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jueves, 26 de marzo de 2020

Hombre (Aleta Ediciones, 2015) Peter Wiechmann, Rafael Méndez



         Cuando era pequeño, atesoraba algunas historietas, vendidas por pocas pesetas (no recuerdo el precio, ¿Dos, o tres?) de tipo cuadrangular, del Lejano Oeste. Historia de cowboys solitarios, séptimos de caballería, indios y búfalos, y el ferrocarril que era atacado casi a diario. Historias en pueblos inventados, con finales felices con la caída del sol.

         “Hombre” (Aleta, 2015) de Peter Wiechmann (guión) y Rafael Méndez (dibujo) es una de esas viejas historias que atesoraba a finales de los setenta, principios de los ochenta. El integral que presenta Aleta Ediciones, es fantástico. Con varias historias cortas, pero con una narración principal que tiene un principio, y un final con la última página del volumen.

            Baltimore O´Hara “Hombre”, es un tipo acusado de asesinato, que huye de su Nueva Orleans natal, para refugiarse en el Lejano Oeste, entre indios, búfalos, tramperos y buscadores de oro. Pronto, mandan tras de sí a un agente de la agencia de detectives Pinkerton, Ronegall Dawson, para cazarlo. Dawson pronto se da cuenta que “Hombre” es inocente de los cargos que se le imputan, ya que Baltimore le salva la vida en varias ocasiones, pero su sentido del deber y de la justicia, hace que siga insistiendo en su caza y en llevarlo a los tribunales de Nueva Orleans.

           Durante más de cinco años, los dos hombres colaboran, se atacan y se persiguen. Mientras van enfrentándose a los retos que les pone por delante la naturaleza, y los hombres que pueblan las inhóspitas tierras que recorren.

            El cómic está francamente bien, se publicó originalmente en una revista alemana, “YPS”, y es una adaptación integra de lo publicado entonces. Es muy entretenido, y me gusta que tenga un cierre. El dibujo es fantástico, aunque al estar realizado en sepia, en vez de en blanco y negro, me dejó un poco descolocado (el amigo Pedro Camello me comentó por Facebook, que este detalle hizo que los lectores perdieran interés por el cómic).

          Otro acierto de la edición es el dossier histórico explicativo que acompaña, con una veintena de fotos de la época: De pistoleros, de tramperos, buscadores de oro e indios… E, igualmente, hay unas páginas dedicadas a la vida y trabajos de Rafael Méndez, que dejó de dibujar en 1985, por culpa de una terrible enfermedad, la depresión. Valga este buen cómic de Aleta Ediciones, como dedicatoria a un gran dibujante e ilustrador, olvidado por la inmensa mayoría de los lectores, desgraciadamente.