En quince días, dos y medio de ellos incrustado en un bajante del edificio, y el resto internado en el ala psiquiátrica del Hospital Nuestra Señora de Badayork, te da tiempo a hacer muchas coisas, aunque parezca lo contrario. Una de ellas es leer, y otra es escribir. Tanto Micho como yo, primero juntos, y después yo por separado tras mi reclusión, tuvimos tiempo para escribir algunos de esos “Relatos Inéditos”. “
Eran cerca de las seis de la mañana cuando sonó el móvil. Lo cogí casi automáticamente mientras me acababa el último sorbo de un café corto y apagaba la radio.
- ¿Ramírez?.
- Si…
- …Tienes que venir al campamento, hay algo que me gustaría que vieras, te iba a llamar anoche, pero he preferido llamarte ahora…
- Está bien, en treinta minutos estoy ahí…
Quien llamaba era mi colega y socio de investigación, Felipe Portillo. Felipe y yo llevábamos ocho meses trabajando en el yacimiento de Los Olivos II, cerca de Quintana de
Teníamos un presupuesto de un par de millones de euros, que parecía que se iba a incrementar en breve, un equipo a nuestra disposición de más de cien personas, entre investigadores y voluntarios y muchas ganas de trabajar. La llamada de Felipe solo podía significar otro hallazgo excepcional, sin duda.
En el último mes y medio localizamos varias simas y cotas, interesantes restos, procedentes de diversas etapas, con varios millones de años entre si, con ejemplares de dinosaurios únicos en la península, en Europa y casi en el mundo. Investigadores y Universidades de todo el planeta seguían nuestros avances con sumo interés.
Aparqué mi viejo Honda junto a un carrito que utilizamos para trasladar materiales. Aunque era temprano y los voluntarios no comenzaban a llegar y a trabajar hasta las siete y media de la mañana, (una manera para nosotros de evitar el agobiante calor extremeño trabajando desde temprano), me di cuenta que ya había personal en las diferentes catas que realizamos. En silencio. Entre murmullos. Unos tomaban mediciones mientras que había compañeros que tomaban fotografías de los restos que iban saliendo a la luz.
No me costó encontrar a Felipe Portillo, junto a una pequeña sima que habíamos bautizado como AR-10. Estaba de pie, con gesto serio, junto a una lona azul que ocultaba los restos de lo que habían sido dos Deinonychus de aproximadamente dos metros de alto, unos peligrosos carnívoros, autenticas maquinas de matar que vivieron en el Cretácico, hará unos 115 millones de años, y de los que, hasta ahora, solo había restos en EEUU.
- ¿Qué tenemos Felipe?.
- Lo descubrieron ayer unos voluntarios mientras limpiaban…Por supuesto ellos no saben que es lo que es, pero fue coger las primeras muestras y…Bueno, esto es desconcertante, prefiero que lo veas y te voy contando sobre la marcha…
Felipe, con gesto indeciso, retiro la loma que cubría la sima, y permaneció en silencio. Delante de mí tenía los restos de los dos dinosaurios, fácilmente identificables, con su terrible e identificable garra, la forma de su cabeza agujereada, amplias cuencas oculares y robustas patas. En un principio no noté nada extraño en todo aquel compendio de restos, pero de repente hubo algo que me llamó mucho la atención.
Entre lo que en su día había sido carne, noté pequeñas bolas herrumbrosas, algunas minúsculas, otras del tamaño de un supositorio. Inquieto y curioso me agaché. Algunas de esas bolas parecían haberse incrustado en diferentes partes del cuerpo, incluso haber quebrado en su día los fuertes huesos de los dos dinosaurios que parecían contraerse en una letal y agónica posición, extraña. Conté, de un primer vistazo, cerca de cuarenta de aquellas extrañas y herrumbrosas bolas, consumidas por el paso de millones y millones de años.
- Hay muchas más repartidas por toda la sima, muchas incrustadas en la tierra…
- Si, es curioso... Musité incorporándome, pero… ¿Qué son?, pregunté a un confuso Felipe que me miraba fijamente.
- Balas, murmuró… Son balas de sub-fusil, con varios millones de años.
Y me quedé mirándolo, atónito, mientras un escalofrío recorría mi medula espinal y todo el vello del cuerpo se me erizaba…
JULIO 2.009








