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viernes, 6 de enero de 2017

La mascota del regimiento. John Ford



        “La mascota del regimiento” (1937) es de las películas menos comprometidas, socialmente hablando, de las que he visto de Ford. No desmerece como película de entretenimiento, pero desde luego, está lejos de “Las uvas de la ira” o de “¡Qué verde era mi valle!”.

       Ford añade alguna crítica, sutil, al imperialismo británico (o eso me parece), pero aún no había llegado al nivel que llegaría más tarde. Una curiosidad de la película en DVD es que la cinta sufrió, durante el franquismo, cortes enteros por parte de la censura, y al volver a montar el metraje (ya en la democracia) quedó para siempre maltratada, con partes en ingles subtitulado. Hoy en día nos parece una gilipollez, pero entonces… Cortes cuando se habla de amuletos mágicos indios, o cuando salen los escoceses recién levantados, vestidos simplemente con sus kilts, bueno… Los escoceses son censurados casi en toda la película, casi media hora de metraje censurado.

        Pero, ¿De qué va la película?, pues está basada en una novela de Rudyard Kipling, que nació en la India precisamente, que es donde se desarrolla nuestra historia: Hasta la India británica llegan Joyce Williams y su pequeña hija Priscilla (Shirley Temple). Su destino es un pequeño puesto avanzado, defendido por una compañía escocesa, donde el abuelo de la pequeña es el Coronel al mando. Un estirado, severo y colérico militar de la vieja escuela. Pronto, la niña con sus risueñas ocurrencias, se gana la confianza de propios y extraños, comenzando una bonita amistad con el sargento McDuff, el típico suboficial rudo pero bonachón. Todo aderezado con una buena dosis de gaitas.

        La niña, con toda su inocencia, compartirá su vida con la camadería de los soldados, bajo la sombra de un posible ataque local al puesto avanzado, e incluso obtendrá el cariño de los locales, sobre todo de un líder llamado Khoda Khan (al fin y al cabo, Priscilla ayuda a los rebeldes sin quererlo haciendo de mensajera). Ford le saca provecho a las situaciones humorísticas de la jovencita Shirley Temple y el sargento (Víctor McLaglen, ganador de un Oscar en 1935 por “El delator”), había “feeling” y se notaba. Y de hecho, creo que no fue la única vez que interpretaron juntos. Víctor McLaglen, irlandés, era un típico actor de westerns y fue nominado a otro Oscar por “El hombre tranquilo”. Y una curiosidad más, el personaje de Khoda Khan está interpretado por César Romero, conocido por hacer de Joker en el Batman legendario y barrigudo de Adam West (¡Ay!, lo que me río con Adam West).

        La subtrama es la relación de la madre (una bellísima June Lang, que casualmente murió casi a la vez que Shirley Temple) con un soldado de la compañía, el típico guaperas de la época con el bigote a lo Clark Gable. Por supuesto, estas escenas fueron censuradas en la España de Franco.

       El final, un tanto idílico, no olvida que es, a fin de cuentas, cine de entretenimiento. Nos quedamos sin el sargento, caído en combate, pero con un epilogo que huye del posible desenlace real que hubiera sido de muertes hasta el último de los créditos.

Contrato con Dios. Will Eisner



        Will Eisner quizás sea uno de los autores de cómic del S.XX más icónicos y más reconocible en sus obras. De familia judía, nació en Brooklyn, Nueva York, en 1917, con 19 años ya trabajaba en el mundillo de la viñeta con historietas muy buenas. Su trabajo más conocido es, sin duda alguna, “The Spirit”, un detective enmascarado, sin poderes de ningún tipo, que lucha contra el crimen en Central City. En 1988 se crearon los prestigiosos premios Eisner del cómic en su honor, algo así como los Oscars para el cine. Aunque Eisner fue mucho más, os lo aseguro, un creador nato, con una técnica y encuadre envidiable.
“Contrato con Dios” es, posiblemente, su obra más íntima. Así me lo ha parecido. De Eisner solo he leído algunas historias de The Spirit y tengo su “El cómic y el arte secuencial” desde hace unos años, que considero una obra maestra.




      Dividida en tres partes: Contrato con Dios, Ansia de vivir y La avenida Dropsie. La obra se presenta como la primera novela gráfica de la historia, aunque ese título se lo disputa con “El cuarto de Lautréamont” (1874) de Edith&Corcal, del cual tengo una pequeña referencia de hace un par de años, aunque me hicieron quitar las imágenes: https://duncandegross.blogspot.com.es/2015/04/el-cuarto-de-lautreamont.html Sería más bien, la primera de Eisner, escrita en 1978, y que le costó horrores llegar a publicar, pues nadie se atrevía arriesgarse con una obra tan personal.

       Eisner decía que había mucho de él en Contrato con Dios. Al fin y al cabo, comenzó a escribirla y dibujarla después de perder a una hija de 16 años de un cáncer. Comenzó siendo la historia de un judío que hacía un Contrato con Dios, pero que Dios incumplía al llevarse a su hija (igual que en la vida de Eisner). Este judío vivía en la avenida Dropsie de Nueva York, y poco a poco, a raíz de esa historia, se fueron uniendo otras alrededor de aquel hecho, tanto fue la cosa que Eisner acabó por narrar la vida del barrio entero, desde la llegada de los holandeses, ingleses en el siglo XIX, hasta pasar por la llegada masiva de italianos, negros y finalmente hispanos a las calles del barrio.

        La avenida Dropsie va a conocer de todo, desde asesinatos y revueltas, hasta amores verdaderos e historias de vagabundos y cantantes callejeros. Es la acumulación de unos ciento cincuenta años de historia aproximadamente, hasta los mediados de los ochenta en que el barrio, pasto de la droga, los ajustes de cuenta y las bandas, es casi un viejo recuerdo… Y posterior resurgimiento. Al fin y al cabo, Eisner asegura en uno de sus personajes que “los barrios no son los edificios, sino las personas”.

       Con una técnica impresionante, en la cual a veces elimina la escena y otras directamente la rompe, se ve perfectamente la evolución de la novela gráfica, más visual y barroca en sus comienzos, más clásica en sus episodios finales. Con encuadres cinematográficos, con personajes muy expresivos y huyendo del color en todo momento. Este “Contrato con Dios”, que llegó a concluir en 1995 con su tercera parte no es simplemente la historia de un barrio neoyorkino, es el fluir de sus habitantes, de los vecinos, sus sueños y soledades, y sus esperanzas.



Los hombres libres de Jones



       “Los hombres libres de Jones” (2016), película interesante que me he tragado esta semana. Newton Knight fue nieto de uno de los mayores esclavistas del condado de Jones. Enrolado en la compañía de Misisipi durante la Guerra de Secesión (1861-65), justo coincidiendo con la muerte de su abuelo, decidió desertar y volver a casa, donde causó una pequeña revuelta con apoyo de campesinos y esclavos libertos que puso en jaque, durante algún tiempo, al ejército confederado, justo cuando menos necesitaba estos entretenimientos (1862-63).

       Knight, desde el condado de Jones, apoyó ciertas medidas a favor de la población negra de la zona, siendo pseudoindependiente en la zona. Se había casado una primera vez en 1858 con una blanca, pero después de la guerra se volvió a casar con el que, afirmaba, era el amor de su vida: Rachel, de raza negra, con la que tuvo cinco hijos, a pesar de que el estado de Misisipi prohibía los matrimonios interraciales.

       La película comienza de una manera trepidante. El horror de la guerra, las trincheras, y los confederados cayendo como moscas, para después centrarse en el propio Knight y su movimiento de campesinos, ocultos en los pantanos y sobreviviendo a base de emboscadas.

        Los problemas y desavenencias le vendrán a Knight cuando el ejército confederado les empiece a arrinconar, quemar sus granjas y ahorcar a gente. En el discurso que les plantea a los suyos, hay cierto planteamiento de Libertad o Libertades, que a muchos le suena a Unionista, y el Sur no está preparado para ello… Aún.


        A pesar de que a ratos se me ha hecho un poco densa, porque creo que se ha intentado abarcar una historia demasiado larga e interesante en dos horas, los saltos en el tiempo aportan información pero no ayudan en su correcto desarrollo narrativo, me parece una película de lo más recomendable. Interesante trama, interesante planteamiento, muy interesante música, y mejores valores los que transmite.

miércoles, 4 de enero de 2017

Café Society. Woody Allen



         “Café Society” es la típica película de Woody Allen. ¿Hay una típica película de Woody Allen?, quizás no, pero repite estereotipos muy comunes, personajes masculinos filosóficos con una increíble verborrea, diálogos increíblemente liantes, cultos hasta lo pretencioso… Y, claro, me encanta.


        Estamos en Los Ángeles, en los años treinta. El país se derrumba en La Gran Depresión, pero en Hollywood no se enteran mucho, allí todo son fiestas, lujo, grandes casas, producciones cinematográficas… Todo regado con bueno y abundante Jazz.

        A ese ambiente, llega Bobby Dorfman (que es el Alter Ego del propio Allen), interpretado por un magnifico Jesse Eisenberg (imita la verborrea y todos los gestos woodyllianos a la perfección). Arropado por un importante agente de actores y productor, tío suyo (Steve Carell), Bobby empieza a relacionarse, poco a poco, con su “Jet Set” del momento, auténticos Vips de Hollywood, enamorándose de Bonnie (Kristen Stewart), la secretaria de su tío, la cual está liada (sin que Bobby lo sepa) con él, con su tío… Dos hombres enamorados de la misma mujer. La cena está servida.

        Películas como esta, en la que el propio Woody Allen narra la historia en Off, una buena historia, ya no se hacen. Y, a sus ochenta y tantos años, vuelve a demostrar que es un genio indiscutible. Es una gran película, en su onda (debemos olvidarnos de aquella “Vicky, Cristina, Barcelona”, de hace algunos años, que a mí me pareció, y me parece, horrible e infumable).


       “Café Society” se presenta, pues, como una comedia romántica, una verdadera genialidad que se disfruta en su hora y media. Repleta de curiosidades y excentricidades de la época, aquellos fijos de restaurantes y clubes de la época. Es puro Allen, y se agradece, poder seguir disfrutando de su cine, y su manera de comunicarnos historias. Fotografía y música, sobresalientes. Muy recomendable.

martes, 3 de enero de 2017

Titan A.E



        Tiene sus diecisiete años, lo sé, pero hasta hoy no la había visto. “Titan A.E”, de Don Bluth. La verdad es que ha llegado a mí de chiripa. Estaba marcada en 24.95, pero me la dejaban por 10 leuros, nueva, precintada, y gastos de envío incluidos. Y claro, a ese precio y en esas condiciones… ¿Le vas a decir que no?

       Estamos en el año 3028. Los Drej, una raza de alienígenas de color azul eléctrico, destruyen la Tierra dejando sólo unos pocos supervivientes. El motivo no lo veo muy claro, pero no me extrañaría que fuera porque TeleCinco emitiera “Sálvame” a nivel interestelar. Uno de los supervivientes, Cale, es apenas un niño, pero en él residirá el futuro de la humanidad.

       En su mano, grabado, tiene un mapa estelar donde aparece la ubicación de Titan, una nave (muy parecida a La Estrella de la Muerte de Star Wars) que les permitirá, a él y a su joven amiga Akima, crear un nuevo planeta Tierra, y comenzar desde cero.

        Lo malo es que medio Universo quiere saber la localización de dicha nave, la mayoría para destruirla. Los Drejs no querrán que TeleCinco vuelva a las andadas, supongo.

        Con una estética que mezcla los dibujos animados con el 3D, y con múltiples referencias, sobre todo a Star Wars y algunas escenas a “Galáctica, Estrella de Combate”, Titan A.E es, desde luego, una película muy entretenida, muy bien planteada en su historia y con muy buenos momentos. Después de visionarla, he leído que se ha transformado en casi una película de culto en el mundo de la animación, a pesar de que en su día no tuvo éxito y de que la mitad del personal que participó en su realización, dirección y producción, se arruinó con ella. Una lástima, porque merece la pena.


        P.D: La música es impresionante. Fántastica.

lunes, 2 de enero de 2017

¡Qué verde era mi valle! (1941)




        ¡Qué verde era mi valle! (1941), película de John Ford, es otra interesante película del director americano. Rodada en plena Guerra Mundial, Ford vuelve a interesarse por el pueblo llano, como ya hiciera en “Las uvas de la ira” (1940) un año antes. Si en la película, basada en el libro ganador del Pulitzer de John Steinbeck, se hacía una autocrítica de la situación de jornaleros, agricultores y campesinos americanos durante La Gran Depresión de los años 30, en ¡Qué verde era mi valle!, Ford se atreve a dar un salto y cruzar el charco, hasta un pueblito casi idílico de Gales.

        Basada en la novela de Richard Llewellyn, la película cosechó un gran éxito, llevándose cinco Oscars frente a la requetebuena “Ciudadano Kane” y el premio de la crítica cinematográfica neoyorkina del mismo año.

        Nos encontramos, como decía, en Gales, en el siglo XIX. En un pueblito, coronado por una mina de carbón en la montaña que lo domina. Los hombres, todo el pueblo, dependen del trabajo de la mina, a la cual van a trabajar alegres y joviales, risueños como los enanos que describe Tolkien en sus novelas, cantando y silbando, todos en respetuosa fila. Nunca vi nada parecido en Asturias, y quizás sea una cosa que me carga mucho de la película. Sobran ocho canciones, como mínimo. Demasiadas canciones para no ser un musical. En Asturias nunca vi nada parecido.

        El caso es que, Huw Morgan, el más joven de una tradicional familia galesa, nos narra, recordando los hechos del pasado, lo acontecido en dicha localidad. En un principio, todo es felicidad, canciones y silbidos. Los Morgan trabajan de sol a sol, bajando hasta las entrañas de la Tierra y extrayendo el negro mineral. En sus pieles y pulmones se traen más carbón de lo considerado aceptable, pero… Cosas de la Revolución Industrial, es lo que hay.

        Los problemas vienen con la bajada de sueldo. Los hijos Morgan se quieren sindicar y luchar por sus derechos, pero a Papá Morgan eso le suena a Socialismo, que es como nombrar al mismísimo Satanás. Y las desavenencias entre Padre e Hijos comienzan más pronto que tarde.

       La película, aparte de dejar claro los problemas sociales de la comunidad (el trabajo infantil, el casi nulo papel de la mujer en la sociedad, y el poderío de la iglesia anglicana, entre otras cosas que se me escapan, está muy bien reflejados en la cinta), muestra fielmente los entresijos del alma humana: El afán de supervivencia, de superación, la lucha social, el amor, la traición, el extraño sistema educativo que se gastaba, la falsedad e hipocresía de los vecinos y la sociedad de clases, aún casi estamental…


       En fin, otro clasicazo imprescindible para visionar. Ya sé lo que estaréis pensando, que la habéis visto mil millones de veces, pero una vez más no lo hará daño.

domingo, 1 de enero de 2017

La Dibupedia de los 90.



       Si hay algo que define a José Mª Guerrero es que el tipo se lo curra. “La Dibupedia de los 90”, realizada bajo el paraguas del crowfunding, es un ejemplo de lo que digo, continuadora de “La Dibupedia de los 80”, que fue un éxito rotundo, en este libro volvemos a repasar, como ya hicimos en la de los ochenta, todas las series y películas relacionadas con el mundo de la animación.

       Con prólogo de José Antonio Gavira, la voz de Goku en Dragon Ball Z, la Dibupedia hace un repaso exhaustivo por cada uno de los años de la década de los noventa, no dejando atrás ni las series más nimias, completando al máximo este estudio que yo considero titánico. Con entrevistas al propio Gavira, a Isidre Monés, mítico dibujante e ilustrador (Creepy, Vampirella…) y a Jaume Rovira, otro clásico del cómic español.

       Con José Guerrero, la calidad está garantizada, ya lo demostró con el imprescindible documental “Vampirella”, y con las dos Dibupedias el lector aficionado, como yo, al mundo de la animación y del cómic, se va a llevar una grata sorpresa.


      Recomendable, no… Imprescindible.

"O segredo de Barcarrota". Sérgio Luís de Carvalho


        Quizás te suene el hecho. Fue muy sonado en todo el país, y especialmente en Extremadura, en los noventa. En 1992, un obrero que realizaba unas reformas en una vieja casa de Barcarrota, encontró, tras una pared, una pequeña biblioteca escondida. Se trataba de una colección de diez libros, y dos manuscritos, que se fechaban entre 1525 y 1554.

        El revuelo fue mayúsculo, porque entre los libros, había algunos prohibidos por la Santa Inquisición (cuyos miembros, esperemos, estén asándose en el más allá, si es que lo hay…), relacionados con textos para realizar exorcismos y quiromancia, alguno que denotaba el carácter converso del propietario, un libro de Erasmo de Róterdam, una edición no conocida de “El Lazarillo de Tormes”, "A muyto devota oraçã da emparedada" prohibida en España y escrita en portugués, y como decía, dos manuscritos, uno de los cuales, muy interesante, era un amuleto de protección, redactado en latín, y fechado en Roma, perteneciente a Fernão Brandão, portugués originario de Évora, que se cree discípulo del dueño de la Biblioteca: Francisco de Penharanda.

        La Biblioteca fue adquirida por la Junta de Extremadura (1995), y puede consultarse on-line a través de su web, encontrándose en depósito en Badayork.
De la historia de Francisco de Penharanda y su peculiar Biblioteca, e historia, va “O segredo de Barcarrota”, de Sérgio Luís de Carvalho, escritor y profesor portugués, con un saco de libros y premios a las espaldas. En “O segredo de Barcarrota”, el autor teoriza sobre lo que le pudo pasar a Francisco de Penharanda, un médico judeo-converso que ejerció su profesión en la pacense población de Barcarrota, pero que se exilia a Olivenza (en 1557, portuguesa por aquel entonces) y acaba sus días (creemos) allí.

        De Penharanda se sabe que vivió en dicha casa con Guiomar Henriquez, judía conversa, como él, y que tuvieron cinco hijos, dos varones: Juan y Fernando (muerto en Perú, no sé sabe muy bien si en batalla o por malas fiebres), y tres hijas. Viudo de Guiomar, lo encontramos, precipitadamente ejerciendo en Portugal, donde volverá a casarse, en segundas nupcias, previo emparedamiento de tan peligrosa Biblioteca, que le hubiera podido costar la vida.

       “O segredo de Barcarrota”, que me he leído en portugués (ando con el C1 liado, pero lo tenéis en puro castellano también), desarrolla la historia de Penharanda, que lucha contra la demencia irreversible de su amada Guiomar (con exorcismo y quiromancias, desencantado ya con su oficio médico), mientras ve como sus allegados y amigos son arrestados por judaizantes y los ojos de la Inquisición comienzan a fijarse en él.

       Me ha parecido un libro interesante, entretenido, a ratos se me ha hecho largo, con unos interesantes personajes secundarios. Es una historia de amor, sin duda, con el trasfondo de histórico de la etapa, y una buena excusa para interesarse por su legado.

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (2016)



      Debo reconocer que cuando hablo de Tim Burton, de su cine, no soy imparcial. Es un tipo de cine que me gusta, de siempre, me gusta su estética, su manera de contar historias y como transmite cosas.


      Hay gente que me dice que es muy repetitivo en sus planteamientos. No lo sé, pudiera ser, pero yo sigo viéndolo muy original y refrescante. Tendrá sus fallos, claro está (en las dos partes de “Alicia” y en “Sombras Tenebrosas” le cayó de todo), y algunas de sus películas pueden parecer demasiado raras para ser entendidas o narradas, pero lo sigo considerando un buen director.

       El caso que hoy os traigo es “El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares” (2016). Una película que ha doblado en beneficios lo que costó, y basada en un libro que reconozco no haber leído. He de reconocer que viéndola, he llegado a pensar, esta es la versión “X-Men” de Tim Burton. Es decir, como rodaría Tim Burton la famosa academia de mutantes dirigida por el profesor Charles Xavier, pero dentro de una estética gótica-steampunk.

       No es en lo único que me ha recordado a una película. Hay escenas que me han recordado a “La princesa prometida” (el abuelo cuenta cuentos), “Titanic” (tenemos barco sumergido en la película) y a “Big Fish” ligeramente, en la relación padre-hijo, “Jasón y los argonautas” (mítica batalla de esqueletos guerreros), ligeramente a “El laberinto del fauno” (salen unos tipos sin ojos y con una buena ristra de colmillos), y alguna más que se me escapa…

       Pero, ¿De qué va la película? Cierto, no lo he comentado hasta el quinto párrafo: Jacob es un joven reponedor de Florida, tiene dieciséis años. Llega a casa justo a tiempo para ver como su abuelo es asesinado. Su abuelo, un tipo muy especial que le contaba historias sobre Niños Extraordinarios o peculiares, es el que le da la pista para encontrar a Miss Peregrine y poder resolver el misterio que se cernía sobre él. Viajará hasta Gales, para conocer a Mis Peregrine y a los niños, atrapados en un bucle temporal (si, como “Atrapado en el tiempo” pero sin marmota), y con la ayuda de ellos, tendrá que luchar contra los malvados peculiares liderados por un tal Barton, que es Samuel L.Jackson, obsesionados por comerse los ojos del personal como el que come olivas.


       En mi opinión es una película entretenida. No es de las mejores de Burton, sin duda alguna, pero se deja ver.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz 2017


      Un nuevo 31 de diciembre estamos aquí. Una vez más. En el Patio-Lavadero. Rodeados, tanto Micho I de Gato, como un servidor, de películas, libros, cómics, cds de música, algo de absenta (no tanta como en los viejos tiempos, la última colonoscopia no me la recomienda), periódicos y semanales atrasados, y una ventana por donde vemos pasar todas y cada una de las extrañas aventuras mitológicas que, de vez en cuando, nos acontece.
(Micho, pendiente de lo que pasa por la ventana)

       Este año le dimos, como sabéis los dos o tres fieles que aún quedáis por aquí para leernos, un nuevo cambio al blog. Las historias mitológicas de Micho ya no son como aquellas de Michel IV de Gato que hacían las delicias de propios y extraños, y que atraían doscientas visitas diarias. Decidimos apostar fuerte por la lectura y el cine, con pequeñas entradas, casi referencias para el visitante que viene de Google.

       Cerramos 2016 con 720 entradas publicadas hasta la fecha. Vamos caminito de cumplir diez años, que se dice pronto, contando estrellas con vosotros. Hemos pasado buenos momentos, y otros más oscuros, pero aquí seguimos dando la lucha.

      Nuestros visitantes vienen de España y Estados Unidos, fundamentalmente, y le siguen de cerca México, Argentina y Francia. Las entradas más leídas hasta el momento en el blog son “Las sillas de Mies Van der Rohe” (11.900 visitas), del 23 de noviembre de 2008, y “Micho y las hormigas” (9800 visitas) del 14 de septiembre de 2010. Cerramos el año con 6300 visitas, de las cuales el 75% han venido por primera vez este 2016 a nuestro Patio-Lavadero. En teoría, nos siguen 147 contadores de estrellas, aunque sólo suelen comentar las entradas entre dos o tres en el mejor de los casos. En todo 2016 solo hemos registrado once comentarios entre todas las entradas. Todo un récord, en 2015 fueron siete.

       En fin, al 2017 le pedimos seguir teniendo cuerda para muchos años más, tener cuerda para rato como se dice, y que vosotr@s sigáis con nosotros, leyendo y disfrutando, del Patio-Lavadero.

      Como siempre, mil gracias a tod@s por vuestra presencia y amistad.


      Feliz Año 2017. Maullidos a repartir, y que Atenea, la de glaucos ojos, os guie, contadores de estrellas.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Las uvas de la ira. John Ford



        Viendo cómo está el panorama cinematográfico actual, la verdad sea dicha, no viene mal volver al cine de hace unas décadas, para volver a ver y disfrutar, sin dudarlo, de un buen cine, buen género.

       Por diez leuros, me he agenciado un recopilatorio de John Ford (con cinco películas), con películas de esas que ya no emiten en ninguna parte. Algunas de ellas las vi hace casi cuarenta años, cuando era un crío, pero apenas las recuerdo, y he decidido verlas nuevamente, como si fuese la primera vez. Y escribir sobre ellas, al fin y al cabo, por el Patio-Lavadero solo soléis venir dos o tres lectores al mes, y si escribo algún disparate, nadie me lo va a recriminar…

        La primera que he visionado ha sido “Las uvas de la ira” (1940). Un clasicazo de John Ford, pero basada en un premio Pulitzer, de John Steinbeck (el mismo autor de “De ratones y hombres”, ambos libros me los leí en mi etapa estudiantil).

      A pesar de que el libro es más violento en la historia (creo recordar), en la película es un poco menos. Se refleja muy bien (en ambos casos) la desesperación de aquella América  agrícola, de jornaleros y propietarios empobrecidos, en los años de La Gran Depresión, los años treinta fruto de aquel funesto crack del 29, y el New Deal de Keynes y Roosvelt que no llegaba a todos los rincones del país.

      La historia de “Las uvas de la ira” comienza cuando Tom sale de la cárcel. Ha estado cuatro años encarcelado por homicidio. Sale con la Condicional y vuelve a las tierras de sus padres, en Oklahoma. Una vez allí, descubre que los granjeros son expulsados de sus tierras, por impagos causados por las malas cosechas. Sin embargo, todos albergan una esperanza: Ir a California, al oeste, en busca de un futuro mejor, en un auténtico éxodo al que no todos sobrevivirán, y donde la realidad les dará una sonora y cruel bofetada, rompiendo los sueños de los paupérrimos agricultores y campesinos.

       De un realismo social demoledor, la película refleja perfectamente la desesperanza de los campesinos, el hambre (mucha, la imagen de los niños es terrible), la desolación y la injusticia social, junto a la violencia de una sociedad desmoronada. El viaje a la onírica California, a recoger uvas, se transforma en una odisea ilusoria a ninguna parte, en una vieja camioneta atestada hasta la bandera, donde el antiguo Predicador ha perdido la Fe hace tiempo, y sus justas demandas sociales lo convierten en un “peligroso agitador”, pagándolo con su propia vida.

      Seguramente la habéis visto mil veces, estoy convencido de ello, pero una nueva revisión de la cinta siempre viene bien, porque la historia de “Las uvas de la ira” sigue, hoy por hoy, de rabiosa actualidad.
 (Fotografía de la época)


      La música y la fotografía son una maravilla, que os voy a contar que no sepáis. Imprescindible.