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sábado, 29 de diciembre de 2018

UFO (2018)



         Con UFO (2018) me he llevado una grata sorpresa. En varios sentidos. Por que vengo de ver algunas de las grandes recomendaciones de los últimos tiempos, y me han resultado mediocres o nefastas, directamente. Pero, con UFO, me he encontrado con un guion interesante, con el gancho de Gillian Anderson (que no se cansa de los extraterrestres cinematográficos ni a la de tres, pero que, en este caso, era innecesario, ya que su papel no abarca más de doce minutos en la cinta), y con un bajo presupuesto que, a pesar de todo, me ha tenido sentadito todo el rato que dura la película.

        En UFO nos encontramos a un estudiante brillante de matemáticas, Derek, que fue testigo presencial de un avistamiento cuando era un crío. Este hecho, lo marcó de por vida. Así que, cuando en el aeropuerto de Cincinnati, ocurre un avistamiento y es intentado ser ocultado por el gobierno. Derek hará todo lo posible por descifrar, e investigar, la veracidad de dicho fenómeno, poniendo en peligro sus amistades, su relación sentimental y su carrera profesional.


        La película es un auténtico galimatías matemático, donde dichas ciencias están muy presentes, en forma de dibujos animados y explicaciones al espectador que, lelo perdido, asiente con la cabeza para no parecer palurdo, pero que no tiene ni pajolera idea de lo que le están contando. El caso es que, la relación matemática-posible encuentro UFO, al parecer, es bastante real, o al menos, de eso nos quiere convencer la película. Si vinieran extraterrestres, sería con ecuaciones bajo el brazo, y no con cuadros renacentistas o dibujos en una pizarra.

        Para mí, una película bastante entretenida, recomendable, y en la que el personaje de Gillian Anderson (secundaria de lujo, pero toca-narices) de haber sido otra actriz, tampoco hubiera pasado nada del otro mundo…

Lucien Freud. Sebastian Smee. Taschen (2012)



         Hasta la fecha, nunca había leído ninguna biografía de Lucien Freud (1922-2011). Lo conozco de referencias, de ver algunos de sus cuadros por aquí y por allí, sobre todo sus desnudos, que son muy característicos, y por el famoso cuadro que hizo de la Reina de Inglaterra, a la que hizo posar un buen rato para hacer una obra minúscula, pero muy clara y sencilla.

         Ahora, con este pequeño librito de Taschen (2012), escrito por Sebastian Smee, he tenido la oportunidad de conocer más de este pintor, que fue nieto de Sigmund Freud. Nacido en Alemania, emigró poco antes de ascenso del nazismo a Inglaterra, y allí, desde finales de los años treinta comenzó a despuntar como pintor. Interesándose, como decía antes, por los desnudos, tanto masculinos como femeninos, de personas muy normales. Grandes desnudos femeninos casi barrocos, y desnudos masculinos inquietantes, de personas en posiciones un tanto extrañas (en ambos sexos), pero siempre huyendo del erotismo.

         Llegó a pintar, incluso, a sus hijas desnudas, con toda naturalidad. Y retrató a gran parte de sus amistades, exponiendo, prácticamente, en todo el mundo. Su madre, con una depresión de caballo en sus últimos días, también fue su inspiración. Huyó del surrealismo como de la peste, porque, al fin y al cabo, no hay nada más surrealista que tener una nariz entre los dos ojos, y su pasión por los caballos llegó a obsesión. Grandes pinceladas y brochazos denotan su estilo, pero sutiles, bien resumidas, y siempre dentro de un estricto realismo.


          Un artista curioso este Lucien Freud. Os recomiendo una visita por su obra, a mi me ha parecido interesante.

jueves, 27 de diciembre de 2018

El hombre que mató a Don Quijote (2018)



Aviso. A partir de aquí, spoilers a tutiplén.


          De verdad. Con esta película, me he quedado alucinado. Creo que el director, Terry Gilliam, no debería haberla realizado nunca, o al menos, no haberla estrenado, por que es una serie de despropósitos constantes que solo se salva en su imagen, en su surrealismo, y, supongo que, en su comicidad, porque al final he decidido que lo mejor es tomárselo a coña bananera. Veinticinco años de rodaje gafado, es lo que tiene.

         Por un lado, tenemos a Toby, un productor-director de cine, que, rueda anuncios en España mientras recuerda sus aventuras de juventud, cámara en mano, por los pueblos de Castilla. Por otro lado, tenemos a un zapatero loco, que habla inglés perfectamente (lo normal en Toledo o Ciudad Real), y que se cree Don Quijote.

         Toby se ve envuelto, de una manera que no sabría explicaros, ni, aunque lo intentara mil veces, en una aventura por los caminos de Castilla (todos de tierra), en el papel de Sancho, reviviendo algunos pasajes del Quijote, sin pies ni cabeza, donde La Guardia Civil coincide con La Inquisición española, procesiones diarias y gitanos mangantes (un tópico, desafortunado, entre los muchos que pueblan la cinta), sueños que se mezclan con realidad… Y cuando más se desarrolla la narrativa, sin demasiada coherencia, más piensas que todo debe ser un mal sueño…

Lo mejor: La estética, el surrealismo, y que aparece un buen elenco de actores españoles.
Lo peor: La narrativa que no llega a enganchar, el final de la película, y que le sobra, perfectamente, más de media hora.

Un lugar tranquilo (2018)



         Hoy he tenido la oportunidad de ver “Un lugar tranquilo” (2018), película de terror (y de amor hacia los hijos, aunque estos sean gilipollas), tan interesante como decepcionante. Con un guion original, dentro de lo que cabe, a ratos bien planteado, con unas actuaciones francamente buenas, sobre todo la de Emily Blunt, y, muchísimos errores y agujeros de la leche en la historia.


          ¿De qué va “Un lugar tranquilo”? (A partir de aquí, spoilers a cascoporro). Unos alienígenas ciegos, pero con un oído de la leche, con forma de mantis (o algo parecido), han invadido el planeta. Odian el ruido, así que van a por todo lo que haga ruido y se lo cargan en décimas de segundos. España ha sido el primer país que han arrasado de arriba abajo.

         Una familia intenta sobrevivir a esta curiosa invasión, sin hacer ningún ruido. No hablan, se comunican con señas, y la hija, además, es sorda. Tienen una cabaña en el campo, y la madre está embarazada. Ya, en el minuto dos de cinta, te das cuenta que la BSO de la película, simplemente sobra. Yo hubiera grabado un CD de completo silencio, y puesto a la venta, hubiera sido un éxito. Incluso, con suerte, se hubiera grabado alguna psicofonía del tipo “Antonio, trae cervezas cabrón”, o algo parecido.

         La familia cultiva maíz (me recordó a “Señales”), el padre fabrica implantes cocleares (de malísima calidad), salen de expedición a pescar a una cascada cercana para poder hablar (¿Por qué no viven en la puñetera cascada?), se pelean y discuten por gilipolleces… Lo típico vamos.

        El caso es que, el espectador, mientras avanza la historia, advierte incongruencias del tipo: Tienen una habitación, un cuarto insonorizado, y simplemente no lo usan, ¿Por qué, puede saberse por qué?, ¿Por qué el bebé no llora?, si debería berrear durante cuatro días. ¿Cómo han llegado estos bichos al planeta?, ¿Por qué el maíz del silo se comporta como arenas movedizas a ratos si, y a ratos no?, ¿Por qué el final es una ñorda de mucho cuidado?

       No sé si recomendarla, o no, la dejo a vuestra elección, y me gustaría saber que os ha parecido.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

La Hermandad (2007) Óscar Martón, Miroslav Dragan.



         No sé desde cuando tenía estos cómics de “La Hermandad”, publicados por Norma hace ya unos años (2007), y que vienen de la mano de Óscar Martín (un dibujante como la copa de un pino) y Miroslav Dragan (guionista). El tema es que anoche reparé en su presencia (la estantería de “Cosas pendientes por leer” alberga cerca de doscientos volúmenes a fecha de hoy), dos tomitos de tapa dura, titulados “Astrabán” y “Lucius”, y me los leí de una tacada.


          La verdad sea dicha, los disfrute más por su increíble dibujo que por su guion en sí, que es bastante caótico. De hecho, llegué a pensar que a los cómics les faltaban páginas, o, que, directamente, estaban mal colocadas, porque no pude seguir la historia desde un principio. Me liaba y tenía que volver a releer alguna página. Aparte de ese mínimo detalle, la historia es francamente chula. Un mundo, entre medieval y renacentista, de seres antropomorfos que se matan entre sí casi por cualquier cosa. Me recordó mucho a los míticos cómics de “Solo” (que también son del mismo dibujante), de aquella rata armada hasta los dientes, y más recientemente a los cómics de “Ekhö. Mundo espejo”, de lo que ya os he hablado alguna que otra vez por aquí.

          El protagonista de este cómic es Astrabán, un joven aprendiz de alquimia, que ve como su mundo se derrumba, y su gente es asesinada, en el momento en que ayuda a una misteriosa joven que huye de unos sicarios. Desde ese momento, Astrabán conocerá lo peor de la vida: Las mafias y sus tejemanejes, el odio, el rechazo, la pobreza, la corrupción, siendo ninguneado por la mitad de la ciudad…

         Los cómics mejoran según los lees. El segundo es más “real” y preciso que el primer tomo. La verdad sea dicha, me he interesado por encontrar las siguientes partes, pero no he encontrado nada al respecto, salvo que estos dos tomos están descatalogados y que se publicaron, originalmente en francés (en Bélgica). Por lo que creo que la serie no paso del segundo tomo, y, a pesar de todo, es una verdadera pena, porque aquí había material…

martes, 25 de diciembre de 2018

Pregúntale al polvo (1939) John Fante. Edición de Anagrama. Prólogo de Charles Bukowski



      Los tres o cuatro que nos sois fieles a las entradas publicadas en el Patio-Lavadero, sabréis de sobra lo que nos gusta leer a John Fante (1909-1983). Son muchas las referencias que hemos hecho de él en los últimos diez años, y no es raro que pongamos, de vez en cuando, alguna referencia a sus libros. De hecho, yo, personalmente, me he leído varias veces el mismo.

        Uno de los que más me ha llegado, siempre ha sido así, ha sido “Pregúntale al polvo” (1939), que se publicó en Nueva York, justo en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Es un libro impactante, que siempre me deja un nudo en la garganta, sobre todo en sus ocho o diez páginas finales, que son tristes y demoledoras.

        Mucha gente conoce a John Fante gracias a Bukowski, que fue su mayor altavoz, más en los cuatro o cinco últimos años de la vida de Fante, cuando llegó a conocer al que “creía que era Dios”. Este libro fue una revelación para el propio Bukowski, que en mitad de la nada, de libros insulsos e insípidos, se encontró con un puñetazo literario de realidad, y, posiblemente, de honestidad.


        En “Pregúntale al polvo”, el alter ego de Fante, Arturo Bandini, se busca la vida como escritor en Los Ángeles. Una ciudad que intenta quitarse de encima el sopor de la Gran Depresión. La pobreza, la soledad y la desesperación rondan por la ciudad, y Fante es uno de esos soñadores perdidos por las tascas y pensiones de mala muerte. Nadie le entiende, pero él tiene un sueño que va a cumplir, algún día, ser un gran escritor, un reconocido escritor.

        En su deambular por las calles, se fija en una joven de origen mexicano, Camila López. Una camarera que pronto le hechiza. Bandini tiene sentimientos contradictorios hacia ella. Le atrae, pero no parece ser su tipo, fantasea con ella, sufre impotencia en su presencia, se pelean y se reconcilian, en una ciudad en la que la inmensa mayoría de la gente está completamente sola. Igualmente, mantiene una lucha entre el ateísmo (debido a su propio raciocinio) y su creencia religiosa, heredada de una madre creyente.

       El libro es demoledor. Es trágico y es maravilloso. Fante sabía contar historias. Ya lo había leído. Su primera edición en castellano fue en 2001, pero a fecha de hoy, creo que va por la novena o décima, y no me extraña lo más mínimo. Volver a Fante, es volver a la literatura de primera.

      P.D: Sé que sobre el libro hay una película, pero nunca he tenido ocasión de verla.

1983



        La serie polaca “1983” plantea, en ocho episodios que tiene su única temporada, un planteamiento muy interesante, y desaprovechado en mi opinión. Lo cual es, ciertamente, una pena. Tenemos, por un lado, una realidad paralela, o un futuro distópico, donde el Comunismo no ha caído, el Muro de Berlín no ha caído, y los ataques terroristas de un grupo clandestino de demócratas consiguieron que el Partido Comunista se reforzara más, no solo en Polonia, sino en el gran parte del mundo.

       Tenemos una Varsovia que guarda unos estrechos vínculos con Vietnam, de hecho, tiene un importante barrio conocido como el Pequeño Saigón. Igualmente, un país que tiene una mierda de parque automovilístico, pero bastante avanzado en tecnología y construcción. El nivel de corrupción es increíble.

       En este escenario, hay un hecho que marcará la unión de un comisario de policía que no cree en el Sistema ni en el Partido, y un brillante estudiante de Derecho, hijo del Partido, que tiene un oscuro secreto y que ve como su profesor preferido, un relevante Juez, es asesinado por altas instancias. Lo que parece un simple suicidio de un activista demócrata (perteneciente a un grupúsculo terrorista), desatará una cadena de acontecimientos, cada vez más liosos e intrincados.

       Lo malo es que, según avanzan los episodios, lo que es una muy inquietante trama de cine negro de manual, se transforma en un galimatías donde se van añadiendo nuevos hechos, personajes y subtramas que, lejos que esclarecerse, te lían aún más, perdiendo gran parte del interés inicial.

        Creo que la idea original es requetebuena, pero el desarrollo posterior pierde fuelle… Por aquí lo dejo.

La monja (2018)



        A “La monja” (2018) he llegado después de haberles oído a mis alumnos, durante lo que llevamos de curso, el miedo que les ha dado semejante película, cuando en realidad, debería darles más miedo Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban, y el enganche vespertino que se traen con esa troupe de vividores.

          El tema está en que ayer por la tarde, día de Nochebuena, me dio por alquilarla, previo a preparar cenas en el Patio-Lavadero. La historia viene del llamado Universo Warren, es decir: Expediente Warren: 1 y 2, The Conjuring, y creo que ese tostonazo de Annabelle también entra en el saco, por lo que se adivina en el prólogo.

         La acción transcurre en una abadía católica en la ortodoxa Rumanía, ni siquiera es Transilvania, pero la abadía es espectacular, muy del tipo Castlevania. En ella, un grupo de monjas van cayendo, una a una, a las garras de un demonio llamado Valkan (creo recordar), que adopta la forma de Marilyn Manson disfrazado de monja (¿Sabéis que ni mis alumnos de Bachillerato saben quién carajo es Marilyn Manson?, jopeta, que viejuno que soy). En dicha abadía, hay una puerta al infierno, que debe ser custodiada. Tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la brecha se abre y ese demonio en cuestión se cuela haciendo de las suyas. Finalmente, solo quedan la abadesa que es arrastrada por un oscuro y lóbrego pasillo, desapareciendo en manos del Mal, y una joven monja que opta por suicidarse antes de tener que enfrentarse sola con el Final Boss o Jefe Final, con un solo Player y sin “Continues”.

         Entonces, el Vaticano, manda a un sacerdote, supuestamente experto en posesiones demoníacas, y una aspirante a monja que recibe visiones, a investigar el caso. Pronto, se les une en Rumanía un joven franco-canadiense que pasaba por allí y es quién había descubierto el cadáver de la última monja. Lo primero que descubren, y es bastante inquietante, es que todos los carteles en Rumanía, incluidos los de las tabernas, están escritos en inglés. Eso ya de por sí, acojona mucho.

         El supuesto sacerdote experto en tratar con el diablo, comienza a recibir hostias, truco o trato e indirectas con mano abierta, desde el minuto uno en que pisa la abadía. La aspirante a monja se defiende mejor, al ser un alma pura, puede ver aún a las almas de las difuntas monjas fallando en su misión de parar al demonio, los rezos no le afectan. Marilyn Manson aparece de vez en cuando, pero da más miedo los decibelios de la música que la acompaña, que la monja demoníaca en sí. El franchute, huye a la primera de cambio, y no aparece hasta dos días después de haber cagado varias veces.

       ¿Y para qué os voy a contar más? Estas películas son todas iguales. Luchas con crucifijos que arden, hostias, sustos en primera persona del singular, carreras a ciegas, fantasmas… Un día normal en Rumanía. Muy tópico.

       Entretenida, vale, si… Es entretenida, pero no se mantiene. No se entiende la manera de actuar de algunos de los personajes, y que hacen, y por qué lo hacen… En definitiva, para pasar el rato. Mis alumnos exageran, o no saben que es el verdadero terror.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Predator (2018)



        No sé cuantas películas me habré tragado de Predator o “Depredador”, desde la mítica del Chuache, en 1987, que dejó el listón prácticamente inalcanzable. Hasta las secuelas en una ciudad del futuro, Los Ángeles creo recordar, o en las que el bicho sanguinario y cabronazo se enfrenta a Aliens, o a humanos secuestrados y puestos como carnaza en un planeta solitario, o cuando se fostia con Popeye el marino o con Dora la exploradora.

         El caso es, por todos los medios, intentar seguir chupando de la teta del Predator de todas las maneras inimaginables. Así que, cuando te encuentras para alquilar otra película del bicho alienígena y experto en hacer picadillo cualquier cosa, pues te dices… ¿Por qué no? A sabiendas de que no será mejor que la del Chuache, porque es imposible superarla.

       En esta ocasión, nos encontramos con un francotirador del ejercito gringo, que tiene un encontronazo con un Predator (se llama Johnny, el Predator), en una misión en México. Rápidamente, el Predator es trasladado (sin problemas atraviesa el Muro de Trump, a pesar de ser inmigrante) a unas instalaciones secretísimas, donde lo analizan y le ponen “Sálvame”, lo cual cabrea mucho al bicho en cuestión. Los yanquis descubren que el simpático Predator ha modificado su propio ADN, metiendo adn humano, entre otras cosas, demostrando que no es tan inteligente como aparenta.

        Mientras tanto, un chaval con síndrome de Asperger, se pone a enredar en casa con los trastos que el francotirador le había mangado al Predator, llamando a un colega espacial, un kinki predator cazarrecompensas con dos perros de raza peligrosa, y tres metros de altura, que viene a buscar al Johnny…

       Tiene sus ratos divertidos, surrealistas, absurda como ella sola, sanguinolenta, es entretenida… Pero, poco más. Para pasar un rato y echarte unas carcajadas.

P.D: El final augura continuidad. Terrible.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

1539 Castelnuovo. Daniel Torrado. Cascaborra Ediciones


        Pues es la tercera vez que traigo un cómic de este autor al blog, a nuestro Patio-Lavadero, y la verdad es que, como en las otras dos ocasiones anteriores, estamos encantados con el trabajo que ha realizado Daniel Torrado, en este cómic que os presento hoy: "1539 Castelnuovo", de Cascaborra Ediciones, y en el cual hemos participado como mecenas, lo cual nos ha costado, como premio, agenciarnos una camiseta requetechula con la portada del cómic.

        Las dos veces anteriores, por si queréis consultar entradas anteriores, fueron "1805 Trafalgar", que compartía con Julián Olivares, y, "Bernardo de Gálvez. Pensacola 1781", que merecen mucho la pena.

         En "1539. Castelnuovo", se narra una historia que yo, hasta la fecha, desconocía completamente, y que me ha dejado fascinado por su tragedia, a la par que heroísmo, enmarcada dentro de las disputas que el Imperio de Carlos I (Carlos V de Alemania) mantenía con los turcos en el Mediterráneo.

        Barbarroja derrota a las naves de la Liga Santa (Imperio español, más tropas austriacas, venecianas, del Papado...) comandadas por el genovés Andrea Doria en la batalla de Préveza, pero los tercios españoles, unos 4000 soldados, logran tomar la ciudad de Castelnuovo, en el actual Montenegro. Los venecianos la reclaman, pero Carlos I no la cede y los venecianos dan por concluida la alianza con los españoles, retirando sus barcos y dejando tirados, en la ciudad, al nuevo Tercio español de Castelnuovo, formados por muchos soldados que habían perdido el honor, al pertenecer al rebelado y desaparecido Tercio de Lombardía, disuelto tras pedir sus pagas atrasadas.
Esta es nuestra camiseta, una chulada.

       Pronto, los españoles son rodeados por 50.000 otomanos, comandados por el terrible Barbarroja, que les ofrece la rendición. Los españoles, no solo no la aceptan, sino que se atreven a plantarle cara, a pesar de la presencia de los temibles jenízaros, la élite turca, esclavos entrenados desde niños en el arte militar, y con fama de fieros guerreros.

     El asedio final a la fortaleza, le costará a los españoles perder la vida a casi todos ellos. Solo sobrevivieron unos cien, que fueron esclavizados, y de los que escaparon, años más tarde, unos veinticinco, al puerto de Mesina, que contaron lo que ocurrió en Castelnuovo... Pero, las bajas otomanas, se cree que fueron una veinte mil. Es decir, que los españoles, vendieron caras sus vidas y su honor.

      Daniel Torrado ha vuelto a hacer un cómic impresionante, al que ha añadido alguna información final extra, con fotos propias, lo cual es de agradecer, y parte del proceso de creación del cómic. Merece, y mucho, leer esta apasionante historia. Y, a Cascaborra Ediciones felicitarle, una vez más, por apostar por estas historias y estos cómics de calidad.