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viernes, 8 de noviembre de 2019

Terminator 6: Destino Oscuro (2019)



        Ir al cine a ver algunas películas… Ya me da una pereza brutal. Han pasado… ¿Cuánto, 30, 35 años del estreno de la primera película de Terminator? Es posible, paso hasta de consultarlo en la Wikipedia… Y, sin embargo, aquí estamos, una vez más, sentados en la oscuridad de la sala, santiguándome para lo que voy a ver no sea un bodrio de la leche.

       El prólogo nos retrotrae al final de Terminator 2. Los Connor andan por Guatemala, felices y contentos, porque pudieron cambiar el futuro. Aquel futuro que cambiaba en 1997, y que convertía el planeta en un apocalipsis de máquinas destructoras, con los T en sus diversas variantes.

        Pero, un nuevo T-800 ha llegado a la paradisiaca playa guatemalteca, completando la misión que los demás no pudieron, en un abrir y cerrar de ojos.

        La nueva misión para cambiar el futuro se reinicia, una vez más, por sexta vez, en este “Terminator 6: Destino Oscuro” (2019). Un nuevo futuro, diferente al que conocíamos. Esta vez, tenemos a un nuevo T, un nuevo robot, llamado Rev-9, en México, que deja a los anteriores androides como nenes de teta. Pero, del futuro, también viene una medio cyborg para hacerle frente.

         Y, tras media hora larga, te das cuenta de que vamos a tener más de lo mismo: Escenas de acción a tope, tiros, explosiones, recuperaciones continuas del Rev-9… Pero con la salvedad de que el protagonismo es plenamente femenino, y que, antes de llegar a la hora, la saga se autoparodia, mientras la peña comienza a bufar en la sala al ver a Arnold en la gran pantalla, y de qué manera…

          La película está entretenida, sin tirar cohetes, y sin llegarle a la suela de los zapatos a las dos primeras (de las demás, ni opino). Le sobra más de media hora perfectamente, y he visto a gente bostezar largamente. Yo no llegué a tanto, pero, bueno…

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