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sábado, 3 de junio de 2017

Los exámenes (2016)


       Romeo es un médico rumano, aficionado a la música clásica, la vida no le va mal, aunque últimamente alguien le ataca (pedradas a las ventanas, destrozos en el coche…). Tiene cincuenta años y un matrimonio que se va al garete. Él tiene infidelidades en su cuenta corriente (con una bella chica joven, antigua paciente), y ella está débil y muy enferma. Lo más importante en su vida es su hija, Eliza, una estudiante que se prepara los exámenes de selectividad, previos para la Universidad.


       Un día, previamente a dichos exámenes, Eliza sufre un intento de violación, y la vida de la familia se tambaleará, aún más, a raíz de dicho hecho. Lo más importante para Romeo es que su hija apruebe los exámenes y que se vaya a Inglaterra a estudiar psicología, país donde le han ofrecido dos becas. Según avanza la cinta, te das cuenta de que no todo el mundo es lo que parece ser, no todos son trigo limpio, o quizás ninguno de ellos… Eliza empeora psicológicamente hablando, Romeo se vuelve más egoísta (más si cabe), ególatra y obsesionado, el profesor de autoescuela de Eliza oculta cosas, el comisario de policía se mueve entre corruptelas…


        “Los exámenes” (2016) es, desde luego, una película muy interesante. Con un puñado de personajes que se mueven en el mundo del tráfico de influencias, la vida fluye entre favores (tú me ayudas, yo te ayudo), corruptelas de todo tipo, grados de influencia… Parece que la única esperanza, para Romeo, es que su hija no cometa sus mismos errores y que huya del país, a estudiar fuera… Es Rumania, sí, pero después de verla, hay cosas que me han recordado, demasiado, a la propia España. Tiene un puñado de Premios, y, en mi opinión, merecidos. Aunque también es verdad que a la cinta le quitas media hora, y cuentas lo pispo.


        P.D: Me encanta esta frase de la película: “Tú acabaste en una biblioteca porque jugaste limpio”

jueves, 1 de junio de 2017

La batalla de Sebastopol (2015)


       Tenía desde hace un par de años una cita pendiente con esta película. La he ido retrasando por falta de tiempo, y porque pensaba que sería otra historia más de francotiradores, en la línea de “Enemigo ante las puertas” (2001) pero como recientemente leí a Eslava Galán mencionar a Liudmila Pavlichenko, aquella francotiradora soviética fuera de serie, en “La historia de la Segunda Guerra Mundial contada para escépticos”, pues me dije que tenía que sacar tiempo al tiempo. De hecho, Liudmila Pavlichenko, al parecer, dejó a Vasily Zaitsev bastante atrás en blancos obtenidos.



       La película comienza con Pavlichenko en los Estados Unidos, junto a Eleanor Roosevelt, en un viaje de propaganda soviética, después de haber sido herida en junio del 42 por fuego de mortero. Los saltos en el tiempo son normales durante la película, entre la etapa de Washington y la de la guerra. El duro entrenamiento, los ataques alemanes, el papel de las mujeres soviéticas en el frente… 

       La película, técnicamente, es una pasada. Trepidante y bien rodada, con unos grandes efectos especiales. Hay una escena de un ataque aéreo a un convoy de barcos, con duelo entre “moscas” y Me-109 incluido, que quita el hipo. Las interpretaciones rayan lo justito, pero tampoco se le pueden pedir peras al olmo, y de tiempo, la cinta no llega a las dos horas por muy poco, pero mejor así, porque si llega a ser un poco más larga hubiera sido excesivo, a mi parecer. Por cierto, a mí la música, tipo Eurovisión, no me ha gustado, posiblemente sea el único “pero” que le pongo. Entretenida, merece la pena.

martes, 30 de mayo de 2017

Pedro Páramo (1955) Juan Rulfo. En el Centenario de su nacimiento (1917-2017. Mayo)


        De Juan Rulfo conservó, en una carpeta, un pequeño texto comentado en clase, hace más de treinta años casi, en el aula del IES Reino Aftasí, conocido como Mixto Nº 2, cuando yo estudiaba allí.


       El profesor de Literatura, jubilado hace un buen puñado de años, nos habló en su día de este escritor mexicano, escaso en novelas, al que le habían dado el Príncipe de Asturias (1983), y el texto comentado venía a colación de su reciente fallecimiento (mis notas tomadas al margen). Así pude deducir que sería una mañana de enero del 86, posiblemente fría, cuando leímos, y comentamos, el texto de Rulfo. Después de aquello, desapareció de mi vida durante treinta años, como digo.


        La casualidad puso en mis manos “Pedro Páramo” (1955). En el mes, en el Centenario del nacimiento de Rulfo (1917-2017). Una novela que se ha hecho extraña, y cercana a la vez. Sudando Realismo Mágico desde sus primeras páginas, cortita a mi parecer, y con una narración que cambia de la primera a la tercera persona según avanza el libro. Juan Preciado nos cuenta como, en el lecho de muerte de su madre, le promete ir a buscar a su padre: Pedro Páramo (cruel y mujeriego por igual), el cual vive en un pequeño pueblo, Comala. Juan, que en un principio no quiere, inicia finalmente este viaje a Comala, que parece ser una especie de Purgatorio, pues tanto él, como el lector, perciben a los diversos personajes que se encuentra como muertos. Muertos en pena, muertos con asuntos pendientes, muertos que vagan aún por el mundo, sombras espectrales del pasado, anclados a la tierra… El propio Juan está muerto, o muere en Comala, y vaga, como otra alma más, en la pesadumbre…


       Después, la presencia de Pedro Páramo es la que toma el relevo del hijo, y nos habla de su relación con las mujeres, con sus hombres, con los mercenarios, de su crueldad, del propio Juan Preciado… El Realismo Mágico se hace puro, se hace presente.



       P.D: Ríete tú de “Los Otros” y de “El Sexto Sentido”. De esos muertos que no saben que están muertos, o quizás si lo saben, y siguen haciendo como que están vivos, porque como llega a decir Rulfo, necesitan que se les rece…

lunes, 29 de mayo de 2017

¿Por qué no escribes una novela?


        ¿Por qué no escribes una novela? Es una de las frases que más oigo desde hace unos años. Una pregunta que se repite cada vez que saco a la luz algunos de mis libritos de relatos cortos. Con “El fino arte de dar calabazas” también ha ocurrido. Se ha vendido bastante bien, a la gente le ha gustado, pero muchas personas me lo han vuelto a preguntar. Y recalcan con: “Con una novela llegas a más personas, te leerían más”.


         Disiento. No. No estoy de acuerdo con esa afirmación. Escribir una novela, para mí, carece de sentido. Una novela, a mí, escrita por mí… No me llenaría. No quiero que se malinterprete. Admiro, profundamente, al novelista, al escritor de novelas. Con su inicio, su presentación, su desarrollo, su nudo y su desenlace. Con su maraña de personajes. Los admiro, pero no los envidio. Cada uno creo que debe hacer lo que debe hacer, o sabe hacer. Un escritor que se precie, y yo juego en Regional Preferente en estas lides, debe escribir sobre el Mundo que le rodea, su Mundo, creo yo, con sus peculiaridades. ¿Y la Ciencia Ficción entonces? También forma parte del escritor.


        En mi caso, los relatos cortos son los que me ayudan a transmitir. Mi mensaje, mi crítica, mi manera de ver las cosas… No necesito de trescientas páginas… Necesito una imagen, cuatro líneas, un hecho, un sueño, una breve conversación en una esquina, una absenta en un club de Jazz a la una de la madrugada, poco más…


        “Es que lo que tú escribes, no lo escribe nadie… Por lo menos en Extremadura”, remachan. ¿Por qué quiero escribir como los demás?, ¿He de seguir una Escuela o Estilo para escribir, hacer reír, pensar o emocionar? Creo que la Literatura de Masas no lleva a muchas partes. No me interesa vender. Me interesa que me lean. Y después de siete libritos, tengo unos lectores que me son más o menos fieles, que no superan la treintena, lo sé, pero tal vez sea mejor que el mensaje llegue a treinta, o cuarenta, que a trescientos y no se capte en su totalidad, con toda su esencia, y que se pierda en el tiempo, o en la memoria… Vete a saber…


domingo, 28 de mayo de 2017

El último asalto (2017) Tardi


        Tardi, no hace falta decirlo mucho, ni muy alto, es uno de mis autores favoritos dentro del panorama del cómic francés. De pequeño tuve la colección en fascículos de “Las aventuras de Adele Blanc-Sec”, que después releí en los tres tomos integrales editados (los mejores, los dos primeros). Posteriormente, me adentré con él en “Puta Guerra” y lo acompañé, junto a su padre en “Yo, René Tardi, prisionero de guerra”, que va por su segundo volumen, y del que espero no demore un tercero.


         Tardi siempre dibuja las mismas escenas, casi los mismos personajes. Vistos de frente, serios, con los ojos cerrados, y con un texto narrativo que te cuenta la escena. Pocos diálogos, gran uso del color. Es capaz de ofrecerte dos páginas de información meticulosa y anecdótica, y después cuatro páginas donde las imágenes, su arte, habla por sí mismo. No le hace falta más.

        En “El último asalto” vuelve a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, como otras veces ha hecho (hay por YouTube algún documental suyo andando por el campo y encontrando restos de la Gran Guerra), igual que hiciera en “Puta Guerra”. Pero esta vez es diferente. Esta vez lo hace de mano de Dominique Grange y del Grupo Accordzéâm. Con un disco de canciones de la guerra, contra la guerra, contra todas las guerras. La música y la imagen. Al cómic le acompaña un Cd que es una maravilla, indisoluble a la obra de Tardi, acompañado de las letras, en cuatro idiomas. Francés, italiano, inglés y alemán.

        A través de los ojos del camillero Mathurin, gordo, barbudo y reflexivo, vamos a ver los desastres y horrores de la guerra. Las trincheras, los muertos en descomposición, las bayonetas rajando tripas y heces, el fuego de artillería, los gases tóxicos, la deshumanización… Todo condimentado con alguna que otra anécdota, de las que Tardi suele tirar en este tipo de obras que dedica a las Guerras Mundiales. La acción se desarrolla antes de la llegada de los norteamericanos al conflicto.



        Como toda su obra, esta es otra más de esas que os recomiendo fehacientemente. Tardi no defrauda, y en compañía, mucho menos.

El Incal (1981-88) Moebius, Jodorowsky


       Abordar la obra de Jodorowsky y Moebius en el mundo del cómic me resulta muy difícil. En primer lugar por lo extenso de dicha obra, y en segundo lugar porque la obra de ambos, tanto por separado, como juntos, es tan impresionante que se podría escribir fácilmente una tesina sobre el tema.


       De Jodorowsky ya os hablé en el blog hace tiempo de su película “La Montaña Sagrada”, que tanto escándalo levantó en su día (y que yo os decía que no es para todos los públicos, ni por asomo, y no hablo de edades), y de su colaboración con Manara para realizar el cómic “Los Borgia” (busca las entradas en el procurador de entradas que tienes en la columna de la derecha del blog, debajo de donde pone “No a la Guerra”, please). O te gusta su filosofía, o no te gusta, con él no valen las medias tintas.


       Hace años que me leí “Los ojos del gato”, y “La casta de los metabarones”, del cual no sé por qué en su día no realicé una entrada, pues la merece de sobra, y conocía la historia paralela de “El Incal”, pues este cómic se mueve en el mismo Universo en el que lo hacen los metabarones. Un Universo extraño, raro, pero interesante, al que Moebius y Jorodowsky le dedicaron ocho años de sus vidas. “El Incal” fue publicado originalmente en francés, entre 1981-88, en un total de seis volúmenes, que recoge la edición integral que aquí os presento. 


      En “El Incal” vamos a conocer a John Difool, un mediocre detective, Clase R, que es un perdedor de mucho cuidado: Putero, borracho… Lo tiene todo. Le acompaña su mascota, Deepo, una especie de gaviota de cemento viviente. Un día, un berg, un alienígena mitad sapo, mitad loro, le da una pequeña pirámide antes de morir. Esta pirámide es “El Incal”, un artefacto místico todopoderoso, formado por dos partes “Blanco” (el que consigue Difool) y “Negro”. Ambos, juntos, son imparables: Todo poder, todo sabiduría. Entonces comienza un periplo, donde a John Difool y a Deepo, se les van uniendo compañeros en la lucha contra los que quieren “El Incal” para fines oscuros: Soluna, su hijo. El poderoso metabarón, Tanatah (la líder de un grupo rebelde), Kill (un guerrero con cabeza de perro) y Animah (la reina de las ratas, de la que se enamora John perdidamente).



       Si tienes “El Incal” (la edición integral está genial) en las manos, tienes desde luego, una de las grandes joyas del cómic de todos los tiempos. Una verdadera obra maestra que se disfruta al 100%. Cuando caes en el poder de “El Incal”, no puedes dejarlo. Moebius y Jodorowsky crearon un mundo, una filosofía, puro arte. Imprescindible.


sábado, 27 de mayo de 2017

Persona (1966) Ingmar Bergman


        “Persona” (1966) de Ingmar Bergman comienza con un prólogo, de casi cinco minutos, de esos que te dejan el culo torcido. Un animal destripado, una cámara que se funde, un clavo en una mano, un pene en su esplendor, paisajes de la isla de Faro (en las Gotlands) que Bergman llegó a conocer bien (murió allí, creo recordar), gente dormida o muerta, un chaval al que despierta el teléfono, el goteo de un grifo de fondo… Una sucesión de imágenes y sonidos que recuerdan al surrealismo más puro y duro de “Un perro andaluz” (1929) de Dalí y Buñuel, o incluso un experimento cinematográfico dadaísta.


         Pronto, se nos presentan los dos personajes principales. Una actriz teatral, Elizabeth Vogler (Liv Ullmann, de la que Bergman estaba enamorado hasta el tuétano, y no me extraña), que ensaya “Electra” de Euripides, de pronto se queda muda, se excusa diciendo, en un primer momento, que le iba a entrar una ataque de risa, pero posteriormente deja de hablar y es ingresada en un hospital bastante tranquilo, donde no gastan mucho en decoración. Tras una revisión médica, la doctora de turno (que fuma más que un carretero) asegura que Elizabeth está perfectamente bien, más sana que una manzana, y que su problema es psíquico y no físico, por lo que le manda reposo, y a una enfermera, Alma (Bibi Andersson) que habla como escupe balas una ametralladora Maxim. A Elizabeth no le sienta muy bien las personas quemándose a lo bonzo en Vietnam, mientras los gringos bombardean con napalm, pero es lo que suelen emitir en la televisión de la época…


       Una voz en off nos informa que se decide, supongo que desde el hospital, mandar a las dos mujeres a Faro, a la isla, a pasar una temporada donde, poco a poco, Elizabeth comenzará a salir de su mutismo, por un lado porque el aire fresco le sienta bien, y por otro porque a Alma, que no calla ni debajo del agua, hay que contestarle de vez en cuando (con gestos al principio)  o cargársela.


        Aquí os vendrá una segunda parte de imágenes aparentemente incoherentes: Escenas de cine mudo, más clavos en las manos, mi visión cuando no me pongo las gafas… Y después vemos a una Alma que se enfada con Elizabeth porque no acaba de hablar, entre las dos se ha creado una relación, a veces de voces (por parte de Alma), a veces de hostias mutuas… Y poco a poco nos vamos a enterar del motivo del mutismo de Elizabeth…


        “Persona” es una película llena de simbología que no he llegado a pillar del todo. Tiene unos planos interesantes, gran fotografía, un guion que engancha (aunque no me ha convencido del todo), juega muy bien con el blanco y negro, no es de las películas que más me gusta de Bergman pero ahí está, como una de las mejores películas de la Historia del Cine.



        P.D. El DVD trae un documental: “Imágenes desde el Recreo” (2009), que rescata al Bergman más íntimo.

El hombre que nunca existió (1955)


        “El hombre que nunca existió” (1955) es una de esas películas bélicas, poco conocidas, igual que el hecho histórico que narra, pero la mar de interesante.


       Estamos en 1943. En plena Guerra Mundial. Los Aliados planean realizar un desembarco en Sicilia, pero las Fuerzas del Eje (alemanes e italianos) tienen la zona bien reforzada, lo que es sinónimo de inmensas bajas aliadas en caso de desembarco.


         En el servicio secreto británico (concretamente en la Inteligencia Naval), Ewen Montagu (que casualmente escribiría la novela del hecho, en la que se basa esta cinta), se le ocurre un descabellado plan para desviar la atención alemana de Sicilia. Dicho plan, la Operación Mincemeat, consiste en que un submarino inglés suelte un cadáver frente a las costas onubenses. Dicho cadáver, supuesto Oficial de alto rango inglés, el Mayor William Martin, llevará información falsa en un maletín esposado a su cuerpo. Con el fin de que los españoles (supuestamente neutrales) les den el cadáver a los espías alemanes, que a su vez, antes de pasarlo de nuevo a manos españolas e inglesas para su enterramiento, accederán a dicha información falsa… Que ellos consideraran veraz. El cuerpo fue descubierto por un pescador de Punta Umbría, y lo demás ya es Historia.


        Se trata de una película, en mi opinión, muy recomendable, por lo elaborado del plan, por la interpretación (increíble) de sus pocos actores, que montan una excelente trama, metódica, meticulosa y concisa en su narración. Con un malo (Stephen Boyd, el de Ben-Hur) que hace un impresionante papel (como espía alemán), aunque sale menos de veinte minutos contados. Entretenida, y muy curiosa por el papelón que le asignan a los españoles, con boina calada, Civiles con tricornio y bigotito, de un catetismo impresionante (aunque no sale que el médico español que le hizo la autopsia sospechó de la treta desde el primer momento, estos alemanes... Si se hubieran leído el informe...). Hasta diría que es una cinta didáctica, no exagero. Lo dicho, no dejes de visionarla, está francamente bien.

(Enterramiento verdadero del Mayor William Martin, en Huelva)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Flinch (2000-2001)


       Ya sé lo que estará pensando más de uno: ¿Ahora vienes con Flinch? Pero si esta serie de cómics ya tienen sus años… Pues sí, más vale tarde que nunca. Flinch es una antología de relatos cortos, relatos de terror, editados durante varios años, desde 2000 en su edición estadounidense creo recordar, originalmente por Vértigo/DC Comics, y desde 2006 en España de la mano de Recerca Editorial.


        Ganadora del International Horror Guild Award and Best Graphic Story (1999), Flinch es un buen compendio de historias de varios autores, varios guionistas (Bryan Azzarello, Scott Cunningham…), acompañados de un gran elenco de dibujantes (Tim Levins, Ryan Sook, Craig Hamilton, Javier Pulido…) y entintadores…



       Aquí vas a encontrar historias de barcos fantasmas, crímenes pasionales, locos de atar… Casi una veintena (19). Todo con un ligero toque de terror, ironía y sarcasmo. Historias amenas, algunas divertidas, otras un tanto más reflexivas, pero, en ningún momento aburridas. El terror gusta, el terror atrae, y si es en cómic, ni te cuento. Un gustazo. Recomendable.

El increíble hombre menguante (1957)


       He aquí una película que me trae muchos recuerdos de la infancia. “El increíble hombre menguante” (1957), la vi por primera vez en el colegio, donde los viernes por la tarde proyectaban película a cinco duro, que hoy llaman de serie B algunos, otros le llaman de culto (yo mismamente).


         Esta cinta, que para mí es una de las grandes maravillas del cine de todos los tiempos, está basada en el relato de Richard Matheson, que se publicó justo un año antes de que lo hiciera la película, y es que el propio Matheson escribió el guion de la película que dirigiría Jack Arnold, director especializado en películas de terror y espaciales, de esas que tanto nos gustan aunque hayan pasado cincuenta o sesenta años. De Matheson mejor hablar, algún día, en un futura entrada, porque este hombre merece también unas líneas, autor de relatos de terror y de Ciencia-Ficción, Matheson es autor de “Soy Leyenda” (aquella película que protagonizó Will Smith hace unos años) o “Más allá de los sueños” (protagonizada por el malogrado Robin Williams en 1998, y que no debéis confundir con otra que hizo Adam Sandler en 2008), entre otras fantásticas historias.


        Pero, ¿De qué va este “El increíble hombre menguante”? Pues va de una transformación. La que sufre Scott Carey, un joven que, durante sus vacaciones, se verá envuelto en una extraña niebla que llega del mar, mientras su mujer, dentro de la lancha motora donde están, no se ve afectada al estar dentro buscando una cerveza. Algun@s pensarán que eso le pasa por machista, debería haber ido él mismo a buscar la cerveza. El caso es que a partir de este hecho, el bueno de Scott comenzará a menguar, hasta tal grado que llegará a vivir en una casa de muñecas, y con la perdida de altura y peso, se verá envuelto en luchas titánicas, primero contra su propio gato (Malditos felinos desagradecidos), y posteriormente, con una araña de su sótano con complejo de panzer alemán.


       El cambio que sufre Scott, que recuerda al de la famosa metamorfosis que sufre Kafka, traerá consigo consecuencias terribles para el protagonista: Matrimonio al garete, pérdida de trabajo, catalogación como “Bicho raro viviente”, la soledad, el miedo a perder la vida… Y la reflexión, voz en off, del propio protagonista y las vicisitudes por las que pasa…



       Esta no es una película recomendable. Esta es una película imprescindible. Una auténtica joya del cine de todos los tiempos, como os digo. No dejéis de visionarla.

Con todos ustedes, los increíbles Lori Meyers.
"El increíble hombre menguante"