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jueves, 21 de marzo de 2024

Una Vida a lo Grande (Netflix, 2017)


 

       La película estadounidense que ha estrenado Netflix hace unos días en España, “Una vida a lo grande” (2017), no me resultaba desconocida. Había oído hablar de ella, pero la verdad es que no había hecho nada por verla hasta ahora, siete años después de su estreno oficial…

        La fascinación del ser humano por cambiarse de tamaño, a más grande o a más pequeño, ha sido un tema recurrente que nos ha acompañado siempre. Cuando piensas en ello, lo primero que se te viene a la cabeza son los Viajes de Gulliver y aquellos liliputienses con los que se las tiene que ver el protagonista.


       En el cine, tenemos “El Increíble Hombre Menguante”, todas las versiones de “Cariño he encogido a los niños, a fulanito o al repartidor de Glovo”, “Un viaje alucinante”, las marvelianas donde estén el Hombre Hormiga y La Avispa presentes, “El chip prodigioso”, o “El ataque de la Mujer de 50 pies” cuando la cosa trata de hacerse grande.

        En “Una Vida a lo Grande” el tema en cuestión es la posibilidad de hacerse pequeño, de unos 12 cm, sin vuelta atrás, para poder vivir una nueva vida.

        La cinta de poco más de dos horas, tiene como protagonista a un Matt Damon, que todavía estoy intentado decidir si me ha convencido o no del todo, porque a pesar de que en la primera hora tenía bastante claro que el papel le venía bastante como anillo al dedo, en la segunda hora de la cinta, ya no lo he visto tan claro, o será que la historia da un bote, un giro tan enrevesado, quizás un tanto inesperado para que lo creía que iba a venir, que tal vez el problema no sea Matt Damon, si no todas las disyuntivas y subtramas posibles que se nos presentan como espectadores y que no quedan bien cerradas, ¿O si? No lo tengo claro.


      En la narrativa: Un científico, como os digo, descubre la fórmula para reducir al personal. Este hecho histórico abre un nuevo mundo lleno de posibilidades. Con una población mundial más pequeña, el planeta puede salvarse de su destrucción segura por culpa del ser humano precisamente y del cambio climático en ciernes, que tiene al gas metano acumulado en los hielos polares su mayor enemigo, una vez este se libere.

      Mucha gente comienza el proceso irreversible para cambiar su tamaño. Entre ellos, la típica pareja de clase media estadounidense, Paul y Audrey, que ven como se hartan de trabajar y no consiguen los objetivos que se plantean, entre otros, la casa de sus sueños.

       Iniciado el tratamiento, Audrey se raja a última hora, dejando tirado a Paul y pidiéndole el divorcio, y él se encuentra de la noche a la mañana viviendo en una ciudad en miniatura, solo, sin amigos, y con un asco de trabajo. Pronto conoce a un vecino muy peculiar, un serbio llamado Dusan, un grandioso Christoph Waltz, que vive una vida a tutti plein dedicándose a unos negocios no muy claros.


      Limpiando la casa de Dusan, una joven activista vietnamita intenta sobrevivir y pronto engancha a Paul a su vida, enseñándole una realidad de la ciudad en miniatura donde viven, que muy pocos conocen, donde las clases sociales más bajas hablan español y pasan hambre, pobreza, hacinamiento y la esperanza pasa por ayudarse unos a otros.

       La vida de Paul cambia poco a poco, según se va involucrando más en la causa de Ngoc, la activista vietnamita, e intenta encontrarle un por qué a su vida, y un sentido a todo lo que le ha sucedido hasta el momento en su vida…


      En definitiva: Extraña, pero a la par interesante película, que plantea muchas preguntas y que da para un debate en el que se pueden poner muchas cosas encima de la mesa. De hecho, hay un tipo bebido en un bar que deja en el aire algunas cuestiones que enseguida cortan por inquietantes, supongo, pero que dan para reflexionar largamente.

       En el metraje, la película tiene una primera parte bastante ágil, dinámica y con un ritmo que decae bastante en la segunda, sobre todo en los últimos cuarenta minutos de película. En los detalles, se agradece que los personajes hispanos hablen en español, y que Damon se moleste en hablarlo. Por una vez, los yanquis dejan de lado la omnipresencia del inglés para todo, aunque es extraño ver a noruegos usar más el inglés que su propio idioma natal…

         De nota le pongo un 5,50. Quizás por lo que os comentaba al principio, que el giro argumental al final te lleva a la conclusión de que el ser humano lo es, con 12 cm o cuatro metros de tamaño, y el tema es tan fascinantemente bueno que daría para plantear infinitas posibilidades, y al final, me he quedado un tanto… Psss, no sé.

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