A raíz de las reseñas de “El Gran
Diluvio” y “Coherence”, y hablando de realidades alternativas, salió a colación
una película que vi en su día, pero a la que no hice reseña.
Dispuesto a arreglar en entuerto, me he
vuelto a ver “Todo a la vez en todas partes”, película de 2022, difícil de
clasificar, que tontea con el tema de las realidades paralelas, el multiverso,
pero dándole una vuelta de rosca con un toque de originalidad que puede llegar
a perderte en sus dos horas y diez minutos de metraje.
En verdad, esto de las realidades
alternativas es un poco excusa para presentarnos una historia, con grandes
dosis de comedia absurda, que gira en torno a la familia, las oportunidades
perdidas, los sueños no realizados, y todos los dramas que pueda haber en una
familia donde un matrimonio con dudas, deudas, al borde del divorcio, con una
hija lesbiana y un abuelo conservador, puedan llegar a tener.
Si a la ecuación, además de ciencia
ficción, le metes acción, artes marciales, dos piedras que hablan y un mapache
cocinero, tienes la combinación perfecta.
“Todo a la vez en todas partes” es la
típica película de cine independiente que te demuestra lo que se puede hacer
con una docena de actores, un par de escenarios, y 25 millones de presupuesto.
Sacó en su día, de recaudación 140 millones, y no solo eso, se ha convertido
para algunos en una película de culto, aunque yo lo veo, personalmente, un poco
exagerado. Quizás, dentro de veinte años, si sigo vivo, os digo lo contrario,
vete a saber.
En la narrativa, tenemos a Evelyn Wang,
una inmigrante china que regenta una lavandería con su marido Waymond y lidia
con una auditoría fiscal que le ha visto algo raro en una de sus facturas
presentadas.
En
plena inspección fiscal, donde la funcionaria de turno parece ir a por ellos a
saco, (que, por cierto, es la mismísima Jamie Lee Curtis), se ve transportada a
otra realidad alternativa donde una versión alternativa de su marido, le revela
que solo ella puede detener a una amenaza, encarnada en su hija Joy, capaz de
destruir la realidad. Y, no solo eso, su propio padre, encarnado por el ya
mítico actor, James Hong, tendrá igualmente sus propias versiones, algunas
pavorosas.
Según
explora múltiples versiones de sí misma en universos alternativos —incluyendo
uno donde es una famosa chef y otro donde tiene dedos alargados y es lesbiana,
siendo su pareja la funcionaria de Hacienda—, Evelyn se enfrenta a sus
inseguridades y al conflicto con su hija Joy, desgrana todos sus miedos,
traumas y problemas que arrastra desde que estaba en China.
Joy,
que encarna a la maléfica entidad Jobu Tupaki, revela que Jobu solo busca
escapar del dolor existencial, y Evelyn encuentra sentido a todo lo que le
pasa, a través de la compasión y el amor hacia su familia, y opta por regresar
a la realidad a la que pertenece y reconstruir, empezar de cero, con su marido,
su hija y sobre todo con ella misma.
¿Parece
sencillo de comprender? No lo es, créeme. La narrativa comienza ligerita, pero
después vienen las curvas, demasiados saltos entre realidades a la vez, y
puedes llegar a liarte entre las realidades de Evelyn, los diversos enfoques.
A mí, que es la segunda vez que la he
visto, se me ha hecho en esta ocasión un tanto cuesta arriba y creo que le
quitaría 30 minutos al metraje sin pestañear.
Entre
las curiosidades que os puedo contar sobre la película, os diré que
originalmente, la película estaba pensada para ser protagonizada por Jackie
Chan, algo que acabaron descartando, y es una pena, porque hubiera sido un hito
dentro de la carrera de Chan, aunque conociéndolo, creo que lo hubiera
rechazado.
La película se rodó en 40 días, y con un
gasto bastante mínimo en efectos especiales, casi que los hicieron ellos
mismos. Los directores, The Daniels (los dos Daniels, Daniel
Kwan y Daniel Scheinert), aparecen en un breve cameo, y la película se rodó en
inglés y chino.
Tuvo 11 nominaciones al Oscar, y se
llevó siete estatuillas siendo la primera película de ciencia ficción en ganar
el Oscar a Mejor Película, y la tercera en la historia en ganar tres premios de
actuación en una misma edición.
A mí, cuando la vi hace tres años, me
gustó mucho, y no sé por qué no le hice la reseña en su momento. Esta segunda
vez, no me ha entusiasmado tanto, se me ha hecho un tanto pesada, y por eso le
voy a dar un escaso 6,5 de nota. Hace tres años, le hubiera dado un punto más…
Pero es lo que hay.











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