Eran las tres de la mañana cuando Micho comenzó a maullar. Con 35 grados por el día se agradece dejar las ventanas y la puerta del Patio-Lavadero abierta para que entre fresquito. Dos molinillos de colores, adquiridos en Guadalupe e instalados en el quicio de la ventana, me informan con su fino triquitraca, hipnótico, que el aire corre libre a esas horas, y el cuerpo siempre lo agradece…
Sé que Micho hace su ronda nocturna, como un silencioso personaje de Rembrandt, con su perilla, pero sin espada, por la casa, hasta altas horas, antes de entrar en su Gatera Real y quedarse dormido hasta media mañana, por eso me extrañó sus persistentes maullidos.
Adormilado, me levanté chirriando, mi columna se había torcido, enroscado alrededor de la almohada y formaba un interrogante junto a ella. No sé en que diablos estaría soñando (bueno, si lo sé). Un hilo asqueroso de baba me caía por la comisura. A tientas encendí la luz y me encajé las gafas. Micho estaba encima de mi escritorio, con la boca semi abierta y mirando fijamente el hueco de la persiana.
- ¿Qué ocurre Micho?. –
- Se ha metido ahí, maulló bajito, es negro, tiene alas y creo que está borracho, se ha golpeado un par de veces antes de entrar… Lo llevo espiando tres noches…
- ¿Negro, alado y borracho?, bostecé, concreta un poco más, tengo varios amigos que responden a esas características, le dije acercándome a él.
Micho estaba confuso, pero yo ya sabía que se refería a un murciélago. Seguramente había hecho su nido en el hueco de la persiana y volvía de una noche de ágape, de comer mosquitos por las Vegas del Guadiana, auténtica Sede Internacional del Paludismo de Río.
- Vete a dormir Micho, es sólo un murciélago, no te hará daño.
- Ya lo sé que no me hará daño, pero, ¿Porqué se esconde?, ¿Huye de algún conflicto social?, ¿Es un perseguido y un marginal?, yo quizás pueda ayudarle a resolver sus problemas socio-culturales, hablarlo ayuda a…
Pero no le di tiempo a terminar, lo agarré con una mano, lo llevé al Patio-Lavadero y cerré la puerta con un “Hasta Mañana”. Demasiado pequeño aún, demasiado altruista, fue lo que pensé. A través del cristal lo vi observar el cielo estrellado de Badayork, hierático, silencioso y pensativo, y yo me volví a la cama, a intentar enroscarme a la almohada una vez más…
P.D: Dedicado a Drea. Que un murciélago nunca os estropee un buen…Descanso…




