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miércoles, 1 de marzo de 2017

Bola de Sebo (y otros relatos). Guy de Maupassant


            Hace ya varios meses (agosto 16), os hacía referencia a los relatos cortos de Guy de Maupassant, un clásico del XIX francés, que a mí me interesa (y mucho) especialmente por sus relatos cortos.

         En aquella ocasión os hablaba de “El cordel” (aquí enlace: http://duncandegross.blogspot.com.es/search?q=cordel ) y otros relatos cortos que me había agenciado, pero me quedé con las ganas de leer más de este escritor, de prosa sencilla y directa, afectado por la guerra de 1870, adicto a la cocaína, y que acabó muriendo en un psiquiátrico.

           Este “Bola de sebo” que os presento hoy es, dicen, uno de sus mejores relatos cortos. El relato que lo lanzó a la fama, al denunciar la hipocresía de la burguesía, el clero y la aristocracia del momento. A mí, desde luego, me ha encantado. Tanto por el marco histórico donde se desarrolla la acción (Plena guerra franco-prusiana, 1870), como por su desarrollo narrativo, su historia, que realmente hace gala de un poder de observación impresionante.

         “Bola de sebo” es el apelativo que recibe la joven Élisabeth Rousset, una prostituta entrada en carnes y que, a la llegada de las tropas prusianas a Ruan, huye de la población en un carro. En dicho carro, le acompañan un conde y varios burgueses, acompañados por sus respectivas esposas, y un par de monjas. Todos sienten repugnancia y asco por la joven, y la ignoran mientras hablan de sus cosas, de sus negocios y la guerra. Hasta que llega la hora de comer, después de varios días de penurias, y la única que tiene un cesto con comida (y encima para compartir) es… Adivinad quién.

          Parados por un capitán prusiano en una posada. Este no les dejará pasar, al menos que “Bola de sebo” pase una noche con él. Todos en el carruaje la instaran a que acceda, incluyendo las monjas. Al día siguiente, los pasajeros, provistos de viandas de todo tipo, volverán a ignorarla, a condenarla al ostracismo, mientras que “Bola de sebo” llora su suerte…

          El relato, por sí mismo, ya merece la pena. Es de imprescindible lectura. A mí me ha parecido que “Bola de sebo” es el pueblo francés que se sacrifica frente al prusiano, mientras Clero, Nobleza y Burguesía, bien falsos, huyen y miran para sus intereses. Quizás Maupassant solo quería reflejar la hipocresía de las clases sociales, y no ir más allá… Ni idea.

         El librito, de 118 páginas, se completa con otros relatos también interesantes, de apenas algunas páginas, como “La cabellera” un relato ciertamente fetichista, “La mano”, muy en la línea de Edgar Allan Poe, pero sin los remilgos y los barroquismos de aquel (este relato ya lo conocía), “Arrepentimiento” sobre los amores perdidos, o lo que pudo ser y por no lanzarse no fue… “¡Camarero, una caña!”, sobre como un hecho trágico puede influir en la vida de una persona, en su destino, en su forma de ser, en su futuro… Y “Minué”, un melancólico relato sobre tiempos pasados, bailes y personajes (que parecen duendes) de otra época ya pasada, y olvidada (y que también conocía, pues era uno de los relatos de “El Cordel”).


          En fin, resumiendo: ¿Guy de Maupassant? Por supuesto, recomendable, imprescindible, impresionante.

martes, 28 de febrero de 2017

La vaca (2015)



        Fatah es un tipo peculiar. Es un campesino argelino, con voz, filosofía y pinta de Woody Allen, cuyo único anhelo es ir a Francia, concretamente a París, al Salón Internacional de la Agricultura, que es algo así como la Eurovisión de los agricultores.


        Jacqueline, su vaca, es su baza para cruzar el Mediterráneo y presentarse allí. “La vaca” es una comedia francesa, que explota muy bien las relaciones entre los franceses y los argelinos, desde un punto de vista humorístico. Tiene unos puntos realmente graciosos, y no entiendo porque la crítica especializada la puso en su día a parir de un burro, quiero decir, de una vaca.

        La vaca casi es una excusa, como ocurría en aquella mítica película de Alfredo Landa “La marrana” (1992), para explotar las relaciones humanas, los entresijos de la naturaleza bípeda, que son más animales que las vacas, los toros o los cerdos, en mi opinión.


        La presencia de Jamel Debbouze o de Christian Amieri, que suelen ser dos secundarios franceses en este tipo de comedia, aseguran el pasar un buen rato, aparte de escenas delirantes y absurdas, una detrás de otra (aunque hay momento, sobre todo cuando aparece Lambert Wilson, que la cosa se para bastante y empieza todo a recordarte al Lazarillo de Tormes con aquel escudero…). La verdad es que la recomiendo.

P.D: El tipo, como veréis en las imágenes, no se cambia (casi) nunca de ropa.

jueves, 23 de febrero de 2017

La flecha del tiempo (1991). Martin Amis



        “La flecha del tiempo, o la naturaleza de la ofensa” (1991) es el primer libro que me he leído de Martin Amis (1949). Me lo regalaron estas pasadas Navidades, junto a “Koba el temible” (2002), al que todavía no he metido mano. Amis, es un exitoso escritor británico. Profesor de la Universidad de Manchester (de "escritura creativa"), vivió algunos años en Uruguay, y tienen  poco más de una treintena de trabajos publicados (no todos traducidos al castellano), entre ensayos, novelas, obras de ficción y no ficción...  

         Editado por Anagrama, “La flecha del tiempo” es un librito de poco más de doscientas páginas, bastante curioso.  Nos encontramos con un doctor, Tod Friendly, que está a las puertas de la muerte. Pero de repente, su vida, en vez de concluir, comienza a retroceder, poco a poco, día a día, mes a mes. Y comenzamos a ver, en una interesante, y a veces delirante narrativa, una marcha atrás forzada, los distintos actos de este doctor, que va rejuveneciendo ante nuestros ojos. Vemos como escupe sus alimentos en el plato, como se le meten las heces en el cuerpo, o como discute con sus amantes, después hace el amor y poco después las conoce…

         Sus actos nos llevarán a conocer bien a Tod, que no es Tod, sino otros muchos personajes: John Young, Hamilton de Souza y finalmente, llegados al principio de todo: Odilon Unverdorben, un sádico médico nazi en Auschwitz.

         A veces reflexivo, otras veces sarcástico y humorístico (meter clavos en la cabeza de los pacientes, en vez de sacarlos), la conciencia (inocente) de Tod es la que nos narra con incredulidad y pasmo, la vida de este tipo, hasta llegar prácticamente, al principio de todo… A ratos, me recordaba a la película “Memento” (2000), con sus marchas atrás, y he reconocer que para mí ha sido un reto hacer este viaje en el tiempo de este personaje. Un viaje, en ocasiones, duro, inquietante, no falto de cierta pátina de tristeza.

domingo, 19 de febrero de 2017

Caballero del Diablo (1995)




        Después de que hace unas semanas me tragara la Primera Temporada de “Historias de la Cripta”, esperando buscar un hueco para ver la Segunda y con la Tercera en el cajón de la compra, me decidí por “Caballero del Diablo” (1995), película que sigue en la onda de los episodios de la serie, basados en los cómics, pero con más duración (una hora y media).

         “Caballero del Diablo” (1995) es una película interesante desde varios puntos de vista. Primero porque John Larroquette, actor típico de los ochenta y noventa, hace un pequeño cameo al principio de la película, haciendo de “Hombre ensangrentado lleno de ácido”, y tiene que aguantar al propio Guardián criticarle lo mal actor que es. Todo un guiño.

          Después tenemos que Robert Zemeckis fue uno de los productores ejecutivos de la cinta, de ahí posiblemente la presencia de Dick Miller (que va camino en los momentos de escribir estas línea de cumplir los sesenta años, poco más, en escena), con el que había trabajado en un par de ocasiones, y cuyo papel más conocido fue en “Gremlins”. Thomas Haden, “El hombre de arena” de Spiderman 3; John Schuck que hizo de Herman Munster en los noventa. Y finalmente, tenemos a Billy Zane, (el malo de Titanic) alias “El Coleccionista” haciendo de que mejor sabe, de “Malvado”. La película se estrenó un Viernes 13, y en ella aparece un artefacto, la llave, que vuelve a aparecer en otro de los episodios de “Historias de la Cripta”.

         Pero, ¿De qué va “Caballero del Diablo? Es verdad, me lío, me vengo arriba y no os cuento la historia…

            Un tal Brayker viene huyendo por una carretera perdida de Nuevo México, le persigue un vaquero (Billy Zane), que pronto se congratula con los dos típicos policías gordinflones gringos para detenerlo. Brayker es custodiado en un hostal, que tiene bastante de prostíbulo, y una vez allí, el vaquero se identifica como El Coleccionista, un tipo que quiere recuperar una arcana llave robada por Brayker. Pero El Coleccionista no es quien aparenta ser, ni siquiera es humano. Se trata de un poderoso demonio que, ante la imposibilidad de atrapar la llave, inicia un asedio al hostal, con una legión de monstruos y muertos vivientes (algo que me recuerda vagamente a “Abierto hasta el amanecer” o “El ejército de las tinieblas”). El asedio durará toda la noche, y para defenderse, los asediados solo tienen la llave de Brayker (El Guardián de la Llave), y cualquier cosa con la que puedan reventar los ojos de los demonios…

          Humor negro, monstruos de los noventa, gore cutre, algún desnudo femenino esporádico, “Caballero del Diablo” es una de esas películas de terror que ha envejecido bien, a pesar de que tiene más de veinte años, y ya nos tienen acostumbrados a efectos digitales por un tubo en las películas actuales. Os la recomiendo, de verdad, para pasar un buen rato entretenido…

          P.D: Tras los créditos finales, había una escena extra en la que El Guardián de la Cripta anunciaba una nueva película. Esa escena pasó desapercibida por los dobladores españoles. Algo que hoy en día nos tiene tan acostumbrados Marvel, por ejemplo, hace veinte años era impensable…    



sábado, 18 de febrero de 2017

Aliados (2016)



          Marruecos, 1942, plena Guerra Mundial. Con un aire muy, pero que muy, a lo “Casa Blanca”, nos encontramos con una película con tintes de cine clásico. Una película de espías en el protectorado francés de Marruecos, que, como todo el mundo sabe, es donde más espías por metro cuadrado había, junto, quizás, a Lisboa.

        Max (Brad Pitt) es un espía aliado que, durante una misión, se enamora de su homóloga francesa, Marianne (Marion Cotillard), con la que llegará a tener una niña, y que tal vez no sea quien parece, sino una agente doble con bastantes cartas en la manga.


        La película tiene mucho de cine negro, suspense a raudales (no sabes de qué pie cojea el personal), acción (bastante trepidante) y unas puestas en escena curradas. No es para tirar cohetes, y sus dos horas, a veces, se me han hecho bastante largas, pero es una película que se deja ver, interesante en su argumento, intrigante y misteriosa. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Ready Player One. (Ernest Cline, 2011)



         A “Ready Player One” (2011, Ernest Cline) llegué por una recomendación. En internet todo lo que había leído sobre el libro eran buenas críticas, y estas Navidades cayó en el cesto de los regalos.

         Con esta novela me he tirado un par de semanas (462 páginas), y bueno, a grandes rasgos me ha gustado, pero no es un libro recomendado, en mi opinión, para todos los públicos.

          ¿De qué va? Estamos en el año 2044. La humanidad vive prácticamente recluida (en torres de caravanas), y enganchada, a Oasis. Una realidad virtual que tiene mucho de Second Life, Matrix, Avatar y mil historias más mezcladas. Oasis es una válvula de escape, donde cada uno puede ser lo que quiera. El protagonista, Wade Watts, es un joven Gunter (alias Wade3, alias Parzival), un buscador de tesoros, embarcado en la fascinante búsqueda del Huevo de Halliday, la herencia millonaria, ocultada en Oasis, del difunto creador de esta realidad virtual. Para alcanzar dicho Huevo, deberá hacerse con tres llaves: Cobre, Jade y Cristal, y abrir tres puertas que le llevarán al Premio. Lo malo es que existen millones de mundos en Oasis, y millones de seres humanos conectados, igual que él, a Oasis…

        Comenzaré por lo malo del libro: 

        1) Esta novela no la entenderá (en su completa totalidad) nadie que tenga menos de 35-40 años. Un chico de 23 (o de 29) se perderá mil veces en las continuas referencias ochenteras, de películas, libros, cómics y videojuegos de 8-16 bits, se perderá en la jerga de máquinas recreativas y consolas de todo tipo. Cuesta creer que en un futuro, como 2044, la gente esté tan flipada por los Ochenta.

       2) La narrativa deja mucho que desear. Es muy simple, no sé en inglés (su idioma original), pero en castellano suena como si te lo estuviera contando, realmente, un chaval de catorce años. No me gusta la narrativa barroca, las piruetas rococós en el idioma, pero, de verdad que, “Ready Player One” es demasiado simple, en su desarrollo, para ser contada a un público de 35 p´arriba.

       Lo bueno: 

       1) Lo bueno es que viejunos frikis, como yo, saben, perfectamente, a que canción, a que película o a que videojuego hace referencia Wade en su narrativa. Fueron muchos años metido en las Salas Recreativas, viendo Cine, leyendo Cómics…

       2) La acción del libro: Desde pronto, su lectura engancha, y mucho. Estas deseando leer y leer, para ver como Wade va pasando retos, luchas y acertijos.

              P.D: Cline vendió los Derechos a la Warner hace ya bastantes años, para hacer una película, que se estrenará en 2018. En 2016, sacó “Armada”, libro que aún no he leído, pero que ha sufrido algunas críticas demoledoras, y basado, al parecer, en una invasión extraterrestre protagonizada por las naves de “Asteroids”… Este lo dejaremos para las próximas Navidades.


domingo, 12 de febrero de 2017

Historias de la Cripta. La Serie




        Los que tenéis ya unos años (más de treinta y cinco) seguro que recordáis la serie que os traigo hoy, en esta entrada tan aterradora. “Historias de la Cripta” es una serie de culto, estuvo en antena nada más y nada menos que siete temporadas, censurada en España en muchos de sus episodios (curiosamente no en EEUU) y no precisamente durante el Franquismo (89-96).

           En “Historias…”, el presentador de cada episodio es el Guardián de la Cripta. Un muñeco con aspecto cadavérico, bastante característico, que hace de introductor a cada uno de los relatos cortos. Prácticamente, todos los episodios de la Primera Temporada (seis en total en el DVD), están basados en obritas homónimas de los cómics de “Tales from the Crypt”, hoy considerados de culto y buscados y rebuscados, como verdaderos tesoros, en mercadillos y en webs especializadas.

         La lista de actores y directores participantes es de lo más interesante, pero como un apunte, por sus relatos cortos cinematográficos desfilaron tipos como Kirk Douglas, Brad Pitt, Tim Curry, Demi Moore, Michael Ironside o Arnold Schwarzenegger por citaros algunos.

          La serie ha envejecido bastante bien, a pesar de los más de treinta años que tiene a sus espaldas y la podréis encontrar a buen precio en cualquier web de ventas de la red.



           P.D: A mí, personalmente, me han regalado las dos primeras temporadas y el largometraje “Caballero del diablo” (la tercera temporada se ha estrenado en Dvd en Castellano en Febrero de 2017). Para forofos de los ochenta-principios de los noventa, los cómics y las series de culto. Sin duda, en mi opinión, imprescindible.

Nereo y Micho I de Gato


(Las Nereidas)

       Exponía en un pequeño garito, “La Odisea”, siete cuadritos deconstructivistas fauvistas. Micho y yo estábamos encantados. A la presentación apenas habían venido una docena de curiosos, pero la velada transcurrió tranquila. Jazz, cafés y chupitos, conversaciones sobre arte, historia, tendencias, anécdotas de películas… Y Micho, pronto, como centro de atención.

(Micho I de Gato)

        La gente iba y venía, veían los cuadros, comentaban detalles, hablaban con Micho de esto y aquello. Fue con mi cuarto chupito de absenta cuando Micho llamó mi atención. Hablaba con un señor, de larga barba grisácea, elegante traje y bastón en la mano derecha. Le que acompañaba una preciosa joven, morena, con unos bellísimos y profundos ojos marrones, que atendía a todos los comentarios de Micho con sumo interés. Querían comprar un par de mis cuadros. Les gustaban sus colores, las líneas sinuosas… Les parecía fresco y original. “Su arte, Señor De Gross, será valorado en un futuro, créame”, me comentó. “Se me da bien adivinar cosas”. Yo, personalmente, estaba más que maravillado, hacía mucho tiempo que no pasaba una jornada tan entretenida y fructífera, en todos los aspectos. Aquellos dos misteriosos admiradores se presentaron como padre e hija. El señor se llamaba Nereo, la hija, Galatea. La velada finalizó a altas horas de la noche, y, efectivamente, compraron los dos cuadros. Tanto Micho, como yo, les invitamos a que se pasaran una tarde por el Patio-Lavadero a tomar un café, para poder continuar intercambiando impresiones artísticas. A lo cual, aceptaron encantados.
 (Nereo. Altar de Pérgamo)

       Al cabo de dos semanas, Micho y yo paseábamos por la avenida. La noche caía rápidamente y las luces de neón publicitaban cosméticos y restaurantes chinos. Un chico joven, vestido con un chándal y rematado con una gorra, y acompañado de un numeroso sequito de chicas nos saludó al pasar: “Señor De Gross, Micho I de Gato…”, ¿Nos conocemos?, le pregunté sorprendido. “Oh, sí, claro que sí, soy Nereo, pero ahora no puedo pararme, las Nereidas tienen prisa, llegamos tarde al cine…”, dijo el chico jovial, y con un leve gesto, tocándose la gorra, continuó su camino por la avenida mientras las chicas reían y bromeaban… “…Ya les visitaré”, le oímos gritar desde la lejanía.
 (Nereo. Carmona, Sevilla)

           Tanto Micho, como yo, no le dimos mucha importancia al hecho, pues aquel joven no podía ser el venerable Nereo, de barba y bastón, que habíamos conocido… Hasta que, transcurrido un mes, un domingo de resaca, tocaron en la puerta del Patio-Lavadero. Era un joven apuesto, acompañado del brazo de la joven y no menos apuesta Galatea. Se identificó como Nereo, y Galatea rio ante nuestras caras de incredulidad. “Al Señor De Gross se le da bien pintar…”, comentó Galatea, “…Pero a mi padre se le da bien cambiar de aspecto”, y Micho advirtió que no habría café para todos si venían el resto de las Nereidas. Observación gatuna que reímos todos de buena gana.
(Polifemo y Galatea)

viernes, 10 de febrero de 2017

La chica del tren (2016)



          Lo cierto es que me ha costado acercarme a esta película. La crítica la pone a parir y lo más bonito que he leído sobre ella es que es una película de “sobremesa”. Una vez te pones, te das cuenta de que de “sobremesa” tiene poco.

           “La chica del tren” tiene bastante de película rara, extraña, y difícil de entender. Una chica, Rachel, se sienta dos veces al día en el asiento del tren. Desde su lugar privilegiado, puede observar el 15 de Becket Road, su casa favorita, y fantasea sobre la vida de sus habitantes, sus nombres, sus trabajos... Rachel acaba de salir de un divorcio que la ha afectado (y mucho), y para colmo, le da bastante a la botella, tanto que su problema de alcoholismo eleva mucho más sus delirios paranoicos, en los que comienza a mezclar ficción y realidad, una peligrosa combinación. Pronto se ve metida en una serie de líos en los que su mente le jugará una mala pasada, no en vano, miente continuamente… Y ya veréis que nada parece lo que es…


          Película, como os digo, rara de narices, a mí me ha costado horrores, repito: Horrores, entender algunas partes de la misma… En fin, visionado bajo vuestra responsabilidad.

domingo, 5 de febrero de 2017

Una señal invisible (2010)



          Con “Una señal invisible” (2010) me he llevado una pequeña decepción. Mona es una chica a la que le gustan las matemáticas. Su vida gira alrededor de los números, ¿El culpable de esta afición?, su padre, antiguo profesor de matemáticas que, cuando Mona tiene diez años, sufre un ictus.

          La película comienza con un magnifico corto de animación, pero poco a poco va perdiendo fuelle. Mona no quiere irse de casa, y prácticamente, su madre la echa un buen día. Pronto encuentra trabajo de profesora de matemáticas, sin buscarlo y sin ser licenciada. Sus clases son más bien caóticas, hasta el punto de que llega a comprarse un hacha para llevársela a clase (yo aún no he llegado a esos extremos). Y la película pierde interés a pasos agigantados.


         La vana ilusión de encontrarte con una película de cine social, o que despierte un interés por las matemáticas, se desvanece en un guion en el que no ocurre nada. El personaje de Mona (Jessica Alba) está con un continuo careto de no enterarse de nada, vivir en Babia, con dos coletas que solo te favorecen si tienes siete años, y con serios problemas afectivos y de inseguridad, que resuelve dando golpes a la primera madera que se encuentra.


        No engancha con el espectador, no sé dónde querían llegar o cual era el objetivo de la película. Se trata de un dramón de mucho cuidado, las enfermedades están siempre presentes (ideal para un hipocondriaco como yo) pero ni con los flashbacks, ni con el rollo indie neoyorkino despega…

"Sumisión". Michel Houellebecq.




         A “Sumisión” (2015) de Michel Houellebecq llegué, tengo que reconocerlo, tras la estela que iba dejando el escándalo de su publicación. En un primer momento no me llamó la atención, me pareció que era un libro oportunista, y no quise meterme en su lectura hasta que no pasara un tiempo prudencial.



          Al fin y al cabo, Houellebecq sacó, casualmente, la edición en Francia cuando todo el país se estremecía por los acontecimientos de Charlie Hebdo. Tampoco quise leerlo cuando leí la entrevista que le dedicó “El País”, a un Michel reflexivo, al que el gobierno francés le había colocado dos escoltas, por si las moscas, y que hablaba de los cuentos de Borges mientras bebía vino blanco.

           Me leí la entrevista y decidí esperar. Y la espera concluyó este mes, cuando me he leído su cacareado “Sumisión”, del que sin duda, se pueden sacar varias, o muchas lecturas, pero que en ningún momento me ha parecido un libro polémico.

         El libro, completamente ficticio, nos presenta un futuro cercano (2022), en el que un partido político musulmán, se alza con el poder ante la decadencia del cristianismo, los partidos tradicionales y los caducos valores occidentales.

          El protagonista (François), un mediocre catedrático, profesor universitario, especialista en Huysmans, viene al pelo para explicar ese pesimismo que se respira en el libro y que ya destilaba el propio Huysmans a finales del XIX y principios del XX, y de hecho, el protagonista sigue bastante sus pasos, mezclado por sus obsesiones sexuales y el vacío absoluto de su vida, que no consigue llenar.

         Francia es el trasfondo, sufre una mutación hacia un Estado Islámico (no veo la polémica), como parte de su evolución natural, así como el resto de los países de su entorno. Poco a poco, cambian una religión que separa Creencias y Estado, por otra que los lleva intrínsecamente unidos, no en vano, en el libro se nos recuerda aquella cita, atribuida a Jomeini, en el que se afirma: “El Islam, sin política, no es islam”.

          Con una posible Guerra Civil a la vuelta de la esquina, esta Francia imaginaria, simple y llanamente va sufriendo un cambio de identidad, un paso más en su historia particular. ¿Islamofobia?, no la he conseguido ver. Hay otros autores, en España el propio Pérez-Reverte, que ya han adelantado un futuro islámico para Europa, sin rasgarse mucho las vestiduras porque, no es que lo digan ellos, es que lo dicen las cifras. El Islam, hoy por hoy, es la religión que más crece, exponencialmente, y la lógica nos dice que nuestro futuro pasará por una Europa multicultural, con una presencia fortísima del Islam. ¿Ataca Houellebecq al Islam al plantear este futuro?, en absoluto que no. La crítica del libro es más contra las instituciones arraigadas, ya no solo en Francia, sino en Europa en general: Universidades, élites financieras y políticas…


        P.D: A grandes rasgos, esa es la visión que tengo del libro. Podría escribir más. Largo y tendido, pero los dos o tres que visitáis y leéis normalmente el blog, sabéis de más que ese no es mi estilo. No soy un crítico profesional, sino un tipo mediocre que escribe cosas en un blog que nadie lee. ¿Me ha gustado el libro? Sí, pero no es lo que me habían contado… De Michel Houellebecq ya me había leído hace varios años "Ampliación del campo de batalla", publicado también en Anagrama, y que ya en su día me pareció muy pesimista, fuerte, pero pesimista hasta la médula, y que creo que volveré a leer porque creo recordar que fue un librito que me ventilé en una semanita... Miaus a repartir.