Como no suelo ver
películas neozelandesas, me he propuesto desfacer el entuerto haciéndole una
reseña a una película de las Antípodas que he visto hace una semana: “La Ley de
Jenny Pen”, película de 2024, que se estrenó por estos lares en 2025, y que se
presenta como un inquietante film de terror y thriller psicológico dirigido por
el cineasta, y escritor neozelandés, James Ashcroft, al cual no conocía de
nada, hasta la fecha.
Y
me he encontrado con una historia, con un metraje de poco más de una hora y media,
y con casi diez minutos de créditos, cuya trama gira en torno a un caso de
acoso viejuno, acoso en la tercera edad, en una residencia de ancianos, que mezcla
elementos clásicos del horror con una reflexión social profunda sobre la vejez,
el miedo y la soledad, la fragilidad de los ancianos, y el poder que ejercen
incluso los más vulnerables, o supuestamente los más vulnerables, cuando nadie
los observa. Situada en un espacio tan inhóspito, tan agobiante, como una
residencia de ancianos aislada, la película reflexiona sobre la pérdida de
autonomía, la represión y la resistencia desde perspectivas tan inesperadas
como perturbadoras.
La
película está protagonizada por dos grandes actores, viejunos, pero que siguen
siendo a fecha de hoy dos gigantes del cine como son Geoffrey Rush, que hace de
Juez retirado con un alzhéimer incipiente, y “Don Quijote” John Lithgow, que
hace de un viejuno sádico y capullo, que está como una cabra en bicicleta, que
lleva siempre una muñeca calva en una mano, Jenny Pen.
La
narrativa de La ley de Jenny Pen comienza con un juicio, donde nuestro
protagonista principal, Stefan Mortensen (interpretado por Geoffrey Rush), un
juez severo, orgulloso y acostumbrado a ejercer el poder con mano firme,
dictando sentencias con absoluta autoridad, sufre un derrame cerebral que
cambia su vida de forma radical: pierde el control motor de gran parte de su
cuerpo (sobre todo de las piernas) y, al no poder recuperarse de inmediato, es
ingresado en una residencia de ancianos alejada y lúgubre contra su voluntad.
Allí, rodeado de personas envejecidas cuyos recuerdos y habilidades están
desvanecidos, Mortensen empieza a comprender de golpe lo que significa perder
el control y la dignidad.
Desde
el principio, Mortensen rechaza el entorno que ahora le rodea, lidiando con la
rabia y la frustración de verse reducido a una existencia donde sus habilidades
intelectuales ya no le sirven para ejercer autoridad. Pronto conoce a Dave
Crealy (John Lithgow), un interno extremadamente perturbado que se ha hecho
notar por su presencia inquietante y por llevar consigo una muñeca sin ojos, y
calva, llamada “Jenny Pen”. Aunque a primera vista Crealy parece inofensivo,
rápidamente demuestra que es cualquier cosa menos eso: utiliza la muñeca como
símbolo y herramienta de un cruel “juego” que implementa entre los residentes
de la casa.
Poco
a poco, Mortensen descubre que Crealy ha ido instaurando lo que él llama “la
Ley de Jenny Pen”: una serie de reglas impuestas a los demás internos mediante
abusos, manipulación y actos sádicos que rozan lo psicológico y lo físico.
Muchos residentes —por su edad y deterioro cognitivo— no se dan cuenta
completamente de lo que ocurre, mientras que otros empiezan a caer víctimas de
situaciones cada vez más violentas.
Mortensen,
a pesar de su estado vulnerable, es testigo de cómo los abusos son ignorados
por el personal y por el sistema que supuestamente debe proteger a sus residentes.
Aunque
Mortensen intenta alertar al personal de lo que hace Crealy a los residentes,
sus advertencias son desestimadas, en parte por su condición física y en parte
por la indiferencia institucional. Mortensen se da cuenta de que si quiere
detener el reinado de terror que Crealy ha establecido, deberá actuar por su
cuenta. Con la ayuda de Tony Garfield, un ex deportista con el que comparte
habitación, Mortensen comienza a planear cómo confrontar a Crealy, aunque
Garfield es en un principio reacio a actuar contra Crealy, por pavor hacia el
tipo.
Como curiosidad a destacar, os puedo
contar que La ley de Jenny Pen fue acogida en festivales de género de
terror como el Festival Fantástico de Austin y el Festival de Cine de Sitges
2024, donde no solo fue presentada, sino que también recibió premios: James
Ashcroft ganó mejor dirección y tanto Geoffrey Rush como John Lithgow
compartieron el premio al mejor actor en Sitges por sus actuaciones destacadas.
En definitiva: No es una película de terror al uso. A mi me ha gustado por el tema del acoso, del abuso en la vejez, hay muchos aspectos que toca, desde la impotencia, hasta la soledad, el miedo y la enfermedad en la tercera edad, y otros tantos aspectos que toca. Basada en un relato corto de Owen Marshall, y a pesar de que se me ha hecho larga en algunos momentos, creo que merece la pena el visionado por la actuación memorable de sus dos actores principales. Tiene una buena mano la dirección, música inexistente, y yo le recortaría 15-20 minutos de metraje sin pestañear, pero aun así no solo la recomiendo, sino que le voy a cascar un 6 de nota.









No hay comentarios:
Publicar un comentario