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domingo, 12 de marzo de 2017

El último rey. (2017)


          “El último rey” (2017) es una película noruega que me he tragado hoy, precisamente, aprovechando el tirón del actor noruego Kristofer Hivju, conocido por su papel de salvaje pelirrojo en “Juego de Tronos”.


          No es que haya visto mucho cine noruego. En realidad, no recuerdo haber visto nada hasta la fecha, o al menos, nada resaltable, pero “El último rey” nos trae una de esas películas épicas, basadas en la historia del país escandinavo, y que, a pesar de tanta y tanta nieve (demasiada para un extremeño), tiene algo de “calor” que engancha al espectador.


           Es cierto, podréis ver algunas similitudes en vestuario y batallitas con la propia “Juego de Tronos”, con la serie “Vikingos” de Canal Historia (aunque aquí los antiguos paganos, son más cristianos que el propio Papa de Roma, y de hecho, algún actor de la serie se cuela aquí, en el reparto), o incluso, rizando el rizo, en su planteamiento narrativo con la mítica “Willow” (1988), aunque sin trolls, magos y hechiceros y sin Val Kilmer tampoco.


          Bueno, vamos directos a la historia (basada en un hecho real) que me voy por las ramas: Estamos a principios del S.XIII. Noruega está en plena Guerra Civil, la cuestión se dirime entre dos facciones de nobles: Los Birkebeiner (estos son los “buenos”) y los Bagler (los "malos" que quieren un país católico, bajo la órbita de Roma). Hakkon III muere envenenado por la propia reina, y el heredero, el pequeño y futuro Hakkon IV, es un bastardo en territorio Bagler, apenas un bebé. Solo dos guerreros, expertos esquiadores, podrán llevar a cabo la misión de salvar al niño, Torstein Skevla y Skjervald Skrukka, en mitad de tormentas de nieve, flechas, persecuciones trepidantes y escenas llenas de acción.

          La película no es para tirar cohetes, pero si este es el cine noruego, me apunto desde ya. Buena fotografía, música aceptable. Y encima, histórico.

sábado, 11 de marzo de 2017

Hasta el último hombre (2016)


        “Hasta el último hombre” (2016) es la última película que nos ha traído Mel Gibson. Es una película basada en hechos reales, concretamente está centrada en los años cuarenta. Desmond Doss es un joven que vive en el medio oeste americano. Padre borracho (el mismísimo Elrond, Hugo Weaving) cuyos amigos murieron en la Primera Guerra Mundial, un hermano con el que se curra de vez en cuando, y una madre adicta a la Iglesia (Adventista del Séptimo día, sábados sagrados).


          Un accidente (y la consecuente enfermera) convence a Desmond, que hasta la fecha no había tocado un libro ni con un palo, a querer estudiar medicina, y posteriormente a alistarse (se alista sin ser médico), en plena Segunda Guerra Mundial, rumbo a la Guerra del Pacífico, donde el sargento, como siempre, está como una cabra (Vince Vaugh, para descojonarte). Una vez en el campo de entrenamiento, se declara Objetor de Conciencia, y lo quieren mandar a casa por asuntos psiquiátricos, pero el bueno de Desmond no quiere irse a casa, lo único que quiere es ayudar a su país, en el ejército, pero… Sin tocar un arma. Pero, el Sistema, es decir, el Ejército, no lo entiende, y le harán todas las putadas inimaginables para intentar hundir al soldado Doss, Juicio Militar incluido. Aun así, lo mandan a ese infierno llamado Okinawa de cabeza…



         Bueno, hasta aquí os voy a contar porque me gustaría que vierais la película, que en mi modesta opinión, merece la pena. Las criticas cinéfilas que había leído la ponen a parir de un burro (creo que la película paga el pato de que Gibson no cae bien en ninguna parte), pero la cinta tiene una docena de premios, incluyendo dos Oscars menores (Montaje y Sonido), la fotografía es espectacular, y las escenas de acción están más que bien conseguidas. No sé si Gibson quería dar un mensaje con la película (aparte de la locura que es la guerra), o solo intentar que no caiga en el olvido el personaje de Doss, que fue el primer Objetor de Conciencia en llevarse una Medalla de Honor del Congreso sin pegar un tiro (y encima salvó, de paso, a un buen puñado de heridos en combate), pero el caso es que la película nos ha parecido estupenda, con un listón muy alto.



           Ya nos contarás que os ha parecido a vosotros.

viernes, 10 de marzo de 2017

Que Dios nos perdone. (2016)


       Si no os lo han dicho ya, os lo digo yo: Estáis ante una “peliculón” de mucho cuidado. Canela en rama, oiga. “Que Dios nos perdone” (2016), con Antonio de la Torre (ya sabéis que me encantó “Tarde para la ira”, por ahí debe andar el post con la crítica, y es una apuesta segura) y Roberto Álamo (este es, sin duda, el mejor papel que ha hecho hasta la fecha), es de lo mejorcito que ha parido el cine español en este último año y medio.



        Estamos ante el típico “thriller” policiaco, pero bien presentado, bien encajado y bien interpretado. Los dos actores principales, directamente, se salen. Es 2011, y es un verano sofocante en Madrid. La capital espera la visita del Papa de turno, Benedicto XVI, y Alfaro y Velarde, dos inspectores de policía, investigan a un asesino en serie, especializado en violar y matar lindas y amables ancianitas, como el que se desayuna tostadas con café por las mañanas. Su búsqueda es una carrera contrarreloj. El tipo es silencioso, sutil, y no deja pistas. De manera paralela, se desarrolla la vida sentimental de los dos policías, que no es, precisamente, un camino de rosas.



        El mundo es un asco. La vida es una mierda. La humanidad apesta. El 15M sale de telón de fondo. Nenes cantando “Alabaré”. Polis gilipollas y corruptos. Trepidante en acción y ejecución… Mmmmmuy recomendable.

miércoles, 8 de marzo de 2017

"La La Land. La ciudad de las estrellas" (2017)


        Con un par de meses de retraso, después de su estreno en el cine, pude ver “La La Land. La ciudad de las estrellas” (2016), musical del que todo el mundo habla, por su ¿Originalidad? o por el famoso y olvidable desliz que sufrió en la entrega de los Oscars… No, por ninguna de esas cosas, sino porque es realmente una buena película, aunque con algunos matices, ligeros, que te cuento…



         Anda, pues empezamos bien. ¿Pero por qué has puesto originalidad entre interrogantes, acaso no te parece original? Pues no. “La La Land” es una gran película, fantástica en su coreografía, en sus canciones, en sus guiños al cinéfilo, pero original… Precisamente no lo es, o al menos a mí no me lo ha parecido.


         Ya lo sé… A pesar de que acumula seis Oscars, entre ellos el de mejor actriz para Emma Stone (más que merecido en mi opinión), y una treintena de premios más, cuando escribo estas líneas (un saco de Globos de Oro, una bolsa de rafia del Mercadona llena de Baftas que no sabes dónde poner, Critics Choice Awards y algunos más de Festivales de medio planeta…), hay que reconocerle ese pequeño detalle. Original, en su historia y planteamiento, no es.


       Efectivamente, soy un pesado. Pero, vayamos por partes. ¿Qué gusta de “La La Land”?. Pues prácticamente todo. Gusta su trepidante ritmo, su puesta en escena, la presentación de personajes, con sus sueños y sus fracasos… ¿Y de qué va? Mía (Emma Stone) es una camarera, eterna aspirante a actriz, que acude a castings como yo a las estanterías de mis libros (a diario), pero que no encuentra su sitio, un hueco en el mundillo… Sebastian (Ryan Gosling), es un pianista de Jazz que se resiste a la nueva ola musical que se quiere tragar, o se ha tragado ya, al Jazz clásico. Intenta surfear esa ola y montar su propio Club de Jazz, con copas y buena música, y quizás, algo de pollo para acompañar. Pero mientras eso ocurre se cae, y se vuelve a levantar, cruzándose en el camino de Mía y ayudándole, de paso, a descubrir el Jazz… Su alegato, en defensa del Jazz, me pareció sublime.


       Ahora bien, ¿No os suena esto un poco a “Cantando bajo la lluvia” (1952)?, la búsqueda del triunfo que no llega, la ilusión por cumplir un sueño que parece imposible dentro del mundillo del espectáculo… A mí sí, totalmente. Falta la maleta en manos de cualquiera de los dos mientras observan luces de neón con llamativos colores y sonoros mensajes, pero tenemos una escena con farola… Esa búsqueda del sueño hollywoodiense, me resulta familiar. Historia romántica, con muchos matices y colorines por aquí y por allí, como en un cuadro de Hopper. Y un Los Ángeles misterioso, lleno de oportunidades, de fondo.


       Al principio de la película, verás una coreografía basada en los típicos atascos de coches en Los Ángeles. ¿No le sucedía algo parecido a Michael Douglas en “Un día de furia” (1993)?, fue lo que pensé. Esa imagen de Douglas encima del coche, los atascos… Incluso (perdonadme la broma), me acordé de la escena inicial de “Deadpool” (2016).

       ¿”West Side Story” (1961) en el colorido baile de las compañeras de piso de Mía?, no sé, también pudiera ser. ¿”Pulp Fiction” (1994) en el baile del Club de Jazz? Quién sabe, a mí me lo pareció. ¿”Moulin Rouge” (2001) en ese amor imposible de concluir y de alcanzar, con esas miradas trágicas y esos hilos rojos que se rompen…?

       En fin, tenéis que verla. La película es bien buena, de siete y medio u ocho. El “What if…?” (Qué hubiera sido si…?) final es de esos que nos planteamos muchos, también, cuando nos da por oír a Charlie Parker o a Chet Barker, en días bucólicos… Pero, ¿No salía algo parecido en “Dos vidas en un instante” (1998)? En serio, tenéis que verla…

domingo, 5 de marzo de 2017

Logan. (2017)



        Con “Logan” no voy a entrar en debates, en mi modesta opinión, improductivos, sobre si la película no es fiel al cómic, o sobre si este personaje o aquel, debería estar o no en la cinta. Cualquiera que se haya leído los cómics sabe que, efectivamente, la línea argumental del papel poco, o a veces nada, tiene que ver con las vías por la que se desarrolla el celuloide.
(¿Ibuprofeno?)

         El caso está en que, “Logan”, es una película que cierra un ciclo. Me atrevería a decir, incluso, que cierra dos ciclos. Por un lado, está más que claro, cierra el ciclo de las películas de “Lobezno”, o por lo menos, las películas de Hugh Jackman como “Lobezno”, el papel por el que será recordado, para lo bueno, y para lo malo también (17 añitos se ha tirado con el personaje). Y que deja un listón muy alto para aquellos futuros actores que retomen (si es que hay oportunidad) dicho papel, dicho personaje. Por otro lado, arriesgo, y me atrevo a decir, que cierra las películas de los “X-Men”, les da el punto y final, por lo menos al equipo clásico, dejando la duda al espectador de qué fue de ellos en este hilo argumental, pues no nos dan ni una triste pista de su funesto destino.
 (Lo parece, pero no es un anuncio para ropa infantil...)


        Sin querer entrar igualmente, en spoilers, creo que la película está bien planteada, bien presentada, y bien desarrollada, lejos de las calificaciones de algunos sesudos frikis que la han estado tachando de “truño” desde que se estrenó en España. “Los cosechadores”, aquellos ciborgs (que llegaron a tener hasta cuatro actualizaciones) como malvados de la película, con “Niño Bonito” a la cabeza (creo que era él), el enigmático Caliban como uno de los últimos mutantes puros vivos, quejoso y huidizo, (¿Recordáis los cómics en los que vivía en una alcantarilla con los Morlocks?), un profesor Xavier nonagenario y bastante chaveta, y un Logan cansado de vivir, en un futuro que parece una película del Oeste…

        Como telón de fondo tenemos a la nueva generación de mutantes (no, no son los “Nuevos Mutantes”, no he caído en ese error), con X-23 a la cabeza, que forman una amalgama tipo “niños perdidos”.


        ¿Merece la pena verla? Hombre, pues claro que sí. “Logan” cierra círculos, como os decía, y la acción, las heridas, las barbas y las canas de los que se acercan a su crepúsculo, no faltan. Aparte que la BSO, con Johnny Cash entre otros, es fantástica. Ya me contaréis.

sábado, 4 de marzo de 2017

Eva al desnudo. (1950)


(Duelo de divas)

        Hace ya algún tiempo leí, que “Eva al desnudo” (1950) es una de las veinte o treinta mejores películas de todos los tiempos. La verdad es que, en mi sincera opinión, es completamente cierto. Se trata de una película que había visto un par de veces cuando estaba en el instituto (hace treinta años), en esos raros ciclos de cine que emitían en La 2 (esa cadena que nadie conoce, o que nadie reconoce ver).

        Comprarse la película, y verla en V.O, ha sido uno de los mayores aciertos cinematográficos que he hecho en los últimos meses (me ha permitido observar que mi inglés está bastante oxidado). Es una película que se disfruta setenta años después, con una frescura impresionante, pues cuenta, en definitiva, una de las mayores ambiciones humanas: Triunfar. Y cuando digo triunfar, lo digo desde un punto de vista maquiavélico, por encima de todas las cosas.

         Eva Harrington es una joven viuda que admira profundamente a Margo Channing, actriz teatral neoyorkina que triunfa como la espuma. Tanta es su admiración que no se pierde ninguna de sus obras. Astuta como un zorro, idea un plan para hacerse no solo un hueco en el mundo teatral, sino para conquistar el trono de Margo. En su camino hacia el estrellato, no duda en pisotear y hundir a tod@s l@s que se le cruzan, y solo un crítico teatral se dará cuenta de los planes de Eva para llegar a la cima del éxito. Dramática, romántica… como os decía, una película ideal para conocer, en unas representaciones sublimes, lo que es la viva ambición humana. Nominada con catorce Óscars, se llevó seis y un saco de premios en la época. Además, solo por Bette Davis, ya merece la pena.

        Cine clásico del bueno, cine recomendable e imprescindible. Apuntadla, sino la habéis visto aún.

(Si, es la Monroe...)


viernes, 3 de marzo de 2017

Diez años y divorciada. (Yemen, 2014)




        “10 años y divorciada” (Yemen, 2014), es una película basada en el libro “Me llamo Noyud, tengo diez años y estoy divorciada” (Editorial Martínez Roca, 2009, unas 160 páginas), que cuenta una historia real, la de Noyud, una niña yemení que, como otras miles al año, son obligadas a casarse cuando les llega su primera regla (y, a veces, ni eso).

         Es una historia terrible, ciertamente horrible. “Diez años y divorciada” es una de esas películas, acogidas con tibieza por una parte de la crítica cinematográfica, cobarde, que prefiere mirar para otro lado, pero reivindicativa y necesaria, como “La bicicleta verde” (producción germano- saudí, 2012) o “Buda explotó por vergüenza” (Irán, 2007), para conocer la realidad social que infelizmente protagonizan las mujeres de muchos países musulmanes, que, aún hoy en pleno S.XXI, viven anquilosados en tradiciones y costumbres medievales, a golpe de religión y de kalashnikov.

         El título, tanto del libro, como de la película, ya te lo dice todo. Una niña de diez años, casada, huye de las palizas, maltrato y violaciones a las que la somete su marido de treinta, con la esperanza de que un juez le dé una salida a su temprano e infernal matrimonio.

        En un flash-back vemos la corta vida de Noyud, criada entre los bellos y bucólicos riscos de Yemen, entre piedras, vacas esqueléticas, ovejitas y granos de café. Pronto, la veremos casada y viviendo en Saná, la capital del país, aunque su historia viene de un matrimonio campestre, con un contrato prematrimonial por medio, con almendras y dinero incluidos. La religión, siempre presente, no falta en toda la película.

        Hay una escena, que para mí es muy reveladora, en la que la niña vende su anillo de casada para comprarse una simple muñeca. Aunque, he de decir, que una de las que más me llamó la atención fue la de la celebración de la noche de bodas, kalashnikov y cuchillos mediantes, con su posterior maltrato y violación.

       El juez (bastante occidentalizado), escucha esta desgarradora historia, muy vigente en Yemen, y el Juicio se convierte en mediático, hasta el punto que el Jeque (Jefe del Clan de Noyud), llega a presentarse con hombres armados en la Sala y con la Sharia como única Ley…


      … En fin, una película de lo más recomendable, para abrir ojos, para abrir mentes. En mi opinión, de obligado visionado, para ver y constatar, como se trata a las niñas, y a las mujeres, en algunos países musulmanes, en nombre de la religión, en nombre de unas costumbres medievales.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Bola de Sebo (y otros relatos). Guy de Maupassant


            Hace ya varios meses (agosto 16), os hacía referencia a los relatos cortos de Guy de Maupassant, un clásico del XIX francés, que a mí me interesa (y mucho) especialmente por sus relatos cortos.

         En aquella ocasión os hablaba de “El cordel” (aquí enlace: http://duncandegross.blogspot.com.es/search?q=cordel ) y otros relatos cortos que me había agenciado, pero me quedé con las ganas de leer más de este escritor, de prosa sencilla y directa, afectado por la guerra de 1870, adicto a la cocaína, y que acabó muriendo en un psiquiátrico.

           Este “Bola de sebo” que os presento hoy es, dicen, uno de sus mejores relatos cortos. El relato que lo lanzó a la fama, al denunciar la hipocresía de la burguesía, el clero y la aristocracia del momento. A mí, desde luego, me ha encantado. Tanto por el marco histórico donde se desarrolla la acción (Plena guerra franco-prusiana, 1870), como por su desarrollo narrativo, su historia, que realmente hace gala de un poder de observación impresionante.

         “Bola de sebo” es el apelativo que recibe la joven Élisabeth Rousset, una prostituta entrada en carnes y que, a la llegada de las tropas prusianas a Ruan, huye de la población en un carro. En dicho carro, le acompañan un conde y varios burgueses, acompañados por sus respectivas esposas, y un par de monjas. Todos sienten repugnancia y asco por la joven, y la ignoran mientras hablan de sus cosas, de sus negocios y la guerra. Hasta que llega la hora de comer, después de varios días de penurias, y la única que tiene un cesto con comida (y encima para compartir) es… Adivinad quién.

          Parados por un capitán prusiano en una posada. Este no les dejará pasar, al menos que “Bola de sebo” pase una noche con él. Todos en el carruaje la instaran a que acceda, incluyendo las monjas. Al día siguiente, los pasajeros, provistos de viandas de todo tipo, volverán a ignorarla, a condenarla al ostracismo, mientras que “Bola de sebo” llora su suerte…

          El relato, por sí mismo, ya merece la pena. Es de imprescindible lectura. A mí me ha parecido que “Bola de sebo” es el pueblo francés que se sacrifica frente al prusiano, mientras Clero, Nobleza y Burguesía, bien falsos, huyen y miran para sus intereses. Quizás Maupassant solo quería reflejar la hipocresía de las clases sociales, y no ir más allá… Ni idea.

         El librito, de 118 páginas, se completa con otros relatos también interesantes, de apenas algunas páginas, como “La cabellera” un relato ciertamente fetichista, “La mano”, muy en la línea de Edgar Allan Poe, pero sin los remilgos y los barroquismos de aquel (este relato ya lo conocía), “Arrepentimiento” sobre los amores perdidos, o lo que pudo ser y por no lanzarse no fue… “¡Camarero, una caña!”, sobre como un hecho trágico puede influir en la vida de una persona, en su destino, en su forma de ser, en su futuro… Y “Minué”, un melancólico relato sobre tiempos pasados, bailes y personajes (que parecen duendes) de otra época ya pasada, y olvidada (y que también conocía, pues era uno de los relatos de “El Cordel”).


          En fin, resumiendo: ¿Guy de Maupassant? Por supuesto, recomendable, imprescindible, impresionante.

martes, 28 de febrero de 2017

La vaca (2015)



        Fatah es un tipo peculiar. Es un campesino argelino, con voz, filosofía y pinta de Woody Allen, cuyo único anhelo es ir a Francia, concretamente a París, al Salón Internacional de la Agricultura, que es algo así como la Eurovisión de los agricultores.


        Jacqueline, su vaca, es su baza para cruzar el Mediterráneo y presentarse allí. “La vaca” es una comedia francesa, que explota muy bien las relaciones entre los franceses y los argelinos, desde un punto de vista humorístico. Tiene unos puntos realmente graciosos, y no entiendo porque la crítica especializada la puso en su día a parir de un burro, quiero decir, de una vaca.

        La vaca casi es una excusa, como ocurría en aquella mítica película de Alfredo Landa “La marrana” (1992), para explotar las relaciones humanas, los entresijos de la naturaleza bípeda, que son más animales que las vacas, los toros o los cerdos, en mi opinión.


        La presencia de Jamel Debbouze o de Christian Amieri, que suelen ser dos secundarios franceses en este tipo de comedia, aseguran el pasar un buen rato, aparte de escenas delirantes y absurdas, una detrás de otra (aunque hay momento, sobre todo cuando aparece Lambert Wilson, que la cosa se para bastante y empieza todo a recordarte al Lazarillo de Tormes con aquel escudero…). La verdad es que la recomiendo.

P.D: El tipo, como veréis en las imágenes, no se cambia (casi) nunca de ropa.

jueves, 23 de febrero de 2017

La flecha del tiempo (1991). Martin Amis



        “La flecha del tiempo, o la naturaleza de la ofensa” (1991) es el primer libro que me he leído de Martin Amis (1949). Me lo regalaron estas pasadas Navidades, junto a “Koba el temible” (2002), al que todavía no he metido mano. Amis, es un exitoso escritor británico. Profesor de la Universidad de Manchester (de "escritura creativa"), vivió algunos años en Uruguay, y tienen  poco más de una treintena de trabajos publicados (no todos traducidos al castellano), entre ensayos, novelas, obras de ficción y no ficción...  

         Editado por Anagrama, “La flecha del tiempo” es un librito de poco más de doscientas páginas, bastante curioso.  Nos encontramos con un doctor, Tod Friendly, que está a las puertas de la muerte. Pero de repente, su vida, en vez de concluir, comienza a retroceder, poco a poco, día a día, mes a mes. Y comenzamos a ver, en una interesante, y a veces delirante narrativa, una marcha atrás forzada, los distintos actos de este doctor, que va rejuveneciendo ante nuestros ojos. Vemos como escupe sus alimentos en el plato, como se le meten las heces en el cuerpo, o como discute con sus amantes, después hace el amor y poco después las conoce…

         Sus actos nos llevarán a conocer bien a Tod, que no es Tod, sino otros muchos personajes: John Young, Hamilton de Souza y finalmente, llegados al principio de todo: Odilon Unverdorben, un sádico médico nazi en Auschwitz.

         A veces reflexivo, otras veces sarcástico y humorístico (meter clavos en la cabeza de los pacientes, en vez de sacarlos), la conciencia (inocente) de Tod es la que nos narra con incredulidad y pasmo, la vida de este tipo, hasta llegar prácticamente, al principio de todo… A ratos, me recordaba a la película “Memento” (2000), con sus marchas atrás, y he reconocer que para mí ha sido un reto hacer este viaje en el tiempo de este personaje. Un viaje, en ocasiones, duro, inquietante, no falto de cierta pátina de tristeza.

domingo, 19 de febrero de 2017

Caballero del Diablo (1995)




        Después de que hace unas semanas me tragara la Primera Temporada de “Historias de la Cripta”, esperando buscar un hueco para ver la Segunda y con la Tercera en el cajón de la compra, me decidí por “Caballero del Diablo” (1995), película que sigue en la onda de los episodios de la serie, basados en los cómics, pero con más duración (una hora y media).

         “Caballero del Diablo” (1995) es una película interesante desde varios puntos de vista. Primero porque John Larroquette, actor típico de los ochenta y noventa, hace un pequeño cameo al principio de la película, haciendo de “Hombre ensangrentado lleno de ácido”, y tiene que aguantar al propio Guardián criticarle lo mal actor que es. Todo un guiño.

          Después tenemos que Robert Zemeckis fue uno de los productores ejecutivos de la cinta, de ahí posiblemente la presencia de Dick Miller (que va camino en los momentos de escribir estas línea de cumplir los sesenta años, poco más, en escena), con el que había trabajado en un par de ocasiones, y cuyo papel más conocido fue en “Gremlins”. Thomas Haden, “El hombre de arena” de Spiderman 3; John Schuck que hizo de Herman Munster en los noventa. Y finalmente, tenemos a Billy Zane, (el malo de Titanic) alias “El Coleccionista” haciendo de que mejor sabe, de “Malvado”. La película se estrenó un Viernes 13, y en ella aparece un artefacto, la llave, que vuelve a aparecer en otro de los episodios de “Historias de la Cripta”.

         Pero, ¿De qué va “Caballero del Diablo? Es verdad, me lío, me vengo arriba y no os cuento la historia…

            Un tal Brayker viene huyendo por una carretera perdida de Nuevo México, le persigue un vaquero (Billy Zane), que pronto se congratula con los dos típicos policías gordinflones gringos para detenerlo. Brayker es custodiado en un hostal, que tiene bastante de prostíbulo, y una vez allí, el vaquero se identifica como El Coleccionista, un tipo que quiere recuperar una arcana llave robada por Brayker. Pero El Coleccionista no es quien aparenta ser, ni siquiera es humano. Se trata de un poderoso demonio que, ante la imposibilidad de atrapar la llave, inicia un asedio al hostal, con una legión de monstruos y muertos vivientes (algo que me recuerda vagamente a “Abierto hasta el amanecer” o “El ejército de las tinieblas”). El asedio durará toda la noche, y para defenderse, los asediados solo tienen la llave de Brayker (El Guardián de la Llave), y cualquier cosa con la que puedan reventar los ojos de los demonios…

          Humor negro, monstruos de los noventa, gore cutre, algún desnudo femenino esporádico, “Caballero del Diablo” es una de esas películas de terror que ha envejecido bien, a pesar de que tiene más de veinte años, y ya nos tienen acostumbrados a efectos digitales por un tubo en las películas actuales. Os la recomiendo, de verdad, para pasar un buen rato entretenido…

          P.D: Tras los créditos finales, había una escena extra en la que El Guardián de la Cripta anunciaba una nueva película. Esa escena pasó desapercibida por los dobladores españoles. Algo que hoy en día nos tiene tan acostumbrados Marvel, por ejemplo, hace veinte años era impensable…