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sábado, 3 de mayo de 2025

Onoda. Último soldado Imperial (Yermo Ediciones, 2025) Nacho Golfe, Daniel Tomás

 

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        La historia del teniente Onoda, es la historia de una decena de soldados japoneses que siguieron luchando después de que la Segunda Guerra Mundial concluyera en 1945.

        Aislados, escépticos ante los acontecimientos, perdidos en selvas e islas perdidas del Pacífico, estos soldados testarudos, pero peligrosos por sus circunstancias, fueron rescatados a lo largo de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta (el último de ellos, que no fue realmente Onoda, aunque si posiblemente el más icónico, fue rescatado a finales de 1974 y se llamaba Teruo Nakamura, japonés de origen taiwanés que fue recibido con muchísima frialdad).


        Onoda fue una celebridad. Se escribieron libros, se hicieron un par de películas que yo recuerde, la última una producción francesa de hace unos pocos años, y ahora tenemos la suerte de disfrutar de un cómic, que viene de la mano de Nacho Golfe al guion (Von Braun. La Cara Oculta de la Luna), y a los lápices tenemos a Daniel Tomás, al que conocemos por sus fantásticos cómics “El Fin del Mundo” y “Tucson. Dragones del Desierto” …

        Una de las cosas que hay que destacar de este cómic, “Onoda. Último soldado Imperial”, es su magnífica documentación, que incluye un contexto histórico final fabuloso, y que casa muy bien con el dibujo de Daniel Tomás, para narrarnos estos hechos reales, que se centran en la vida del teniente japonés Hiroo Onoda, al cual vamos a conocer desde su formación hasta su regreso a casa.


        Treinta años llenos de emoción, soledad, incomprensión, peligros en la isla de Lubang en Filipinas, en la que estaría destinado hasta 1944 mientras sobrevivía, primero a la desaparición de su pequeño grupo, y posteriormente a aquella lucha interior por la que se negaba a aceptar el final de la guerra, teniendo que ir un superior suyo, retirado y librero de profesión, el Mayor Taniguchi, a convencerlo de que depusiera su viejo rifle reglamentario.

        Onoda no era un hombre extraordinario en ese sentido. Vivió 91 años, y fue criado y educado para obedecer ciegamente órdenes, en este caso militares, donde la rendición no tenía cabida, y la lealtad por encima de todo guiaba su día a día, y su razón de ser.


El cómic, aparte de mostrarnos el episodio histórico, en el que veremos al pequeño grupo de japoneses enfrentarse a campesinos, matar y morir, huir de emboscadas (hasta 111 según Onoda, logró esquivar), tenemos esa conexión emocional con un personaje que se sabía que andaba por allí, pero que no fue realmente tomado en cuenta hasta que un joven de amplia sonrisa, Norio Suzuki, y con tres objetivos en la vida (Hablar con Onoda, localizar un Panda Gigante, y encontrar un Yeti, murió en esa tercera misión) lo encontró e hizo todo lo posible para que volviera a un Japón que había cambiado muchísimo respecto al que él había dejado atrás…

Cuando se rindió, Onoda tenía 52 años, y vestía su uniforme militar de oficial del Ejército Imperial, y conservaba 500 cartuchos, su fusil Arisaka Tipo 99, su espada de oficial, varias granadas de mano y una daga ritual que le había regalado su madre en 1944 para que se quitara de en medio en el caso de ser necesario, algo que explica en el cómic, realmente tenía prohibido por la educación militar recibida durante su entrenamiento.


A pesar de que había matado a una treintena de habitantes de la isla filipina, fundamentalmente gente local y campesinos de la zona, y participado en varios tiroteos con la policía y con los propios campesinos que los emboscaron en algunas ocasiones, se tuvieron en cuenta las circunstancias y Onoda recibió un indulto del presidente filipino Ferdinand Marcos. 

El Japón al que regresó Onoda era muy diferente… Un Japón donde el Emperador ya no estaba divinizado, donde las bombas atómicas habían creado una sociedad antibelicista, y donde las ciudades japonesas se poblaban de industrias y rascacielos, siendo una de las economías más potentes del mundo. Onoda no lo resistió, y volvió a la selva, brasileña en esa ocasión.


A mi me ha dado por pensar en la cantidad de soldados japoneses que seguramente fallecieron en alguna isla o selva perdidos, durante años, y que no se llegaron a localizar, y es que el cómic en su contexto histórico final, habla de algunos de aquellos soldados, que se encontraron y regresaron a casa después de haber terminado el conflicto.


        Algunos de los más conocidos son:

  • Shoichi Yokoi, encontrado en 1972 en la isla de Guam, donde había permanecido escondido durante 28 años. A diferencia de Onoda, Yokoi estaba solo desde 1964 y vivía en una cueva.
  • Teruo Nakamura, de origen taiwanés y soldado raso del Ejército Imperial, fue hallado en Indonesia en diciembre de 1974, poco después que Onoda. Nakamura vivía aislado en una choza y sobrevivía cultivando su propio alimento. A diferencia de Onoda y Yokoi, no fue celebrado en Japón debido a su origen taiwanés.
  • Kinshichi Kozuka, compañero de Onoda en Lubang, permaneció junto a él hasta 1972, cuando fue abatido por la policía filipina durante una de sus incursiones.

Seguramente hubo otros muchos casos en otros conflictos, aunque no tan alargados en el tiempo como los de estos soldados japoneses, a mi me viene a la cabeza un grupo de españoles que resistieron en una localidad filipina llamada Baler hasta un año después de haber concluido el conflicto, por poneros un ejemplo que también podéis encontrar en cómic.


En definitiva: Un cómic fabuloso “Onoda. Último soldado Imperial”, en el que de manera paralela a la historia de Onoda, vamos a ir viendo como Japón, y el mundo, evoluciona hacia la modernidad.

Hay que felicitar a Nacho Golfe, Daniel Tomás y a Yermo Ediciones por este grandísimo cómic que es de lo más recomendable, entretenido y didáctico a rabiar, como a mi me gustan, cómics con los que uno aprende. Su precio, por cierto, es de 20 euros, que no es precio para disfrutar de esta maravilla.

jueves, 1 de mayo de 2025

Pánico en el tren bala (2025)

 

       Ofrecerle a un extremeño ver una película de trenes, es entre provocador y surrealista, pero como buen extremeño que cree que los gusanos de hierro son seres mitológicos, y que se tira al suelo cada vez que ve uno en funcionamiento, no he podido evitar ver la película japonesa “Pánico en el tren bala”, producción de Netflix de 2025, estrenada el pasado 23 de abril, y que es una copia descarada de dos horas y diez minutos de metraje de la película estadounidense “Speed: Máxima potencia” que ya ha cumplido sus treinta años, y de otra más antigua, japonesa también y que ya cumplió sus cincuenta años, como es la clásica “Pánico en el Tokyo Express”…

        De hecho, una curiosidad de esta película es que se hace referencia a los hechos acontecidos en aquella otra, y que, en un momento, si uno es observador, puede llegar a ver algunas escenas en un monitor estratégicamente colocado mientras se habla de aquel precedente.

 

        La trama de “Pánico en el tren bala” es bastante sencilla. Un tren que no debe bajar de los 100 km/h o estallará y se llevará por delante a pasajeros, y todo lo que pille por la zona. Por lo que ya sabemos que, si el tren hubiese sido extremeño, hubiera explotado antes de salir de la estación, o en medio de la nada, pero para eso no le hace falta una circunstancia exterior… Afortunadamente no explotan, pero si se paran, y no arrancan algunos después ni a empujones…

Tirones aparte, que vosotros sabréis perdonar… A partir de esta premisa, expuesta casi en los primeros compases de la cinta, vamos a ver una historia que gira en torno a todo el dispositivo que se monta por parte de políticos, policías y técnicos ferroviarios para buscar una solución al tema, y de manera paralela, como se toman los pasajeros, que son una especie de microcosmos condensado de la sociedad japonesa, la posibilidad de que pueden acabar volando por los aires.


        No te creas que vas a ver una película llena de acción, con terroristas dando tiros y equipos especiales saltando en helicópteros ni nada parecido, absolutamente para nada.

        De hecho, la película se me ha hecho muy aburrida, bastante aburrida, por la falta de escenas de acción y la cantidad de personajes, conversaciones para besugos y subtramas sin recorrido que habitan en la película, siendo para mi lo más interesante ver los paisajes japoneses, y los propios trenes que salen, reales como ellos mismos, de la empresa japonesa JR East, y las estaciones de ferrocarril, que también tienen su aquel…


        Ahora bien, desmenuzando un poco más la trama, te encuentras con una historia ciertamente rocambolesca, que conecta, como os digo, con la película de los setenta, en un intento de hacerla una continuación.

        Entre los pasajeros, nos encontramos al principio con un grupo de estudiantes de secundaria, muy típicos y tópicos, que no se están quietos ni a palos, y que están muy enchufados a las redes sociales, sobre todo a Instagram donde suben absolutamente de todo.


       Tenemos a una parlamentaria japonesa inaguantable, que no se aguanta ni pagando, que viene a representar lo que es la falsedad, las ganas de trepar en cualquier circunstancia…

        La madre con el niño que no llegamos a verle la cara, y suena como un muñeco de 20 euros. El tipo huidizo con mascarilla, el viejo dormido, la maquinista y los técnicos (no entiendo porque se saludan como militares todo el rato, no sé si en la RENFE será igual), y así todo un catálogo de personajes que no van a aportar mucho, o nada directamente.

        Entre el grupo de estudiantes, tenemos a una chica, que va a resultar ser la malvada terrorista, que tiene conectada las bombas a un dispositivo implantado en su cuerpo por el Hospital Universitario de Badajoz, y que es capaz de matar a su viejo a distancia por no haberle comprado una camiseta que le gustaba o algo parecido. Esto es muy poco creíble por mucho que nos quieran vender la moto, ya la verdad es que le resta credibilidad.


        Por lo que me he quedado con la poca acción que tiene, los diabólicos planes de los técnicos para que el tren no explote, los paisajes bucólicos y los arrozales, algunos efectos especiales y poco más, siendo en mi opinión, repito, una película sosa y aburrida, a la que le sobran perfectamente entre 30-40 minutos para ganar interés.

        Así visto el panorama, de nota le voy a dar un triste 5, pero solo porque salen trenes, que es algo que a mi me emboba, verlos moviéndose, funcionando, llegando a su hora… No sé, debe ser como cuando un urbanita ve una oveja balando por el campo o una cigüeña cagando desde el campanario. Si no es por los trenes, le hubiera cascado un cuatro seguramente.

        En fin: La dejo a vuestra entera elección, y ya me diréis que os pareció a vosotros “Pánico en el tren bala”.



miércoles, 30 de abril de 2025

Vampira humanista busca suicida (2023)

 

De entrada, me ha hecho gracia el título de esta película canadiense de 2023, rodada en francés, “Vampira humanista busca suicida”, que, salvando las distancias, estoy seguro que Tim Burton la disfrutaría mucho y que haría su propia versión, y por el otro lado, ha conseguido que en el último minuto de metraje diera un bote en la silla, ya que la canción que cierra la película es de 1970 y en español… “Drácula ye-ye” de Andrés Pajares.

Películas, libros… Historias de vampiros que no quieren ser vampiros, o al menos no cumplir con su papel como tales y dejar un rastro de sangre, y muerte a su alrededor, bajo la incomprensión de sus allegados y familiares, creo que ya conocemos algunos ejemplos.


Es verdad que quizás que esta sea la primera película en la que la vampira sea canadiense francófona y emo, y que se eche un amigo adolescente que se quiere quitar de en medio porque no le gusta su vida, y está viviendo una situación que él considera difícil.

Pero ya hemos visto vainas parecidas a esta, y aunque entretenida, y con algunos puntos humorísticos, protagonizados más por la familia de vampiros que por el resto del personal, quizás no sea una película que te vaya a llenar el ojo.


        En nuestra narrativa de una hora y media de metraje, la vampira protagonista, Sasha, ansía poder vivir sin tener que sorber bolsas de sangre, pero no quiere hacer daño a nadie, y le asquea eso de tener que ir mordiendo yugulares, y el amigo, quiere quitarse de encima, juntando el hambre con las ganas de comer. Así tenemos un poco de drama, un poco de terror blandito (nos van a ahorrar escenas morbosas) y el humor al que os hacía referencia.

        Sasha es una vampira de 68 años, apariencia adolescente, que vive en una casa junto a sus padres, una tía y una prima. Vive rodeada de libros, discos antiguos, y tiene una estética un tanto gótica, un tanto emo. Todos los días, o mejor, todas las noches, recibe la incomprensión de su familia, y es algo que ella, en su búsqueda de identidad, y en su inusual empatía hacia los humanos, lleva muy mal.


        Ya que por un lado no le han salido los colmillos, no siente la sed de sangre ni de matar como cualquiera de su especie, y, por otro lado, parece ir contra natura en sus pensamientos y acciones.

        El tema humorístico comienza cuando sus padres le cortan el pienso y la mandan a cazar por sí misma, junto a Denise, una prima algo mayor que ella, más tradicional, que se carga a chicos jóvenes como el que oye llover.


        En una de estas salidas nocturnas conoce a un adolescente, Paul, que sufre acoso escolar y laboral, y se quiere quitar de en medio. Ambos llegan a una especie de acuerdo, por el cual Paul se ofrece, pero antes debe cumplir una serie de deseos que tiene pendientes.

Así, juntos, Sasha y Paul emprenden una aventura nocturna para cumplir los últimos deseos de Paul, lo que les va a unir más, y donde ambos van a confiar el uno en el otro. Y mientras avanza la noche, les surge la posibilidad de que Paul se convierta en un vampiro que acompañe a la triste y desolada Sasha, que cada vez entiende más algunos sentimientos humanos.


        En definitiva: Poco más se puede comentar de una película que busca el entretenimiento, algo oscura en el sentido de que casi todo el metraje lo vemos cuando los vampiros están activos, y no cuando duermen.

        Es una película que posiblemente me hubiera entusiasmado más hace cuarenta años, pero hoy por hoy, ha logrado sacarme alguna sonrisa entre escena y escena, entre ese terror suave que os comentaba y el drama que gira alrededor de Sasha, y del tema de los suicidios adolescentes, que no es ninguna broma, como tampoco lo es el tema del acoso escolar, pero que sabe manejar con bastante maestría, con sensibilidad, sin caer en el morbo, o en lo escabroso…

¿Olvidable? Si. A pesar de que su metraje es solo de una hora y media, creo que le sobra, aún así, sus 15-20 minutos de rigor, porque hay momentos en los que gira sobre si misma durante demasiado tiempo. Pero solo por el toque que le da a todos los temas comentados, le voy a dar un 6 de nota, y la dejo a vuestra entera elección.

sábado, 26 de abril de 2025

La Batalla de Montecassino (2024)

 

       Siendo uno aficionado a la Historia en general, y teniendo la Segunda Guerra Mundial como uno de mis temas favoritos, mi alegría al ver la posibilidad de ver una película relacionada con uno de los hitos bélicos más destacables del conflicto, como fue la Batalla de Montecassino, que se llevó por delante a miles de hombres de diferentes nacionalidades que se dejaron la vida en aquel monasterio medieval italiano, unos defendiéndolo, los alemanes, y otros al asalto del mismo: Franceses, británicos, marroquíes, indios, estadounidenses y polacos, entre otros muchos, pues fue mayúscula…

        “La batalla de Montecassino”, película polaca de 2024, me ofrecía la posibilidad de ver, quizás, una gran producción, pero os tengo que reconocer que me he encontrado con una película sin alma, bastante aburrida, a la que he acabado llamando “La Batalla de Montecansino”, ya que sus dos horas de metraje me han parecido bastante insufribles, quizás no tanto como lo que tuvieron que sufrir aquellos combatientes, que imagino sucios, temerosos, pero obcecados por no soltar ni un centímetro de terreno al enemigo… Eso no lo vas a ver aquí.


        En la narrativa de esta película, vamos a comenzar por una extraña escena, que a mi no sé por qué, me ha recordado a una serie que veía hace más de treinta años, “Las aventuras del joven Indiana Jones”, en la que un chico roba medicamentos de un hospital británico en Irán y huye por escenarios de papel-cartón, con una escenografía regulera.

        Después nos centramos en nuestro protagonista en sí, y nos cuentan la historia de Jedrek, un joven polaco, huérfano para más señas, que huyó de un gulag soviético, como otros tantos, y se unió al II Cuerpo Polaco que avanza por el sur de Italia acompañando a los aliados que se topan con la línea Gustav en su camino hacía el norte, siendo parados desde enero hasta mayo del 44 en Montecassino, monasterio defendido por paracaidistas alemanes.


        Donde las demás naciones han fracasado, nuestros aguerridos polacos van a triunfar, con arrojo, tesón, y dejando cientos de bajas en el intento, siendo Jedrek uno de los soldados polacos al asalto, que vive algunas subtramas sinsentido mientras avanza hacia la cima, siendo aquello un tanto culebrón venezolano.

        La película carece de gancho, carece de puño, carece de alma, algo que ayuda una música insulsa, cuatro vehículos de atrezo, un escenario que no te crees, con seis gatos al asalto. Soldados pulcramente vestidos (como aquellos vaqueros y pistoleros de las películas de John Wayne, de John Ford, de camisas bien planchadas), un tipo que se pasea con un pañuelo palestino durante todo el metraje, gente que va y viene, que se pasea por delante de la cámara como para intentar llenar espacios vacíos, ambientaciones poco creíbles y escenas de acción bastante cutres (algunas en primera persona, al más puro estilo Doom, otras con una cámara borracha que no se mantiene en pie), a lo que hay que añadir un cachondeo en el frente, una soberbia y arrogancia, que nos tiene mal acostumbrados el cine yanqui, pero que a los polacos no se la voy a dejar pasar.


        ¿Y el enemigo? El enemigo es invisible y no vamos a comenzar a verlo hasta poco antes del final de la película, protagonizando luchas cuerpo a cuerpo de patio de colegio, dando la sensación de que no hay más de ocho actores haciendo de alemanes y si acaso.

        Quizás la culpa sea mía por haberme hecho ilusiones, pero “La batalla de Montecassino” es una película que me ha parecido excesivamete larga para lo que ofrece, con altos niveles (repito) de cutrez, y que podría ser un mejor producto con media hora menos de metraje y menos dramas y subtramas absurdas.

        ¿Merece la pena? No, no os molestéis. ¿Nota? Un 4 y creo que es mucho.

miércoles, 23 de abril de 2025

Wilusiya. Las últimas horas de Troya (Yermo Ediciones, 2025)

 

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           Como me gusta mucho el cómic histórico, no he podido resistirme a comprar, y leer con avidez, este tomo titulado: “Wilusiya. Las Últimas horas de Troya”, un cómic de tapa dura, publicado por Yermo Ediciones en 2024, con un dibujo, y una historia, de esas que quitan el hipo.

        Y sé que alguno me dirá, que ya me ha pasado en alguna ocasión, que la Guerra de Troya no fue un hecho histórico porque la Ilíada esto y aquello… Pero, sin embargo, sabemos que la Troya histórica existió, habitada desde el Tercer Milenio a.c y ubicada en Anatolia, la actual Turquía, junto al estrecho de los Dardanelos, en un lugar estratégico entre el Mediterráneo y el Mar Negro.


        Perdida durante siglos, olvidada, y caída en el mito, fue redescubierta en el S.XIX, por el arqueólogo, y millonario prusiano, posteriormente alemán con la unificación, Heinrich Schliemann, y hoy en día, desde 1998, el yacimiento es considerado Patrimonio de la Humanidad.

        ¿Quieres conocer cómo fueron las últimas horas de Troya? Partiendo desde la Ilíada, pero con un punto de vista histórico, este cómic te lo muestra…


        Lo primero que destaca el cómic es el propio nombre de la ciudad. Troya para nosotros, para los hititas, que recogieron un tratado entre ellos y la ciudad, fue Wilusas, aunque como bien aclaran los autores del cómic, para facilitar su pronunciación, y porque suena sedoso como un buen gato, gordo y ronroneante, han elegido Wilusiya.

        El cómic viene de la mano del guionista Mikael Coadou, el dibujante Benjamín Blasco-Martínez y la colorista Émilie Beaud. Os tengo que confesar que no tenía nada de los tres hasta este cómic, y me ha gustado mucho, ya os adelanto, aparte del dibujo, por el enfoque que dan, ya que no solo vamos a ver la caída de Troya desde los puntos de vista griego y troyano, sino también desde el punto de vista de los hititas, que tienen sus propios problemas, y aunque teóricos aliados de los troyanos, van a dejarlos caer sin mayores contemplaciones.


La historia se sitúa en el año 1270 a.C., durante el asedio de Troya por parte de los griegos liderados por Agamenón, que, como bien sabemos, no son capaces de lograr asaltar ni rendir la ciudad tras años de guerra y asedios infructuosos.

A la par, en Hattusa, capital del Imperio Hitita, el rey Hattusili III enfrenta sus propias luchas internas y decisiones políticas, ya que gran parte de su pueblo lo considera un usurpador, un déspota al que hay que quitarle el trono, si puede ser, por las bravas.


El rey Príamo de Troya solicita ayuda a su aliado Hattusili a través de mensajeros, por el tratado que les une, y este debe decidir si intervenir en el conflicto o permitir que griegos y troyanos se destruyan mutuamente, aunque se inclina más por resolver los asuntos internos que tiene en casa, y pasar de los troyanos.

Una de las diferencias que vas a ver respecto a otros cómics es que aquí no vas a ver dioses aparecerse, o mezclarse con los héroes. Se prescinde del mito lo máximo posible, lo cual no es óbice para ver a los hititas consultando a sus divinidades, o a Laocoonte y sus hijos caer por unas serpientes marinas a pie de playa, pero, sin embargo, apuesta más la narrativa por el realismo y por la representación de unos hechos muy bien documentados y que te van a llevar a la Edad del Bronce, sin fantasías en vestimentas, armas o arquitecturas.


        El dibujo de Blasco-Martínez ayuda mucho para conseguir ese realismo histórico, que se apoya además, y es algo que siempre disfruto mucho en este tipo de cómics, en un dossier final escrito por Markus Egetmeyer, profesor de lingüística griega en La Sorbona, que explica los eventos históricos representados en el cómic, desde la geografía donde se desarrolla el cómic, hasta la lengua hitita, el tratado entre los hititas y troyanos, la llegada al poder de Hattusili y el tema del mito alrededor de Troya.

        Por lo que al final tienes en la mano un cómic extremadamente riguroso, honesto, entretenido y didáctico a partes iguales, donde cualquier aficionado a la historia, al cómic histórico y a la Guerra de Troya, va a disfrutar.


        El enfoque hitita es algo completamente novedoso. No vamos a ver a Aquiles, Héctor, Paris, Helena y todo el culebrón que les rodea, y si los tejemanejes políticos de la zona, sin héroes ni actos heroicos, incluyendo al propio caballo, más como celada o trampa, que como un peón mitológico más. Por todo ello, creo que es un cómic que merece mucho la pena. ¿Su precio? 20 euros.