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viernes, 13 de enero de 2017

Westworld. La serie.



        Hace tiempo que no me tragaba una serie de una tacada, pero eso es precisamente lo que he hecho con esta “Westworld”, basada en la mítica película de Michael Crichton de 1973.

        “Westworld” es un parque futurista, con una temática basada en el Lejano Oeste americano. En dicho parque unos robots, unos androides perfectos, los anfitriones, viven en un continuo bucle. Su misión es ser matados (o follados) por los huéspedes humanos que visitan el parque.
 Los humanos llegan al parque de vacaciones. Asumen un rol de los muchos que los diferentes anfitriones les ofrecen: Cazar a un bandido, encontrar un tesoro, atracar un banco… En este ambiente pueden liberar todos sus instintos, normalmente los más bajos: Matar y trincar. 
Después vuelven a sus vidas, como si tal cosa.

          Para los anfitriones, todo es un bucle: Los matan, los reparan, los ponen en servicio y… Los vuelven a matar. De vez en cuando, se les cambia la personalidad y se les da otro rol en el parque. Lo malo comienza cuando algunos anfitriones comienzan a recordar “vidas pasadas”, a pesar de los cientos de reseteos continuos a los que han sido sometidos…

          Con un buen puñado de premios a las espaldas (sobre todo para Evan Rachel Wood), buena crítica por parte de los medios y creo que buena acogida por parte del público en general, Westworld se presenta como una de las mejores series de 2016. La primera temporada consta de 10 episodios, y HBO ya ha confirmado su vuelta en 2018 con otros 10 que conformarán la segunda temporada.


        La presencia de grandes del cine como Ed Harris y Anthony Hopkins ayuda, en mi opinión, al interés por la serie. La recomiendo.

domingo, 8 de enero de 2017

La ruta del tabaco. John Ford



        He de reconocer que antes de ver “La ruta del tabaco” (1941), de John Ford, tuve que investigar un poco. Era la única del recopilatorio que tengo del director norteamericano, que no me sonaba absolutamente de nada.

        En algunas webs leí que estaba considerada una “obra menor” de Ford, de la que no se llegó a sentir orgulloso ni el guionista, Nunnally Johnson, que era el mismo que había adaptado “Las uvas de la ira”, e igualmente tanto Ford como su señora no la tenían entre sus favoritas, de hecho, la mujer de Ford llegó a decir varias veces que era la peor película de su marido.

        La verdad es que yo no diría tanto. La película está basada en una obra teatral, que al parecer, fue un exitazo en todos los teatros americanos durante La Gran Depresión, basada a su vez en una novela. La novela, al parecer, está rebosante de escenas más sensuales, y sexuales, que la película, así que habrá que ir buscándola para certificar que es cierto…

        “La ruta del tabaco” centra la historia en Georgia, cerca de Augusta. La ruta del tabaco era una carretera de 24 kilómetros, otrora una verdadera ruta de la plata, que venida a menos, lo único que tiene a su paso son casa viejas, tierras improductivas, polvo, pulgas y pobreza.

        Jeester Lester (Charley Grapewin, el viejo tío Henry de “El mago de Oz”), un viejo granjero que pasa los sesenta, y su esposa Ada, ven pasar el tiempo, muertos de hambre, en su casa destartalada de madera, y con la sombra del desahucio planeándoles. Con ellos viven dos de sus 16 o 17 hijos (ellos no recuerdan con precisión cuantos eran, y yo tampoco). “El algún lugar debo tener nietos”, reflexiona la pobre Ada, mujer sensata, pero venida a menos con los años. Sus hijos son Dude, un colérico joven al que solo le interesan las bocinas de los coches, que se tira toda la cinta dando voces y en actitud bastante agresiva, salvo cuando canta algún salmo. Y su hermana Ellie May (la requetebella Gene Tierney), que aunque sucia y en harapos, derrocha una belleza es-pec-ta-cu-lar. De hecho, tiene una escena en la que se arrastra por el suelo, pidiendo un “nabo” para comer (tienen todos más hambre que un perro chico) que sinceramente me ha dejado con el rostro torcido.

        La película roza algunas cositas en común con “Las uvas de la ira”: La pobreza del campesinado, la desesperación, el hambre, la soledad, los banqueros que se quedan con las tierras improductivas (pero que han pertenecido a generaciones enteras), pero… En este caso, Ford se toma el drama a comedia. “La ruta del tabaco” no deja de ser, al fin y al cabo, una comedia. Lo notamos en la música festiva-country de David Buttolph, muy recurrente en los diferentes gags que la familia Lester va presentando en su peculiar historia de supervivencia.


        ¿Un Ford menor?, pues a mí no me lo ha parecido. Diferente sí, claro, pero no por ello menos. De hecho, sigue existiendo, latente, la crítica social de Ford en la cinta, está muy presente, bajo tanta música y golpes disparatados. Y, claro, después de “Las uvas de la ira”, y “¡Qué verde era mi valle!”, podría considerarse un film de transición, pero sin que desmerezca ni una pizca en su interés cinematográfico.

sábado, 7 de enero de 2017

El himno del corazón.




        Jun Naruse es una niña que habla por los codos, es soñadora y risueña. Sueña que un hotel, de la ciudad donde vive, es un castillo y que ella bailará alguna vez allí, junto a su príncipe azul.

        Un día ve a su padre salir en compañía de una señorita, que no es precisamente su madre, de dicho hotel. La revelación de aquella información le costará a su padre el divorcio, y a ella, perder la voz, de mano de un yokai (un espíritu de la mitología japonesa) en forma de huevo, que la dejará muda.

        En la adolescencia, todos creen que es muda. Hasta que un día, un profesor de música le manda hacer un trabajo musical. Naruse siente dolor de estómago cada vez que intenta hablar, así que se tiene que comunicar con notas o por correos electrónicos. Pero cantar… Cantar es otra cosa. Cantando puede sentir que no le duele la tripa y puede romper ese hechizo que la mantiene muda.

        La música va de la mano de los sentimientos, la historia que se cuenta aquí es un verdadero drama, Naruse es una chica que sufre todos los días de su vida, hasta que la música llega a ella. Es una película que va más bien dirigida a un público más joven que yo, al menos eso me parece, pero no deja de ser una película interesante sobre el poder que tiene la música… Sobre los corazones. Estos japoneses saben tocar la fibra sensible, es un Anime muy recomendable.


viernes, 6 de enero de 2017

La mascota del regimiento. John Ford



        “La mascota del regimiento” (1937) es de las películas menos comprometidas, socialmente hablando, de las que he visto de Ford. No desmerece como película de entretenimiento, pero desde luego, está lejos de “Las uvas de la ira” o de “¡Qué verde era mi valle!”.

       Ford añade alguna crítica, sutil, al imperialismo británico (o eso me parece), pero aún no había llegado al nivel que llegaría más tarde. Una curiosidad de la película en DVD es que la cinta sufrió, durante el franquismo, cortes enteros por parte de la censura, y al volver a montar el metraje (ya en la democracia) quedó para siempre maltratada, con partes en ingles subtitulado. Hoy en día nos parece una gilipollez, pero entonces… Cortes cuando se habla de amuletos mágicos indios, o cuando salen los escoceses recién levantados, vestidos simplemente con sus kilts, bueno… Los escoceses son censurados casi en toda la película, casi media hora de metraje censurado.

        Pero, ¿De qué va la película?, pues está basada en una novela de Rudyard Kipling, que nació en la India precisamente, que es donde se desarrolla nuestra historia: Hasta la India británica llegan Joyce Williams y su pequeña hija Priscilla (Shirley Temple). Su destino es un pequeño puesto avanzado, defendido por una compañía escocesa, donde el abuelo de la pequeña es el Coronel al mando. Un estirado, severo y colérico militar de la vieja escuela. Pronto, la niña con sus risueñas ocurrencias, se gana la confianza de propios y extraños, comenzando una bonita amistad con el sargento McDuff, el típico suboficial rudo pero bonachón. Todo aderezado con una buena dosis de gaitas.

        La niña, con toda su inocencia, compartirá su vida con la camadería de los soldados, bajo la sombra de un posible ataque local al puesto avanzado, e incluso obtendrá el cariño de los locales, sobre todo de un líder llamado Khoda Khan (al fin y al cabo, Priscilla ayuda a los rebeldes sin quererlo haciendo de mensajera). Ford le saca provecho a las situaciones humorísticas de la jovencita Shirley Temple y el sargento (Víctor McLaglen, ganador de un Oscar en 1935 por “El delator”), había “feeling” y se notaba. Y de hecho, creo que no fue la única vez que interpretaron juntos. Víctor McLaglen, irlandés, era un típico actor de westerns y fue nominado a otro Oscar por “El hombre tranquilo”. Y una curiosidad más, el personaje de Khoda Khan está interpretado por César Romero, conocido por hacer de Joker en el Batman legendario y barrigudo de Adam West (¡Ay!, lo que me río con Adam West).

        La subtrama es la relación de la madre (una bellísima June Lang, que casualmente murió casi a la vez que Shirley Temple) con un soldado de la compañía, el típico guaperas de la época con el bigote a lo Clark Gable. Por supuesto, estas escenas fueron censuradas en la España de Franco.

       El final, un tanto idílico, no olvida que es, a fin de cuentas, cine de entretenimiento. Nos quedamos sin el sargento, caído en combate, pero con un epilogo que huye del posible desenlace real que hubiera sido de muertes hasta el último de los créditos.

Contrato con Dios. Will Eisner



        Will Eisner quizás sea uno de los autores de cómic del S.XX más icónicos y más reconocible en sus obras. De familia judía, nació en Brooklyn, Nueva York, en 1917, con 19 años ya trabajaba en el mundillo de la viñeta con historietas muy buenas. Su trabajo más conocido es, sin duda alguna, “The Spirit”, un detective enmascarado, sin poderes de ningún tipo, que lucha contra el crimen en Central City. En 1988 se crearon los prestigiosos premios Eisner del cómic en su honor, algo así como los Oscars para el cine. Aunque Eisner fue mucho más, os lo aseguro, un creador nato, con una técnica y encuadre envidiable.
“Contrato con Dios” es, posiblemente, su obra más íntima. Así me lo ha parecido. De Eisner solo he leído algunas historias de The Spirit y tengo su “El cómic y el arte secuencial” desde hace unos años, que considero una obra maestra.




      Dividida en tres partes: Contrato con Dios, Ansia de vivir y La avenida Dropsie. La obra se presenta como la primera novela gráfica de la historia, aunque ese título se lo disputa con “El cuarto de Lautréamont” (1874) de Edith&Corcal, del cual tengo una pequeña referencia de hace un par de años, aunque me hicieron quitar las imágenes: https://duncandegross.blogspot.com.es/2015/04/el-cuarto-de-lautreamont.html Sería más bien, la primera de Eisner, escrita en 1978, y que le costó horrores llegar a publicar, pues nadie se atrevía arriesgarse con una obra tan personal.

       Eisner decía que había mucho de él en Contrato con Dios. Al fin y al cabo, comenzó a escribirla y dibujarla después de perder a una hija de 16 años de un cáncer. Comenzó siendo la historia de un judío que hacía un Contrato con Dios, pero que Dios incumplía al llevarse a su hija (igual que en la vida de Eisner). Este judío vivía en la avenida Dropsie de Nueva York, y poco a poco, a raíz de esa historia, se fueron uniendo otras alrededor de aquel hecho, tanto fue la cosa que Eisner acabó por narrar la vida del barrio entero, desde la llegada de los holandeses, ingleses en el siglo XIX, hasta pasar por la llegada masiva de italianos, negros y finalmente hispanos a las calles del barrio.

        La avenida Dropsie va a conocer de todo, desde asesinatos y revueltas, hasta amores verdaderos e historias de vagabundos y cantantes callejeros. Es la acumulación de unos ciento cincuenta años de historia aproximadamente, hasta los mediados de los ochenta en que el barrio, pasto de la droga, los ajustes de cuenta y las bandas, es casi un viejo recuerdo… Y posterior resurgimiento. Al fin y al cabo, Eisner asegura en uno de sus personajes que “los barrios no son los edificios, sino las personas”.

       Con una técnica impresionante, en la cual a veces elimina la escena y otras directamente la rompe, se ve perfectamente la evolución de la novela gráfica, más visual y barroca en sus comienzos, más clásica en sus episodios finales. Con encuadres cinematográficos, con personajes muy expresivos y huyendo del color en todo momento. Este “Contrato con Dios”, que llegó a concluir en 1995 con su tercera parte no es simplemente la historia de un barrio neoyorkino, es el fluir de sus habitantes, de los vecinos, sus sueños y soledades, y sus esperanzas.



Los hombres libres de Jones



       “Los hombres libres de Jones” (2016), película interesante que me he tragado esta semana. Newton Knight fue nieto de uno de los mayores esclavistas del condado de Jones. Enrolado en la compañía de Misisipi durante la Guerra de Secesión (1861-65), justo coincidiendo con la muerte de su abuelo, decidió desertar y volver a casa, donde causó una pequeña revuelta con apoyo de campesinos y esclavos libertos que puso en jaque, durante algún tiempo, al ejército confederado, justo cuando menos necesitaba estos entretenimientos (1862-63).

       Knight, desde el condado de Jones, apoyó ciertas medidas a favor de la población negra de la zona, siendo pseudoindependiente en la zona. Se había casado una primera vez en 1858 con una blanca, pero después de la guerra se volvió a casar con el que, afirmaba, era el amor de su vida: Rachel, de raza negra, con la que tuvo cinco hijos, a pesar de que el estado de Misisipi prohibía los matrimonios interraciales.

       La película comienza de una manera trepidante. El horror de la guerra, las trincheras, y los confederados cayendo como moscas, para después centrarse en el propio Knight y su movimiento de campesinos, ocultos en los pantanos y sobreviviendo a base de emboscadas.

        Los problemas y desavenencias le vendrán a Knight cuando el ejército confederado les empiece a arrinconar, quemar sus granjas y ahorcar a gente. En el discurso que les plantea a los suyos, hay cierto planteamiento de Libertad o Libertades, que a muchos le suena a Unionista, y el Sur no está preparado para ello… Aún.


        A pesar de que a ratos se me ha hecho un poco densa, porque creo que se ha intentado abarcar una historia demasiado larga e interesante en dos horas, los saltos en el tiempo aportan información pero no ayudan en su correcto desarrollo narrativo, me parece una película de lo más recomendable. Interesante trama, interesante planteamiento, muy interesante música, y mejores valores los que transmite.

miércoles, 4 de enero de 2017

Café Society. Woody Allen



         “Café Society” es la típica película de Woody Allen. ¿Hay una típica película de Woody Allen?, quizás no, pero repite estereotipos muy comunes, personajes masculinos filosóficos con una increíble verborrea, diálogos increíblemente liantes, cultos hasta lo pretencioso… Y, claro, me encanta.


        Estamos en Los Ángeles, en los años treinta. El país se derrumba en La Gran Depresión, pero en Hollywood no se enteran mucho, allí todo son fiestas, lujo, grandes casas, producciones cinematográficas… Todo regado con bueno y abundante Jazz.

        A ese ambiente, llega Bobby Dorfman (que es el Alter Ego del propio Allen), interpretado por un magnifico Jesse Eisenberg (imita la verborrea y todos los gestos woodyllianos a la perfección). Arropado por un importante agente de actores y productor, tío suyo (Steve Carell), Bobby empieza a relacionarse, poco a poco, con su “Jet Set” del momento, auténticos Vips de Hollywood, enamorándose de Bonnie (Kristen Stewart), la secretaria de su tío, la cual está liada (sin que Bobby lo sepa) con él, con su tío… Dos hombres enamorados de la misma mujer. La cena está servida.

        Películas como esta, en la que el propio Woody Allen narra la historia en Off, una buena historia, ya no se hacen. Y, a sus ochenta y tantos años, vuelve a demostrar que es un genio indiscutible. Es una gran película, en su onda (debemos olvidarnos de aquella “Vicky, Cristina, Barcelona”, de hace algunos años, que a mí me pareció, y me parece, horrible e infumable).


       “Café Society” se presenta, pues, como una comedia romántica, una verdadera genialidad que se disfruta en su hora y media. Repleta de curiosidades y excentricidades de la época, aquellos fijos de restaurantes y clubes de la época. Es puro Allen, y se agradece, poder seguir disfrutando de su cine, y su manera de comunicarnos historias. Fotografía y música, sobresalientes. Muy recomendable.

martes, 3 de enero de 2017

Titan A.E



        Tiene sus diecisiete años, lo sé, pero hasta hoy no la había visto. “Titan A.E”, de Don Bluth. La verdad es que ha llegado a mí de chiripa. Estaba marcada en 24.95, pero me la dejaban por 10 leuros, nueva, precintada, y gastos de envío incluidos. Y claro, a ese precio y en esas condiciones… ¿Le vas a decir que no?

       Estamos en el año 3028. Los Drej, una raza de alienígenas de color azul eléctrico, destruyen la Tierra dejando sólo unos pocos supervivientes. El motivo no lo veo muy claro, pero no me extrañaría que fuera porque TeleCinco emitiera “Sálvame” a nivel interestelar. Uno de los supervivientes, Cale, es apenas un niño, pero en él residirá el futuro de la humanidad.

       En su mano, grabado, tiene un mapa estelar donde aparece la ubicación de Titan, una nave (muy parecida a La Estrella de la Muerte de Star Wars) que les permitirá, a él y a su joven amiga Akima, crear un nuevo planeta Tierra, y comenzar desde cero.

        Lo malo es que medio Universo quiere saber la localización de dicha nave, la mayoría para destruirla. Los Drejs no querrán que TeleCinco vuelva a las andadas, supongo.

        Con una estética que mezcla los dibujos animados con el 3D, y con múltiples referencias, sobre todo a Star Wars y algunas escenas a “Galáctica, Estrella de Combate”, Titan A.E es, desde luego, una película muy entretenida, muy bien planteada en su historia y con muy buenos momentos. Después de visionarla, he leído que se ha transformado en casi una película de culto en el mundo de la animación, a pesar de que en su día no tuvo éxito y de que la mitad del personal que participó en su realización, dirección y producción, se arruinó con ella. Una lástima, porque merece la pena.


        P.D: La música es impresionante. Fántastica.

lunes, 2 de enero de 2017

¡Qué verde era mi valle! (1941)




        ¡Qué verde era mi valle! (1941), película de John Ford, es otra interesante película del director americano. Rodada en plena Guerra Mundial, Ford vuelve a interesarse por el pueblo llano, como ya hiciera en “Las uvas de la ira” (1940) un año antes. Si en la película, basada en el libro ganador del Pulitzer de John Steinbeck, se hacía una autocrítica de la situación de jornaleros, agricultores y campesinos americanos durante La Gran Depresión de los años 30, en ¡Qué verde era mi valle!, Ford se atreve a dar un salto y cruzar el charco, hasta un pueblito casi idílico de Gales.

        Basada en la novela de Richard Llewellyn, la película cosechó un gran éxito, llevándose cinco Oscars frente a la requetebuena “Ciudadano Kane” y el premio de la crítica cinematográfica neoyorkina del mismo año.

        Nos encontramos, como decía, en Gales, en el siglo XIX. En un pueblito, coronado por una mina de carbón en la montaña que lo domina. Los hombres, todo el pueblo, dependen del trabajo de la mina, a la cual van a trabajar alegres y joviales, risueños como los enanos que describe Tolkien en sus novelas, cantando y silbando, todos en respetuosa fila. Nunca vi nada parecido en Asturias, y quizás sea una cosa que me carga mucho de la película. Sobran ocho canciones, como mínimo. Demasiadas canciones para no ser un musical. En Asturias nunca vi nada parecido.

        El caso es que, Huw Morgan, el más joven de una tradicional familia galesa, nos narra, recordando los hechos del pasado, lo acontecido en dicha localidad. En un principio, todo es felicidad, canciones y silbidos. Los Morgan trabajan de sol a sol, bajando hasta las entrañas de la Tierra y extrayendo el negro mineral. En sus pieles y pulmones se traen más carbón de lo considerado aceptable, pero… Cosas de la Revolución Industrial, es lo que hay.

        Los problemas vienen con la bajada de sueldo. Los hijos Morgan se quieren sindicar y luchar por sus derechos, pero a Papá Morgan eso le suena a Socialismo, que es como nombrar al mismísimo Satanás. Y las desavenencias entre Padre e Hijos comienzan más pronto que tarde.

       La película, aparte de dejar claro los problemas sociales de la comunidad (el trabajo infantil, el casi nulo papel de la mujer en la sociedad, y el poderío de la iglesia anglicana, entre otras cosas que se me escapan, está muy bien reflejados en la cinta), muestra fielmente los entresijos del alma humana: El afán de supervivencia, de superación, la lucha social, el amor, la traición, el extraño sistema educativo que se gastaba, la falsedad e hipocresía de los vecinos y la sociedad de clases, aún casi estamental…


       En fin, otro clasicazo imprescindible para visionar. Ya sé lo que estaréis pensando, que la habéis visto mil millones de veces, pero una vez más no lo hará daño.

domingo, 1 de enero de 2017

La Dibupedia de los 90.



       Si hay algo que define a José Mª Guerrero es que el tipo se lo curra. “La Dibupedia de los 90”, realizada bajo el paraguas del crowfunding, es un ejemplo de lo que digo, continuadora de “La Dibupedia de los 80”, que fue un éxito rotundo, en este libro volvemos a repasar, como ya hicimos en la de los ochenta, todas las series y películas relacionadas con el mundo de la animación.

       Con prólogo de José Antonio Gavira, la voz de Goku en Dragon Ball Z, la Dibupedia hace un repaso exhaustivo por cada uno de los años de la década de los noventa, no dejando atrás ni las series más nimias, completando al máximo este estudio que yo considero titánico. Con entrevistas al propio Gavira, a Isidre Monés, mítico dibujante e ilustrador (Creepy, Vampirella…) y a Jaume Rovira, otro clásico del cómic español.

       Con José Guerrero, la calidad está garantizada, ya lo demostró con el imprescindible documental “Vampirella”, y con las dos Dibupedias el lector aficionado, como yo, al mundo de la animación y del cómic, se va a llevar una grata sorpresa.


      Recomendable, no… Imprescindible.