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lunes, 13 de abril de 2020

El asesino de los caprichos (2019)



          “El asesino de los Caprichos” (2019) es un thriller policíaco, con Maribel Verdú y Aura Garrido como protagonistas. Una inspectora amargada, que le da al alcohol, al sexo y a los cigarros, con mal carácter, y una angelical subinspectora, madre, felizmente casada, y que le gusta más un karaoke que a un tonto un lápiz.

       Pronto, comienzan a aparecer cadáveres que recrean obras de arte, concretamente la serie de grabados goyescos, “Los Caprichos”, y las dos investigan en el mundillo del arte, mientras intentan que el dúo que conforman no se vaya a la mierda, ya que su relación no es demasiado buena.

         La película me ha parecido, salvando la actuación de las dos actrices principales, bastante soporífera y plana. Con una trama que llega a aburrir, y con escenas que son de campeonato, por insulsa y falta de ritmo, de garra… De todo. Ni el malo convence. No tenía por donde pillarla, y alguna subtrama sobra, o está resuelta de manera un tanto precipitada. No sé, la dejo a vuestra elección.

El hogar de los juguetes rotos (Viaje a Bizancio Ediciones, 2012) Lolita Aldea



        “El hogar de los juguetes rotos” (Viaje a Bizancio Ediciones, 2012) de Lolita Aldea, me viene con una mención que la califica como Obra ganadora del Certamen de Cómic del Programa Desencaja 2011 del Instituto Andaluz de la Juventud.

        Para mí, es una suerte poder leer, de vez en cuando, algo de los mangakas españoles, pues tengo más bien poco material en mis estanterías, de manga en general, pero menos de los de por aquí. Y es algo, que, poco a poco, intento arreglar comprando alguna que otra cosa que se me va cruzando.

        Este cómic la verdad es que tiene una historia sencilla, se lee en diez minutos, y dentro de su sencillez, radica precisamente su interés.  En la trama, tenemos a un joven maestro juguetero, Alan, que arregla juguetes rotos. La ruina asoma a su negocio, y una noche, los juguetes cobran vida, y lo llevan a su universo, donde lo reciben con alegría, pero también con el miedo a que el maestro juguetero de su mundo siga haciendo lo que hace, secuestrarlos y borrarles la memoria, una vez que estos son reparados.

        Buen colorido, viñetas grandes (que para los que tenemos una presbicia galopante, se agradece) y una historia de lo más amena. No está nada mal. Habrá que seguir leyendo cosas…

domingo, 12 de abril de 2020

The Mustang (2019)



        Lo malo de la película francesa “The Mustang” (2019), y empiezo por lo malo, es que no nos cuenta nada nuevo. La relación entre un hombre y un caballo. Quizás lo distinto sea el escenario, pero la trama es la misma. Siempre que pienso en películas de caballos, me vienen a la cabeza “El hombre que susurraba a los caballos” (1998), “Caballo de batalla” (2011) con la cual me harté de llorar en su día (lo sé, no era para tanto, muy pastelera, pero me pilló de aquella manera), u “Océano de Fuego” (2004), que es una película que siempre me ha parecido bastante rara, casi una distopia.

        Lo malo es, también, que a los cinco minutos sabes como se va a desarrollar la película, cual va a ser su narrativa, te adivinas sus subtramas facilonas y simples, y ya te hueles el final como unos cuarenta minutos antes. Por eso, a esta película le sobra media hora para contar lo mismo, y alargar narrativas que ya no dan más de sí, es una manía muy frecuente en los filmes de hoy en día...

        Lo bueno, el escenario. La realidad de la cinta, que es diaria en algunas cárceles de los Estados Unidos, donde se cazan cientos de caballos cimarrones, los llamados mustangs, para ser criados, domesticados y subastados por los propios presos, convictos que ven una alternativa mientras cumplen su condena. Ya que, a fecha de hoy, sigue habiendo miles de estos caballos salvajes sueltos por doquier, en algunos estados. Y, la evolución, cómo no, del protagonista, Roman, un preso violento y difícil, callado, que solo tiene relación, y no muy buena, con su joven hija embarazada, y cómo la relación con los caballos, a través de un programa especial, le ayuda, como os digo, a evolucionar, y a ir cambiando sus puntos de vista, y sus perspectivas.

        “The Mustang” sigue un esquema clásico: Presentación, nudo, desenredo y final que cierra el círculo. Que la hacen una película aceptable, pero previsible, sin mayores pretensiones.

U47. 5. A las puertas de Nueva York (Coeditum, 2019) Mark Jennison, Gerardo Balsa, Nicolas Caniaux



        “A las puertas de Nueva York” (Coeditum, 2019) de Mark Jennison (guión), Gerardo Balsa (dibujos) y Nicolas Caniaux (color) es el quinto título que me leo de las aventuras y desventuras imaginarias del submarino alemán U-47.

        Los Estados Unidos acaban de entrar en guerra, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, y los alemanes quieren dar un golpe, en la llamada Operación “Bombazo”, lo bastante fuerte, para que los americanos hinquen la rodilla en el Atlántico. Para ello, Donitz quiere enviar, al menos, a cuatro U-Boot a las costas americanas, pero hay un problema: No tienen cartas marítimas de dicha zona. Por ello, un agente en Nueva York busca a un antiguo marino, compañero de Donitz en la Marina Imperial, para que colabore.

        Mientras, en Francia, la Resistencia Francesa sigue recibiendo golpes por parte de la Gestapo, que sospecha que un convento de monjas puede albergar a un par de espías que siguen los movimientos de los U-Boote.
Hundimiento del mercante británico Putney Hill, por parte del U-203

        El cómic, como he comentado en anteriores ocasiones, con los números que ya me he leído, no está mal. Es entretenido, a pesar de que sabes que es pura fantasía, y no tiene nada de histórico, o poco, aunque eso ya lo avisan antes de comenzar a leerlo, y ocupa las cuarenta y ocho primeras páginas del volumen.


El Pedrinhas era un mercante brasileño. Pero como no llevaba la bandera enarbolada, el U-203 lo hundió con el Flak 88 de cubierta...



          Tras el cómic, viene la revista “Combat”, de Luc Braeuer, con más de cien fotografías de la época. En esta ocasión, se la dedica al U-203. Un submarino que tuvo una suerte dispar en su misión por hundir barcos mercantes por el Atlántico, y por el Caribe. Cuyo comandante, Rolf Mützelburg, tenía fama de ser uno de los mejores, y que perdió la vida tontamente, un día de baño y asueto al bordo del submarino.
Supervivientes del mercante americano Sam Houston, junto al U-203 que lo acaba de hundir. Uno de los supervivientes hace el saludo nazi, ya le vale. Fallecieron 4 de los 46 miembros de la tripulación, y el resto fue rescatado dos días más tarde, rodeados de tiburones en aguas del Caribe.

        Se nos narran las once misiones del U-203, con sus éxitos, fracasos, y nombres de comandantes, tripulaciones, aparte de las más de cien fotos que comento, en sus ochenta páginas. La última es de 1991, con los cinco o seis veteranos que quedaban del submarino alemán, en una comida. Es una historia interesante, ya que, desde que comencé a leer estos cómics, más la revista adjunta, he aprendido bastante sobre la temática. Lo recomiendo si te interesa la Segunda Guerra Mundial, o los U-Boote…

sábado, 11 de abril de 2020

The Wonderland (2019)



        El cine de animación es uno de los favoritos, y quizás no sea demasiado atrevido decir que es el mejor del mundo. Studio Ghibli dejó el listón muy alto, con Miyazaki a la cabeza. Ahora, una nueva hornada de directores y guionistas se ponen a la cabeza en diversas producciones, pero, da la sensación, que, ya no nos llegan tan buenas historias como las de antes.

       Con “The Wonderland” (2019), me ha pasado exactamente eso. He bostezado, y me he llegado a aburrir con una película que tiene un curioso planteamiento ecologista, pero cuyos personajes y tramas no han llegado a mí, y lo he intentado, pero hay una mezcla de elementos recurrentes, vistos ya en otras cintas, que, más allá del colorido y del intento de asombrar, no llega.

       En la narrativa, tenemos a Akane. Una chica japonesa que carece de confianza. Vive con su madre y con un gato gordo. Un día antes de su cumpleaños, su madre le manda que vaya a la tienda de curiosidades de su tía Chii, a por su propio regalo de cumpleaños, algo que irrita a Akane, ya que su tía le cae mal, y ve mal recoger su propio regalo.

       Estando allí (donde por cierto, hay un muñeco de Shin Chan, haciéndose un guiño el director, Keiichi Hara, a sí mismo, ya que él ha firmado alguna película del amigo Shinnosuke Nohara), un tipo con apariencia de mago decimonónico, con chistera, gafas y bigote, aparece del sótano de la tienda, acompañado por un pequeño duende de pelo rosa. Se presentan como el alquimista Hippocrates, y su discípulo Pipo.

       Después del infarto inicial, Hippocrates le comenta a Akane que ella es la Diosa del Viento Verde. Una deidad que puede salvar a su mundo del apocalipsis que se le avecina, ya que se está quedando sin colores, y donde hay un príncipe que necesita su ayuda…

       Tras esto, se trasladan, tía y sobrina, al mundo de los visitantes, donde todo es muy diferente… Y a partir de aquí, las escenas y acontecimientos comienzan a aburrir, como os decía, al espectador, hasta límites insospechados, y sus casi dos horas se convierten en baldosa, ya que todo te recuerda al “País de las Maravillas” en una versión edulcorada y falta de enganche, de fuerza, hasta el idílico final, que remonta, remonta… Y se acaba.

Berlín. Ciudad de Luz. Libro tres (Astiberri, 2018) Jason Lutes



        Con “Berlín. Ciudad de Luz” (Astiberri, 2018) de Jason Lutes, llego al final de mi viaje, tras pasar por “Ciudad de piedras” y “Ciudad de humo”. Ha sido un recorrido que me ha dejado un sabor, ciertamente, agridulce.

       “Ciudad de Luz” cierra un ciclo de veintidós años de trabajo, que condensa cinco años de la historia de Berlín, quizás los cinco años más estremecedores de su convulsa historia, ya que, por las páginas de Lutes, a través de sus viñetas, la hemos visto caer, poco a poco, en al abismo de la radicalidad política, desde 1928, hasta este 1933 que cierra nuestra Historia.

       El periodista Kurt Severing anda depresivo por las calles. No habla con nadie. No quiere saber nada sobre nada. Las investigaciones de los asesinatos del Primero de Mayo de 1929, aquellas cargas policiales, y la radicalización de los berlineses, le han sumido en un pozo interior. Su relación con Martha es esporádica, ya que esta, parece sentirse más seguro en brazos de otra mujer, Anne, que esconde su feminidad tras una fachada masculina.

        La propia Martha está confundida, no es la misma persona que llegó desde Colonia, para estudiar Arte hace cinco años. No, todo ha cambiado. Los nazis persiguen a los habitantes de la noche, clausuran locales, con ayuda policial.

         Los pocos judíos que son conscientes de lo que se les viene encima, optan por huir de Berlín, inteligentemente. Ven en Estados Unidos, una nueva oportunidad, de comenzar de cero, de seguir viviendo libres. Su estrategia de pasar desapercibidos no ha funcionado, y son hostigados, maltratados y perseguidos. Sus negocios sufren pedradas, ataques, y la incomprensión de una gente que cada vez los apoya menos. La policía es cómplice de todos esos desacatos.

       La juventud se radicaliza. Hay que elegir bando, y los jóvenes apoyan a unos o a otros, enfrentándose en las empedradas calles. La tragedia se masca en el aire. Hitler se desplaza a Berlín, y su encuentro con Hinderburg, es el punto de inflexión para que todo se precipite.

        El tercer, y último tomo de “Berlín” cierra los círculos. No hay rastro de los “Cocoa Kids”, aquellos músicos de Jazz que quisieron buscarse la vida en Berlín. Quizás, esta ya no era su historia. El dibujo, más maduro de Lutes, se resume en menos viñetas de las que acostumbraba en los dos primeros libros. Los silencios siguen siendo brutales, los pensamientos de los personajes nos guían, una vez más, por la trama. A veces, es mejor no decir nada. Ha sido una historia muy bella, triste, pero original. Lutes no se ha basado en los grandes hechos, los grandes personajes políticos. Ha seguido el camino de unos pocos berlineses de la calle, y ha sido fantástico: Piedras, humo y luz.

viernes, 10 de abril de 2020

The Huntress: Rune of Dead (2019)



        La sombra de la serie “Vikingos” es alargada, muy alargada. Y a la sombra de dicha serie, en los últimos diez años, han surgido un sinfín de películas de dudosa calidad e interés.

        “The Huntress: Rune of Dead” (2019) es una película sueca, de terror psicológico según se anuncia (ejem, ejem), que se une a la estela de películas vikingas. Estamos en Suecia, a comienzos del S. IX, y un vikingo (Joar), cuya familia es muy pobre (la caza y la pesca escasean), se ha sumado a una incursión hace dos años, dejando en su bosque escandinavo, a su padre ciego, a su mujer malhumorada y a sus hijas, donde destaca Runa (Rona o Rula, a veces, no lo entendía bien), arquera y con sueños un tanto premonitorios.

        Un buen día, aparece un guerrero vikingo herido, con un escudo de tablet de esos que venden en Leroy Merlín por cinco leuros, en el bosque. A pesar de que la madre no lo quiere ayudar, Runa se lo lleva a casa, como el que se encuentra a un gato abandonado. Lo curan, y este resulta que es un compañero de incursión de Joar, que les da noticias de la incursión vikinga, y el saqueo a una antigua tumba que profanan.

        Cuando regresa Joar, viene más raro que un perro verde. Habla poco, y está distante, como si lo hubiera perdido todo jugando a las tragaperras. Lo primero que hacen, es echar al guerrero, aunque de buenos modos, ya que el tipo parecía buena gente. Y con su marcha, las cosas comienzan a torcerse para la familia, ya que unos zombies espectrales invaden el bosque, en busca del tesoro saqueado…

        Durante la hora y cuarenta y cinco minutos que dura la película, ciertamente, en casi toda ella, no ocurre nada relevante o destacable. El sopor llega a ser manifiesto, y solo durante los últimos veinte minutos se despierta algo de interés. El terror ni aparece, ni se lo espera. Y toda la trama es una excusa para contar algo, que podría resumirse en una hora perfectamente. La dejo a vuestra elección, pero yo he bostezado en varias ocasiones.

Berlín. Ciudad de Humo. Libro dos (Astiberri, 2010) Jason Lutes



        Berlín, y Alemania entera, con su República de Weimar, huelen a fatalidad. El Primero de Mayo de 1929 acabó con cargas, heridos y fallecidos. Dejó a huérfanos en la calle, y la polaridad política de los alemanes, se hace cada vez más extrema, como si la situación les obligara a tomar posiciones para un conflicto, que aun no ha estallado, pero que se huele inevitable, mientras que el periodista Kurt Severing y la estudiante de arte, Martha Müller, se ven envueltos en toda esa vorágine que antecede a la destrucción. Eso es lo que transmite “Berlín. Ciudad de piedras

       La misma atmósfera, quizás más asfixiante, es la que se respira en “Berlín. Ciudad de humo” (Astiberri, 2010), cuando el grupo estadounidense de Jazz, los “Cocoa Kids” aterrizan en Berlín para buscarse la vida, llevando los ritmos que triunfan en Estados Unidos, a una Alemania reticente, que desconfía de su música, y de su color de piel. Es el verano de 1929.

        La relación de Kurt Severing con Martha se enfría. Martha encuentra el amor en brazos de otra mujer, y su madre le informa que su padre ha perdido casi todos sus bienes por algo que ha pasado en la Bolsa de Nueva York. Kurt sigue investigando las muertes del Primero de Mayo, y se encuentra cada vez más perdido, más triste con la situación política del país. Stresemann fallece en octubre, parece que todo se desmorona. Mientras, el Partido NacionalSocialista, va adquiriendo poder. En las calles, se pegan con los comunistas, y en las urnas arrasan.
El fallecimiento de Stresemann, Premio Nobel de la Paz, marcará un antes y un después...


        La noche es el único consuelo para algunos de los personajes: Sexo, Jazz y alcohol. Silvia, cuya madre fue asesinada por la policía en la manifestación del Primero de Mayo, va venciendo sus miedos hacia los judíos. Estos, a su vez, se recluyen en sus negocios y casas, huyendo de los gentiles. Se consideran alemanes, pero la política alemana no les interesa, lo cual comienza a atisbarse como un craso error, que lamentaran tarde o temprano.


        El segundo volumen de la trilogía “Berlín” de Jason Lutes, nos lleva a los años en el que Hitler y sus acólitos van tomando poder, y apuntalando el ataúd para la República de Weimar. Pocos se dan cuenta de los que se les viene encima. Se recogen muy bien la sociedad, desde diversos puntos de vista. Es una trilogía, desde luego, de lo más recomendable, y aún me falta un último tomo…

jueves, 9 de abril de 2020

Seberg: Más allá del cine (2019)


         La conocida actriz francesa, Jean Seberg, llega a Los Ángeles, huyendo del tumultuoso Mayo del 68, que parece gustar a su marido. En el avión, conoce a Hakim Jamal, destacado activista y miembro de Los Panteras Negras, que luchan por los derechos civiles y sociales de los negros.

          Seberg enseguida se interesa por dicho movimiento, y con ello, despierta el interés del Gobierno de los Estados Unidos por ese interés. Para ello, el agente del FBI, técnico de sonido, Jack Solomon, es encargado de pinchar los teléfonos de Seberg, poner micrófonos en su casa e investigar al máximo posible la relación de Jamal con la actriz francesa.

        Esta investigación, y las consecuencias de la misma, pasan factura a los dos. Seberg entra en depresión poco a poco, y Jamal es desacreditado por el FBI que usa toda su maquinaria para ello.

        “Seberg: Más allá del cine” (2019) no está mal, pero llega a hacerse lenta, bastante lenta, ya que la trama principal carece de la suficiente fuerza, y a los treinta minutos te dices: Bueno, pues creo que ya poco me tienen que contar. Y es una pena, porque el trasfondo es interesante: La Guerra del Vietnam, los Derechos Civiles de los Negros, la convulsa e hipócrita sociedad estadounidense de finales de los sesenta y principios de los setenta… Pero, no sé, le falta algo, y le sobran treinta minutos para contar lo mismo.