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domingo, 19 de marzo de 2017

La Gran Muralla (2016)


        En “La gran muralla” (2016), nos encontramos con una superproducción china, con Matt Damon y Pedro Pascal (que aprovecha el tirón de “Juego de Tronos”), como protagonistas principales. Estamos en pleno S.XV, y las potencias europeas codician la pólvora negra, cuyo secreto guardan celosamente los chinos.


        Dos mercenarios, uno inglés y otro español, llegan hasta las mismísimas puertas de la Gran Muralla China buscando hacerse con ese codiciado secreto. Son los dos últimos supervivientes de una expedición de veinte hombres. Capturados por los chinos, más pronto que tarde se dan cuenta de su situación. La Muralla protege al Milenario Imperio, no de los mongoles ni de los Testigos de Jehová, sino de algo mucho más terrorífico: Monstruos. Unos bichos verdes, de diversa índole y categoría, que pretenden invadir el país y merendarse hasta el último de sus habitantes. Pero ahí está Matt Damon para evitarlo con su arco (cual Légolas), y sus buenos modales…


        La película rebosa efectos especiales hasta en la sopa. La trama deja mucho que desear. La imagen de los españoles, por variar, no sale muy bien parada. Es una película realizada para el gran público, puro entretenimiento, para no pensar mucho y dejarse llevar por las oleadas de cucarachas verdes que lo protagonizan. ¿Se deja ver? Sí, pero a mí me ha llegado a aburrir. Ahí queda.



        P.D: La presencia de Dafoe no salva la película.


viernes, 17 de marzo de 2017

Curso 1984 (1982)


        “Curso 1984”, película de gamberros ochenteros, de casi treinta años, pero que se hacen pasar por nenes de instituto de quince o dieciséis años. Esta es una de aquellas películas de videoclub que paraba poco en las estanterías, tanto es así que es casi considerada mítica por algunos.


        Nos encontramos con un instituto, el Lincoln High, de una zona conflictiva. Sus habitantes son punkies (nazis, por cierto), drogatas, yonkis, gamberros de diversa índole. La estética, el graffitti de diversa consideración artística. A este lugar tan idílico, llega un profesor nuevo de música, el Señor Norris, que se encontrará con la banda de Peter Stegman, unos tipos que controlan el centro y sus alrededores con el mercadeo de coca, que se disputan con una banda de negros.


        Desde el principio, las putadas al profesor se convierten en normativa, habituales en el día a día. Hasta que Andrew Norris se cabree, y pase de ser el amable profesor de música a jugar a lo que les gusta a los punkarras de Steigman.


        Las referencias a películas como “La naranja mecánica” (1975) o “The Warriors” (1979), están muy presentes en esta cinta (incluso, me atrevería a aventurar inspiraciones del videojuego “Final fight”), donde Michael J.Fox hace un papel secundario, y aparece Roddy McDowall (¡Qué verde era mi valle!) como profesor. Hoy en día es una película un tanto desubicada, que incluso te hace sonreír (a mi sobre todo ver esos actores tan mayores haciendo papeles de supuestos críos de secundaria), pero no por ello deja de ser interesante. De hecho, al principio de la película, se asegura que está basada en “hechos reales” y da unos datos sobre la violencia del alumnado hacia el profesorado en Estados Unidos.



        Os la recomiendo. Por ochentera, por la estética, y por su historia, que nunca pasa de moda. Por cierto, el tema principal “I am the future” es de Alice Cooper.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Hangar 18 (1980)


        Hoy un traigo un clásico del cine de Ciencia-Ficción: “Hangar 18” (1980), una película de esas que yo veía, fascinado, en el salón de casa, en el viejo video Beta. Una de naves espaciales, transbordadores que escupen satélites en forma de supositorio en plena Guerra Fría, encuentros extraterrestres y todas esas cosas que le alucinan a uno cuando es apenas un crío con mucha imaginación.


        A fecha de hoy, nos hace mucha gracia, con esos ordenadores operando en Basic, transistores, paredes desnudas, patillas heredadas de los setenta, transbordadores de cartón-piedra y efectos especiales de feria, pero no deja de ser una película entretenida, para nostálgicos, que yo he querido recuperar, con unas pocas líneas como homenaje a aquel cine cutre que nos encantaba… Y es que ya no nos conformamos con cualquier cosa, lo cual no es malo.


        En “Hangar 18” tenemos a un transbordador espacial yanqui que, en plena misión (soltar un satélite), contactan con una nave de origen extraterrestre. La sorpresa dura poco, porque el satélite que acaban de soltar, choca contra el objeto, derribándolo sobre los propios EEUU (no iba a caer en plena Extremadura, no fastidies), y matando, de paso, al astronauta que andaba fuera del transbordador.


        Los militares pronto se quedan con el extraño objeto, al cual llevan al Hangar 18 (en Texas, pobres marcianos), mientras los astronautas aparcan el transbordador (como el que aparca un Renault 6), y comienzan a investigar el paradero del objeto (que tiene la apariencia de una cafetera)…

        Como os decía: Solo ver “Hangar 18” con ojos ochenteros, en caso contrario, el cerebro te puede estallar de la risa. ¿Es mala? No, yo no he dicho eso, a mí me encanta. Es, simplemente, antigua. Entre los actores, yo destacaría a Robert Vaugh (Los Siete Magníficos, El Equipo A…), y a Darren McGavin (salió en “Crónicas Marcianas”, “Expediente X”…).


        P.D: Como curiosidad, “Hangar 18” es una canción de Megadeth (Rust in Peace, 1990)

lunes, 13 de marzo de 2017

Train to Busan. (2016)


        ¿Qué tenemos en “Train to Busan” (2016)? Pues tenemos una gran película coreana de zombies. He de reconocer que los veinte primeros minutos no llegaban a engancharme: Unos técnicos, vestidos de blanco, parando camionetas de granjeros medio bebidos, ciervos que resucitan, un padre que no se comporta como un padre y está más preocupado por el índice bursátil que por su propia hija…


        Pero, poco después, la cosa empieza casi por casualidad, y al poco tiempo, tenemos un tren volando hacia ninguna parte, con la mitad de los vagones llenos de zombies hambrientos, y un grupo de supervivientes muy peculiares: Los jugadores de un equipo juvenil de béisbol y su única animadora, una joven embarazada y su marido, un par de abuelas, un egoísta jefe de estación, un valiente conductor y un puñado de extras que irán cayendo como moscas a lo largo de la cinta.


       La crisis desatada nos mostrará lo peor del ser humano, y la capacidad de los zombies por atacar, correr los cien metros en cinco segundos, descuartizar y morder todo lo que se mueve con una expresión casi artística. Aparte de relevarnos varios datos interesantes para entender, aunque sea con pinceladas, el origen del caos producido.



       No soy muy aficionado al cine “zómbico”, porque la verdad es que siempre he pensado que es muy repetitivo: Tú corres, y los zombies te dicen Arrrgg, o Errggh, con sus cuerpos descoyuntados, y toda esa parafernalia… Pero he de reconocer que “Train to Busan” es trepidante, entretenida y se deja ver.  Os la recomiendo, por supuesto. Y, no dejéis de correr.

domingo, 12 de marzo de 2017

El último rey. (2017)


          “El último rey” (2017) es una película noruega que me he tragado hoy, precisamente, aprovechando el tirón del actor noruego Kristofer Hivju, conocido por su papel de salvaje pelirrojo en “Juego de Tronos”.


          No es que haya visto mucho cine noruego. En realidad, no recuerdo haber visto nada hasta la fecha, o al menos, nada resaltable, pero “El último rey” nos trae una de esas películas épicas, basadas en la historia del país escandinavo, y que, a pesar de tanta y tanta nieve (demasiada para un extremeño), tiene algo de “calor” que engancha al espectador.


           Es cierto, podréis ver algunas similitudes en vestuario y batallitas con la propia “Juego de Tronos”, con la serie “Vikingos” de Canal Historia (aunque aquí los antiguos paganos, son más cristianos que el propio Papa de Roma, y de hecho, algún actor de la serie se cuela aquí, en el reparto), o incluso, rizando el rizo, en su planteamiento narrativo con la mítica “Willow” (1988), aunque sin trolls, magos y hechiceros y sin Val Kilmer tampoco.


          Bueno, vamos directos a la historia (basada en un hecho real) que me voy por las ramas: Estamos a principios del S.XIII. Noruega está en plena Guerra Civil, la cuestión se dirime entre dos facciones de nobles: Los Birkebeiner (estos son los “buenos”) y los Bagler (los "malos" que quieren un país católico, bajo la órbita de Roma). Hakkon III muere envenenado por la propia reina, y el heredero, el pequeño y futuro Hakkon IV, es un bastardo en territorio Bagler, apenas un bebé. Solo dos guerreros, expertos esquiadores, podrán llevar a cabo la misión de salvar al niño, Torstein Skevla y Skjervald Skrukka, en mitad de tormentas de nieve, flechas, persecuciones trepidantes y escenas llenas de acción.

          La película no es para tirar cohetes, pero si este es el cine noruego, me apunto desde ya. Buena fotografía, música aceptable. Y encima, histórico.

sábado, 11 de marzo de 2017

Hasta el último hombre (2016)


        “Hasta el último hombre” (2016) es la última película que nos ha traído Mel Gibson. Es una película basada en hechos reales, concretamente está centrada en los años cuarenta. Desmond Doss es un joven que vive en el medio oeste americano. Padre borracho (el mismísimo Elrond, Hugo Weaving) cuyos amigos murieron en la Primera Guerra Mundial, un hermano con el que se curra de vez en cuando, y una madre adicta a la Iglesia (Adventista del Séptimo día, sábados sagrados).


          Un accidente (y la consecuente enfermera) convence a Desmond, que hasta la fecha no había tocado un libro ni con un palo, a querer estudiar medicina, y posteriormente a alistarse (se alista sin ser médico), en plena Segunda Guerra Mundial, rumbo a la Guerra del Pacífico, donde el sargento, como siempre, está como una cabra (Vince Vaugh, para descojonarte). Una vez en el campo de entrenamiento, se declara Objetor de Conciencia, y lo quieren mandar a casa por asuntos psiquiátricos, pero el bueno de Desmond no quiere irse a casa, lo único que quiere es ayudar a su país, en el ejército, pero… Sin tocar un arma. Pero, el Sistema, es decir, el Ejército, no lo entiende, y le harán todas las putadas inimaginables para intentar hundir al soldado Doss, Juicio Militar incluido. Aun así, lo mandan a ese infierno llamado Okinawa de cabeza…



         Bueno, hasta aquí os voy a contar porque me gustaría que vierais la película, que en mi modesta opinión, merece la pena. Las criticas cinéfilas que había leído la ponen a parir de un burro (creo que la película paga el pato de que Gibson no cae bien en ninguna parte), pero la cinta tiene una docena de premios, incluyendo dos Oscars menores (Montaje y Sonido), la fotografía es espectacular, y las escenas de acción están más que bien conseguidas. No sé si Gibson quería dar un mensaje con la película (aparte de la locura que es la guerra), o solo intentar que no caiga en el olvido el personaje de Doss, que fue el primer Objetor de Conciencia en llevarse una Medalla de Honor del Congreso sin pegar un tiro (y encima salvó, de paso, a un buen puñado de heridos en combate), pero el caso es que la película nos ha parecido estupenda, con un listón muy alto.



           Ya nos contarás que os ha parecido a vosotros.

viernes, 10 de marzo de 2017

Que Dios nos perdone. (2016)


       Si no os lo han dicho ya, os lo digo yo: Estáis ante una “peliculón” de mucho cuidado. Canela en rama, oiga. “Que Dios nos perdone” (2016), con Antonio de la Torre (ya sabéis que me encantó “Tarde para la ira”, por ahí debe andar el post con la crítica, y es una apuesta segura) y Roberto Álamo (este es, sin duda, el mejor papel que ha hecho hasta la fecha), es de lo mejorcito que ha parido el cine español en este último año y medio.



        Estamos ante el típico “thriller” policiaco, pero bien presentado, bien encajado y bien interpretado. Los dos actores principales, directamente, se salen. Es 2011, y es un verano sofocante en Madrid. La capital espera la visita del Papa de turno, Benedicto XVI, y Alfaro y Velarde, dos inspectores de policía, investigan a un asesino en serie, especializado en violar y matar lindas y amables ancianitas, como el que se desayuna tostadas con café por las mañanas. Su búsqueda es una carrera contrarreloj. El tipo es silencioso, sutil, y no deja pistas. De manera paralela, se desarrolla la vida sentimental de los dos policías, que no es, precisamente, un camino de rosas.



        El mundo es un asco. La vida es una mierda. La humanidad apesta. El 15M sale de telón de fondo. Nenes cantando “Alabaré”. Polis gilipollas y corruptos. Trepidante en acción y ejecución… Mmmmmuy recomendable.

miércoles, 8 de marzo de 2017

"La La Land. La ciudad de las estrellas" (2017)


        Con un par de meses de retraso, después de su estreno en el cine, pude ver “La La Land. La ciudad de las estrellas” (2016), musical del que todo el mundo habla, por su ¿Originalidad? o por el famoso y olvidable desliz que sufrió en la entrega de los Oscars… No, por ninguna de esas cosas, sino porque es realmente una buena película, aunque con algunos matices, ligeros, que te cuento…



         Anda, pues empezamos bien. ¿Pero por qué has puesto originalidad entre interrogantes, acaso no te parece original? Pues no. “La La Land” es una gran película, fantástica en su coreografía, en sus canciones, en sus guiños al cinéfilo, pero original… Precisamente no lo es, o al menos a mí no me lo ha parecido.


         Ya lo sé… A pesar de que acumula seis Oscars, entre ellos el de mejor actriz para Emma Stone (más que merecido en mi opinión), y una treintena de premios más, cuando escribo estas líneas (un saco de Globos de Oro, una bolsa de rafia del Mercadona llena de Baftas que no sabes dónde poner, Critics Choice Awards y algunos más de Festivales de medio planeta…), hay que reconocerle ese pequeño detalle. Original, en su historia y planteamiento, no es.


       Efectivamente, soy un pesado. Pero, vayamos por partes. ¿Qué gusta de “La La Land”?. Pues prácticamente todo. Gusta su trepidante ritmo, su puesta en escena, la presentación de personajes, con sus sueños y sus fracasos… ¿Y de qué va? Mía (Emma Stone) es una camarera, eterna aspirante a actriz, que acude a castings como yo a las estanterías de mis libros (a diario), pero que no encuentra su sitio, un hueco en el mundillo… Sebastian (Ryan Gosling), es un pianista de Jazz que se resiste a la nueva ola musical que se quiere tragar, o se ha tragado ya, al Jazz clásico. Intenta surfear esa ola y montar su propio Club de Jazz, con copas y buena música, y quizás, algo de pollo para acompañar. Pero mientras eso ocurre se cae, y se vuelve a levantar, cruzándose en el camino de Mía y ayudándole, de paso, a descubrir el Jazz… Su alegato, en defensa del Jazz, me pareció sublime.


       Ahora bien, ¿No os suena esto un poco a “Cantando bajo la lluvia” (1952)?, la búsqueda del triunfo que no llega, la ilusión por cumplir un sueño que parece imposible dentro del mundillo del espectáculo… A mí sí, totalmente. Falta la maleta en manos de cualquiera de los dos mientras observan luces de neón con llamativos colores y sonoros mensajes, pero tenemos una escena con farola… Esa búsqueda del sueño hollywoodiense, me resulta familiar. Historia romántica, con muchos matices y colorines por aquí y por allí, como en un cuadro de Hopper. Y un Los Ángeles misterioso, lleno de oportunidades, de fondo.


       Al principio de la película, verás una coreografía basada en los típicos atascos de coches en Los Ángeles. ¿No le sucedía algo parecido a Michael Douglas en “Un día de furia” (1993)?, fue lo que pensé. Esa imagen de Douglas encima del coche, los atascos… Incluso (perdonadme la broma), me acordé de la escena inicial de “Deadpool” (2016).

       ¿”West Side Story” (1961) en el colorido baile de las compañeras de piso de Mía?, no sé, también pudiera ser. ¿”Pulp Fiction” (1994) en el baile del Club de Jazz? Quién sabe, a mí me lo pareció. ¿”Moulin Rouge” (2001) en ese amor imposible de concluir y de alcanzar, con esas miradas trágicas y esos hilos rojos que se rompen…?

       En fin, tenéis que verla. La película es bien buena, de siete y medio u ocho. El “What if…?” (Qué hubiera sido si…?) final es de esos que nos planteamos muchos, también, cuando nos da por oír a Charlie Parker o a Chet Barker, en días bucólicos… Pero, ¿No salía algo parecido en “Dos vidas en un instante” (1998)? En serio, tenéis que verla…

domingo, 5 de marzo de 2017

Logan. (2017)



        Con “Logan” no voy a entrar en debates, en mi modesta opinión, improductivos, sobre si la película no es fiel al cómic, o sobre si este personaje o aquel, debería estar o no en la cinta. Cualquiera que se haya leído los cómics sabe que, efectivamente, la línea argumental del papel poco, o a veces nada, tiene que ver con las vías por la que se desarrolla el celuloide.
(¿Ibuprofeno?)

         El caso está en que, “Logan”, es una película que cierra un ciclo. Me atrevería a decir, incluso, que cierra dos ciclos. Por un lado, está más que claro, cierra el ciclo de las películas de “Lobezno”, o por lo menos, las películas de Hugh Jackman como “Lobezno”, el papel por el que será recordado, para lo bueno, y para lo malo también (17 añitos se ha tirado con el personaje). Y que deja un listón muy alto para aquellos futuros actores que retomen (si es que hay oportunidad) dicho papel, dicho personaje. Por otro lado, arriesgo, y me atrevo a decir, que cierra las películas de los “X-Men”, les da el punto y final, por lo menos al equipo clásico, dejando la duda al espectador de qué fue de ellos en este hilo argumental, pues no nos dan ni una triste pista de su funesto destino.
 (Lo parece, pero no es un anuncio para ropa infantil...)


        Sin querer entrar igualmente, en spoilers, creo que la película está bien planteada, bien presentada, y bien desarrollada, lejos de las calificaciones de algunos sesudos frikis que la han estado tachando de “truño” desde que se estrenó en España. “Los cosechadores”, aquellos ciborgs (que llegaron a tener hasta cuatro actualizaciones) como malvados de la película, con “Niño Bonito” a la cabeza (creo que era él), el enigmático Caliban como uno de los últimos mutantes puros vivos, quejoso y huidizo, (¿Recordáis los cómics en los que vivía en una alcantarilla con los Morlocks?), un profesor Xavier nonagenario y bastante chaveta, y un Logan cansado de vivir, en un futuro que parece una película del Oeste…

        Como telón de fondo tenemos a la nueva generación de mutantes (no, no son los “Nuevos Mutantes”, no he caído en ese error), con X-23 a la cabeza, que forman una amalgama tipo “niños perdidos”.


        ¿Merece la pena verla? Hombre, pues claro que sí. “Logan” cierra círculos, como os decía, y la acción, las heridas, las barbas y las canas de los que se acercan a su crepúsculo, no faltan. Aparte que la BSO, con Johnny Cash entre otros, es fantástica. Ya me contaréis.

sábado, 4 de marzo de 2017

Eva al desnudo. (1950)


(Duelo de divas)

        Hace ya algún tiempo leí, que “Eva al desnudo” (1950) es una de las veinte o treinta mejores películas de todos los tiempos. La verdad es que, en mi sincera opinión, es completamente cierto. Se trata de una película que había visto un par de veces cuando estaba en el instituto (hace treinta años), en esos raros ciclos de cine que emitían en La 2 (esa cadena que nadie conoce, o que nadie reconoce ver).

        Comprarse la película, y verla en V.O, ha sido uno de los mayores aciertos cinematográficos que he hecho en los últimos meses (me ha permitido observar que mi inglés está bastante oxidado). Es una película que se disfruta setenta años después, con una frescura impresionante, pues cuenta, en definitiva, una de las mayores ambiciones humanas: Triunfar. Y cuando digo triunfar, lo digo desde un punto de vista maquiavélico, por encima de todas las cosas.

         Eva Harrington es una joven viuda que admira profundamente a Margo Channing, actriz teatral neoyorkina que triunfa como la espuma. Tanta es su admiración que no se pierde ninguna de sus obras. Astuta como un zorro, idea un plan para hacerse no solo un hueco en el mundo teatral, sino para conquistar el trono de Margo. En su camino hacia el estrellato, no duda en pisotear y hundir a tod@s l@s que se le cruzan, y solo un crítico teatral se dará cuenta de los planes de Eva para llegar a la cima del éxito. Dramática, romántica… como os decía, una película ideal para conocer, en unas representaciones sublimes, lo que es la viva ambición humana. Nominada con catorce Óscars, se llevó seis y un saco de premios en la época. Además, solo por Bette Davis, ya merece la pena.

        Cine clásico del bueno, cine recomendable e imprescindible. Apuntadla, sino la habéis visto aún.

(Si, es la Monroe...)


viernes, 3 de marzo de 2017

Diez años y divorciada. (Yemen, 2014)




        “10 años y divorciada” (Yemen, 2014), es una película basada en el libro “Me llamo Noyud, tengo diez años y estoy divorciada” (Editorial Martínez Roca, 2009, unas 160 páginas), que cuenta una historia real, la de Noyud, una niña yemení que, como otras miles al año, son obligadas a casarse cuando les llega su primera regla (y, a veces, ni eso).

         Es una historia terrible, ciertamente horrible. “Diez años y divorciada” es una de esas películas, acogidas con tibieza por una parte de la crítica cinematográfica, cobarde, que prefiere mirar para otro lado, pero reivindicativa y necesaria, como “La bicicleta verde” (producción germano- saudí, 2012) o “Buda explotó por vergüenza” (Irán, 2007), para conocer la realidad social que infelizmente protagonizan las mujeres de muchos países musulmanes, que, aún hoy en pleno S.XXI, viven anquilosados en tradiciones y costumbres medievales, a golpe de religión y de kalashnikov.

         El título, tanto del libro, como de la película, ya te lo dice todo. Una niña de diez años, casada, huye de las palizas, maltrato y violaciones a las que la somete su marido de treinta, con la esperanza de que un juez le dé una salida a su temprano e infernal matrimonio.

        En un flash-back vemos la corta vida de Noyud, criada entre los bellos y bucólicos riscos de Yemen, entre piedras, vacas esqueléticas, ovejitas y granos de café. Pronto, la veremos casada y viviendo en Saná, la capital del país, aunque su historia viene de un matrimonio campestre, con un contrato prematrimonial por medio, con almendras y dinero incluidos. La religión, siempre presente, no falta en toda la película.

        Hay una escena, que para mí es muy reveladora, en la que la niña vende su anillo de casada para comprarse una simple muñeca. Aunque, he de decir, que una de las que más me llamó la atención fue la de la celebración de la noche de bodas, kalashnikov y cuchillos mediantes, con su posterior maltrato y violación.

       El juez (bastante occidentalizado), escucha esta desgarradora historia, muy vigente en Yemen, y el Juicio se convierte en mediático, hasta el punto que el Jeque (Jefe del Clan de Noyud), llega a presentarse con hombres armados en la Sala y con la Sharia como única Ley…


      … En fin, una película de lo más recomendable, para abrir ojos, para abrir mentes. En mi opinión, de obligado visionado, para ver y constatar, como se trata a las niñas, y a las mujeres, en algunos países musulmanes, en nombre de la religión, en nombre de unas costumbres medievales.