Uno de mis géneros favoritos de cómics es el cómic histórico. Primero por afición, y segundo, por trabajo. Tanto en el blog, como por el Canal de Youtube, le he dedicado al cómic histórico, sobre todo al español, algunas reseñas, y ahora le ha tocado el turno a “Insurrección” de Jordi Peidro, un autor que conozco de un cómic que me leí hace ya unos pocos años, “Esperaré siempre tu regreso”, que recomiendo y que tengo reseñado en el blog (si me acuerdo, os pondré enlace por aquí).
Con “Insurrección” me ha pasado una cosa curiosa, que me pasa muy a menudo con los cómics históricos, y es que me ha contado una historia que desconocía por completo. Un hecho conocido como la Revolución del Petróleo, acontecido en 1873, durante la Primera República, y que Jordi Peidro, alcoyano él, recupera en este cómic publicado por Desfiladero Ediciones, que a mi me viene muy bien conocer para cuando tengo que explicar en algún 4ºESO o en Bachillerato, el tema de los Movimientos Obreros, los conflictos sociales dentro del contexto de las Revoluciones Industriales.
El cómic cuenta con una encuadernación en rústica con solapas, y unas dimensiones estándar de 17 x 24 centímetros. Consta de 144 páginas impresas íntegramente a color, y se trata de una historia autoconclusiva dividida en actos, que comienzan con un texto que añade información a la lectura del cómic, además de un texto inicial que nos pone en antecedentes, y un texto final a modo de cierre que me ha parecido estupendo para terminar de comprender, en un magnitud, de que va el cómic, que fue aquello de la Revolución del Petróleo, y que consecuencias tuvo… Por cierto, también tenemos un mapa de la localidad en la época en sus páginas finales. Lo dicho, un episodio prácticamente olvidado, creo yo, desconocido de la Historia de España, que se recupera exitosamente, gracias a este cómic…
Para comprender a fondo la historia que nos vamos a encontrar en este cómic, es necesario entender los factores que convirtieron a Alcoy en la «Comuna de París española», como alguno la llamó en su día. En la España de 1873, que era más agraria que otra cosa, Alcoy era una población que tenía una serie de fábricas e industrias relacionadas con los mercados textiles fundamentalmente.
El contraste entre la burguesía y los obreros era palpable. Mientras que la burguesía tenía una situación buena y progresiva, como ocurría en muchos otros lugares, a los obreros no les iba tan bien. Para explicar esto, suelo poner la película “Daens” en clase, que en estas cuestiones, lo expone bastante bien.
Los
obreros de Alcoy curraban entre 12 y 14 horas, y la localidad
soportaba una mortalidad infantil atroz: El 42% de los niños
alcoyanos morían antes de cumplir los cinco años. Esta situación
derivó en que la ciudad se convirtiera en el epicentro del
anarquismo español, llegando a albergar la sede nacional de la
Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) bajo el liderazgo de
figuras como Severino Albarracín.
La narrativa del cómic
nos sitúa durante la Primera República, en el verano de 1873, en un
julio tenso, no ya por los propios problemas que había en Alcoy,
sino porque la propia Primera República Española hacía aguas por
todas partes, había un caos político brutal, y el país se iba al
carajo entre revoluciones cantonales, carlistas y demás historias
raras entre republicanos federales, unionistas, monárquicos, etc.
Con este panorama, el 7 de julio, unos 6.000 obreros alcoyanos se declararon en huelga general pacífica para exigir la jornada de 8 horas y mejoras salariales. La negativa a negociar de la patronal y del alcalde republicano, Agustí Albors, hizo escalar el conflicto.
El
9 de julio, ante una multitud concentrada frente al Ayuntamiento, el
alcalde sacó una pistola que detonó al aire, y la guardia municipal
que estaba apostada en el campanario cercano, lo interpretó como una
señal de abrir fuego contra la multitud que estaba concentrada allí
abajo, causando muertos y heridos.
La indignación obrera
provocó una insurrección armada inmediata. Para forzar la rendición
de las autoridades, el alcalde y sus guardias, y los burgueses
parapetados, los manifestantes utilizaron petróleo líquido como
combustible para prender fuego al consistorio y a las viviendas
colindantes, un hecho histórico que dio nombre a la revolución. El
alcalde y los guardias cayeron en los enfrentamientos, y el cómic
nos ofrece diversos puntos de vista, distintos enfoques para
acercarnos la historia… Desde el punto de vista del médico de la
localidad, del alcalde, de los obreros, lo cual te hace ver todos los
hechos en su conjunto.
Después, se acentúa lo trágico de los
hechos. El ejército se presenta a poner orden, pero como viene se va
porque Cartagena se ha declarado cantón independiente. Los detenidos
son juzgados (300 entran en prisión, de los 700 enjuiciados), y
vemos el pasar de los años, las condenas y los años de cárcel… Y
mientras algunos disfrutan de la amnistía de Alfonso XII en 1876
(republicanos intransigentes y carlistas fundamentalmente), los
juzgados por la Revolución del Petróleo no son perdonados y se
comen la condena en el Castillo de Santa Bárbara. Catorce años
después, según el texto final del profesor de Historia, Diego
Fernández Vilaplana, que es quien firma el artículo final, son
declarados todos inocentes, pero 28 de ellos ya habían fallecido
esperando la absolución.
En
definitiva: Me ha parecido dese el principio hasta el fin, un cómic
muy interesante, que rescata un episodio que yo desconocía
completamente, y que me ha parecido hasta fascinante. La verdad es
que el cómic me parece muy didáctico, muy bien planteado, y si te
interesa el cómic histórico, y dentro del género, el que está
relacionado con la Historia de España, creo que te puede interesar,
y mucho.









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