Era mediados de los noventa, hace
treinta años, y yo estudiaba Historia del Arte en Cáceres. No recuerdo bien si
fue para subir nota en la asignatura de “Arte Contemporáneo”, o por cualquier
otra vaina… El caso es que me vi en la tesitura de hacer, de entregar un
trabajo sobre un expresionista alemán del que apenas se sabía nada, casi nada,
y cuyos cuadros me habían encantado por su colorido, sus formas angulosas… Esas
mujeres gitanas en pelotas en escenarios selváticos, un arte que evocaba el
primitivismo…
El
tipo, resumiendo, se llamaba Otto Mueller, y algunos de sus cuadros
fotocopiados, decoraron mis carpetas y mis paredes durante aquellos finales de
los noventa. El trabajo, tras investigar en doscientas enciclopedias, libros de
arte y rebuscar por todas partes, no llegó a dos folios y medio escritos… No
había mucha información sobre aquel enigmático pintor que se había subido, al
parecer, un tanto tarde a las vanguardias expresionistas alemanas, en una
segunda y tardía oleada, cuando ya muchos estaban de vuelta y bajándose del
carro… Un tipo solitario, que no llamaba la atención, y al que no le dedicarían
en el futuro muchas referencias, ese era Otto Mueller.
Así
que, cuando hace un par de meses, me encontré con este cómic, “Dos Mujeres
Desnudas”, obra del autor francés Luz (seudónimo de Rénald Luzier), publicado
en España en 2026 por la editorial Reservoir Books, dentro de su colección de
novela gráfica contemporánea, y leí de qué iba el cómic… Casi me da un patatús.
Un cómic protagonizado por un cuadro, nada más y nada menos, que de aquel
enigmático y desconocido pintor alemán… No podía dejarlo pasar… Tenía que
leerlo.
“Dos Mujeres
Desnudas” es un volumen único, de tapa dura, cuyas páginas no vienen numeradas,
pero que tiene alrededor de las 192 páginas, a todo color.
Su edición francesa
se publicó hace un par de años, en 2024, y al parecer, ha recibido importantes premios
en Francia, incluyendo el prestigioso Fauve d’Or en el Festival de Angoulême.
Y, en cuanto a la
trama… La trama es bastante original, al principio no la entendía bien… Pero es
la historia del cuadro que da título al cómic, desde el punto de vista… Desde
la visión… De propio cuadro, tal cual.
El
propio cuadro es el protagonista del cómic, y a la vez, es el testigo de lo que
sucede en gran parte del S. XX en la convulsa Alemania, en un primer momento, y
posteriormente, debido a las exposiciones pictóricas, recorre parte del mundo.
La historia comienza
en 1919, con un fundido en blanco, y un diálogo, estamos en un bosque cercano a
Berlín. Y, tras varias páginas, como si fuese un nacimiento, comenzamos a
vislumbrar a algunas personas. Otto Mueller pinta a dos mujeres desnudas en un
entorno natural, en compañía de su muer, y de un mirón.
El cuadro va viendo,
desde el estudio de Otto, su vida, su relación con su mujer, que acabará
dejándolo, aunque conservará una fuerte amistad con él aun después de la
ruptura matrimonial.
Conoce los convulsos
años veinte, y los últimos años de vida de Otto antes de fallecer por una
infección pulmonar, que rápidamente pasa a ser un artista casi olvidado, o un
tanto considerado de segunda división.
Llega un nuevo
propietario, un judío que colecciona arte, un padre de familia, y el cuadro
parece una grabadora que va registrando todo lo que sucede en su entorno,
incluyendo la llegada del Nazismo, que inicia una persecución sin igua contra
el arte moderno, calificándolo de “degenerado”.
El cuadro de Mueller, por su estilo
expresionista y por el origen del artista, entra en esa categoría. En este
momento, la obra deja de ser simplemente un objeto estético para convertirse en
un elemento político, casi de protesta. Y vemos cómo el arte puede ser
perseguido no por lo que es, sino por lo que representa.
Uno
de los momentos de más tensión de la narrativa, aparte de que el cuadro está a
punto de caramelo de ser quemado, es todo el proceso de expolio de las familias
judías. El cuadro es expuesto, junto a otros muchos, en exposiciones
organizadas por los nazis, que a pesar de todo, le sacan rédito al arte
requisado, a través de subastas y ventas.
A pesar de todo, el cuadro sobrevive al
nazismo, a la Segunda Guerra Mundial, y vuelve con el tiempo a sus legítimos
propietarios, los que sobrevivieron, ya octogenarios.
El
final es muy chulo, con un guiño al propio cuadro y a su historia. En las
páginas finales del cómic, tenemos un interesante epílogo en relación a la
creación del cómic, y es que el autor, Luz, realizó una intensa investigación
sobre el cuadro, Otto Mueller, el contexto histórico… Se documentó bien. Y
también tenemos unas breves biografías, relacionadas con personajes que
aparecen en el cómic, y relacionados, en definitiva, con el propio cuadro.
Yo no conocía a Luz, el
autor, hasta este cómic. Pero, al parecer, es conocido por su trayectoria como
dibujante en el ámbito del periodismo gráfico (especialmente en el semanario
satírico Charlie Hebdo), donde se salvó del atentado contra ellos en 2015, por
la polémica que tuvieron con la figura del profeta Mahoma. Y, tengo que deciros
que, sinceramente, el dibujo no me ha llegado a convencer del todo, pero la
historia me ha parecido una auténtica maravilla.
En definitiva: Me ha gustado mucho, a
pesar de que el dibujo no es de mi estilo… La historia es una maravilla, y
recordar a Otto Mueller, me ha sacado una sonrisa respecto a aquella anécdota
que os comentaba al principio. Un gran artista en mi opinión, injustamente
olvidado, cuya memoria he recuperado gracias a este cómic. “Dos Mujeres
desnudas” hace uno de los recorridos más originales que te puedas encontrar a
lo largo del S.XX, a través del arte, a través de un cuadro. Su lectura es más
que recomendable.
No me extraña que sea un cómic premiado.










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