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martes, 31 de diciembre de 2019

Nirai Kanai (Norma, 2004) Megumu Okada



         Contaba Megumu Okada (uno de los dibujantes de Saint Seiya, y dibujante de la mítica “Shadow Skill”, que tiene película anime desde 1992), creador de “Nirai” Kanai” (2004), que, en un viaje a Okinawa, se quedó maravillado con su cultura, su idioma (ligeramente diferente del japonés) y su rica mitología.


           Allí, conoció a un venerable viejuno, que le habló de la mitología de las islas, de su historia, y de que él, de joven, también había dibujado Manda, pero sin mucho éxito. También le dijo que él creía en los espíritus ancestrales de las islas, cuando Okada se interesó por algunos de los artículos que el señor vendía en una pequeña tienda con trabajos que realizaba artesanalmente: Dibujos en camisetas, artesanía en madera…

         Entonces, Okada, decidió hacer un manga sobre “Nirai Kanai” (Norma, 2004), el mundo de los dioses, teniendo en cuenta también parte de la historia de las islas durante el pasado y el S.XX, concretamente, durante la Segunda Guerra Mundial, y mezcló la mitología con acontecimientos de la etapa.
                     Errores como este, son los que me suben a mí las dioptrias...

        Comenzando por un incidente en la estación rusa MIR, que sirve de pretexto para contarnos una historia en la que dos chicas adolescentes (Mikami y Ranku), deberán combatir a todo un elenco de monstruos, demonios y divinidades, en busca de su destino, a lo largo de seis volúmenes, y diferentes localizaciones por todo Japón. A veces, con aliados, a veces enfrentándose ellas solas, y con Japón y EEUU detrás, muy interesados en los poderes sobrenaturales que acontecen en Okinawa.

            “Nirai  Kanai” es un manga de poco más de 1.500 páginas. Está francamente entretenido, aunque en su caótico barroquismo, reconozco haberme perdido alguna que otra vez, entre tantos monstruos, demonios, yokais y yureis, divinidades de todo tipo y colores y anillos poderosos que contienen palabras en viñetas un tanto reducidas para mi galopante presbicia. Las dosis de sintoísmo y budismo también son considerables.

           Curiosamente, a mitad del quinto volumen, Megumu Okada (1971) mete un epílogo, porque ha llegado a las 1.200 páginas publicadas, a lo largo de seis años (1997-2003), y está que no se lo cree, y para celebrarlo, mete algunas páginas sin sombreado, dando un cambio a su dibujo. Otra característica de los volúmenes, es que siempre comienzan con un par de páginas a color, antes de tornar al blanco y negro. 

        El final, como os podéis imaginar, es  una batalla épica entre el bien y el mal, donde se reparten hostias como bendiciones, y Megumu da las Gracias a los lectores, de aquí a Roma.

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