
Realmente fue a Micho a quién se le ocurrió la idea. Yo ya había hecho algunas performances en contra de la guerra de Irak y Afganistán en compañía de mi difunto Michel IV de Gato, pero nunca con Micho.
El caso era sencillo. Simplemente íbamos a ir a la puerta del Ayuntamiento de Badayork, el sábado por la tarde, a protestar por la guerra de Libia. Micho afirma que no hay guerras legales ni ilegales, sino que todos son guerras, y que en las guerras hay muertos, desolación, destrucción… Y que la resolución de la Onu al respecto le parece servil, ya que hay, y ha habido, guerras en diversos puntos del planeta y la Onu mira para otro lado o le hace la vista gorda a determinados sátrapas… Y la verdad es que no me negué a su propuesta, incluso me apetecía explotar, de nuevo, esa vena revolucionaria que estaba anquilosada por mi vida de parado que no encuentra trabajo ni debajo de las piedras, sofá y tragos de absenta hasta que caigo ciego y redondo al suelo.
Eran las seis de la tarde cuando nos presentamos allí. Por la mañana había hecho un cartel con un GUERRA NO que llevaba colgado al cuello, y Micho pronto comenzó a maullar lastimeramente a las puertas del Ayuntamiento, de estilo colonial.
“Guerra No, Guerra No…”, gritaba yo, mientras Micho, junto a mí, maullaba sus consignas. La gente pasaba junto a nosotros, sin apenas mirarnos: Jóvenes que parecían ir a tomar un café vespertino y que se rieron a carcajadas al ver al gato frac maullando, un par de barrenderos que fumaban mientras oían en futbol en un transistor y nos miraban de reojo, y una anciana que nos dio una moneda de dos euros diciéndonos que ella había pasado mucha hambre en la post-guerra. Unos chicos, de unos 14-15 años, pasaron volando en bicicleta y nos dedicaron un sonoro “Payasos de Mierda” y un tipo con bigote nos llamó “Comunistas de los cojones”, cosa que a Micho no le hizo mucha gracia, bufó bastante, porque él se declara anarco-capitalista…
Al cabo de media hora, y ante la falta de apoyo popular (ni siquiera vino la policía a detenernos, algo habitual cuando las performances las protagonizaba Michel IV de Gato), decidimos gastarnos los dos euros de la anciana en un café reparador, en una terracita cercana, mientras discutíamos sobre la poesía de Paul Valery, Tagore y Cavafis…
P.D: Micho se pidió descafeinado con sacarina servido en un platito…










