Mis Redes Sociales

Mis Redes Sociales.
Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Instagram Sígueme en TikTok  Sígueme en Twitter

lunes, 11 de agosto de 2025

El Muro Negro (2025)

 

         He llegado a la película alemana “El Muro Negro” porque me he encontrado con los nombres de dos actores alemanes que me gustan mucho en su manera de trabajar, y lo que suelo ver de ellos, sin tirar cohetes en la plaza del pueblo, me suele gustar y entretener.

        Uno es Frederick Lau, un tipo que lo petó con la película “La Ola”, y desde entonces no ha parado de hacer cosas, y lleva a las espaldas más de 50 películas, y del que he hablado en alguna ocasión por el blog, y por el canal… De hecho, tenemos reseñas de algunos trabajos suyos como “Fiebre del Ladrillo”, “El Capitán” o la serie “Maleantes”.

        Y el otro actor, más internacional, más vinculado con Hollywood, más de cine comercial y global (por decirlo de alguna manera, más blockbuster), que es Matthias Schweighöfer, del que hemos comentado trabajos suyos (varios, de hecho) como “Oppenheimer”, “Familia revuelta”, “Las nadadoras”, “Agente Stone”, “Resistencia”, “Ejército de muertos” o “El ejército de los ladrones”, que él mismo dirigió en 2021.

        Con un dúo como este, “El Muro Negro” es una película que no podía defraudar… ¿O sí?


        “El Muro Negro” es una película de suspense y ciencia ficción, de thriller psicológico también tiene un buen rato, de poco más de una hora y media de metraje, que, como suele pasar, comienza muy bien, tiene un planteamiento interesante, pero pasado el tercio inicial, el tema se desinfla a un ritmo desorbitado.

        Escrita y dirigida por Philip Koch, al que debemos la película “60 minutos” (la tenemos comentada por el blog), la trama tiene un inicio prometedor. Tenemos a una pareja de media edad, Tim (Matthias Schweighöfer) y Olivia (Ruby O. Fee), una pareja marcada por el trauma tras la pérdida de una nena en un parto, algo que marca los primeros diez minutos de la pareja, y que causa la crisis que arrastran desde entonces.

El edificio donde viven, que tiene un refugio de la Segunda Guerra Mundial, acaba de ser reformado. Y Olivia propone comenzar de nuevo lejos de todo, al menos durante un tiempo, aprovechando que también han puesto a punto su furgoneta hippie rosa, y le propone París, para empezar, y un café.

 

Pero Tim, está intentando salvar sus traumas trabajando más. La tensión entre ambos estalla cuando, a la mañana siguiente, descubren que un muro de ladrillos negros magnéticos e irregulares, ha surgido alrededor de su edificio, cerrando todas las salidas, anulando comunicaciones, internet y quedándose sin agua ni comida.

Aislados del mundo, algo que posiblemente te suene de otras películas (a veces me ha recordado a la película española “El hoyo”, aunque en esta el mensaje era más claro y directo, o la también española “La Cabina” de Antonio Mercero, o “Cube” que también es una referencia cinematográfica a tener en cuenta), o que veas en un principio el tema de los ladrillos formando un muro como una referencia emocional de la pareja (los ladrillos son físicos, pero también emocionales, una barrera psicológica), Tim y Olivia se unen a los vecinos para intentar llegar al refugio subterráneo de la Segunda Guerra Mundial que está ubicado en el sótano, por lo que tendrán que ir tirando paredes y suelos para ir bajando de niveles, haciendo boquetes con un mazo prácticamente por todo el edificio, mientras surgen ñordas entre ellos de vez en cuando.


Según van avanzando, van descubriendo cosas, vecinos que en un principio no colaboran, después si, cámaras ocultas y referencias que ellos mismos hacen a producciones como “Gran Hermano” o “El Juego del Calamar”, que no deja de ser curioso, hasta encontrar el origen de la creación del muro, y como traspasarlo…

Pero, cuando llegas aquí, la trama ya se ha desinflado, y la película roza el truño a niveles insospechados.


En definitiva: Película que me ha defraudado, a pesar de la presencia de estos dos grandes actores alemanes, como son Frederick Lay y Matthias Schweighöfer. Buenas actuaciones también del resto del elenco, pero lo emocional finalmente sucumbe a lo banal, y aquel inicio prometedor que os decía se queda bastante en humo y en un final “Gññññ”. Le doy un 5 raspado de nota.

sábado, 9 de agosto de 2025

Okinawa (Norma, 2025) Susumu Higa


 ¿Te interesa el cómic "Okinawa"? Te paso enlace de compra al mejor precio (Amazon España). Garantizado. Pincha en la imagen superior, en la de la portada.

         La batalla de Okinawa es, posiblemente, una de las batallas más icónicas de la Segunda Guerra Mundial. Acontecida entre el 1 de abril y el 21 de junio de 1945, se combatió durante 82 días, y se llevó por delante a poco más de 20000 estadounidenses y 100000 japoneses, entre militares y civiles, que veían como los estadounidenses, que iban saltando de isla en isla, se acercaban peligrosamente a Tokio, y que podían usar a Okinawa como un portaviones gigantesco.

        La que se denominó como la batalla Tifón de Acero por los estadounidenses, y Lluvia de Acero/Viento violento de acero por parte de los japoneses, está bastante estudiada en libros de la Segunda Guerra Mundial, hay algún documental y hasta una película japonesa de 1971, llamada precisamente así: “La Batalla de Okinawa”.

        Lo que no se conocía tanto era el punto de vista de los civiles okinawenses que tuvieron que sufrir los bombardeos y la invasión estadounidense, y lo que es mucho peor, los abusos y la incomprensión cometidas por el Ejército Imperial japonés, que se suponía que los iba a defender y que chocó de frente con sus costumbres e incluso idioma.


        El cómic “Okinawa” es una recopilación que ha publicado Norma Editorial durante el 2025, que recoge el trabajo del mangaka Susumu Higa (que se hace cargo del dibujo y de alas narrativas, algunas imaginadas, recreadas, otras conocidas por él mismo), sobre la batalla de Okinawa, desde el punto de vista de los civiles, la posguerra, la relación con los soldados japoneses, con los estadounidenses y la posterior creación de bases militares en su territorio en una obligada convivencia que chocó muchas veces, pero que igualmente encontraron puntos en común, como en el amor por el beisbol.

        El cómic, de 500 páginas, de riguroso blanco y negro, y con un estilo un tanto naif, un tanto plano, pero efectivo en lo visual, recopila dos obras de Susumu Higa publicadas en Japón originalmente en 2010.


        La primera de ellas: “La espada de arena”, está integrada por siete historias que giran en torno a la propia batalla de Okinawa, la llegada de los estadounidenses, la relativa paz en la que vivían los civiles, apartados bastante del conflicto, y su preocupación por su estilo de vida, costumbres y creencias.

        Los padres del autor vivieron el conflicto de primera mano, okinawenses como él, lograron sobrevivir. Su padre acabó internado en un campo de prisioneros en Hawái, y su madre vivió la invasión, los bombardeos, los tiros y la muerte de primera mano cargando con sus hijos a cuesta.


        En parte, Higa sigue los pasos de un clásico del manga, que no os podéis perder, que es “Pies descalzos” de Keiji Nakazawa, pero con la peculiaridad, el componente indígena de Okinawa, que comienza a desaparecer y a diluirse por la guerra, por parte de los japoneses foráneos que no creen en sus ritos, y posteriormente por las nuevas generaciones que comienzan a dejar de lado aquellos ritos ancestrales que los conectaban con bosques, campos y prácticas rituales y espirituales que realizaban las “yutas”, sacerdotisas conectadas con los espíritus o “mabui” en okinawense.

        Esta primera parte, curiosamente, critica duramente el comportamiento del ejército imperial japonés, que, en su cobardía, maltrataba a los locales cuando perdían posiciones ante los yanquis, o usaban de escudos humanos a los civiles, o directamente los ejecutaban sin mayores contemplaciones.


        El segundo de los cómics que componen este integral, titulado “Mabui”, está compuesto igualmente por siete historias, centradas en la posguerra, la presencia de los estadounidenses en la isla, su relación con los locales, la aparición de restos de la batalla, humanos fundamentalmente, la profanación de los mismos, la perdida de las tradiciones que anteriormente os comentaba, en la que a veces, hasta los propios estadounidenses llegan a participar. Ambos países comparten un pasado común de dolor, muerte, pero rezan juntos.

        En el cómic no hay héroes, ni hazañas bélicas, hay mucho terror, mucha espiritualidad, duelo y humanidad. Los verdaderos protagonistas no son los soldados, los militares de ambos bandos, son las personas sencillas, los campesinos que sufren los bombarderos y que ven sus tierras de labranzas ocupadas por la administración estadounidense, que a la par, ve como los okinawenses protestan por dicha presencia, que fue efectiva hasta 1972, a pesar de que los yanquis mueven toda la economía.


        En definitiva: “Okinawa” tiene ese componente didáctico que tanto me gusta destacar en los cómics históricos, o con una base histórica, que te enseña otro punto de vista, otra vuelta de tuerca al conflicto, que, seguro que no conocías, y que te deja inquieto. No es, a veces, una lectura fácil, pero tiene la facilidad de engancharte y muestra contradicciones, la perdida de la memoria histórica, te invita a reflexionar y a investigar, y te muestra también lo peor y lo mejor del ser humano, aunque sean enemigos, en un conflicto. Decididamente, es un cómic muy recomendable. ¿Su precio? 23 euros.

viernes, 8 de agosto de 2025

Karate Kid: Leyendas (2025)

 


       Después de un año de bombo y platillo, en el que han creado muchas expectativas alrededor de la nueva entrega de la franquicia “Karate Kid”, y tras haber visto todas las temporadas de “Cobra Kai” que dejó el listón muy alto, he tenido la oportunidad, por fin, de ver “Karate Kid: Leyendas” en este agosto de 2025 en España, en Estados Unidos se estrenó el 30 de mayo… ¿Y sabéis qué?

        Pues que me ha defraudado bastante-mucho, ya que lo que he visto, repite esquemas ya vistos, tramas y narrativas más que repasadas hasta la saciedad, y la presencia de un Daniel LaRusso metida con calzador, poco creíble, en una producción donde los buenos son muy buenos, los malos son malvadísimos, y que ya desde los primeros compases de la película ya sabes cuál va a ser su desarrollo, nudo y desenlace y puedes apostar todo lo que tengas en el bolsillo a que no te equivocas.

        “Karate Kid: Leyendas” cierra mal un ciclo, que, a fecha de hoy, no sé si será el final de la franquicia o un punto y aparte, y es verdad que cuando os hablo la recaudación mundial supera los 106 millones de dólares, siendo su presupuesto de 45, pero creo que han dado en hueso.


        La saga “Karate Kid” tenía una duda con Jackie Chan, había que meterlo de alguna manera, aunque fuese con calzador, ya que no se logró con Jennifer Garner ni con agua caliente, y el propio Chan quería una nueva vuelta de rosca sin contar con Jaden Smith, según sus propias declaraciones, que ya no le entra por el ojo desde hace unos años, por actitudes y declaraciones realizadas por el hijo de Will Smith en el pasado.

        “Karate Kid: Leyendas” es el intento o el producto de unir, en la película más o menos lo explican, (dos ramas para un mismo tronco, refiriéndose al Karate y al Kung Fu, pero también a las películas), al sensei Han, el personaje de Jackie Chan en el universo ficticio, de manera oficial, de la franquicia. El nexo, aparte del Sr. Miyagi, por supuesto está en un Daniel LaRusso que meten en la historia con calzador, que es algo que creo que ya he dicho, pero que es así, de una manera muy poco creíble, y repitiendo las mismas estructuras para sorpresa de tipos como yo, pobre boomer ingenuo, que pensaba que se iban a salir un poco del guion y hacer algo diferente… Pero no, me equivoqué radicalmente.


        La película fue anunciada en septiembre de 2022, se rodó en Montreal entre abril y junio de 2024, y después del estreno ya sabía más o menos de qué iba el percal, pero no quería saber mucho hasta su estreno en España. Esta es la sexta entrega cinematográfica oficial de la saga, y como os decía anteriormente, llega después de haber disfrutado de una serie como “Cobra Kai” que entre 2018 y 2025 ha dejado el listón muy alto.

        En la narrativa nos vamos a China, donde Li Fong (interpretado por el actor de 25 tacos, Ben Wang, que es, por cierto, experto en artes marciales) destaca en la academia de Kung Fu del sensei Han en Pekín. Tras el paso al otro barrio de su hermano en un ataque callejero, su madre y él emigran a Nueva York. Allí es acosado desde el primer día por el matón de turno, repitiendo el esquema de las películas anteriores, por el Campeón local Conor Day, que es el exnovio de Mia, la chica de la pizzería de la esquina que Li Fong conoce prácticamente el primer día.

        El padre de Mia intenta pagar una deuda retomando el boxeo que dejó cuarenta años atrás, y supervisado por Li Fong, pero la experiencia no sale bien.

        De hecho, Victor Lipani, que es su nombre, es acosado y apalizado por los prestamistas, pero es algo que parece pasar muy de pasada en la narrativa y después ya se olvida y a otra cosa. Muy rara esta subtrama.


        Li Fong decide presentarse al Torneo de Kárate donde Conor es el actual Campeón, pero necesita al Sr.Han que no duda en presentarse en Nueva York para ayudarlo, aunque incapaz de completar su entrenamiento, el propio Han va a Encino (California), y en dos minutos convence a Daniel LaRusso para que se venga a Nueva York a entrenar conjuntamente a su discípulo durante una semana.

        Con la combinación de las dos técnicas, karate y Kung Fu, Li Fong será imbatible y además pone en práctica un nuevo movimiento aprendido de su desaparecido hermano, “La patada del Dragón” con una pequeña modificación. Adiós grulla, hola patada del dragón.


        Lo típico, va ganando a todos los oponentes hasta el combate final contra Conor, que incapaz de hacer frente a Li Fong, hará todo tipo de trampas, incluyendo ataques al propio árbitro, para ganar, pero ni por esas, que para eso Li Fong es el bueno y se lleva a la chica.

        Después de casi una hora y media de metraje, te quedas con un careto de… ¿Qué ñorda es esta, de verdad esto era “Karate Kid: Leyendas”? Lo mejor: El cameo final de Johnny Lawrence, que está presente cuando a LaRusso le entregan una pizza desde Nueva York a California, prácticamente salida del horno, y reflexiona sobre un nuevo negocio. Brutal.


        En definitiva: Película que voy a aprobar con un 5 raspado, pero que he estado a puntito de suspender. Decepcionante para mí, lamentable, mal cosida y planteada, falta de originalidad, que no aporta nada a la saga. Es entretenida y por eso la apruebo. Para quitarse el sombrero la escena de LaRusso y Miyagi cuarenta años antes hablando de sus cosas, cosas de la IA. Pero, en general, olvidable.



miércoles, 6 de agosto de 2025

Devuélvemela (2025)

 

      Hace unos años, concretamente en 2022, un par de hermanos australianos, que viven entre Los Ángeles y su país natal, dieron un campanazo con una película de terror, que yo, por mucho que intenté verla, no fui capaz de encontrar ni de localizar, porque solo me salía en el Amazon de Yanquilandia para alquilar.

        Aquella película se llamaba “Talk to me” (Háblame), y con un presupuesto de 4,5 millones de dólares, recaudó 100 milloncejos. Campanada gorda.


        Estos dos hermanos, llamados Danny y Michael Philippou, que además de directores y guionistas, son youtubers y te llevan el café al set de rodaje, han vuelto a las andadas con una nueva película de terror, que si he podido ver en esta ocasión, y que, a pesar de no haber tenido el éxito de su anterior proyecto, han sacado algo de plata de un proyecto rodado en Australia por 15 millones y cuya recaudación mundial ha superado levemente los 27 “minolles”…

        Os hablo de “Devuélvemela”, película de 2025, de una hora y casi cuarenta minutos de metraje, y terror, gore, “chatanismo” y niños-adolescentes… La perfecta combo.

        Producida por A24, que suele apostar por este tipo de producciones con bastante éxito, “Devuélvemela” más que una película de terror al uso, más que asustarte con ochenta mil decibelios de violín chirriante, lo que busca es incomodar, buscar en el espectador el malestar emocional, que te remuevas en el sofá y para ello no duda en mezclar lo que parecen ser en un principio material snuff, que después van a resultar ser vídeos “chatánicos” o de una índole parecida, porque esa parte no me ha quedado clara, con maltrato físico y emocional por parte de una cuidadora a una serie de niños, horror de andar por casa, sadismo y ocultismo que van de la mano, y un dolor que traspasa lo físico, como os digo, más emocional.


        No es original en cuanto al planteamiento, y a mi me ha dejado muchas dudas sin contestar, muchas incógnitas, pero se agradece como os decía antes la carencia de sustos de violines chirriantes, “jump scares” que llaman los anglosajones, y la presencia de un gato que hace un papel que espero que acabe en algún premio cinematográfico australiano por su increíble actuación, que es digna de quitarse el sombrero, en mi caso, la boina.

        En la narrativa tenemos, en una primera escena a dos hermanastros, menores de edad: Andy el mayor, un chico responsable que ha tenido un pasado difícil y que asume un papel protector frente a Piper, su hermana de origen asiático, prácticamente ciega, que intenta hacer amigos y ser una adolescente más en un mundo que no la acepta.


        Al llegar a casa, un golpe seco les pone en alerta, su padre ha caído muerto, fulminado, en la ducha de casa. Andy quiere hacerse cargo de su hermana, pero los asuntos sociales los mandan a una casa apartada en mitad de la nada, rodeada por un círculo blanco de cal. Lo más normal del mundo, donde una trabajadora social, Laura, que se ve a la milla que está como una cabra en bicicleta, se hará cargo de ellos.

        Laura vive con Oliver, un nene retraído, mudo, rapado al uno, pecho al aire como legionario australiano, que parece estar poseído por una entidad demoniaca que no puede salir del círculo que rodea la propiedad, y que atosiga al gato a todas horas.

        Desde un principio, Laura la toma con Andy e intentará romper el vínculo entre los dos hermanos.


        Laura, que al parecer, perdió a una hija biológica, ha perdido la cabeza e intenta recuperarla con ritos ocultistas, mantiene el cuerpo en un congelador junto a los helados y los flashs de cola, y cree que los dos hermanos pueden ser la pieza que le falta para traer a la vida a su hija con sus rollos esotéricos.

        Y con este percal, sálvese quien pueda con la loca de Laura en casa, sus tejemanejes y Oliver con arrepios demoniacos que hacen que se autolesione con todo tipo de objetos punzantes, siendo el cuchillo de cocina su favorito para estos menesteres.


        En definitiva: La película no está mal, y, de hecho, yo la he disfrutado bastante, pero creo que adolece de un metraje excesivo para lo que te quieren contar. Su hora y casi cuarenta minutos tiene mucho relleno de situación, el ritmo es lento y lo visceral va a ser lo que haga, que, como espectador, te revuelvas un poco. Con veinte minutos menos, ganas en ritmo, te cuenta lo mismo y hasta puede ser más “trepidante”, si se me permite la palabra.

        ¿Quién es la víctima? Al final, la reflexión es que todos a su manera lo son. Eso te lo tienes que plantear tú como espectador, ellos muestran y tú sacas conclusiones. No te va a dar muchas respuestas como os decía anteriormente.


El tema sobrenatural está bien cosido con lo terrenal, la perdida de una hija, la soledad y locura de una madre que se le ha ido la chaveta.

        Y que hará todo lo que se le pase por la cabeza para recuperarla, incluyendo el “chatanismo”. “Devuélvemela” puede analizarse desde distintos enfoques en cuanto a ese respecto. Buenas interpretaciones, buena fotografía, música apenas perceptible, creo que merece la pena su visionado siempre y cuando no seas de estómago sensible, porque puedo entender que a alguno le resulte dura por momentos.

        De nota le voy a dar un 6. Ya me diréis que os pareció.

lunes, 4 de agosto de 2025

Jefes de Estado (2025)

 


       Como bien digo en la miniatura del vídeo, para ver “Jefes de Estado”, es imprescindible desconectar el cerebro, no tomártela en serio, y disfrutar de esta producción, comedia veraniega de 2025 que nos trae Amazon, de ver y olvidar, y pasar a otra cosa.

        Rodada en Inglaterra, Italia y Serbia, con cien millones de presupuesto, “Jefes de Estado” es una producción que ha ido cocinándose a fuego lento desde que en 2020 se anunciara el proyecto que iba a estar protagonizado por Idris Elba y John Cena en los papeles principales, y cuya trama gira en torno a dos Jefes de Estado (el estadounidense John Cena, acá Will Derringer, y el británico Idris Elba como el Primer Ministro Sam Clarke), que deberán superar sus diferencias para sobrevivir a un grupo terrorista que quiere acabar con ellos, y de paso disolver la OTAN, algo que para lograrse no es necesario ningún grupo terrorista (sospecho), y todo narrado en una hora y cuarenta y cinco minutos de metraje donde los anglosajones se la miden, a ver quién tiene el ego más grande, mientras en España se tiran tomates en Buñol 


        “Jefes de Estado” tiene bastante acción, y es el tipo de películas de dúos que reparten y recibe, a la vez que crean situaciones algo cómicas, algo que supongo comenzó hace sesenta o setenta años con Terence Hill y Bud Spencer, y cuya formula se ha repetido hasta la saciedad en el cine gringo, sobre todo en los años ochenta y noventa del siglo pasado, y en algunas producciones de este siglo también… Se me viene a la cabeza, por poneros un ejemplo, “Dos Policías Rebeldes”.

        El guion es tan simple como el mecanismo de un botijo, es predecible como ella sola y sabes desde el inicio cuál va a ser su desarrollo y cómo va a acabar porque la has visto cientos de veces, pero tiene su efectividad si lo que quieres es pasar una tarde veraniega entretenido. Tiene unos giros de guion rarunos, y unos villanos poco desarrollados y casi todopoderosos, a los que ningún policía, fuerzas especiales o ejército parecen lograr parar, y solo estos dos Presidentes del Gobierno duros de matar, más la espía del MI6, Noel Bisset, parecen poner en jaque en todas las ocasiones, para desesperación de un Final Boss, como os digo, que no me acabó de convencer del todo.


        La película comienza y termina con la canción “Volare” de los Gipsy Kings, y con una falsa retrasmisión desde Buñol en España, de la Fiesta de la Tomatina, (por cierto, bastante mal recreada), donde un grupo combinado de agentes del MI6 y la CIA van a intentar capturar a un traficante ruso que hacía años que no enseñaba la patita, Viktor Gradov. Y claro, La Tomatina es el mejor lugar para volver a aparecer.

        La operación britano-yanqui fracasa, y todos los agentes acaban finiquitados menos la única agente femenina, Noel Bisset, y Gradov obtiene acceso al sistema de vigilancia global Echelon, al cual accede gracias a que la furgoneta camuflada de los agentes tiene acceso directo, y claro, nada más sencillo.

        Con ese sistema, el traficante puede saber cuando vas al W.C, cómo va el partido Badajoz-Pueblonuevo del Guadiana o espiar a un submarino portugués en el Guadiana desde el satélite de turno.

        De manera paralela, se nos presentan nuestros dos protagonistas, Will Derringer y Sam Clarke.

 

 El estadounidense, actor de cine malo de acción metido a político. El británico, exmilitar que se lo ha trabajado para llegar a primer ministro, aunque después yo no lo he visto muy ducho en el uso de algunas armas y escenarios de acción.

Para mejorar sus relaciones, desde Londres, que creo que es donde estaban, van juntos en el Air Force One a Trieste (Italia), que es donde se va a celebrar la cumbre de la OTAN, dando un rodeo por Bielorrusia, de varios miles de kilómetros, que es donde son derribados, salvándose solo ellos dos, e iniciando una “Road Movie” increíble, bastante absurda, pero llena de acción en la que los terroristas intentarán mandarlos al otro barrio continuamente, para llegar a Italia y dar la cara antes de que la OTAN se vaya al carajo por las malas relaciones entre Italia, Francia, Alemania, la República Checa creo que también, y descubriendo por el camino a nuevos amigos y aliados, y traiciones por parte de gente que creían leales y están metidos en el ajo hasta la médula.


En definitiva: Buena química entre estos dos, o al menos a mí me lo ha parecido. Y podría considerarse como una parodia en cuanto a la situación actual de la OTAN, pero se rodó antes de que Trump llegara al cargo, aun así, el guiño político está. Entretiene, tiene algunos puntos de comedia, pero sin pasarse, cada uno pone un punto de humor y seriedad, y las escenas de acción son demasiado cargantes e increíbles, aunque bien coreografiadas. El final, bastante abierto, y protagonizado por un histriónico Jack Quaid, que plantea una posible secuela.

De nota, un 5 raspadete. Para ver, entretenerte, y pasar a otra cosa.