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domingo, 23 de abril de 2017

Silencio (2016)


        S. XVII (1640), los jesuitas portugueses intentan evangelizar Japón, pero Japón no se deja evangelizar. Los distintos “Padres” son torturados y ejecutados sistemáticamente, junto a sus seguidores. “Silencio” (2016) está basada en una novela del escritor japonés Shusaku Endo.


        Rodrigues y Garupe son dos jóvenes padres que son enviados, desde Macao, en busca del padre Ferreira, un apostata. Su llegada traerá nuevas esperanzas a los japoneses cristianos, pero también más tortura, sacrificio y ejecuciones. Bien planteada históricamente, con un acertada fotografía, la película tiene dos partes, para mí, muy diferenciadas. En una primera, la llegada de los jesuitas, la tierra inhóspita, el miedo a ser encontrados y ejecutados, el sacrificio del pueblo, casi trepidante o por lo menos, a ratos…


        En una segunda parte, el ritmo decae, se hace más introvertida, más espiritual, más interior, el protagonista es un particular Mesías dentro del Japón que lucha contra sí mismo y su fe. Los sacerdotes, algunos de ellos, apostatan, y el pueblo japonés inquebrantable, sufre martirio. La fe de los Padres se quebranta. La última hora y media se hace lentísima y, de hecho, creo que a la película le sobra una hora, y no perdería un ápice de su mensaje. Se te hace haber caído en un extraño bucle.



        En mi opinión, no está mal, me la he tomado como una película histórica, con un fondo sobre la naturaleza humana, pero pienso que, con una hora de menos, hubiera transmitido lo mismo, incluso con más fuerza.

5 comentarios:

Carlos dijo...

La mayoría de críticas que he leído hablan de obra maestra (o casi), pero se quejan de lo mismo que tú. Demasiado metraje y muy lenta a rato.

Duncan de Gross dijo...

La última hora es eterna, repetitiva, un bucle como comento en la entrada... Pero se deja ver y no deja de ser interesante.

Anónimo dijo...

A mi me parece una magnífica obra de propaganda contrarreformista.

Bella factura y ambientación, buenos personajes.

Pero si fuera japonés o budista, me sentiría un tanto incómodo. El argumento de fondo es que el humanismo cristiano, que valora la vida individual, es moralmente superior a la visión antropológica budista, al menos a la altura del Japón del siglo XVII, que permite, supuestamente, la tortura.

No le falta algo de razón. Ortega dijo que el budismo llevaría lógicamente al suicidio si no fuera por la fe en la reencarnación de los budistas.

MPM.

Duncan de Gross dijo...

No sé Manué, no la veo como Propaganda Contrarreformista porque los propios Jesuitas salen mal parados. Los primeros que no creen en el mensaje, son ellos mismos. Los japoneses se abrazan a la fe con un fervor que asusta hasta a los Padres. El argumento de fondo, para mi, es una crítica clara a la propia Iglesia, que en gran parte no se cree lo que lleva predicando siglos. Santo Tomás es el verdadero guía, no Pedro, esto directamente no me lo creo hasta que no meta los dedos, viene a decir... No veo exaltación del individuo, o de su humanismo, veo más derrota y venirse abajo más que eso, pero la película puede, y debe tener varias lecturas. "Que permite supuestamente la tortura..." Está documentada esa tortura, existió. Date cuenta que Francisco Javier y sus correligionarios son considerados todos mártires de la Iglesia Católica. Y los torturados fueron varios miles...

Carlos dijo...

Acabo de verla. La imaginaba más lenta por lo que habíamos hablado, pero que va. Tiene más ritmo del que esperaba. Yo no veo esas dos partes tan diferenciadas. Prácticamente es siempre el mismo bucle de torturas, reflexión y remordimientos que van en aumento hasta que toma la decisión final. Ambas concepciones religiosas reciben palos, aunque parezca que los japoneses salen peor parados por la sucesión de escenas crueles contra los cristianos. Pero es como si hacen una película donde se muestren las perrerías que hacía la Inquisición y afines. Si eran unos cabrones, lo eran. Lo que pasa es que esta parte de la historia de Japón (en general de todo oriente) nos es desconocida.