En mi búsqueda
por Netflix por ver una serie de la que no haya oído hablar, he llegado a
“Incontrolables”, una serie que en realidad debería haberse llamado “Rebelde”,
que es su traducción más fiel, pero que aquí en España nos las gastamos así… Y
es lo que hay.
La serie, de una sola temporada de ocho
capítulos, (también presentada como mini-serie en algunos lares), se estrenó el
pasado 25 de septiembre de 2025 en Netflix, y tengo que reconocer que me ha
mantenido cuatro o cinco días bastante enganchado, bastante enredado en su
trama, aunque también tengo que decir que cumple con una de mis viejas premisas
de toda la vida, que es, ni más ni menos, que a toda temporada le sobran al
menos tres episodios de puro relleno, y aquí se cumple a la perfección esa premisa.
De
nacionalidad canadiense, “Incontrolables” podría pasar por la típica serie
sobre sectas que están como una cabra en bicicleta, pero no deja de ser curiosa
a la hora de abordar la manipulación de las masas, en este caso de todo un
pueblo estadounidense, como no podría ser de otra manera… Hay mucha crítica
social, un rollo enfocado desde el punto de vista adolescente, y un bebé a
punto de nacer.
Aunque
la producción es canadiense, debieron pensar a la hora de rodar, que estas
vainas solo pueden suceder en Yanquilandia, y la historia ideada por Mae
Martin, que a la postre es también nuestro protagonista, Alex Dempsey, se
desarrolla en un pueblito imaginario, Tall Pines, norteño, cercano a la
frontera canadiense, pero estadounidense. Eso sí, rodada íntegramente en
Canadá, que tampoco es para ponerse muy exquisitos.
No os puedo hablar, en esta ocasión de
presupuesto, ya que Netflix suele ser bastante celosa, recelosa, a la hora de
dar datos económicos de sus producciones, y aquí no ha habido manera de
averiguar absolutamente nada.
Una de las cosas más destacadas, es la
aparición de la actriz y productora australiana, Antonia Collete, nominada a un
Oscar (que yo recuerde) por “El Sexto Sentido”, y conocida en el mundillo
cinematográfico como Toni Collette, que hace un papelón brutal como la malvada,
intrigante y loca como una regadera, Evelyn Wade. Para quitarse el sombrero,
oiga, en mi caso la boina.
¿Qué nos vamos a encontrar en la
narrativa de “Incontrolables”? Estamos en 2003. Y ya desde el principio, vamos
a ver dos historias paralelas. Por un lado, la de dos adolescentes canadienses
problemáticas, metidas en problemas hasta las cejas, y donde el padre de una de
ellas es ni más ni menos que nuestro Ryu de la película “Street Fighter” del
94, el actor Byron Mann, que aparece un total de tres minutos, y que, como
padre, es igual de malo que como luchador.
Y, por otro lado, tenemos la llegada de
un policía, Alex Dempsey, el actor/actriz no binario Mae Martin), y Laura, su
mujer embarazada (la actriz Sarah Gadon, musa del director David Cronenberg),
al pequeño pueblo, Tall Pines, donde ella se crio. No allí, más bien en una
Academia, centro de rehabilitación, para jóvenes problemáticos que hay en un
bosque cercano, donde Evelyn Wade es directora y mentora desde hace 30 años. La
pareja viene buscando un lugar tranquilo donde criar a su bebé, ya que Alex ha
tenido unos problemillas en el pasado que merecen borrón y cuenta nueva.
Prácticamente,
desde el principio, Alex descubre que el pueblo, sus habitantes, la Academia, y
su propia mujer, forman parte de un todo aterrador. Una sociedad guiada por
Evelyn, que tiene montado un sistema de control psicológico profundamente
perturbador, donde a base de torturas, se doblegan las mentes adolescentes.
Los
jóvenes son sometidos a técnicas de manipulación emocional, aislamiento y
vigilancia constante. Y, el que se intenta escapar, acaba desvivido
accidentalmente. Todo estructurado y bien planificado, una sociedad donde no
nacen nenes, y donde los padres de la inmensa mayoría de los adolescentes son
cómplices de lo que ocurre allí.
El personaje de Evelyn es posiblemente el más interesante. La tipa era una hippie radicalizada, que cree al 100% en su método, y tiene un discurso y un modo de vivir severo y sin fisuras. Todo para ella es disciplina, orden, inyecciones para caballos, y tiene alrededor una legión de palmeros y de zombis que fueron antiguos alumnos suyos tiempo atrás, y que ahora le ayudan a torturar a los adolescentes que van llegando a su institución.
Como curiosidades, os puedo contar que
Mae Martin, al parecer, a la hora de crear la historia, se basó en algunas
experiencias vitales propias, y que, en un principio, iba a ser una comedia y
no un thriller psicológico. El episodio final te ofrece dos posibles finales:
Uno donde Alex huye con su bebé, y una de las chicas de la Academia, al Estado
de Nueva York dejando atrás el pueblo de locos. Y el último y verdadero final,
donde Alex se queda con cara de espanto en el pueblo, y solamente una chica de
la Academia logra huir sin que sepamos cuál es su destino.
En definitiva: Es entretenida, pero
tiene un ritmo narrativo irregular, y a mí, a ratos, se ha hecho muy cuesta
arriba. Le sobran, como os decía al principio, tres episodios sin pestañear, y
te contaría exactamente lo mismo.
De
nota, como hoy me siento benigno, le voy a dar un 5,5. Es fácilmente olvidable,
a pesar de la buena actuación de Toni Collette. La dejo a vuestra entera
elección.













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