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miércoles, 8 de julio de 2026

Blame!: Reseña y opinión de la película de Netflix

 

Hoy os comparto el primer largometraje original de anime de Netflix: La película marcó un hito en la industria global. Blame!. Una película de 2017, de la que ya pocos hablan, que no fue una licencia comprada a posteriori, y cuya característica principal, aunque tiene otras tantas interesantes, es que fue la primera película de anime producida y catalogada oficialmente como "Película Original de Netflix".

       Blame!” fue la que... Podría decirse así, abrió la veda para el modelo actual de financiación directa occidental en estudios japoneses de animación.


  El título Blame! guarda una curiosa dualidad de significados, nació de un error lingüístico japonés y una interpretación narrativa un tanto rara. La palabra inglesa blame se traduce directamente como "culpa" (sustantivo) o "culpar / echar la culpa" (verbo). 

Desde una perspectiva filosófica, si estás viendo la película, y no conoces la colección de mangas en los que se basa, te planteas que el título puede estar relacionado con un sentimiento de culpa humana por la situación postapocalíptica que es el escenario de nuestra historia. Supongo, que te preguntas, como yo lo he hecho a lo largo de todo su metraje de 1 hora y 40 minutos: ¿Cómo han llegado a esta situación?, ¿Cuánto tiempo llevan así?, ¿Quién tiene la culpa de la catástrofe humana? El título te hace plantearte todas esas preguntas, y muchas más, porque si algo tiene esta película de animación, es que te deja muchas dudas sin resolver... Máquinas, inteligencias artificiales que cazan humanos, otros que construyen mundos sin parar... Y un extraño con una pistola que arrasa todo.


En realidad, el autor del manga, Tsutomu Nihei, explicó, hace ya un porrón de años, que el título real no nació de la palabra "culpa", sino de un malentendido de pronunciación. Es verdaderamente curioso: El autor quería titular a su obra "BLAM!", que es la onomatopeya anglosajona para el sonido de un disparo de arma de fuego (en referencia directa a la brutal, terrible y devastadora pistola GBE que lleva el protagonista, Killy)

  En la transliteración al japonés, la palabra terminó escribiéndose y pronunciándose fonéticamente como Buramu . Al volver a traducirlo al alfabeto occidental para su publicación, se cometió un error ortográfico y se fijó oficialmente como "BLAME!".


Pero, dejemos el título atrás, que yo me pongo a hablar, y se me va completamente... Vamos a centrarnos más en la película en sí:  En mayo de 2017, el estreno mundial de Blame! sacudió a los entusiastas de la ciencia ficción dura y el cyberpunk al presentar una propuesta estéticamente cruda, gris, fría y bastante claustrofóbica, donde los escenarios son enormes plataformas metálicas, sin aparente sentido, donde unos pocos humanos intentan sobrevivir.

  Dirigida por Hiroyuki Seshita y producida por el estudio Polygon Pictures, la película está basada directamente en un manga viejuno, que está a punto de cumplir los treinta años, escrito e ilustrado por Tsutomu Nihei, publicado originalmente entre 1997 y 2003 en seis tomos publicados en España por Panini. Yo, no os voy a engañar, el manga no lo he leído.


  Nihei, que se formó en una escuela técnica de arquitectura en Japón y posteriormente se licenció en Nueva York, trabajó durante un tiempo para una empresa de construcción, donde se encargaba de trazar y diseñar planos de obras... Después de aquello, lo dejó todo para dedicarse al manga, pero esa formación, esa experiencia laboral, quedó ahí, y, plasmó en sus viñetas un universo donde las megaestructuras artificiales crecen de forma desmedida e infinita, sepultando cualquier vestigio de la naturaleza.

De hecho, en la película sale un bicho robótico megagigantesco, llamado “Constructor” que es como un Curry de Fraguel Rock, no para de construir e ignora a los humanos.


Como no he leído el manga, no puedo comparar la película con los cómics, pero en la película se sitúa en un futuro quizás no muy lejano, donde la humanidad vive atrapada en la Megaestructura, una red infinita de niveles de hormigón y metal que se expande sin control humano. 

       Hace siglos, un virus genético despojó a la civilización del "Gen de Terminal de Red", el código que les permitía dar órdenes a las máquinas. Ahora, el sistema operativo de la ciudad considera a los seres humanos como "plagas no autorizadas" y ha programado a un implacable ejército de exterminadores mecánicos para erradicar cualquier rastro de vida.


  La trama arranca cuando Zuru, una joven perteneciente a una pequeña tribu humana al borde de la inanición, se arriesga fuera de su perímetro seguro en busca de comida. 

  Justo cuando su grupo está a punto de ser masacrado por las máquinas asesinas, son rescatados por Killy, un enigmático y silencioso vagabundo dotado con un arma de destrucción masiva devastadora. Un pistolón que arrasa con todo.


  Killy revela que se encuentra en una misión crucial: encontrar a algún superviviente que todavía posea el Gen de Terminal puro para hackear la red y detener la aniquilación de la especie. Al unirse a la tribu y aliarse con Cibo, una científica cíborg rescatada de un laboratorio en ruinas, o más bien lo que queda de ella (porque en un principio solo es un busto hecho trizas, después un cuerpo entero, después un brazo con patas robóticas... Y ha faltado que fuera un macetero o el orto de una vaca)... emprenden una peligrosa misión hacia una fábrica automatizada. Juntos intentarán devolverle el control del mundo a la humanidad antes de que las defensas de la ciudad los localicen y ejecuten. Y, la historia es narrada por una nieta de Zuru, que espera, como al Mesías, la segunda venida de Killy a la Tierra. Aunque yo creo que la película da a entender que muere, pero vete a saber...


Como Curiosidades del rodaje y su universo, os comento dos que son las que más me han llamado la atención: El protagonista, Killy, es extremadamente silencioso. A lo largo de las casi dos horas de metraje, solo pronuncia un total de 47 palabras, dejando que sus acciones y su imponente pistola hablen por él. Sobre todo, la pistola, aunque en sus acciones es bastante ambiguo, y mueren bastantes humanos por su culpa.

  Hay un guiño cinematográfico que me ha parecido una pasada: Cuando los protagonistas viajan por primera vez hacia las afueras de la fábrica automatizada, los planos angulares y el diseño de la maquinaria pesada rinden un homenaje explícito a los paisajes industriales de Metrópolis, el clásico del cine mudo de Fritz Lang. ¿No has visto Metrópolis? Tienes que verla. Clasicazo.


Y, eso es todo... En definitiva: Es una película que me ha gustado mucho por su estética, el rollo cyberpunk que se llevaba en los ochenta, aunque más refinado... Aquí hay mucha combinación de elementos, mientras la veía, me recordó a la serie de animación Murderdrones, que es posterior, en algunos planteamientos narrativos, y me he preguntado si esta no es deudora de “Blame!”. También tiene cierto tufillo Mad Max, a las clásicas, en el tema de quien cuenta la historia de aquel tipo que apareció un día, solitario y callado, y dando tiros a los malos... Y algo de Terminator por el rollo IA maléfica

Es una película entretenida y curiosa a la par, sin duda, pero que deja muchas preguntas en el tintero. Será que me tendré que leer el cómic para llegar a entenderla al 100%. De nota le doy un 6,5.