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martes, 8 de abril de 2025

El Horror de Dunwich (Planeta Cómic, 2024-2025) Lovecraft, Gou Tanabe

 

        Si tuviera que nombrar uno de mis autores favoritos de terror clásico, uno de ellos sería sin duda alguna, el estadounidense Howard Phillips Lovecraft, que fue un tipo que logró crear todo un universo fantástico de seres diabólicos, inconcebibles para la mente humana, que ya desde bien pequeño, en mi temprana adolescencia, consiguió despertar mi imaginación de una manera brutal.

        Los libros de terror, y de Ciencia Ficción de Lovecraft eran para mí una maravilla, una literatura barroca, recargada en adjetivos, que lejos de echarme para atrás, me invitaba a seguir leyendo… No se ahorraba detalles a la hora de describir seres sobrenaturales, horrores cósmicos, atávicos y oscuros (cómo él mismo diría), arcanos e inmemoriales que venían de otros mundos o dimensiones al nuestro, a Providence, a Salem o al Estado de Massachussets directamente.


        De Lovecraft se podría hablar y escribir largo y tendido, pero no es esa mi intención, si no la de hablaros de una fantástica adaptación al cómic, al manga, de una de sus obras más icónicas: “El Horror de Dunwich”, en tres tomos y de la mano del mangaka Gou Tanabe…

        Gou Tanabe se propuso, allá por 2004, adaptar al manga las obras de Lovecraft, y aunque es cierto que esta es la primera vez que adquiero y leo una de sus obras, conozco al menos una media docena de adaptaciones que en España ha ido publicando Planeta Cómic en unos tomos fabulosos de tapa dura, bien presentados y cuidados que desde luego te van a gustar mucho si compartes la afición por el autor de Providence y el manga.


        “El Horror de Dunwich” es un libro que me leí hace cuarenta años, y al que he vuelto de vez en cuando, y que atesoro en mis estanterías, o en algún lugar perdido de ellas, y que está dentro de los libros relacionados con el Mito de Cthulhu y los horrores cósmicos, los dioses abominables y ancestrales que creó Lovecraft, y que darían mucho juego en sus relatos posteriores, cosiéndose muy bien con otros relatos que publicaba en la revista “Weird Tales”.

        Lovecraft lo ideó como un relato corto en 1928, y se publicó en 1929, siendo el pueblo imaginario de Dunwich, en el Estado de Massachussets, el centro de una historia de terror que curiosamente solo se ha llevado una vez al cine.


                En la narrativa del cómic, que a grandes rasgos la he encontrado una gran adaptación, nos lleva hasta este pueblito, bastante endogámico, donde nace un niño muy especial, que las veces que me he leído el libro, y sabiendo la vida del propio Lovecraft, me ha recordado a algunas cosas de su niñez.

        Wilbur Whateley es hijo de una mujer, Lavinia Whateley, que vive con su padre en una granja cercana a un bosque, apartados del resto de habitantes de un pueblo que se muere poco a poco. El padre de Wilbur es un auténtico misterio, y su abuelo, el “Viejo Whateley” pronto introduce al nene en el arte de aprender lenguas muertas, hechicería y magia negra.


        Wilbur crece con rapidez, aprende a hablar desde bien pequeño, es enemigo de los firulais, sale con su madre en pelotas por la noche y lee con avidez. Tiene una extensa biblioteca de libros antiguos, que ha ido acumulando el abuelo, y entre ellos, un ejemplar del Necronomicón, al que le faltan algunas páginas, algo que desde bien temprano le va a obsesionar, ya que quiere poseer, o al menos leer, un ejemplar entero del mismo.

        En la granja Whateley comienzan a suceder cosas extrañas, ganado mutilado o desaparecido, que hace que el abuelo compre más ganado, y que comience a ampliar partes de la casa familiar, que tiene todas las ventanas tapiadas.


        Pronto, el joven Wilbur contacta con el bibliotecario de la ficticia Universidad de Miskatonic, el doctor Henry Armitage, que está en la ciudad de Arkham, interesado en leer el Necronomicón (las partes que le falta a su ejemplar). El doctor siente curiosidad por el interés del joven y se desplaza hasta Dunwich, descubriendo que es un agujero de mucho cuidado, pero el doctor, sorprendido por el hedor de la casa, por las características de Wilbur y la propia familia, le contesta que le dejará leerlo si es él el que se traslada hasta la Universidad.

        El abuelo muere y a Wilbur le importa un comino, pero antes de cascarla, le dice que “Requiere más espacio y comida”, refiriéndose a un ser ancestral, abominable, que hay en la casa y que no para de crecer, y que es el hermano dimensional de Wilbur, hijo del dios Yog-Sothoth. Por otra parte, su madre, Lavinia, desaparece.


        Wilbur sigue ampliando la casa, y un día se presenta amenazante en la biblioteca de la Universidad con la intención de hacerse con el volumen del Necronomicón que hay allí, en busca de un hechizo que le abra las puertas dimensionales a su papi, Yog-Sothoth, con la intención de que este abominable dios reestructure todo el planeta de arriba abajo, a su manera.

Ante la negativa del bibliotecario, que, además, pone sobre aviso a otros colegas del gremio, Wilbur se cuela de noche en la biblioteca, siendo finiquitado por los firulais guardianes de la biblioteca. Toda buena biblioteca, tiene unos buenos perros guardianes.


El cuerpo de Wilbur, amorfo e inhumano, se disuelve ante las miradas espantadas de Armitage, y sus colegas Morgan y Rice, que se desplazan hasta Dunwich después de los sucesos, ya que la cosa que retenían en la granja comienza a hacer de las suyas en Dunwich, se unen a los parroquianos locales para intentar parar la espiral de muerte y destrucción del hermano gemelo de Wilbur… Lo sé, lo he resumido mucho, pero es que prefiero que lo leáis vosotros, tanto el libro, como los cómics.

        En definitiva: Tres cómics fantásticos, organizados en 17 capítulos, en los que Gou Tanabe ha logrado una adaptación fiel del clásico que está cerca de cumplir los cien años, “El Horror de Dunwich” de Lovecraft. Poco más puedo añadir, solamente recomendaros su lectura fehacientemente, y que compartáis conmigo vuestra opinión sobre el libro, los cómics… Lo que queráis. ¿Su precio? Los tres os saldrán por unos 37 euros más o menos.

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domingo, 6 de abril de 2025

Una película de Minecraft (2025)

 

         Tener nenes en casa conlleva que tengas que ver alguna película dirigida para ellos de vez en cuando. Afortunadamente no ha sido la última de “Blancanieves”, si no “Minecraft”, que también es mala, pero no la considero tan mala como la película protagonizada por Rachel Zegler.

        La hora era las cuatro de la tarde, después de comer, hora siestera, y de hecho me he llegado a dormir un rato (al parecer, porque me despertaron) durante la proyección.


        La sala, a la mitad, todos éramos padres/madres con nenes, familias enteras, y los nenes no paraban de dar botes de alegría en los primeros compases de la película, mientras uno se santigua ya desde el primer minuto, y llega a pensar que Jack Black es una especie de friki todoterreno que no sé cómo lo hace, pero consigue estar en todas las producciones relacionadas con juegos, videojuegos o el rollo friki de turno. Es Bowser en la película de Super Mario Bros, salía en Jumanji, en Borderlands, en Kung Fu Panda, en The Mandalorian… Y si puede, te mete algo de rock, aunque sea de pasada, lo cual es de agradecer, aunque ya sea anacrónico en este final de cuarto de siglo donde los nenes te preguntan qué es el rock, o el heavy metal…

        Antes que nada, tengo que reconocer que no conozco mucho del Universo Minecraft. Me pilla muy mayor, y yo siempre he sido más de las arcades antiguas, de las recreativas como Captain Commando, Cadillacs y Dinosaurios, Street Fighter y juegos por el estilo que hace cuarenta años lo petaban…


        Entiendo que Minecraft es un juego muy creativo, con el que la nena que tengo en casa se ha tirado horas y horas, sobre todo durante la pandemia, y que es muy bueno para fomentar su imaginación. Yo he visto hacer casas, gallineros, torres, luchar contra esqueletos y escuchar a los aldeanos decir: Jummmm, o algo parecido. A lo que si jugué en su día fue al Minecraft Dungeons, que lo compramos en 2020 y me tiré media pandemia enganchado a él, aunque no me lo he llegado a pasar ni por asomo. Demasiados miles de monstruos por eliminar.

        Hay que reconocer que Mojang, los estudios creadores de Minecraft lo han petado con el juego que creo que ya ha cumplido quince años, y que tiene diferentes versiones, modos de juego y un mercadeo brutal de camisetas, llaveros, muñecos y miles de fans por todo el mundo.


        Por eso, la llegada de la película Minecraft era esperable. Lo que no esperaba es que fuese tan mala en su narrativa, por lo menos para mis ojos de Boomer, aunque los críos del cine la han disfrutado mucho y la han llegado a aplaudir al final, y también reconozco haberme reído con alguna escena y algún guiño, como os decía antes, al rock y al heavy metal, algo también esperable con Jack Black por medio, que le sale la vena “Escuela del Rock” a la superficie y no es capaz de evitarlo, y más si tienes de compañero de reparto a un Jason Momoa en plan heavy ochentero, cuadrado, barbudo y peludo, y vestido con una chaqueta de flecos rosa. Todo un ser en extinción, como las recreativas que os comentaba antes, y bastante absurdo en su concepción, como tendero de una tienda de videojuegos antigua, muy al estilo de los videoclubs que lo petaban hace algunas décadas, y campeón del 89 de un videojuego que no es más que una excusa, ya que sus supuestas habilidades de gamer no la vamos a ver realmente en la película, ni siquiera en su modo lucha, cuando le toca, que es en un par de ocasiones. Suele cobrar más que dar. A mí, como me va el rollo heavy y rock, me ha gustado la referencia, pero los nenes no lo han entendido, seguramente.

        Rodada en Nueva Zelanda, por un equipo que ya había trabajado en anteriores películas y producciones (incluso los actores), con un presupuesto de 150 millones de dólares y con una recaudación de 60 millones solamente el primer fin de semana de su estreno a nivel mundial, Minecraft tiene un guiño al youtuber Technoblade, fallecido en 2022, y que era un auténtico crack del juego (sale un cerdito con corona, y dicen “Es una leyenda”)…


Aunque su narrativa, la narrativa de Minecraft, no tiene demasiado sentido en mi opinión, siendo una mezcolanza de muchas cosas a la vez que por mucho que se intente, no pega bien en la pantalla, y a veces, cuando estaba despierto, me parecía que todo era una excusa que se desarrollaba en torno a un histriónico Steve, el personaje interpretado por Jack Black, que intenta focalizar todas las miradas en sí, y del que se nota que es un fan del juego, eso seguro.

Y tras una hora y cuarenta minutos de metraje, llegas a la conclusión de que sobran prácticamente el resto de los actores. Jack Black, Steve, podría haber hecho la película él solo, y quizás en compañía de una tal Alex que solo se presenta en una escena post-créditos, al estilo de los finales de Sonic que van presentando nuevos personajes.


        Vamos al lio: Una pareja de hermanos, Henry y Natalie, llega a una ciudad perdida del Medio Oeste americano. Han perdido a su madre hace relativamente poco, y Natalie, que aparentemente acaba de salir de la adolescencia, se echa la manta a la cabeza para comenzar una nueva vida y hacerse cargo de su hermano. Al padre no lo nombran, y no sabemos nada al respecto. En la peculiar ciudad, donde todos son muy raros, destacan Garrett Garrison (Jason Momoa), heavy y antiguo campeón de un videojuego de lucha del 89, algo que es completamente irrelevante, y Dawn, una tipa que hace de todo y que es la primera persona que conocen los chicos al llegar a su nueva casa.

        Previamente, Steve (Jack Black) un tipo de la ciudad obsesionado por las minas desde pequeño que desapareció 20 años atrás, más o menos, llega a la Superficie (Minecraft) después de haber picado en una mina que hay a las afueras de la ciudad durante 20 minutos. Encuentra unos cubos de Rubik que une y voilá, en Minecraft con lobos, ovejas rosas y abejas del tamaño de un F-5, y tras algunas aventuras acaba en mano de la Reina de los Piglin, que son unos cerdos-orcos que quieren los orbes para conquistar el mundo.


        En una subtrama, uno de los aldeanos viene al mundo real y protagoniza un par de escenas románticas delirantes, sin decir más que “Juummm”, y nuestros protagonistas acaban en Minecraft después de que Garrett se haga con los cubos en la subasta de un trastero (aquí hubiera estado bien algún cameo de algún habitual de los programas, como Mary Padian, Dave Hester o Darrell Sheets).

El resto, ya os lo podéis imaginar, ya que la película es predecible y previsible como ella sola, con 5 personajes con sus 5 arcos argumentales en vez de 2 (que es lo que debería haber sido), pero con unos efectos especiales requetebuenos, muchos guiños al juego, y un final que deja abierta una nueva película, que hoy por hoy, no sabremos si saldrá…


Nota: Un 4. El ordenador no salva una película, que, a pesar de que esté dirigida para niños, no se los toma en serio, y ellos son los más exigentes. Los personajes femeninos, por cierto, está ahí de pasada. Una película con dos personajes, más fiel al juego, lo hubiera petado.

sábado, 5 de abril de 2025

Efectos Secundarios (2025)

 


Hace un par de meses, algunos de vosotros me hablasteis, y algunos me pedisteis, que hiciera una reseña de la serie de animación “Efectos Secundarios”, una serie de animación, que, curiosamente, ha pasado tristemente desapercibida para la inmensa mayoría del público, hasta donde sé, al menos en España.

        Durante el mes de marzo, he tenido la oportunidad de verme los diez episodios (de unos veinte minutos cada capítulo) de su temporada única, aunque hay una segunda temporada en marcha, que según dicen algunos mentideros cinematográficos españoles, se estrenaría a finales de 2026, y hasta que no la he visto entera y la he digerido, no he querido ponerme a opinar sobre ella. Y digo bien lo de digerir porque “Efectos Secundarios” es la típica serie que muchos sectores económicos de la sociedad no querrían que vieras. Es una serie que puede llegar a incomodar y crear cierta inquietud, pero creo que ese es su objetivo desde el principio y lo consigue con creces, con unos toques muy buenos de humor, cierto realismo mágico y… de condimento, hongos azules peruanos.


        Mucha gente desgrana una serie desde el primer episodio, desde los primeros veinte minutos del primer episodio… Pero yo, la verdad, no soy capaz de juzgar una serie, una película, un cómic o un libro, sin haberlo concluido entero… Serán cosas de Boomers, digo yo.

        De entrada, os puedo decir… Os puedo asegurar… Que creo que es una de las mejores series que he visto, independientemente que sea de animación, o no, en mucho tiempo, y que creo que es una de esas series casi imprescindibles para los tiempos que corren, que parece que pasan desapercibidas para el público en general, pero que, desde luego, son de las marcan y dan que hablar…


        “Efectos Secundarios” toca varios palos, y abre varios melones sociales, dialécticos, filosóficos, que son muy interesantes a tener en cuenta. Es una serie dirigida a un público adulto que pueda hacerse determinadas preguntas sobre la salud, nuestra salud, sobre quienes manejan los hilos de las farmacéuticas, de qué manera, con qué fines, que te podrás imaginar que son meramente económicos y que realmente la gente les suele importar una ñorda pinchada en un palo.

        En la narrativa tenemos a Marshall y Frances. Marshall es el típico hippie que viste una camisa abierta y lleva un sombrerito. Va siempre con el torso medio desnudo por ahí, es tripón, barbudo y ha pasado un tiempo en la selva peruana, donde ha descubierto cierto hongo azul que es capaz de curar enfermedades como el Alzhéimer, e incluso regresarte de la muerte en un último momento.


        Traer el hongo, y su tortuga Sócrates, a Estados Unidos casi le cuesta la vida, pero cree en un objetivo alto, noble y altruista, como es llevar la cura de todas las enfermedades a cualquier hijo de vecino, y pronto se van a cruzar en su camino las farmacéuticas estadounidenses, que, por supuesto, tienen y quieren impedir que Marshall se salga con la suya, junto al propio gobierno estadounidense.

        Un encuentro fortuito con una antigua compañera, Frances, le cambiará la vida, o mejor dicho, a ambos, ya que Frances, que trabaja para una farmacéutica en horas bajas, algo que le oculta a Marshall desde un principio, vive una vida anodina con una pareja al que no quiere, una madre con alzhéimer y un voraz jefe que quiere sobrevivir como sea al destino al que se enfrenta la empresa.


        A partir de esa premisa, tenemos diez episodios que te enganchan desde el principio hasta el final, donde vamos a ir viendo como Marshall es traicionado prácticamente por todos, con grandes dosis de drama, sátira, acción y un humor muy característico, al igual que el dibujo de los personajes, que son cabezones, a mi me han recordado mucho a los cabezudos que veían en los desfiles y cabalgatas cuando era pequeño hace 40 años, y donde no puede faltar el Italo-disco alemán, y el surrealismo de las alucinaciones provocadas por los hongos, un tanto Dalí, un tanto Miró, un tanto Magritte…

        Los secundarios que presenta la narrativa también son de lujo, como una pareja de agentes del FBI. Él, negro heterosexual, ella blanca lesbiana, que plantean también una curiosa relación de amistad profesional, y no pueden faltar los hippies traicioneros y falsos, o los tipos del Medio Oeste Americano que adoran las armas y que no son muy inteligentes.


        Tiene sus altibajos, sus giros argumentales increíbles, pero repito, querrás ver todos los episodios, y no pararás hasta verlos todos hasta el final.

En definitiva: Una serie que quizás no te cuente nada que no sepas, o que ya sospecharas, pero que es tan interesante y didáctica (creo que se puede usar esa palabra, didáctica), que no me extraña que haya renovado para otra temporada.

        Es una auténtica bofetada en todos los sentidos, y a mi me ha encantado. De nota le doy un 7,5, y creo que no exagero, de verdad… Echadle un vistazo.

miércoles, 2 de abril de 2025

Solitude (2023)

 

       El cine islandés no suele estar entre las películas que más suelo visionar, pero por recomendación, me he visto una película islandesa de 2023 cuyo título es “Solitude”, y que también podéis encontrar en algunas webs españolas como “Einvera”. En realidad, es una coproducción islandesa, eslovaca y francesa… Lo sé, es como tirar tres dados y que los tres saquen un seis, pero es lo que hay.

        Más allá de su hora y diez minutos de duración, lo que más me ha llamado la atención de esta Opera Prima de la directora Ninna Palma, es que consigue darle una vuelta de tuerca a una historia que ya hemos visto mil veces en el cine, como es la relación entre un niño y un completo desconocido que llega a su vida, un adulto, ya abuelete, que viene como de otro mundo, en esta ocasión del gélido mundo rural islandés, y que se pasea por la ciudad como lo haría un marciano por el Centro de Badajoz… Bueno, a lo mejor la comparación no es muy buena, porque podría pasar perfectamente inadvertido, pero creo que vosotros entendéis lo que quiero decir.

 

        Una especie de Paco Martínez Soria, con gorra verde de la Caja Rural en vez de boina, barba y pelos de once meses, muchísimo dinero en el banco, tanto como soledad en el alma y recuerdos de mejores tiempos en la cabeza, que esperando el tiempo de descuento… Le llega un amigo de diez años a su vida.

        En la narrativa tenemos a Gunnar, un viejo granjero solitario que vive en medio de la más absoluta nada, con la única compañía de su caballo. El gobierno islandés le advierte que, por la construcción de una presa y central hidroeléctrica, sus tierras y su casa se van a inundar. Él se resiste a abandonar el terruño, pero ya obligado y con una indemnización de 150 millones de coronas en el bolsillo (poco más un millón de leuros al cambio actual), se ve mudándose a la ciudad, a Reikiavik), donde paga una casa al contado y espera no sabe bien el qué.


Carente de televisor y aficionado a la radio, ajeno a internet, desconocedor de lo que es una pizza, el personaje de Gunnar es un poco raro de creer por mucho campo que te hayas tragado en tu vida, y cae un tanto en el convencionalismo en ese aspecto.

Grandote, barbudo, solitario, coincide con el arquetipo de personaje buena gente, pero más solo que la una.


        Nada más llegar al barrio, conoce a Ari, un nene pelirrojo de diez años que reparte periódicos. Ari, hijo único, está igualmente solo. Tiene unos padres que delegan bastante el uno en el otro a la hora de cuidarlo, y no es precisamente una familia modelo que esté pendiente del chaval, que, a pesar de todo no se les ha torcido.

        Ari pronto se ve atraído por ese viejo barbudo, Gunnar, que parece venido del espacio exterior. Gunnar muestra desde el principio un choque cultural que no me creo en pleno S.XXI, un siglo demasiado globalizado para llegar a creértelo.


Habla poco, escucha mucho, y le gusta jugar al ajedrez con él, por lo que el chaval comienza a pasar más tiempo con este abuelo encontrado, y ambos suplen así sus soledades, comiendo pizzas, viendo programas en la tele recién comprada para sordomudos y siguiendo las noticias referentes a un afgano que ha entrado ilegalmente en el país que va a ser expatriado por el malvado gobierno islandés, que no lo acepta como refugiado en su gélida isla.

        En esta subtrama, Gunnar saca 50 millones del banco, medio alelado, para donarlo a la causa del afgano, un poco sin saber bien qué hace, para satisfacer a Ali, cuyo deseo es ayudar al afgano y que está dispuesto a sacrificar los pocos ahorros que tiene en la hucha para ello.


        El ritmo tranquilo y sosegado de la película acaba en los últimos veinte minutos, cuando ya crees que no va a pasar realmente nada interesante, más allá de la creación de la amistad entre el nene y el abuelete.

        Un día, hay un malentendido en casa de Gunnar, y es que el nene comienza a quedarse a dormir, y al venir a recogerlo la mamá que confía plenamente en Gunnar, que va hasta a los partidos de fútbol de Ari, se encuentra en calzoncillos al nene en el sofá montándose tremenda bola en la cabeza.

        Al interrogar a Ari en casa, esta monta más bola al no aclarar bien la situación, por lo que el padre va a casa a amenazar y golpear a Gunnar, y la relación de amistad se rompe, y Gunnar intenta volver allá donde fue feliz, con metro y medio de agua mediante.


        En definitiva: “Solitude”, película enemiga de la presunción de inocencia, “Solitude” pasaría sin pena ni gloria si no fuera por los últimos veinte minutos de metraje que presenta este conflicto, malentendido, y cuyo final no cierra bien. Nos plantea un “What if…?” (en español, un ¿Qué pasaría si…?) bastante embustero sobre lo que Gunnar, que irremediablemente vuelve a su casa en la ciudad, se encontraría si se volviera a acercar a la familia a hacer las paces. Algo que no pega en el carácter melancólico del personaje que se nos ha presentado durante toda la película. Deja muchas dudas en el aire.

        “Solitude” invita a la reflexión en este aspecto, aunque no es original en ello, ya que ya hemos visto temáticas parecidas en otras películas, pero no deja de ser algo a tener en cuenta.

        De nota, le voy a dar un 6. Y os recomiendo su visionado, me gustaría saber vuestra opinión sobre la trama y el personaje de Gunnar, que, por cierto, está muy bien interpretado. Lo dejo aquí.