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jueves, 26 de marzo de 2026

Dos Mujeres Desnudas (Reservoir Books, 2026) Luz

 

         Era mediados de los noventa, hace treinta años, y yo estudiaba Historia del Arte en Cáceres. No recuerdo bien si fue para subir nota en la asignatura de “Arte Contemporáneo”, o por cualquier otra vaina… El caso es que me vi en la tesitura de hacer, de entregar un trabajo sobre un expresionista alemán del que apenas se sabía nada, casi nada, y cuyos cuadros me habían encantado por su colorido, sus formas angulosas… Esas mujeres gitanas en pelotas en escenarios selváticos, un arte que evocaba el primitivismo…

        El tipo, resumiendo, se llamaba Otto Mueller, y algunos de sus cuadros fotocopiados, decoraron mis carpetas y mis paredes durante aquellos finales de los noventa. El trabajo, tras investigar en doscientas enciclopedias, libros de arte y rebuscar por todas partes, no llegó a dos folios y medio escritos… No había mucha información sobre aquel enigmático pintor que se había subido, al parecer, un tanto tarde a las vanguardias expresionistas alemanas, en una segunda y tardía oleada, cuando ya muchos estaban de vuelta y bajándose del carro… Un tipo solitario, que no llamaba la atención, y al que no le dedicarían en el futuro muchas referencias, ese era Otto Mueller.


        Así que, cuando hace un par de meses, me encontré con este cómic, “Dos Mujeres Desnudas”, obra del autor francés Luz (seudónimo de Rénald Luzier), publicado en España en 2026 por la editorial Reservoir Books, dentro de su colección de novela gráfica contemporánea, y leí de qué iba el cómic… Casi me da un patatús. Un cómic protagonizado por un cuadro, nada más y nada menos, que de aquel enigmático y desconocido pintor alemán… No podía dejarlo pasar… Tenía que leerlo.

“Dos Mujeres Desnudas” es un volumen único, de tapa dura, cuyas páginas no vienen numeradas, pero que tiene alrededor de las 192 páginas, a todo color.

Su edición francesa se publicó hace un par de años, en 2024, y al parecer, ha recibido importantes premios en Francia, incluyendo el prestigioso Fauve d’Or en el Festival de Angoulême.

Y, en cuanto a la trama… La trama es bastante original, al principio no la entendía bien… Pero es la historia del cuadro que da título al cómic, desde el punto de vista… Desde la visión… De propio cuadro, tal cual.


        El propio cuadro es el protagonista del cómic, y a la vez, es el testigo de lo que sucede en gran parte del S. XX en la convulsa Alemania, en un primer momento, y posteriormente, debido a las exposiciones pictóricas, recorre parte del mundo.

La historia comienza en 1919, con un fundido en blanco, y un diálogo, estamos en un bosque cercano a Berlín. Y, tras varias páginas, como si fuese un nacimiento, comenzamos a vislumbrar a algunas personas. Otto Mueller pinta a dos mujeres desnudas en un entorno natural, en compañía de su muer, y de un mirón.

El cuadro va viendo, desde el estudio de Otto, su vida, su relación con su mujer, que acabará dejándolo, aunque conservará una fuerte amistad con él aun después de la ruptura matrimonial.

Conoce los convulsos años veinte, y los últimos años de vida de Otto antes de fallecer por una infección pulmonar, que rápidamente pasa a ser un artista casi olvidado, o un tanto considerado de segunda división.

Llega un nuevo propietario, un judío que colecciona arte, un padre de familia, y el cuadro parece una grabadora que va registrando todo lo que sucede en su entorno, incluyendo la llegada del Nazismo, que inicia una persecución sin igua contra el arte moderno, calificándolo de “degenerado”.


        El cuadro de Mueller, por su estilo expresionista y por el origen del artista, entra en esa categoría. En este momento, la obra deja de ser simplemente un objeto estético para convertirse en un elemento político, casi de protesta. Y vemos cómo el arte puede ser perseguido no por lo que es, sino por lo que representa.

        Uno de los momentos de más tensión de la narrativa, aparte de que el cuadro está a punto de caramelo de ser quemado, es todo el proceso de expolio de las familias judías. El cuadro es expuesto, junto a otros muchos, en exposiciones organizadas por los nazis, que a pesar de todo, le sacan rédito al arte requisado, a través de subastas y ventas.

        A pesar de todo, el cuadro sobrevive al nazismo, a la Segunda Guerra Mundial, y vuelve con el tiempo a sus legítimos propietarios, los que sobrevivieron, ya octogenarios.


        El final es muy chulo, con un guiño al propio cuadro y a su historia. En las páginas finales del cómic, tenemos un interesante epílogo en relación a la creación del cómic, y es que el autor, Luz, realizó una intensa investigación sobre el cuadro, Otto Mueller, el contexto histórico… Se documentó bien. Y también tenemos unas breves biografías, relacionadas con personajes que aparecen en el cómic, y relacionados, en definitiva, con el propio cuadro.

Yo no conocía a Luz, el autor, hasta este cómic. Pero, al parecer, es conocido por su trayectoria como dibujante en el ámbito del periodismo gráfico (especialmente en el semanario satírico Charlie Hebdo), donde se salvó del atentado contra ellos en 2015, por la polémica que tuvieron con la figura del profeta Mahoma. Y, tengo que deciros que, sinceramente, el dibujo no me ha llegado a convencer del todo, pero la historia me ha parecido una auténtica maravilla.


        En definitiva: Me ha gustado mucho, a pesar de que el dibujo no es de mi estilo… La historia es una maravilla, y recordar a Otto Mueller, me ha sacado una sonrisa respecto a aquella anécdota que os comentaba al principio. Un gran artista en mi opinión, injustamente olvidado, cuya memoria he recuperado gracias a este cómic. “Dos Mujeres desnudas” hace uno de los recorridos más originales que te puedas encontrar a lo largo del S.XX, a través del arte, a través de un cuadro. Su lectura es más que recomendable.

No me extraña que sea un cómic premiado.

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