
…Menuda se ha montado con el tema del Grifo. La verdad es que yo no veo que la coisa sea para tanto, lo que ocurre es que como ha tomado cartas en el asunto el Obispo de la Diócesis, y ha puesto el grito en el cielo, pues tenemos al gallinero local revuelto.
El caso es el siguiente: Una de las dos iglesias que tenemos en el barrio, de estilo colonial-californiano, principios del S.XIX, con su torrecita y su campanario, está rematada por un enorme nido, vivienda de protección oficial de un par de cigüeñas blancas, que hace un par de años que no aparecen por el lugar. ¿Qué ha ocurrido?, que de la noche a la mañana, presto, se ha dignado a ocupar dicho nido vacío, que se estaba echando a perder, un Grifo.
Nadie sabe de donde carajo ha salido. Sólo se sabe que el domingo pasado, cuando las beatas del barrio iban a misa de once, al mirar hacia el campanario, otearon la enorme figura del bichejo allí encaramado, que les recibió, animalito, con un gracioso: ¡¡Guuaaarrrrjjj!!. Las beatas, muchas de ellas enlutadas de pies a cabeza, corrieron a refugiarse al interior del templo, y desde allí llamaron al 112, mientras el cura intentaba expulsar al ocupa inquilino del campanario, con una cruz en una mano, y una escoba en la otra. Los del 112 se presentaron allí, con una ambulancia del Samur, y poco pudieron hacer por echar a un animal que debe pesar un par de toneladas, aunque se le ve joven.
Le estuvieron enseñando fotos de la Duquesa de Alba, con el fin de espantarlo, pero de nada sirvió. Al cabo de un rato, el bichejo salió volando, dirección Vegas del Guadiana, y al cabo de una hora, se presentó con la mitad de una vaca, para horror de todos los presentes. Y allí mismo, en su nuevo apartamento, con vistas al río, empezó a despedazar su merienda.
Hubo un momento en que al pie de la iglesia, estaban las beatas, curiosos, nenes que volvían de las actividades extraescolares, policía local, bomberos, samur, una ONG de chicas llamada “Salvemos los Grifos Peninsulares” (que amenazaban con quedarse en bolas si el bichejo recibía algún daño, y alguno que otro empezó a tirarle piedras al Grifo…), unos chinos de un restaurante que me miraban, inquietos, más a mi que al Grifo en cuestión, un par de tipos que vendían camisetas del Grifo subido al Campanario (todas las tallas 7,90, yo compré dos), una chica con un yorkshire (pantalones vaqueros, 19,90, y sudadera de El Corte Inglés, 2ª Planta, 21,35, creo que era del otoño pasado…), Apolodoro (el viejuno del 1ºC),un extraño hippie, con pezuñas de cabra, extraños ojos, con una flauta en la mano que me dedicó una media sonrisa nada más verme, un anciano que portaba planos arquitectónicos en sus huesudas manos, becarios de Comunicación audiovisual (cámara en mano), y dos jovenzuelos muy simpáticos, que silbaban alegres “Perros Callejeros”, con un vespino, presumo que robado, que no sé porqué, me han recordado portadas románicas…
A todo esto, apareció por allí Apolo, el chico nuevo del Club del Tiro con Arco, ofreciéndose a la policía local para lidiar con el Grifo, asegurando que él está acostumbrado a tratar con ellos. “Mi amigo Abel de Lorch, que es un Arimaspo, tuerto el pobre, me enseño a tratar con ellos y…”, que tipo más pedante. A mi me encantan los Grifos, al menos no te proponen enigmas a resolver como las Esfinges. Lo malo es cuando les da por derribar aviones comerciales portugueses.
En fin, como decía al principio, no veo que la coisa sea para tanto. Yo me volví a casa, pensativo, mientras veía a Icaro ser perseguido por Amparo, la esfinge del rellano, por el cielo de la avenida. Se estaba haciendo tarde, y a lo lejos, parecía que la Constelación de Orión, tempranera, me invitaba a dar un paseo nocturno por el campo, aunque deseché pronto esa idea porque tenía que madrugar y ya hace frío. Al llegar a casa, Michel veía la tele, salía el Obispo protestando por la presencia del simpático Grifo en el campanario de la parroquia.
- “¿Algo nuevo en el barrio?”, me ha ronroneado Michel, enigmático.
- “Nada. Lo de siempre.” Le he contestado mientras le servia un chupito de absenta a mi felina compañía. “Pon a Punset, Michel, que este tipo de la sotana me está calentando la cabeza…”.