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miércoles, 25 de enero de 2017

El eternauta (1957) H.G.Oesterheld y Francisco Solano López



        “…el único héroe válido es el héroe “en grupo” nunca el héroe individual, el héroe solo”
H.G. Oesterheld.

 (Un joven Oesterheld)

        Con “El eternauta” me he tirado un mes largo en su lectura. Y debo decir que ha sido un mes de lectura intensa. “El eternauta” es una colección de fascículos coleccionables que apareció en su primera edición en Argentina en 1957, dentro del semanal Hora Cero. Con un formato rectangular, en blanco y negro, a mí me recuerda mucho a los coleccionables españoles que aún conservo de El Guerrero del Antifaz o El Capitán Trueno. Aventuras que te enganchaban desde el principio y que estabas deseando leer semana tras semana.

         La acción de nuestra historia sucede en Buenos Aires, en 1963. “El eternauta” es Juan Salvo. Un hombre tranquilo, que vive junto a su mujer y a su hija (Elena y Martita) en un barrio residencial típico, con su casita y su jardín. Una buena noche, mientras juega la partida de “truco” semanal con sus amigos: Favalli (un profesor universitario), Polski y Lucas, ocurre una nevada. Pronto, los seis residentes de la casa, se dan cuenta de que algo no va bien con dicha nevada. La gente que entra en contacto con ella, fallece a los pocos segundos. En un principio no saben bien lo que está pasando, de hecho, se hacen algunos trajes aislantes para poder salir al exterior de la casa. Polski no llega ni siquiera a ponérselo, porque en un ataque de locura, sale a la calle sin ninguna seguridad, falleciendo en el actor. Y Lucas es abatido en la jungla inhumana en la que se ha convertido la ciudad. Pronto encuentran a otros supervivientes de la nevada, entre ellos a un joven llamado Pablo, a un valiente tornero llamado Franco o a un historiador (Mosca).
 (Solano López)

        Y pronto también, se dan cuenta de que la nevada es un ataque extraterrestre. Las fuerzas de ataque alienígenas invaden la ciudad y se lucha calle por calle contra los cascarudos, tropa de infantería alienígena (una especie de escarabajos necrófilos), los gurbos (versión gigantesca de los cascarudos) y los Manos (lugartenientes de los verdaderos invasiones, los “Ellos”).

       Los invasores robotizan a los humanos capturados, utilizándolos contra sus congéneres, y las batallas se suceden en la ciudad… La historia de “El eternauta” es narrada a un guionista, que presumimos que es H.G.Oesterheld. Juan Salvo ha viajado en el tiempo y narra su atroz experiencia en la lucha por la supervivencia…

       La edición que tengo es una recopilación de la original. Estaba numerada hasta la página 195 y después volvía a empezar desde 1, pero he podido calcular que la compone entre quinientas y seiscientas páginas, incluyendo un interesante y revelador prólogo de Juan Sasturain, y algunas láminas y portadas en color, aparte de las versionadas de los personajes.

       El dibujo es de Francisco Solano López, dibujante clásico argentino del que ya os hablé en el blog cuando le tocó el turno a “Ana e Historias tristes” (busca la entrada con el comentario del cómic en el buscador del blog), y el guion del tristemente desaparecido Oesterheld. Héctor Germán Oesterheld fue un guionista argentino, como la copa de un pino. Editó su primer cuento con 23 años y posteriormente guionizó más de una veintena de cómics, llegando a fundar su propia editorial (de corta existencia). Durante la dictadura militar, fue secuestrado por sus ideas políticas (relacionadas con la izquierda social), junto a sus cuatro hijas, y nunca más se supo de ellos. Le dio tiempo a guionizar, junto a Solano López, la segunda parte de “El eternauta” (que os comentaré en una futura entrada en este blog), mientras que el dibujante huía junto a su hijo a España, una España que despertaba del Franquismo.


       “El eternauta” es un clásico del cómic, en todos los aspectos. Años cincuenta, invasiones alienígenas (recordad que la lo comentaba cuando hablaba de “Ultimátum a la Tierra” del 51), miedos y paranoias, transistores y misiles intercontinentales, que a visión de hoy te hacen, como mínimo, sonreír. Los dos, Oesteheld y Solano, son padres del cómic argentino. En mi opinión, impresionantes e imprescindibles. Más que recomendables.

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