Estrenada la
última semana de abril de 2026, concretamente el 24 de abril, nos llega una de
esas películas, que, en nuestro caso, da que hablar.
Reconozco que tenía curiosidad por
verla, en parte por volver a ver una película donde la protagonista sea Charlize
Theron, y en parte por unas declaraciones que la propia Theron hizo hace un mes
en una entrevista hablando de la película, en la que decía que la historia le
seguía pareciendo loquísima… Y, la verdad es que, mientras la veía, pensaba:
Quizás te hayas quedado hasta corta.
“Depredador
dominante” (título original “Apex”, que podemos traducir como cima o cúspide)
es un thriller de supervivencia, de los que ya hemos visto en otras ocasiones,
aquí muchos elementos de otras historias y de otras películas, dirigido por
Baltasar Kormákur y protagonizado por Charlize Theron, Taron Egerton y un Eric
Bana en tiempos bajos, que solo sale tres minutos y medio en todo el metraje.
Con
una duración aproximada de 90 minutos, se te van a quitar las ganas de
ir a Australia de aventuras. Cuando no son las serpientes y las arañas, son los
locos sueltos.
Como siempre pasa en este tipo de
producciones, Netflix no ha soltado prenda sobre cuanta pasta ha costado la
película, pero ya os puedo decir que aquí se han dejado una buena millonada.
En cuanto a la narrativa: Comenzamos la
película en Noruega, donde Sasha (Charlize Theron) y su pareja (Eric Bana),
están escalando la pared del Troll, que, por cierto, es la pared vertical más
alta de Europa, con más de 1100 metros de caída libre. Allí, precisamente Sasha
se queda sola después de que Eric Bana se regenere en un vuelo.
Como no sabemos de dónde saca las
perras, pero tampoco parece ser importante. Sasha cambia Noruega por Australia.
La montaña por el kayak, y se allá que se va en busca de nuevas experiencias, a
pasar el duelo.
Nada más llegar, un tipo llamado Ben, el
típico treintañero, le echa una mano con unos pesados que se pasan un poco con
ella. Gracias a las indicaciones de Ben, llega al sitio donde quiere llegar, y
llegado el momento, se lo encuentra allí, en plan loco de remate, ballesta en
mano, y con ganas de cazar… En este caso a ella, que deberá huir de un lugar
del tamaño de la provincia de Badajoz.
Aun así, aunque vaya en kayak río abajo a
80 km por hora, o perdiéndose por aquellos lares, siempre llega Ben para
tirarle flechas con la ballesta, incluso se le adelanta y le pone simpáticos
vídeos familiares en móviles estratégicamente colocados.
Pronto es apresada y Sasha descubre
horrorizada que Ben, aparte de cazar humanos, se los come habiendo creado sus
propias recetas culinarias, y que la próxima será ella.
Sin embargo, Ben no contaba con el
instinto de supervivencia de nuestra protagonista que pasa de ser perseguida en
una naturaleza hostil a llevar la batuta. La presa se convierte en cazadora, le
revienta una pierna a Ben, y aunque parece que van a colaborar para escapar
juntos del infierno australiano, ella lo deja caer en un momento dado mientras
subían por una pared vertical, especialidad de Sasha, que se deshace de Ben e
informa a las autoridades australianas del paradero de los veinte cuerpos
cocinados por Ben en una cueva…
Ni que decir tiene que los minutos
finales son para una Sasha reflexiva, en una playa, que piensa que será mejor
retirarse y dedicarse a la petanca o algo parecido.
Como curiosidades os puedo contar que la
película se rodó en Australia. Charlize Theron realizó muchas de sus propias
escenas de riesgo, incluyendo secuencias de escalada, para las que tuvo que
entrenarse específicamente. Ha logrado en una semana más de 70 millones de
visualizaciones, y se ha posicionado como uno de los mejores estrenos de
Netflix en lo que llevamos de año.
A pesar de ello, a mí no me ha parecido una película demasiado original en el rollo de cacería humana, a pesar de meter un poco con calzador el tema caníbal por medio. Es entretenida, sí, pero demasiado tópica y típica, y creo que es un producto para ver, y olvidar con extremada facilidad. En definitiva, es el típico (y ya lo he dicho dos veces) producto de Netflix. Acción directa a los sentidos, adrenalina, actuaciones dentro de lo que se pide… Y poco más. De nota: Un 5.











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