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domingo, 31 de diciembre de 2023

Las que no importan (Netflix, 2022)

 

“Las que no importan” (Netflix, 2022) ha sido mi primer contacto, que yo recuerde, con el cine taiwanés, y tengo que reconocer que la experiencia no ha sido mala, a pesar de que el tema que trata, y la manera de enfocarlo, está más trillado que un campo extremeño. Película recién llegada, por cierto, a la plataforma de Netflix España, aunque no está ente las más vistas.


Lo primero que tengo que decir es que la película no está doblada al español, y la he visto en su original chino mandarín, con subtítulos, porque mi chino ya no es el que solía ser hace cuarenta años… No, es broma, yo de chino, ni idea.


En la narrativa, en un primer lugar tenemos una serie de escenas cortas, casi fotogramas, de lo que podría ser la nueva película de “Saw”, para después viajar en el tiempo cinco días antes. Nuestra protagonista, la Inspectora Wu, valora volarse la cabeza en un descampado en un fin de año, un extraño plan para Nochevieja, cuando una chica que es aparentemente perseguida, directamente corretea con otros chicos, por el descampado se acerca a su coche en busca de ayuda, pero huye despavorida al verla con el arma en la mano. Wu decide posponer, momentáneamente, el tema de desparramarse la tarra, y al salir del coche pronto descubre el cadáver de una chica.


Dicho cadáver solo será el comienzo de una trama mucho peor, y la inspectora Wu que rememora continuamente la muerte de su prometido, deberá dejar de lado sus tendencias “chuichidas”, para involucrarse de lleno en el caso, por presiones de su jefe, y en compañía de una novata recién ingresada en el cuerpo de policía, que, por otro lado, anda mal de personal porque no acaban de sacar las oposiciones…


Más pronto que tarde, ambas se verán envueltas en una trama de trata de personas, migrantes que viven en las sombras y que son víctimas fáciles de cierto asesino en serie aficionado a la fotografía y a la cirugía práctica, de por medio.


“Las que no importan”, como decía al principio, no es una mala película. De hecho, es bastante entretenida, aunque previsible en muchas de sus partes, y peca de excesivo metraje, como viene siendo habitual en este tipo de películas, donde las subtramas son excusas para alargar una narrativa que no necesita mayores condimentos para hacer un buen caldo, y lo que consiguen a la postre es hacerlas tediosas, más de lo que deberían.


A su hora y cuarenta minutos de recorrido, le podemos quitar su media hora de rigor sin pestañear, y ganaría muchísimos puntos.


No destaca, igualmente, por su originalidad, pero es correcta en su ejecución y planteamiento y por ello se lleva su correspondiente 5 en la nota.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Down with the King (Netflix, 2021)

 

“Down with the King” (Netflix, 2021), es una película estadounidense que me he encontrado como “Recién llegada” a la plataforma Netflix España, y que me ha llamado la atención por no haber sido traducido su título, algo que no suele ser habitual en nuestro país, y por ser el título de una canción de los RUN DMC, grupo rapero del que tuve un vinilo durante los años noventa con idéntico título. Después, cuando comienzas a ver la película, entiendes el detalle.


En la narrativa: Un rapero que está pasando una crisis existencial, vital y de falta de inspiración, de tres pares de narices, se traslada a un ambiente rural, en mitad de un bosque de Massachusetts, para lograr encontrar la inspiración que parece habérsele ido, una nueva motivación, una musa musical que le dé un aire nuevo, mientras nota que algo está cambiando dentro de él.


La situación quizás no sea muy original, porque este tipo de reinicios o nuevos comienzos vitales, ya los hemos visto en otras películas… Un rapero en una casa alquilada en mitad de un bosque, un pingüino en mi ascensor o un tuareg de turismo por Nueva York es el choque de dos elementos que en teoría no deberían cuadrar, y se juega a ese descuadre durante toda la historia. El rollo es ese.


Y quizás, para pasar por dicha situación no hace falta ser famoso, rapero o los Rolling Stones, un reinicio como el de la película lo puede necesitar cualquiera, sin necesidad de muchas explicaciones, y el espectador puede encontrar cierta conexión o empatía en ese aspecto.


La hora y cuarenta minutos de película se me hacen excesivas en un metraje donde realmente no sucede nada interesante hasta quizás el final. El protagonista descuartiza cerdos con un granjero local setentero interesado por el rap, da paseos, caza mofetas y recibe visitas de amigos, familiares y allegados que no comparten su decisión por irse a inspirar en mitad de la nada, pero sin demasiados sustos más allá que beneficiarse a una chica local que conoce en la ferretería del pueblo. Por lo que llegas a la conclusión de que mi premisa de que a toda película le sobra media hora, aquí cobra más fuerza y razón de ser que nunca.


Le sobran secuencias del lugar, de la naturaleza, planos largos donde no pasa absolutamente nada más allá de la mirada bovina ante el entorno… Ya tenemos claro cuál es el escenario como para recrearse tanto, y al final concluyes que estamos ante otra cinta independiente más, que por mucho que se haya estrenado en no sé qué festivales internacionales de cine, con algún premio incluido, puede llegar a tener el poder de dormir a las moscas en vuelo, con algunas situaciones tan teatrales, que no llegar a ser creíbles, como el uso del insulto cada dos por tres para cualquier cosa o situación, por poneros otro ejemplo: Hay una escena en la que nuestro protagonista, enamorado del bucólico mundo rural, decide dejar vía Twitter su carrera musical, y su manager se presenta en la granja, discuten y el rapero le simula una pistola con dos dedos de la mano en las sienes… No sé, cosas por el estilo, diálogos de besugos, típicos, por cierto, del género, en las que uno comienza una frase casi repitiendo la última palabra que le ha dicho su interlocutor, en situaciones casi dadaístas.


El final te deja un tanto seco. El tipo descubre que su vida no le gusta, corta en pleno concierto, y se vuelve a su bucólica casa alquilada en mitad del bosque. Total, hay un momento en que le confiesa a su manager que es asquerosamente rico. Solo, rodeado de sus cosas, pero con el único interés de cazar una mofeta, que merodea la propiedad, para después dejarla libre en mitad de la naturaleza… Debe tener un significado profundo, muy profundo, pero no seré yo quien lo analice…


Esta es la clase de películas que dejo a vuestra entera elección. Yo no le doy más de un cuatro de nota. Si la llego a ver en pantalla grande, después de haberme gastado 20 euros en la entrada, el café, las palomitas (que son mis mortales enemigas), y el refresco, os garantizo que arde el cine hasta los cimientos.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Samurái de ojos azules (Primera Temporada. Netflix, 2023)

 


“Samurái de ojos azules” (Netflix, 2023) es una serie de animación estadounidense, estrenada el 3 de noviembre en España, y que, a pesar de haber pasado bastante desapercibida en mi opinión en nuestro país, creo que merece un visionado.


Su primera temporada consta de ocho episodios. El primero de ellos dura una hora, pero el resto ronda los cuarenta y cinco minutos de duración, y en su narrativa nos traslada al Japón del S.XVII, donde vemos cómo el país se ha cerrado por completo a la influencia occidental en todos los aspectos.



El comercio con el exterior se ha cortado, y se ha prohibido la presencia de occidentales en sus tierras. No se habla en un principio de nacionalidades, aunque más tarde si que se menciona a los británicos, y de hecho, uno de ellos es el Malo entre los Malos, y “Final Boss” a batir. Raro que no se nombre a los portugueses.


Dicha presencia británica en Japón ha dejado algunos descendientes, bebés de raza mixta, de rasgos definidos (como los ojos azules), que se consideran inferiores al resto de los seres humanos por parte de los japoneses. Se les considera impuros, despreciables y monstruosos.


Uno de esos niños es Mizu. Una niña que vivió una infancia de desprecio, cuya madre muere pronto, y que se cría con un herrero ciego, forjador de espadas para samuráis, al que conoce al caer un meteorito del cielo de que debe crearse una poderosa espada. Mizu, que intenta ocultar su identidad y verdadero sexo, y aparentar ser un hombre, un samurái, un hábil espadachín que busca venganza en su adultez, buscando y eliminando a los occidentales que tanto daño trajeron a su vida.


Pronto se le une un peculiar aprendiz, un escudero por así decirlo, Ringo, un joven bondadoso que deja a su padre y el oficio de cocinero, y al que le faltan las dos manos, para seguir ciegamente a Mizu y a su visión vengadora, aunque esta no esté de acuerdo con su presencia en un principio, algo muy típico y tópico por otra parte.


A lo largo de estos ocho capítulos, Mizu busca a Fowler, un despiadado inglés pelirrojo, que, oculto durante años en un castillo, planea acabar con el Shogunato con un levantamiento apoyado por armas occidentales, que clandestinamente ha introducido en el país, además de haber corrompido a varios cargos muy importantes y cercanos al propio Shogun.


De manera paralela, seguimos las vicisitudes de la princesa Akemi, criada en palacio entre algodones, que quiere cambiar su vida, poder elegir su propio destino, en una sociedad donde la mujer ocupa un cargo secundario, y que en la mayoría de las veces depende de las decisiones y voluntades masculinas. Y Taigen, su pretendiente, que de niño acosaba y hostigaba a Mizu, y que en la adultez se convierte en un amigo-enemigo.


“Samurái de ojos azules” es una serie con una muy buena animación. Una historia de venganza, en un escenario invernal en gran parte del metraje, no recomendada según Netflix para menores de 18 años, y donde el sexo, la desnudez, el gore y la propia violencia están al orden del día.


Como siempre repito cuando se trata de series, a todas les sobran tres episodios, y aquí no va a ser menos, tiene capítulos que ralentizan y mucho una serie que, de ser más dinámica, ganaría puntos. Aún así, yo destacaría cuatro por encima del resto, y que son dignos de mención.


Yo me quedo con el primero, a modo de introducción. El quinto, que narra la historia de Mizu, de su pasado, a través de un teatro de marionetas japonesas. El sexto, que contiene una versión japonesa del tema de Metallica, “For Whom the bell tolls”, del álbum “Ride the lightning”, que acompaña al asalto al castillo de nueve plantas de Fowler, y el octavo, donde se resuelve la temporada, aunque con un final que a mi personalmente no me ha gustado, pero que entiendo que sea así, pues deja claramente la puerta abierta a una segunda temporada, que, según foros y mentideros españoles, se estrenará en el primer trimestre de 2025… Que así sea y nosotros podamos verlo. De nota le doy un siete. ¿En serio? En serio.