Con dos meses de
retraso he llegado a “It: Bienvenidos a Derry”, serie de terror sobrenatural,
precuela de las películas archiconocidas de nuestro payaso danzante favorito,
amigo de las alcantarillas, Pennywise.
Basado en el libro de 1500 páginas,
publicado en 1986, ya mítico, del gran maestro del terror, Stephen King, “It”
marcó a muchos fanáticos del género del horror, del terror, y pronto comenzaron
las adaptaciones para la pequeña pantalla, a través de una miniserie
protagonizada en 1990 por el gran Tim Curry haciendo del maléfico payaso, y
posteriormente las dos películas, para la gran pantalla, que nos llegaron en
2017 y 2019.
Así, “It: Bienvenidos a Derry” se
presenta como una precuela dentro del canon, conformada por una temporada de
ocho capítulos, que se estrenó en España el pasado 27 de octubre, y con una
media de duración de los capítulos de entre 54-56 minutos, aunque el último
supera la hora de metraje. 7 horas totales de serie, que me he visto en tres
tardes, y aunque os tengo que reconocer que creo que de sus ocho capítulos, al
menos tres son de puro relleno, la serie me ha gustado, y bastante, por cierto.
Al creador del personaje, y de este
universo, Stephen King, según ha declarado a algunos medios, le ha parecido una
serie increíble y aterradora, le ha gustado…
Los guionistas de la serie, en mi
opinión, han sabido coser, bucear y enlazar la precuela con las películas, en
una serie que no obvia la violencia, el gore, los mordiscos y los ataques de
Pennywise en ningún momento, y ya les vale, ya que el presupuesto de los ocho
capítulos se ha elevado a los ochenta millones de dólares, unos diez millones
por cada uno de ellos, lo que ha sido una apuesta arriesgada por parte de HBO,
pero hasta donde sé, exitosa. Ni que decir tiene que Bill Skarsgård, como
Pennywise, se sale.
¿Qué nos vamos a encontrar en la
narrativa de “It: Bienvenidos a Derry”? Estamos en Maine, es 1962, en plena
Guerra Fría y en una etapa calentita con los soviéticos, que hacen movimientos
raros y sospechosos en Cuba.
La historia comienza con la desaparición
de un niño local, Matty. Un nene sin amigos, rechazado, que, al intentar huir
de Derry, es recogido por una extraña familia, en cuyo auto, la madre da a luz
a un bebé gárgola que revolotea por todas partes. Matty desaparece y se le da
por muerto.
A
los cuatro meses, una familia afroamericana, los Hanlon, se mudan al
aparentemente tranquilo pueblo de Derry; el padre, Leroy Hanlon, es un piloto
con experiencia dentro de la Fuerza Aérea, y junto a él, su mujer Charlotte,
una activista destacada por los derechos de los afroamericanos y su hijo Will,
que pronto hará un grupo de amigos, que, tendrán todos en común ser hostigados
por Pennywise, que los ataca en muchas ocasiones.
De
manera paralela, en la Base Aérea cercana, se lleva a cabo una misión secreta,
que afecta directamente a Leroy Hanlon, aunque no sabe muy bien en qué
consiste, y a la comunidad india de la zona, que ve como una vez más, el
gobierno de los Estados Unidos se mete en sus tierras para andar removiendo
cosas en la tierra que no deberían.
Y,
en esa misma Base, hay un tipo, un militar médium, que, al escucharlo, me hizo
dar un bote en la silla, ya que es un tal Dick Halloran… Si, el mismo Dick
Halloran que aparece en la película de “El Resplandor”, por lo que ambas
historias se conectarían a través de este personaje, lo cual, me hizo decir:
¡Uffff, ¿Cómo han hecho esto?!... Me pareció completamente increíble conectar
ambos universos.
“It:
Bienvenidos a Derry” aprovecha la coyuntura para hacer una exploración por lo
que eran los derechos de los afroamericanos en los años sesenta, que sufrían un
severo racismo, que se ve en el tema de que tenían que tener sus propios bares,
a pesar de que, como dicen en varias ocasiones “aquello no era el Sur”, donde
las cosas estaban peor… Aparte de ver pisoteados sus derechos jurídicos, como
la presunción de inocencia, o las relaciones interraciales.
El
pueblo, la verdad, es que se las trae en todos los sentidos: Son racistas, más
falsos que un euro de madera, y los militares tres cuartos de lo mismo.
El
ritmo es irregular a lo largo de sus ocho capítulos (insisto en que hay tres en
su ecuador que aportan poco, ralentizan la historia), pero los efectos son
buenos, destacando el último capítulo, que tiene un rollo del flautista de
Hamelin a lo Pennywise, muy interesante, con su acción y su gore de la casa,
yendo más allá de la típica aventura del arquetípico grupo de amigos contra el
terror de turno. De nota, le voy a dar un 7. Y os la recomiendo. Por cierto, se
viene Segunda Temporada para 2027, confirmada.













No hay comentarios:
Publicar un comentario