro (“Malditos Bastardos” y su revisión histórica, que no gustó a muchos). El tema de matar nazis siempre es recurrente en Tarantino (y Ojo, a mi no me parece mal). Me recuerda mucho a los “What if?” marvelianos en este aspecto.

          La presencia y el trato que se le da a Bruce Lee, pues no me hizo mucha gracia. Pero, no por ello deja de ser un a escena interesante la que se muestra, aunque no me creo que nadie, en esa etapa, pudiera tocarle un pelo a Bruce Lee. Y el final de la película no os lo reviento, pero salí 4 minutos al WC, y al volver, creí, o certifique más bien, la distopía que había visto con Charles Manson incluido. Ahí lo dejo, ya me comentarás que te pareció. A mi me ha gustado, pero sus dos horas y treinta siete minutos no son recomendables para mi pequeña vejiga.

jueves, 22 de agosto de 2019

Las invisibles (2018)



        En “Las invisibles” (2018) nos encontramos a un centro de acogida de mujeres con problemas sociales: Sin estudios, que han estado en la cárcel, abandonadas y solas, mujeres que lo han perdido todo, incluso las ganas de luchar y seguir en el tajo…

        Un día, el ayuntamiento les dice que van a cerrarles el Centro, y las mujeres, como una piña, harán todo lo posible por buscarles, a cada una de ellas, un futuro mejor.

        La película está muy bien, con ligeros toques de drama, pero sobre todo con mucho humor. Son mujeres invisibles para la sociedad, sin oportunidades de ningún tipo, que aún tienen mucho que hacer, que contar y qué decir. Es una cinta entretenida, pero le sobra, como ya os podéis imaginar, media hora larga, para llegar igualmente, ya que hay metraje que no me ha añadido nada a lo que se quería expresar y transmitir, y me refiero a una subtrama amorosa, que, en mi opinión, sobra. Entretenida, y muy correcta, a mi me ha gustado. El final tiene una despedida original.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Zonas húmedas (Anagrama, 2009) Charlotte Roche



        Hace unos años me dio por coleccionar todo lo que publicaba Anagrama en su Colección Compactos. En una estantería tengo una treintena de libros, de los que me he leído casi todos, menos cuatro o cinco.

        Esta semana he decidido volver a leerlos, ya que hay algunos que merecen la pena, y otros son para bostezar. “Zonas húmeda” (Anagrama, 2009) de la escritora y actriz alemana (aunque nacida británica) Charlotte Roche (1978) es uno de los libros que no me había leído.

        El libro en sí es transgresor, provocador, al parecer, muy autobiográfico y bastante guarro. Si, has leído bien, bastante no, muy guarro. En “Zonas húmedas” se nos cuenta la historia de una chica de dieciocho años, que tiene que ser operada de unas hemorroides en el ano, tras infectarse una herida mientras se depilaba el trasero. En el hospital, narra todas sus fantasías sexuales, problemas con sus heces, la regla, con el vello púbico, y hasta con los mocos, mientras fantasea con Robin, un enfermero que la atiende en su convalecencia, y de paso, hace todo lo posible por rejuntar a sus padres separados.

        Son doscientas páginas llenas de idas de pinza, que, tengo que reconocer, me he leído en un par de tardes. No apto para estómagos delicados, aviso.