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sábado, 27 de agosto de 2016

La punta del iceberg


        Tres suicidios en una sucursal o sede de una importante empresa llaman la atención a los directivos de la Central. Dicha sede va genial, tienen un superávit interesante y, a pesar de tener la mitad de personal, trabajan a destajo en el Proyecto Iceberg.


          Sofía Cuevas (Maribel Verdú) es la encargada, por parte de la Central, para investigar los suicidios. Se dedica a los Balances, pero la meten a detective, a dedo, por conocer precisamente esa sede. Desde que llega, pronto se da cuenta que los empleados están sometidos a una presión increíble, en un ambiente laboral insoportable, deshumanizado, competitivo, opresivo, con envidias y mentiras de por medio…

          La película, al parecer, está basado en unos hechos reales acaecidos en Francia, y francamente, está bien hilada, bien narrada y bien estructurada. Engancha con facilidad al espectador por, quizás, su teatralidad (entendida en cuanto al desarrollo de los personajes). Los actores, brillan cada uno de ellos con luz propia, pero solo por ver a Maribel Verdú y Carmelo Gómez, en mi opinión, ya merece la pena.


          P.D: Guiño a “Tiempos Modernos” de Chaplin. Me encantó el detalle.

jueves, 25 de agosto de 2016

Asesinos.



       Corea. Años 30, concretamente 1933. Japón tiene invadida la península coreana y bastante parte de China en su afán imperialista. Un grupo de independentistas luchan contra el ejército nipón utilizando tácticas de guerrilla. El espionaje, el contraespionaje y la traición están al orden del día.

       Un grupo de guerrilleros, encarcelados, pueden equilibrar la balanza. Pero, para ello, deberán salir de sus prisiones y aceptar una misión suicida. Parecida a una película de Tarantino, con tiros por un tubo y explosiones, sin faltar la sangre. “Asesinos” es una película que peca de ser excesivamente larga, dos horas y pico, pero que merece la pena ver. Bastante trepidante, narrativamente sencilla a rabiar, cuenta una buena historia, de esas épicas y suicidas, tan al gusto oriental. Una ficción entretenida. Recomendable.

        P.D: A ratos me recordó a “Los doce del patíbulo”, aunque aquí la protagonista es una atractiva francotiradora.



miércoles, 24 de agosto de 2016

El niño y la bestia.



        En el mundo de las bestias va a haber una sucesión. Su líder, el Venerable, llega al final de sus días y tiene pensado en reencarnarse en un dios, en una cafetera o en una cigüeña, no lo tiene muy claro. Uno de los pretendientes para acceder al trono de las bestias es un guerrero llamado Kumatetsu. Kumatetsu tiene un problema, y es que para optar a dicho liderazgo, debe tener un aprendiz. Como en el mundo de las bestias nadie quiere ser su aprendiz, decide ir al mundo de los humanos, donde un niño escapado de casa, le seguirá a su mundo. Bautizado como Kyuta (en realidad se llama Ren) por Kumatetsu, poco a poco, hará amistad con su maestro que es más bestia que un carromato de estiércol.

        Kumatetsu no es un maestro cualquiera, más bien también necesita que le enseñen un par de cosas, bruto y descuidado, pero con un gran corazón, pronto se dará cuenta que su relación con el niño trasciende sus propias enseñanzas. El rollo “Karate Kid” está bastante presente, pero sin el pulir y dar cera.

        La película, entretenida, toca algunos temas bastante interesantes: El compromiso, la amistad, el afán de superación, la educación, el perdón, el aprendizaje mutuo, el amor… Y no viene de la factoría Ghibli. No es Ghibli todo lo que reluce.

sábado, 20 de agosto de 2016

El regalo.


(Aquí "usus" traigo un regalo bien bonito)

        “El regalo”, típica película de esas que estuvo muy de moda hace unos años, en las cuales, una pareja feliz y bien asentada, sufre un buen día la irrupción en sus vidas de un extraño, antiguo conocido del instituto del chico-marido, que es todo un hombre de éxito. En un principio este extraño va de buen rollo con ellos. Ji ji ji, ja ja ja, que guapa es tu mujer, que bien te lo has montado todos estos años desde el instituto truhan, ¿Y para cuando los nenes macho?, y todas esas cosas que se dicen en torno a una mesa, con vinos mediante, en una casa con jardín de las que firmaría Le Corbusier o Mies Van der Rohe, modernista con su jardín y su perro de atrezo.
(Míralos, tan felices, "usus" vais a enterar...)

       Pero claro, el extraño empieza a cambiar, a ser más pesado que una vaca en brazos, a tener el mismo comportamiento que un Terminator en un pasillo de veinte metros. Y aquí es cuando vienen los sustos, muchos de ellos metidos con calzador. Vete de nuestras vidas. Te voy a matar. ¿Qué quieres de nosotros? No seas malo ni raro. Tú mujer no tiene salero duchándose, etc. Lo normal, vamos.
(Entre la presbicia y el Ribera del Guadiana, no veo un carajo)

     La película aun así, a pesar de que te crees que es un topicazo más, guarda un par de sorpresas en el guion, y por eso merece la pena verla. No es todo lo que reluce, y hay cosas que tienen un por qué, como en casi todas las cosas de la vida…




     Del uno al diez, yo le daría un 6. La recomiendo porque el malo, que además es feo como él solo, le da un aire a mi persona. Por fin, me parezco a un actor. 

Celtiberia Show.






         De Celtiberia Show guardaba yo, hasta la fecha, tres o cuatro recuerdos brumosos, y todos relacionados con la Educación. Me explico: La primera vez que tuve conocimiento de este librito fue en Octavo de EGB. Sería por el año 1986-87 más o menos. Un compañero de clase se lo llevó a la escuela, y a carcajadas, leía algunos anuncios y anécdotas que, a algunos hacía gracia, y otros directamente no entendían.
 (Ilustración de un libro escolar. 1967)

        Al par de años, cursando yo el Bachillerato (el antiguo BUP que tantos sufridores del actual sistema educativo echamos de menos), otro susodicho se trajo un ejemplar que compartió con un par de interesados en los recreos. Este era un tipo curioso que gustaba de hacer siempre la misma broma, tiraba pesetas rubias por el pasillo justo cuando el alumnado iba a entrar en las aulas, y se meaba de la risa, aunque nunca percibí que dichos lanzamientos tuvieran efecto entre los compañeros de estudio.

        El caso es que hace unos meses, volví a ver un ejemplar de Celtiberia Show en una librería. Y me dije que esta era la mía. Se me presentó clara la idea de poder disfrutar el disparate peninsular, en toda una serie de recopilaciones curiosas, tontas y locas, de una España que ya no existe, a través de anécdotas o anuncios de periódicos de los sesenta y setenta. Todas las que están relacionadas con la Santa Iglesia Católica no tienen desperdicio.

       Recopiladas de mano del desaparecido Luis Carandell, que fue un comentarista político y periodista, de lo mejor que tuvo este país en el S.XX, y al que se le echa mucho en falta (igual que al antiguo Bachillerato), Celtiberia Show hace un repaso por toda esa España (y Portugal también participa con un par de cositas) casposa y rancia, que tiene mucho de España Negra y de pintoresco en cuanto a que, hoy en día, afortunadamente, todo esto nos hace gracia y nos parece raro.
 (A Unamuno no se le perdonó nunca la trifulca con Astray)


Os dejo un par de fotos de ejemplo. Para que disfrutéis de los Celtíberos
(Pongo la opinión del Clero sobre Galdos. La de Pío Baroja mejor que no la ponga, lo ponen bonito...)

viernes, 19 de agosto de 2016

Lazarillo de Tormes. 451 Editores.

        De la editorial 451 editores, cayó en mis manos hace unos meses, este curioso ejemplar del “Lazarillo de Tormes”, rehecho, reescrito y reinventado. Varios autores se propusieron hacer, más o menos, lo que en Marvel eran los “What if…?”, que viene a ser un “…Y si…?” basados en este texto clásico e inmortal del S.XVI.

        Ellos mismos se preguntan en la contraportada del libro: ¿Quién enseñó a leer a Lázaro?, ¿Besó a alguna joven?, ¿Cómo se quedó ciego el ciego?... Bueno, pues todas estas preguntas, y más, se plantean y se responden en dicho libro. Interesante.


       P.D: Lo adquirí por la mitad de la mitad, de la mitad… De lo que está marcado. 

jueves, 18 de agosto de 2016

El cuento de la princesa Kaguya.


        …Otra obrita maestra del cine de animación japonés. Es un buen comienzo, ¿Verdad?, pero es así como lo veo. Isao Takahata lo ha vuelto a hacer, a pesar de que la sombra de Hayao Miyazaki es bien larga, ya me sorprendió y me hizo llorar como una magdalena con “La tumba de las luciérnagas” y con esta película que os presento en esta entrada, “El cuento de la princesa Kaguya”, vuelve a demostrar que es un tipo sublime. Casi todo lo que viene de Studio Ghibli me encanta, por regla general. Kaguya, por cierto, significa “Luz brillante”.


         La historia está basada en un cuento tradicional japonés, del S.IX nada más y nada menos. Un cortador de bambú encuentra una pequeña criatura en el brote de un bambú. Esta criatura, a una velocidad pasmosa, se transforma en un bebé y rápidamente en una hermosa joven, que sus padres adoptivos llevan a la capital para que reciba una educación, con el fin de casarla con algún noble.

       La chica, bautizada como La Princesa Kaguya, despierta pronto la admiración por su belleza de, no solo los nobles, si no del propio emperador, pero ella no está interesada en ningún hombre, ni los regalos que le hacen (cosa que a su padre de adopción sí parece interesarle). Y eso que en la puerta de su casa se hacen unas colas similares a las del Bernabéu, para verla y para agasajarla. ¿Similares al estreno de una obra de teatro?: No, no… Similares a las del Bernabéu.  Para quitarse moscones de encima, Kaguya les pide misiones imposibles, como por ejemplo, que logren que dejen de emitir “Sálvame”, o que los políticos españoles no roben… Como es lógico, estas misiones no pueden satisfacerse por lo difícil de las mismas. Por rechazar, rechaza hasta al mismísimo emperador. Un buen día, Kaguya asegura que proviene de la luna, y quiere volver a ella, como buena selenita. Lo más normal del mundo.

       Con un dibujo sencillo y que huye de barroquismos o de fondos demasiado superfluos y que, a ratos recuerda una acuarela, y otras tantas veces son trazos rápidos, casi esbozos al carboncillo, la película es, francamente, una delicia en todos los sentidos. Melancólica, onírica, poética, tierna y deslumbrante, es una gran película de animación, a rabiar vamos. La música es perfecta, brillante (de un tal Joe Hisaishi que se sale).



P.D: Tiene un porrón de premios que paso de andar citando. Muy merecidos.

La lectura de las ruinas. David B.



        Lo reconozco. Hasta hace apenas tres meses, quizás un poco menos, creo recordar, no había leído nada de David B. Y, sin embargo, ya veis. En este blog ya hemos leído y escrito algunas cosas sobre este autor francés tan especial, y yo he adquirido algunas de sus obras.

        En “La lectura de las ruinas” nos encontramos en plena Primera Guerra Mundial. Es 1917, y a Jan Van Meer, un holandés, experto folklorista y agente de los servicios secretos aliados (concretamente del francés), se le encarga una misión, en principio sencilla, que se le va a complicar por momentos. Deberá buscar al ingeniero e inventor Hellequin, creador del cañón de sueños, los alambres vampiros, las bombas silenciosas o los hombres de fécula, y maestro en la lectura de las ruinas… Lo malo es que los alemanes también lo quieren, y la búsqueda y persecución de Hellequin se convertirá en un reguero de sangre.


        Con ese dibujo tan característico al que ya me tiene acostumbrado, de un expresionismo puro, que tanto me recuerda al grupo alemán “El Puente” y sus xilografías. En este álbum se mezcla el surrealismo, con el futurismo y su relación con la máquina destructora, con los inventos… Todo en un mundo fantástico y onírico, irreal, que engancha precisamente por esa relación palpable con los sueños. Es un cómic, como todos los de David B. de lo más recomendable.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Altamira. La película.


(Ostras, nos han graffiteado media cueva)

        Con la película de “Altamira” tengo que reconocer que me acerqué a ella acojonado. Después de estar un año entero oyendo en la radio lo mala que era, y leer alguna crítica de algunos sesudos críticos de cine, donde no se escapaba ni el apuntador, intentar ni siquiera verla un rato era todo un reto para mí.
(¿Hay alguien en casa?

        Pero pudo más la curiosidad que las amenazas cinematográficas, y esta semana ha caído. ¿Qué puedo decir? Bueno, que la cosa no es para tanto. Empezando porque a mí me da igual que el tal Marcelino Sanz de Sautuola fuera tatarabuelo de Botín (desaparecido magnate, millonario y banquero del Santander), del Conserje del propio Banco Santander o de toda la Directiva de la entidad bancaria, algo, al parecer muy importante para la crítica cinematográfica. O que dicho banco pusiera el dinero, para la producción, algo que también levanta el colon irritable a más de uno, pero cuando se trata de tirar de dinero público para rodar auténticas bazofias, ahí no entramos... Yo me he basado en mi crítica, en la propia película en sí, que creo que es lo que se debe hacer, huyendo del polvo que cubre la tele en ese momento.
(Qué verde era mi valle...)

        A lo hecho: La película no es para tirar cohetes. Eso está claro. Antonio Banderas debe olvidar algunos gestos heredados de El Zorro, y que sigue repitiendo, yo creo que ya inconscientemente, pero no hace mal papel (había oído absolutamente de todo). El tema tampoco da para más, eso se tendría que reconocer, o por lo menos para más de lo que ya se intenta aquí. El enfrentamiento Ciencia-Fe, religión contra científicos (en este caso arqueólogos) es interesante. El peso de la Iglesia Católica se refleja muy bien en la película, a mi parecer. Ese oscurantismo tan chulo que encanta a más de uno. Si Darwin hubiera nacido español, lo hubieran quemado fijo. Rupert Everett, irreconocible, calvete, y con la mala sangre que aquí se precisa. Tristán Ulloa, de mi admirado abate Henri Breuil, del que tanto leí en la carrera (junto a André Leroi-Gourhan).

        La niña de Don Marcelino, repelente como ella solita. La España, idealizada, ojalá se hubieran dado debates tan encendidos entonces, y más ahora, que estamos mucho más necesitados. El descubrimiento de las pinturas paleolíticas, el revuelo montado, la opinión de la Iglesia al respecto… Me quedo con eso para salvar la película, y me sobra. No está tan mal, se puede ver.

martes, 16 de agosto de 2016

La guerra del gabacho.1808-1814. Francisco Núñez Roldán.



         Francisco Núñez Roldán ha sido para mí todo un descubrimiento. Su libro “La guerra del gabacho”. 1808-1814, llegó a mí por casualidad y por un par de leuros. Lo he tenido un mes encima de la mesa, pero esta semana me puse con él y no paraba de leer. Me ha encantado su manera de contar la historia, igual que la contaría un viejo profesor de Historia, de esos que están a punto de jubilarse, o incluso un abuelete versado en la materia.

         Con un lenguaje sencillo, ameno y lleno de anécdotas propias y ajenas, me ha llegado a recordar a Eslava Galán, del que toma alguna fotografía para ilustrar su libro, aunque sin alcanzar la picardía y garbo de Eslava.

          “La guerra del gabacho”, editado en 2008, creo que escrito un año antes, aprovechando el tirón del bicentenario de las invasiones napoleónicas peninsulares, nos hace un sórdido y veraz retrato de cómo era la España (y Portugal) de la época. Ahorrándose los clichés, los barroquismos y las medias verdades. Desde como vivían los civiles, hasta las tropas, los errores tácticos, los grupos sociales, las guerrillas… Todo desde un prisma moderno y sencillo, huyendo de aburridos academicismos y terminologías que suelen perder y hacer dormitar al lector medio.


            Es un libro, sin duda, de lo más recomendable, aderezado con una buena bibliografía, que se lee casi casi de un tirón, y con el que uno siempre va a prender algo que seguramente desconocía, de nuestra Guerra de Independencia.

viernes, 12 de agosto de 2016

El cordel (y otros cuentos). Guy de Maupassant




        La vida del escrito francés Guy de Maupassant (1850-1893) fue, a todas luces, bastante insípida, hasta que un día, este buen hombre, comenzó a escribir. Era hijo de padres divorciados, y fue educado bajo la mirada de su madre que lo marcará de por vida. Su madre era íntima amiga de Gustave Flaubert (incluso se decía que este era su padre natural, con su verdadero padre se llevaba a matar). Se crio en Normandía, trabajó junto a Flaubert y con Émile Zola, pero sin querer vincularse a ninguna escuela o corriente literaria, prefería no tener ataduras de ningún tipo. Funcionario de varios ministerios, era un tipo misógino, bastante pesimista, enemigo acérrimo del matrimonio y, al parecer, bastante adicto al sexo (pero no al amor).



         Para el libro colectivo que preparaba Zola, “Las veladas de Médan”, publicó un pequeño cuento “Bola de sebo”, (que en este librito que os presento no viene, por cierto), que lo va a catapultar al estrellato literario.  Eso sucedió en 1880, y desde entonces comenzará a publicar libros de cuentos, de los más variopintos, junto a algunas novelas, obras de teatro, de viajes, artículos periodísticos y algunos libros de poesía. Se hizo bastante rico para la época, compró propiedades, se volvió un misántropo, y se hizo un remero respetado, pero siempre huyó de todo tipo de relaciones sociales, aunque se solía juntar con gente de reputación más bien dudosa. Incluso renunció a La Legión de Honor.

        Sus problemas psicológicos (“Miedos y pánicos heredados”), junto a una continua migraña, le hicieron meterse en el mundo de las drogas (al parecer, sobre todo, cocaína) que aceleraron sus síntomas de demencia, sus problemas nerviosos y que hicieron que intentara suicidarse con un abrecartas, al menos, en una ocasión. Murió, recluido, en un centro psiquiátrico.

         El librito que os presento (“El cordel” y otros cuentos) es un pequeño recopilatorio de este autor tan interesante. Son relatos cortos, directos y sencillos, sin nada de barroquismo, que vienen a reflejar muy bien, por una parte, la realidad de la época que le tocó vivir, y por otro lado la capacidad de Guy para conectar con el lector, a través del guiño, del cuento con moraleja, y más aún con la psicología humana. Más humano que otra cosa. Altamente recomendable.



miércoles, 10 de agosto de 2016

Érase una vez en Francia. Fabien Nury, Sylvain Vallée







“Érase una vez en Francia” es una fantástica trilogía basada en la vida de Joseph Joanovici. Ya desde el primer volumen nos avisan de la utilización de personajes reales, que se entremezclan con personajes ficticios en esta impresionante historia que tiene muchos tintes de “El Padrino”, entre otras cosas. La vida de Joseph fue de todo, menos aburrida. Judío rumano emigrado a Francia, desde muy pequeño comenzó a trabajar como chatarrero. Muy pronto se encuentra con que tiene uno de los mayores imperios en la compra-venta de metal de Europa, y la Segunda Guerra Mundial está a la vuelta…

De la mano de Fabien Nury, en el guion, y con el maravilloso dibujo de Sylvain Vallée, rabiosamente realista, veremos al joven Joseph huir de las tropas zaristas y de sus ataques a los pueblos judíos (los llamados pogramos que llevaron a los soldados de Nicolás II a acabar con familias enteras). Instalado en París, y casado con una amiga de la infancia, pronto se pone a trabajar para un tío de su mujer. Analfabeto, no sabía ni leer ni escribir, Joseph demuestra un olfato genuino para los negocios que harán que escale, poco a poco, y que sea muy conocido en el mundillo del metal.

 Su relación con la fiel Lucie, su secretaria, que es un personaje tremendo, impresionante, con su mujer y sus hijas, las traiciones de sus socios y los negocios a dos bandas, con la Resistencia y con los nazis (tenía un carnet de la Gestapo, y era judío) hacen de Joseph un puro interrogante: ¿Fue un héroe o un traidor a Francia?


“Érase una vez en Francia” es auténtico género negro. Un episodio negro en la historia del país vecino. Disfrutable gracias a una historia trepidante y a un dibujo atractivo (a mí, a veces, me recordaba a Tardi). Con esta trilogía, Francia vuelve a demostrar que está a la cabeza del cómic europeo. Muy, muy, pero que muy recomendable.


martes, 9 de agosto de 2016

Gloria Fuertes



      Google se acordó de ella el pasado mes de julio, con un Doodle en su página de inicio, donde con aquella profunda voz salía contando a un grupo de niños un cuento. Una poeta como la copa de un pino. Madrileña de los pies a la cabeza, Gloria Fuertes sabía leer y escribir con tres años, y ya con cinco escribía cuentos y ella mismo los ilustraba. De padres modestos, ya a los catorce escribía poemas que leía en Radio España con quince. Nacida en 1917, le tocó vivir la crueldad y el sinsentido de la Guerra Civil, de la que salió reforzada con un profundo antibelicismo. En la década de los cincuenta, se unió al Postismo poético, con su marca humorística. Utilizó el humor para describir y desgranar la realidad que le rodeaba, que nos rodeaba. Su poesía era, y es, pura vitalidad.


         Escritora, ilustradora, poeta… Se mete primero en el mundo de las revistas infantiles, y pronto da el salto, sin abandonar la literatura infantil, a la poesía adulta a través de la revista Arquero que dirigió durante cuatro años, y donde coincidió con Antonio Gala o Rafael Mir. Profesora en Estados Unidos en los sesenta. En los setenta colaboró e hizo las letras de cabecera de aquellos maravillosos programas infantiles que yo me tragaba: Un Globo, Dos Globos, Tres Globos y La Cometa Blanca, entre otros.



           Y esos son mis recuerdos de ella, siempre cerca de los niños, leyendo, recitando, despertando sonrisas y brillos en los ojos. Siempre eterna Gloria Fuertes. Es una lástima que los niños de posteriores generaciones se hayan perdido tu presencia y tu manera de ser. Imprescindible.

lunes, 8 de agosto de 2016

La Revolución Rusa. Sheila Fitzpatrick



         Poco más de una semanita me he tirado con este librito, de poco más de doscientas páginas, sobre La Revolución Rusa. “La Revolución Rusa”, viene firmado por Sheila Fitzpatrick, que es toda una experta sobre el tema. Esta venerable señora, de setenta y cinco años, ha dedicado su vida al estudio del proceso de Creación de Unión Soviética, así como a su posterior desarrollo, dedicando muchos de sus libros al estudio de la vida de Stalin y de otros dirigentes del Partido Comunista, así como a la vida durante dicho periodo de la historia. Sheila Fitzpatrick es australiana de nacimiento, doctora en Historia desde hace casi cincuenta años, y con media vida dando tumbos entre Reino Unido y Estados Unidos, y algún premio internacional a las espaldas.
(Cafelito mediante)

        Pero a lo que vamos, “La Revolución Rusa” es un librito que vio la luz, en su primera edición, en 1994. Poco después de la caída de la URSS. La apertura de archivos por parte de Rusia, permitió a la autora mejorar algún capítulo del libro, sobretodo el sexto y último titulado “Finalizar la Revolución”.
(Sheila Fitzpatrick)

        El libro, está dividido, como digo, en seis capítulos: El escenario, 1917 (Las revoluciones de febrero y octubre), la guerra civil, el NEP y el futuro de la revolución, la revolución de Stalin y Finalizar la revolución. Es un libro claro, conciso, clarito, fácil de leer. Creo que está dirigido a un público con unos mínimos conocimientos sobre los hechos y la época que trata. Y se centra, exclusivamente, en la revolución a nivel rusa, sin meterse en lo que aconteció a las demás repúblicas que conformaban la URSS. Se centra, por decirlo de alguna manera, en el corazón del momento histórico.


       No deja de ser interesante, y puede ser una buena referencia si estas interesado en el tema. Lo remata, finalmente, con una gran cantidad de notas supletorias a momentos, fechas y hechos y con una completísima biografía. Mi edición es argentina, de 2008.


sábado, 6 de agosto de 2016

Ahora, Sin Gluten

    
(Esta es parte de mi primera compra Sin Gluten. A la vejez, celiaco, lo que me faltaba)

    La verdad es que no estoy llevando un buen verano en cuanto al sistema digestivo se refiere. Llevo justos diez años con problemas estomacales. Los dos o tres que quedan por aquí, desde que comencé el blog, más o  menos por esa fecha, lo recordarán.

      Aparte de contar las historias de mí amado, y ya desaparecido, Michel IV de Gato, que pocos ya conocen (y es una pena, porque eran muy amenas y divertidas, y está mal que yo lo diga), siempre me quejaba del Colón Irritable. Micho I de Gato, no te pongas celoso.

       En las Oposiciones de 2006, verano caluroso como este, empecé a sufrir los primeros efectos. Retortijones, gases, diarreas, malestar, tripa como la de una embarazada de nueve meses, y algún dolor esporádico en el lado derecho del abdomen… Había veces que no me entraba nada dentro del estómago antes de las once de la mañana. Y de beber cerveza a destajo, a no poder ni olerla. Después de varias visitas, con analíticas y alguna prueba de heces por medio (creo recordar) mi médico llegó a la conclusión de que era C.Irritable, debido a la somatización de la Oposición. Así, tal cual. Y así fueron pasando los años, y yo seguí trabajando, viviendo, y sufriendo esa “somatización” que me hacía ir a la consulta médica para nada. Para que me pusieran las manos en el abdomen y me dijeran: Estas pasando una mala época en tu vida y eso te afecta a las tripas. O mejor aún: Eres hipocondriaco perdido (en mi ficha médica así se asegura, de hecho, porque un médico privado me lo confesó en su día). Dietas blandas, pastillas, Tai Chi, Tiro con Arco, yo qué sé la de cosas que habré hecho para intentar sentirme mejor…

       Pendiente de una rectosismoscopia aún, de la cual no tengo cita (llevo un mes y medio esperando). Este verano he tenido momentos en los que, directamente, pensaba que me iba para el otro barrio. Después de diez años, y con todos los análisis y pruebas negativos,  una médico me recomienda que actúe como un celiaco, y que directamente, pruebe durante un mes a hacer la Dieta Sin Gluten (nunca me ha dado positivo ninguna prueba relacionada con la celiaquía ni con la intolerancia a la lactosa). Y, con la desesperación del que ya no tiene nada que perder, llevo tres días y ciento veinte euros gastados en diversos productos de alimentación. Esto va a ser caro.

        Lo primero que he hecho ha sido meterme en internet. Para mi sorpresa, he descubierto empresas que tienen bastante productos (casi todos muy repetitivos), que te los mandan incluso a casa (lo malo son los gastos de envío). De chiripa me he encontrado con una web (quebox) que me ha parecido interesante: Te mandan una caja de productos sin gluten y sin lactosa, bimensualmente, por veinte leuros. Me he dado de alta inmediatamente.

Consulté Carrefour y Mercadona y he visto que tienen bastante variedad, todo muy caro, pero hay para elegir. Lidl apenas tiene cuatro cosas, una pena. Y DIA, he consultado directamente, y tampoco es que tengan mucho, pero prometen ir trayendo.

        Como ya estoy muy harto de pruebas, y tengo muy claro que el sistema digestivo será lo que me lleve a la tumba, mucho más pronto que tarde, lo tengo asumido, no me cuesta realizar esta dieta del mes Sin Gluten. Como la cosa siga igual, habrá que fastidiarse, y no será cosa del Gluten… Como de aquí a un mes esté mejor (algo que sinceramente dudo), lo ideal sería decirle cuatro cosas a la cara de algunos médicos que me han tratado estos últimos diez años…

        En fin, ya os iré contando, contadores de estrellas, a los cuatro que quedáis por aquí…


jueves, 4 de agosto de 2016

Un monstruo en mi puerta





        “Un monstruo en mi puerta”, (originalmente se llama “Una chica en mi puerta”, pero en España han cambiado chica por monstruo), película surcoreana que llegó hasta mi con buenas referencias y críticas.


         Como no suelo ver mucho cine asiático, aparte de mucho Anime y mucho Manga, pues me decidí a verla. La historia gira en torno a una joven comisario, que es enviada desde Seúl, a un pueblito costero donde apenas hay jóvenes, o al menos no muchos. Desde que llega, Lee Young-nam, la policía, conoce a una joven que la intriga mucho. Se trata de Dohee. La muchacha es maltratada por sus compañeros de clase y por su padrastro, un tipo bastante desagradable, alcohólico (y que se gasta unas camisas hawaianas bastante horteras) y que maltrata a los trabajadores inmigrantes del pueblo, bajo la mirada absorta de una abuela adicta a las motos y a la bebida, con una lengua viperina, y que le daría miedo a cualquier personaje de Street Fighter.

          Ante este hermoso panorama, que le ofrece el bucólico pueblo anclado en el pasotismo total, Young-nam, que tiene la simpatía de una vara de avellano y la sociabilidad de un pokemon en un Registro Civil, opta por dar cobijo a la chica en su propia casa. Al principio la relación entre las dos es un tanto rara. La chica no es que hable mucho, a ratos parece que se ha escapado de una película japonesa de terror (es comprensible, con la vida que le dan el padrastro y la abuela motorizada), pero pronto Dohee suelta lengua y no para de hablar y a ratos se le va la pinza…


           Y hasta aquí os voy a contar, que no se trata de destrozaros la película con spoilers. Merece la pena, en mi opinión, aunque solo sea por conocer a la abuela alcohólica motorizada y ver los litros de vodka que se bebe el personal.

El héroe de Berlín


           “El héroe de Berlín” (Race) es una película basada en parte de la vida de Jesse Owens, el Campeón Olímpico de Atletismo, que ganó cuatro medallas de oro en los Juegos de Berlín 1936.
 (Imagen real de la entrega de medallas)

             Había leído críticas feroces hacia la película, pero creo que es un film sin grandes pretensiones, que cuenta o resume muy bien esa parte de Owens, sin meterse en mayores fregados, que – en mi opinión – tampoco es que sean necesarios. Una película que no arriesga más allá, muestra las cosas más o menos como la memoria colectiva cree que fue. Por internet circulan miles de versiones de que Hitler no le quiso dar la mano a Owens por ser negro, que lo saludó de lejos, que si le mandó una foto dedicada… En fin, nunca lo sabremos, pero ¿Qué nos importa viniendo de Hitler? En su país fue denostado, insultado, vejado… Hasta incluso después de volver como el Campeón que era, se le ofreció un triste empleo como bedel en la Universidad de Ohio. Vergonzoso. En la película también se ven muy bien los tejemanejes políticos del Comité Olímpico norteamericano. Y el papel cinematográfico, sin ir mucho más allá, de la famosa cineasta Leni Riefenstahl. Y de la amistad de Owens con el atleta alemán Luz Long.

         Una película amena, a mi parecer, entretenida y recomendable.




          P.D: Hay una escena curiosa en la película, y es que, cuando los atletas llegan por primera ver al Estadio Olímpico, se ve ondear una serie de banderas internacionales. Una de las que ondea, erróneamente, es la actual bandera española. España fue el único país en boicotear los Juegos berlineses, y por lo tanto, no estuvo presente en dichos Juegos. Era 1936, y la tricolor era la bandera oficial de la República de España.

martes, 2 de agosto de 2016

Una vida en China. El tiempo del dinero


           “El tiempo del dinero” es la tercera, y última parte, de “Una vida en China”. Li Kunwu y P.Ôtié nos llevan a la China de los ochenta (hasta 2010). Ya ha pasado la Revolución Cultural, y el Partido y el país comienzan a relajarse. Aparece la propiedad privada, una burguesía avariciosa, ávida de dinero y poder, una élite de funcionarios corruptos y la decadencia moral del pueblo chino.



         Li es el periodista dibujante del Yunnan Ribao, acaba de casarse con la hija de un antiguo amigo de su padre, y nos muestra como el país se encamina a ser una futura superpotencia comercial por un lado, pero por otro, se encuentra perdido en una crisis de identidad.


         Con este volumen se cierra esta trilogía, “Una vida en China” es una lectura casi obligatoria. Muy recomendable.

domingo, 31 de julio de 2016

Una vida en China. El tiempo del Partido



     “El tiempo del Partido” es la segunda parte de la trilogía “Una vida en China”, de Li Kunwu y P.Ôtié. La fascinante vida de Li comienza en este segundo volumen justo donde acaba el primero, la muerte del venerado Gran Timonel, Mao Zedong, que a pesar de llevar a su pueblo a una gran hambruna, donde murieron millones (El Gran Salto y La Revolución Cultural), es deificado por su hipnotizado pueblo a extremos donde no sabes si reírte o llorar.

      Li Kunwu, con diecisiete años ingresa en el ejército, allí intenta por todos los medios meter cabeza en el Partido Comunista Chino, al que solo realmente pertenece el 2% de la población. Veremos como su padre vuelve a casa después de diez años en un campo de trabajos forzados, también llamado de reeducación, por una denuncia sin fundamento por parte de un simpático vecino. La aparición de un hermanastro y el trabajo de su hermana dentro del Partido. Tras ofrecerse voluntario para llevar una pequeña granja, Li ingresará, por fin, en su amado Partido gracias a lo que mejor se le da hacer: Dibujar.

(Li Kunwu)

          Con un dibujo sencillo, monocromático, en este volumen veremos la ascensión de Deng Xiaoping, y volveremos a disfrutar con las contradicciones de un gigante social y económico, pero perdido políticamente. Que ustedes lo disfruten, porque merece la pena.

sábado, 30 de julio de 2016

Una vida en China. El tiempo del padre



        "Una vida en China", es una trilogía, publicada en España por Astiberri, y que de la mano de Li Kunwu y P.Ôtié, nos trae la vida de un chico chino (el propio Li, que nació en 1955), que a través de su infantil mirada, nos revela la revolución china de la segunda mitad del S.XX (desde 1950, con la llegada de Mao al poder).

         La historia comienza con sus propios padres. Cómo se conocieron. Su padre, ejecutivo y comisario del Partido que acabará con el tiempo en un campo de reeducación acusado de falsos crímenes y faltas contra el Partido. Su madre, hija de padres campesinos, obrera al servicio de la gloriosa revolución de Mao.

         El Gran Salto Adelante y la hambruna que conllevó, con pueblos enteros muertos de inanición mientras el Partido les habla de superproducciones agrícolas. La Revolución Cultural y su sinsentido. Traiciones, canciones revolucionarias, envidias, denuncias, consignas... Que hicieron que los chinos, en apenas una generación, modificaran todo el panorama del país, no ya político, sino económico y social. )Si el Partido te decía que tenías que matar gorriones, pues a matarlos, para mayor honor de Mao).

         "Una vida en China" es una historia terrible. Una historia desconocida para la inmensa mayoría de los occidentales, y me atrevo a decir que para la actual generación de chinos. Es una historia sobre el ser humano, la sociedad, su voluble mentalidad y el hipnotismo de todo un país de millones de personas, una historia impresionante e imprescindible, fascinante al estar contada en primera persona.

         Este primer volumen, "El tiempo del padre", cuenta estos primeros años de Li, hasta su ingreso en el ejército, con diecisiete años.

          Li, miembro del Partido Comunista Chino, y con treinta años de experiencia en el mundo del cómic y de la propaganda de Estado, nos revela un retrato feroz, sin fisuras, fuera de toda duda. En un riguroso blanco y negro, con un dibujo sencillo, casi expresionista... Esta autobiografía, más que recomendable, es de obligada lectura.