
137,90 Euros de factura telefónica. Una pasada. Me he quedado pasmado durante dos minutos mirando la el papel, como un bobo, junto al buzón. Por un momento he pensado que debía ser un error. Uno por uno, he ido viendo cada uno de los teléfonos, casi todos móviles, que se citaban en la factura: No conocía ninguno. La mayoría de las llamadas se han realizado en los últimos quince dias, muchas de ellas de casi 30 minutos de duración, y algo curioso, en horas donde yo no estoy en casa… Eso me ha dado una pista:
- “¡¡Miiiiiicheeeeeeeeeel!!”. He gritado como un poseso, y me he dirigido al ascensor, previamente he tenido que responderle un enigma a Amparo, la esfinge del rellano, pero la respuesta era fácil, era “Moratinos”, y ella, con una sonrisita de satisfacción, me ha dejado entrar sin problemas en el elevador…
Cuando he entrado en casa, Michel estaba en el sofá, con sus “gafas de cerca”, leyendo. Se está leyendo “Kafka en la Orilla”, un libro sobre un tipo que es capaz de comunicarse con los gatos, nada original, de un japonesito, Haruki Murakami, que está arrasando en las librerías de la ciudad… A Michel ya se le acabó el Ramadan y tenía puesto a Compay Segundo en la mini-cadena…
He contado hasta tres, buscando tranquilizarme, no me gusta meter voces, ni ponerme violento, y le he pedido explicaciones sobre la factura. Él muy tranquilo, la ha mirado, y me ha comentado que esas llamadas son por una buena causa. Me ha explicado que, ya que Estrasburgo no acaba de llamar para lo de la autodeterminación del patio-lavadero, ni como tampoco se sabe nada de la denuncia que me ha puesto a mi por no dejarle celebrar el referéndum de consulta con el resto de los gatos de la Comunidad de Vecinos, pues se le ha ocurrido la feliz idea de citarlos, a todos, para hacer una protesta pacífica, en la que todos los miembros felinos, gatos y gatas del pueblo gatuno, que así lo deseen, se unan, en paz y armonía, haciendo una “cadena felina”, todos cogidos de las patas, que parta desde la puerta del patio-lavadero y que acabe en la primera bocacalle a la derecha de la Avenida… O es eso, o es seguir con los actos de “Gato Boroka”, ha sentenciado.
En ese momento, ha sonado el timbre de la puerta, y era Apolodoro (pantalones vaqueros de mercadillo, 5,95, y camisa Carrefour, verde clara, oferta de 2 a 10 euros, zapatos negros, procedencia desconocida), el viejuno del 1º C, supuesto dueño de Amparo, (digo supuesto porque la esfinge hace lo que le da la gana), que ha venido a advertirnos que Amparo andaba revoloteando tras un tipo con alas y calzoncillos (Dustin, de oferta hasta el 15 de Octubre, 9,95) sobre el cielo del patio-lavadero. “Eso es invasión de espacio aéreo”, ha musitado Michel, y se ha dirigido hacia el patio-lavadero de un maullido. Yo le he dado las gracias a Apolodoro, y antes de despedirme de él, y seguir con nuestra amable conversación sobre quien va a pagar los 137,90 de factura con Michel, le he preguntado:
- “…Don Apolodoro, perdone la indiscreción, pero usted que es exconductor de autobuses (léase el capitulo “Amparo, la esfinge del rellano”), ¿Conoce la historia de Sísifo?...”.
… Y el pobre hombre no me ha podido contestar, porque hemos escuchado un trastazo en el patio-lavadero, y he supuesto que era Icaro, derribado de nuevo por Amparo, por no haber contestado “Pocholo” a la pregunta que la esfinge le había planteado…Y Compay, desde la enlatada mini-cadena, a lo suyo…












