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Lo primero que me
llamó la atención de este cómic, “Odisea”, ya de entrada y sin tener ni idea de
qué iba, fue su portada: Un submarino alemán en primer plano, y un barco
mercante yéndose a pique de fondo mientras una barcaza, con náufragos a bordo,
se adivina entre las dos embarcaciones principales.
“Un cómic de la Primera o de la Segunda
Guerra Mundial”, fue lo primero que pensé, “y lo tengo que comprar”, fue lo
segundo. Así que lo compré en preventa, salió el pasado 27 de noviembre, y
hasta ahora no he podido leerlo.
Ni que decir tiene que me ha encantado,
“Odisea” de Harriet Ediciones, que viene de la mano de José Manuel Mata, en
cuanto al guion, y al dibujo y color, el propio José Manuel e Iván Mata.
Un
cómic de 64 páginas, de tapa dura, basado en la novela “Aguillons de Ortegal”
de Hixinio Puente, que nos traslada hasta la Primera Guerra Mundial, y nos
narra una aventura fascinante protagonizada por un marinero portugués, de
origen gallego, llamado Antonio Fonseca.
La primera viñeta ya te centra dentro
del contexto histórico. Un chico vende periódicos a grito de: ¡Últimas
noticias!, ¡El zar Nicolás II abdica!.
Es 1917. Estamos en plena Primera Guerra
Mundial. Los alemanes comienzan a flaquear en el conflicto, a pesar de sus
éxitos en el Frente Oriental, y los submarinos germanos le hacen la guerra
total a todo lo que flota en alta mar.
Ningún buque está a salvo de los
abordajes o de los ataques de los U-boots alemanes. No en vano, 72 barcos
españoles fueron hundidos, cobrándose los alemanes la vida de 300 marineros, la
mayoría vascos, a pesar de la neutralidad española en el conflicto.
En “Odisea” este impredecible hecho, que
te hundan cuando menos te lo esperas, está muy presente. Fonseca ha estado a
punto de morir en un par de ocasiones, quiere volver a su Lisboa natal, tiene
un dinero ahorrado, pero el robo de su cartera, no le deja más opción que
volver a embarcarse en el Yrewse, un viejo vapor carbonero, que en un primer
momento parte escoltado de puerto, pero que, al poco tiempo es abandonado a su
suerte por la escolta, y hundido por el UB-81.
Ocho horas después, son rescatador por
el vapor inglés Alnwick Castle, un buque mixto que llevaba carga, pero también
una parte de pasaje, y que había salido del puerto de Plymouth con rumbo a
Ciudad del Cabo.
Su capitán, les informa que serán
desembarcados en el puerto de Lisboa, algo que alegra a nuestro protagonista,
Fonseca.
Es lunes 19 de marzo y un torpedo a estribor manda a pique al Alnwick Castle, con todos sus tripulantes y los del rescatado Yrewse. Son las cuatro de la mañana y el hundimiento se produce a 320 millas náuticas de la costa más cercana. Cinco botes salvavidas se hacen a la mar, en un principio forman una flotilla, pero pronto el océano comienza a separarlos, y la narración del cómic se centra en el bote en el que viaja Fonseca, nuestro protagonista, que comienza a tener bajas según pasan los días. Escasea el agua, la comida, el frío nocturno es aterrador. A bordo también viaja una mujer con su bebé, y un perro fiel que tendrá un triste final.
Los náufragos ven, oyen, las
detonaciones que producen el hundimiento de otros barcos, y la desesperación y
la locura hacen su aparición según pasan los días, mientras Fonseca recuerda
partes de su vida, a sus padres, su adolescencia, días mejores.
Tras nueve días de infierno, llegan a la
costa gallega, donde son rescatados, concretamente al Puerto de Cariño.
En definitiva: Estamos ante un cómic
brutal, brutalmente didáctico, que rescata una historia, que, posiblemente, no
aparezca en los grandes libros de Historia, la de los náufragos de las dos
Guerras Mundiales, abandonados a su suerte, en cascarones de nuez. Algunos se
salvaron y contaron su historia, otros fueron devorados por el mar, olvidados
por todos.
Un guion fantástico, un dibujo muy bueno (aunque a mí vista le cuesta ya leer las viñetas pequeñas), y un extra final, un dossier histórico, a cargo del propio Hixinio Puente, autor de la novela en la que se basa el cómic, para quitarse el sombrero. Todo un trabajo de documentación perfectamente presentado, que incluye una fotografía en forma de orla, de los supervivientes. ¿Recomendable? Indudablemente.









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