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martes, 26 de diciembre de 2017

Asesinato en el Orient Express (1974)


        Vaya por delante que hacía poco más de treinta años que no la veía, pero este fin de semana, aprovechando que la he encontrado en un viejo dvd, me he vuelto a tragar “Asesinato en el Orient Express” (1974).

         La verdad, no debería haberla vuelto a ver. Y quedarme con aquella maravillosa imagen de película de crimen, intriga y suspense, que vi, posiblemente, en algún ciclo de esa cadena de televisión, ya olvidada y maltratada desde hace años, conocida como La Segunda o La Dos.

          Creo que pocas veces hemos tenido la oportunidad de tener tantísima estrellas en un vagón de tren de papel cartón, como en esta oportunidad, que creo que es una cinta desperdiciada en muchos aspectos, en comparación con el libro que igualmente leí en mi etapa de instituto, en la cual me bebía (no leía, bebía) casi de todo lo que caía en mis inocentes manos. Es cierto que Hércules Poirot no es Sherlock Holmes, yo prefiero al segundo que al relamido belga, pero estas cintas (y libros) suelen entretenerme como aquellos atávicos días.

        Centrándome en la película, entretenida sin duda, a fecha de hoy (me van a llover piedras por escribir esto) creo que está ciertamente sobrevalorada. No me creo a Albert Finney en el papel de Poirot, mil veces maquillado, relamido como digo, pedante hasta ser insoportable, y con algunos tintes en su dialogo (a fecha de hoy) que hasta rozan lo supremacista y racista y que, a veces, incomodan el culo en su asiento de oírlo.

        Después, me cuesta creer que le dieran un Oscar a la incomparable (en talento y belleza sin igual) Ingrid Bergman, que debe salir en total, durante todo el metraje, unos cuatro minutos y medio, a lo sumo. ¿Y qué decir del resto del elenco? Pues que se aprovechó poco tanta estrellas para tan poco y estrecho tren. En fin, la música tampoco me ha ayudado mucho a digerirla, y el color con la que se rodó… Casi hubiera preferido el blanco y negro.


        Sé que es un sacrilegio lo que afirmo, pero… El tiempo es lo que tiene, que hace más crítico al más enamorado del cine clásico. Espero que no seáis muy malos, y que no me deis mucha cañita por lo suscrito. Gracias ;-)

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