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viernes, 15 de mayo de 2009

Las Tres Reglas de Micho.


Micho fue maullándome durante todo el trayecto sobre las Revoluciones Liberales del S. XIX y su relación con las altas esferas burguesas de la sociedad decimonónica. De vez en cuando paraba, y miraba a través del cristal los campos sembrados de Las Vegas (del Guadiana), con sus trigales y sus maizales, y sus inmensos campos de ciruelos, que por alguna extraña razón me resultaban familiares, aunque no sabía ubicar el motivo de esta repentina familiaridad.


Pero pronto volvía a sentarse sobre sus cuartos traseros y volvía a maullar. Debajo de sus patitas, como si se tratara de una Biblia, llevaba su viejo Micho, aquel libro arrugado, sucio y amarillento. Sus hermanitos apenas se habían despedido de él, trataban de dar una solución a la crisis social, económica y política que atravesamos actualmente con una revolución realizada desde las altas esferas, todo para el pueblo pero sin el pueblo, había maullado uno de ellos poco antes de que se le tiraran encima y se convirtieran en un autentico amasijo de bufidos, muerdos y arañazos de diversa índole. En mi mente, mientras escuchaba su perolata que me recordaba vagamente a alguien cercano, como si escuchara un viejo y familiar eco que creía apagado, y que súbitamente renacía en mi mente y en mi corazón, resonaban los consejos que me había dado Missi, su madre, poco antes de partir:


- Recuerda Duncan, tres importantes consejos, hay tres reglas que no debes olvidar, que debes seguir a rajatabla: Que no vea mucho la tele, sobretodo telebasura, eso lo idiotizaría. Que este lejos del agua, no se puede mojar… Pero lo más importante, lo que no debes olvidar es que por mucho que te lo pida, por mucho que te lo suplique, nunca, y digo nunca, le hables o discutas con él de política después de medianoche… Micho implica mucha responsabilidad…


Estaba convencido de que Micho y yo nos íbamos a llevar bien, y en mi estomago, sentía cosquillas mientras le oía teorizar, y no era el Colón Irritable…

jueves, 14 de mayo de 2009

El Trato.



- …Tengo algo que proponerte Micho, un trato que yo considero muy justo… Le dije serio. Micho bufó… Espera oírlo y después decides. La decisión es tuya.


Tanto Missi, como Diderot, Voltaire, Rousseau, Montesquieu y el propio Micho se quedaron muy quietos, esperando oír mis palabras que yo intentaba ordenar y meditar antes de pronunciarlas.


- Habla desgarbado y raquítico burgués de estrafalaria perilla, me espetó el gatito insolentemente mientras Missi lo miraba fijamente y hacía claros gestos de desaprobación.


- Te ofrezco un hogar. Así de sencillo. Un hogar en la cateta y provinciana ciudad de Badayork. Le solté y me sentí como Richard Gere en Pretty Gato. “…Vivirías en el Patio-Lavadero. No es un lugar muy grande, es de unos 20m2 y de esos 20m2, cinco de ellos está cubiertos por un tejado donde hay una gatera muy especial… Por fuera es solo de medio metro cuadrado, pero por dentro (no me preguntes cómo por favor), dispone de veinte habitaciones, tres cuartos de baño, una cocina, una biblioteca-estudio con cerca de ochocientos Cds de música y pelis, libros y revistas, con algún incunable en sus estanterías, un recibidor y un Salón-Comedor… Están los “cazos” de la comida y el agua, y en zona al aire libre están los tendederos, hay macetas que nada envidian a un Patio Cordobés, en su centro hay un naranjo seco, que en su día representó Las Libertades Gatunas, y en un rincón, bajo tejaillo, el Arenero…”.


- ¡¡Yo quiero ir Señor Duncan!!, maulló Montesquieu.


- ¡¡Y yo, y yo!!, maullaron los demás al unísono. Y todos comenzaron a excitarse y a restregarse por la pernera de mi pantalón lanzándome miradas sibilinas solo como un gato sabe hacer.


Missi tuvo que empezar a poner orden, y Micho no decía nada. Comenzó a rascarse con una pata detrás de una de sus orejas mientras cerraba un ojo y dejaba ver parte de su lengua.


- ¿Y todo eso a cambio de que?, maulló secamente Micho y sus hermanos pararon la reciente guerra que habían iniciado a mis pies.


- De compañía. De tu compañía. Así de sencillo, así de simple.


- Es un buen trato Micho, ronroneo Missi.


- Está bien, trato hecho. Dijo Micho. Pero a condición de que me pueda llevar mi libro de lectura, maulló.


- Buah, ¿Quién te necesita?, maulló Voltaire, y los demás gatitos orgullosos se volvieron. Aprovechando que no estás entre nosotros, crearemos la sociedad ideal, incluso quizás un falansterio, remató Rousseau. Y volvieron junto al viejo colchón maullando entre ellos. Micho se volvió a por su librito y Missi me susurró: “Duncan, hay tres coisas fundamentales que debes saber, tres consejos, tres reglas importantes que no debes olvidar…”

martes, 12 de mayo de 2009

Micho I de Gato


Missi me miró fijamente. Sabía que yo me estaba enamorando de aquel gatito que bufaba ante las ideas ilustradas de sus hermanitos por momentos. Utilizaba tácticas de guerrilla y aprovechaba cualquier descuido para darle un zarpazo a un despistado Diderot que elucubraba en voz alta, con largos maullidos, sobre la elaboración de una futura enciclopedia que sería la envidia de toda clase social, auténtica luz que iluminaría la ignorancia presente y futura, alejándola de la sociedad…


Pronto se aburrió de ellos y se apartó un poco del grupo, vi que se acercaba a un viejo libro, amarillento, al que le faltaban algunas páginas. El quinto gatito, de elegante frac, lo miraba absorto, con dedicación, mientras Missi seguía sus pasos y me miraba a mí de reojo. Yo no decía nada, estaba allí, junto a ellos, observando los juegos de los gatitos, sus discusiones políticas, en las que yo era mero espectador.


- ¿Qué lee?, le pregunté a Missi harto de franca curiosidad.

- Un viejo libro que encontré al poco de que ellos nacieran…Cuenta la historia de una familia de gatitos que aprenden a leer con sus padres… Ellos han aprendido a leer gracias a ese viejo libro, y él le tiene un cariño especial…

Me acerqué hasta donde estaba el quinto gatito, y se empeñaba en pronunciar palabras sueltas que ilustraba una página un tanto sucia con dibujos que, en su día, debieron tener llamativos colores: "Reja, raja, rojo…"

- Es el Micho, musité, hacía más de veinte años que no veía uno de estos…

Pero el gatito seguía en su lectura, impasible, neutral ante mi presencia, repitiendo aquellas palabras en maullidos: "Ojo, ajo, jauja…"

- Micho, volví a susurrar, impresionado ante el descubrimiento… Micho…
Y de repente, me volví hacía Missi y le dije, con una media sonrisa, sincera y triunfal:

- Micho, se llamará Micho…

Entonces el quinto gatito, se paró en seco en su lección, y me miró.

- Me gusta Micho…, ronroneó, …pero, tú, ¿Quién has dicho que eras hijo de la pequeña burguesía decrepita?, maulló sacando las uñas y bufando. ¿No serás un esquirol enviado por la patronal que viene a espiar los planes de futuro paz y solidaridad del machacado y sufrido proletariado, no?, y su frac blanco y negro se convirtió en un mar de pelos erizados, sus jóvenes uñas asomaban, transparentes, pero amenazadoras y sus pequeños y elegantes bigotes se echaron hacía atrás.

- ¡¡Micho!!, esa no es manera de hablarle a Duncan. Él es un amigo, y te quiere proponer un trato, sé cortés, como te he enseñado, y escúchale, pues de él puede depender tu futuro…

Este gatito tiene carácter pensé. Hasta sus hermanos habían dejado por un momento sus fraticidas luchas ilustradas y contemplaban la escena, curiosos y encantadores…

jueves, 7 de mayo de 2009

¿Qué me estoy leyendo?


Hola Amiguetes, la verdad es que ahora pispo llevo unos días un tanto liado con diversas coisas, pero aún me queda algún tiempo para leer. Estos días he terminado “El Anillo Verde” (Regalo de Annaiss, grassias) de Vázquez Figueroa, un librito cortito, entretenido y fácil de leer, como todos los de este hombre, que es un verdadero alegato de defensa del planeta y de la naturaleza a través de un niño que vive en un bosque muy especial…


La semana pasada acabe los relatos y cuentos de Antón Chejov. Ciertamente, todos/as los que me recomendasteis a Chejov en anteriores posts no os equivocabais, es una delicia este hombre contando cuentos y adquirí otro pequeño librito de él durante la Semana Santa y lo tengo en el sillón de los asuntos pendientes junto a tres o cuatro más que van a ir cayendo poco a poco… La Crisis ayuda a leer más, por lo menos en mi caso…


Bueno, bueno, bueno, no os lo creeréis, pero otro de los libros que también terminé hace un par de noches es el de esta casa, “¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?” (a los que no lo tengáis os ruego encarecidamente que lo adquiráis, no os va a defraudar), para ponerme un poquito a tono para lo que ha venido al Patio-Lavadero, a buen entendedor…


Y ahora me estoy leyendo “El Encantador de Gatos” (regalo de Batrox, muito obrigado!) de Carlos Rodríguez, que es todo un compendio gatuno que estoy devorando gustoso y que durará poco en mis manos. Una nota que me pareció curiosa de este libro, es que hace pronto un año, yo iniciaba las aventuras de Michel IV de Gato nombrando este libro, sin que supiera de su existencia…Una coincidencia.


¿Y tú que te estas leyendo?.

lunes, 4 de mayo de 2009

El Quinto Gatito.


La verdad es que no sé como llegué allí. Simplemente me monté en el coche y supongo que por algún extraño automatismo que domina la mente llegué hasta aquel motel de carretera entre Gévora y Montijo.


Era la una y media de la tarde. Me había pasado toda la mañana viendo “Duelo al Sol” y leyendo sobre el doblaje en el cine español. Y de repente, por uno de esos giros inesperados, volvía a encontrarme en el parking de aquel motel frecuentado por camioneros y representantes de cosméticos despistados.


En ese mismo parking, casi tres meses antes, había contemplado las estrellas con Missi, la gata negra del motel, que buscaba un sitio en la vida y que luchaba por tirar p´alante. No tardé en dar con ella. A la vuelta del edificio de ladrillo visto, de dudoso gusto, junto a un viejo colchón me la encontré con su bello pelaje reluciente, pero no estaba sola. Le acompañaban cinco hermosos gatitos, tres negros, uno blanco y uno blanco y negro, que parecía vestir un viejo frac decimonónico, tan curioso era su pelaje. “Enhorabuena mama”, le dije nada más verla, y los gatitos dejaron sus juegos para observarme curiosos.


- Gracias Duncan, me alegro mucho verte, siempre es bueno volver a ver a un amigo…¿No son hermosos?- , me contestó jovial.


- Lo son, sin duda lo son. –


- …La sociedad competitiva burguesa es la causante de los antagonismos sociales agudizados… Maulló uno de los gatitos, negro como el carbón y con unos ojos amarillos limón a otro de los gatitos que se lamía una patita.


- …Te equivocas, Rousseau, la jerarquización de la sociedad es necesaria y beneficiosa… Contestó el otro gatito en un bufido.


- Rousseau, Voltaire, no discutáis, ¿Qué va a pensar nuestro amigo Duncan?, les rechistó Missi. Se pasan así todo el día.


- ¿Cómo les has llamado?, pregunté incrédulo.


- Pues estos dos se llaman Rousseau y Voltaire, y además tenemos a Montesquieu, Diderot y…Bueno, mi quinto gatito, este blanco y negro, tan elegante con su frac, a pesar de haber nacido hace casi dos meses, igual que sus hermanos, aún no tiene nombre…


- ¡¡Burgueses Ilustrados, Falsos Profetas Políticos!!, maulló y bufó el quinto gatito a sus hermanitos felinos que se erizaron ante él. Hay que conseguir primero una República para poder instaurar posteriormente el Comunismo, continuó bufando, ya lo decía Blanqui en su “Crítica Social”…


- Pero en el “Contrato Social”…, interrumpió Rousseau.


- Se necesita conseguir un equilibrio entre los distintos estamentos y los sectores comerciales, ¡Hermanos, escribamos una Enciclopedia!, maulló Diderot muy ufano.


- Lo importante es conseguir una garantía social que nos permita una separación de poderes, bufó Montesquieu saltando encima de Rousseau.


- ¡¡Paparruchas de burgueses ilustrados y enriquecidos!!,¡¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!!, clamó el pequeñín sin nombre, y todos se enzarzaron en una lucha de mordiscos, bufidos, erizados y zarpazos alrededor de la pobre Missi que intentaba poner orden en todo aquel caos político.


- Este gatito tuyo Missi, tan revolucionario, me recuerda vagamente a alguien, musité.


- Me tienen harta Duncan, y lo peor de todo es que no puedo con todos, es difícil alimentar cinco nuevas bocas, estoy sola y no voy a poder lograr que todos mis gatitos… No concluyó la frase… La vida está muy mal, la crisis también afecta a los gatos… Terminó ronroneando mientras sus retoños ajenos a la preocupación de la madre se enzarzaban en una discusión sobre los orígenes europeos de la burguesía mercantil.


- Yo podría traerte comida de vez en cuando – Me ofrecí gustoso.


- ¿De verdad?, eso estaría genial, maulló Missi. Aún así criar cinco gatitos yo sola es demasiado para mi…


- Bueno, quizás también te podría echar una mano en ese aspecto. Me siento solo Missi, y para mi sería un honor cuidarte y criarte a uno de tus gatitos. Si tú lo ves bien, claro está…


- Sé que estaría en buenas manos, no lo pongo en duda, pronto deben empezar a aprender que no todo en el mundo es Política y divertidos debates parlamentarios…Tu experiencia en la vida puede ayudar, al menos a uno de ellos, a desarrollar su potencial en la Gran Ciudad, meditó. Pero…¿Cuál tendría el honor de acompañarte Duncan?.


- Bueno, no sé, lo dejo a tu elección, pero yo ya tengo un candidato, si a ti te parece bien…


- ¿Quién?, ¿Cuál de ellos?, preguntó mientras los gatitos seguían a la bresca…


- El Quinto Gatito.


jueves, 30 de abril de 2009

The Riddle.



Hay días en los que me levanto y me siento ostrogodo, y lo primero que quiero hacer tras tomar mi reglamentario café y mis dos magdalenas, al retirar vasos nocturnos, es invadir Roma...


Pero hay otros, como hoy, en los que me siento surrealista-dadaista y además retro, para ello lo mejor es un poco de The Riddle en comprimidos de 500mg. donde se haga referencia a Alicia en el País de las maravillas, Desnudo bajando una escalera de Duchamp (aunque la figura sale vestida), a Enigma (requete-enemigo de Batman, interpretado en su día por Jim Carrey), y sobre todo a Magritte...


Tanto el video como la canción tienen 26 añitos, pero aún así, en mi tosco y gutural inglés aún no he conseguido adividar cual es el enigma (Riddle) al que hace referencia...

martes, 28 de abril de 2009

Al Baño...Gatos!!

La verdad es que hay gatos que esto de bañarse se lo toman a bien, y otros como que no tanto...



viernes, 24 de abril de 2009

Sobre Dragones...


La polémica saltó con la celebración del Día de San Jorge. En Badayork no se celebra, pero en Cáceres si. La costumbre ancestral es matar un dragón en la Plaza Mayor de Cáceres. Primero lo torean un poco al pobre bicho y después lo rematan vestidos a lo medieval. A mi me parece de una crueldad intolerable, sobre todo porque no andamos muy sobrados en Ejtremaura de dragones. Antes los veías por todas partes, ahora solo en Monfragüe, Las Hurdes, dragones rojos en la comarca de Los Ibores (Reservas Naturales protegidas por Agentes Forestales con trajes de amianto y donde está prohibida la entrada de Caballeros Andantes y Frikys de diversa consideración) y alguno suelto en la provincia de Badayork.


Cuando yo era pequeño, abundaban en Las Vegas del Guadiana, les daba por robar Joyerías y dormían en lechos de anillos de oro, bisutería barata y diamedas, costumbre que comparten con las urracas. A los dragones les atraen las cosas brillantes, el oro, la plata, las joyas y las baratijas de los chinos, por eso no es raro que ataquen algún que otro polígono.


Pero ahora una gran parte de la población ejtremeña está en contra de que se mate cada San Jorge a un pobre e indefenso dragón. Así han surgido asociaciones como “Amigos de los Dragones Ejtremeños y Portugueses (A.D.E.P)” con sede en Olivenza, que hacen cada Mayo jornadas relativas sobre la vida de estos fabulosos animalitos, muy interesantes, en las que te hablan sobre la cría del dragón doméstico, el celo, sus primeros incendios, su dieta (Royal Canin promociona actualmente paquetes de pienso de 50 kilos para los pequeñines), y a veces realizan excursiones por la zona de Albuquerque, donde comparten campiña con los buitres negros. No es raro que algún ponente acabe con quemaduras de tercer grado en dichas excursiones.


Por otro lado, hay asociaciones, casi todas cacereñas, que defienden la vetusta tradición como Fiesta de Interés Turístico Regional. Creen que la población de dragones en Ejtremaura no corre aún ningún peligro, y que la fiesta de San Jorge ayuda, por un lado a guardar la raza, y por otro lado a salvaguardar costumbres arraigadas, aparte de controlar a los alados reptiles.


La Junta de Ejtremaura aún no se ha pronunciado al respecto, si lo ha hecho para asegurar que el 80% de los incendios forestales en nuestra región están causados por el mortífero aliento de estos polémicos animales (un 7% lo causan los Ave Fénix que viven por la zona de Herrera del Duque), y que son culpables de la desaparición del pino piñonero en la Sierra de Gata y de los fortuitos ataques que sufren los Boy-Scouts de Guadalupe los fines de semana. Los chicos los incitan al cantar alegres canciones, guitarra en mano y pañuelo al cuello por el monte, a nadie se le ocurre semejante atrocidad… Lo que está claro es que vamos necesitando una regulación al respecto.


Debemos tener una conciencia respecto a este tema, ya que los dragones ya no son aquellos terribles animales que en el Medievo les daba por arrasar y atacar los diferentes Castillos Ejtremeños, (recordemos que un Dragón Negro de nombre Vitoriano, de 45 metros de eslora, arrasó la Alcazaba de Badayork en 1.119 en plena visita del Emir de Córdoba), en busca de princesas sin depilar. Ya no atacan las diligencias ni las Romerías de San Isidro, aunque hemos de reconocer que aún les da por atacar a las vacas y las ovejas de las Cañadas Reales, y que no atienden a los “Altos” de la Guardia Civil, pero siempre porque el progreso y la urbanización han acabado con sus tradicionales fueros.


Los Arqueólogos e Historiadores del Arte los han echado de sus cuevas, los han desplazado de sus milenarios lechos, poniendo como excusa que buscan pinturas paleolíticas o grabados neolíticos, y los militares de la Panzer Bellota hacen puntería con ellos con sus viejos tanques heredados de la Guerra de Corea. Así es lógico que a estos pacíficos y nobles animales, ante el continuo acoso, les de por derribar algún avión comercial portugués bimotor o algún F-5 de la Base Aérea de Talavera La Real…


…Mi postura al respecto es que los dragones son victimas de la globalización mundial, y que los ejtremeños debemos sentirnos orgullosos de tener la oportunidad de contar con ellos en nuestra fauna, es un deber para nosotros su preservación, asegurarles un futuro, y perdonar las pequeñas desavenencias, como que ataquen la Catedral todos los Domingos de Pascua, porque al fin y al cabo son seres irracionales… ¡¡Pobres dragones ejtremeños!!

jueves, 23 de abril de 2009

La Cooperativa (IV. El Desenlace Final)


Viendo que no tenía muchas ganas de conversación y que estando parado me helaba por momentos, agarré el cubo y empecé a recoger los frutos más pequeños de cada ciruelo. Arrancaba entre ocho y catorce por cada árbol, sistemáticamente, y aún así no tenía narices de alcanzar a mis compañeros ecuatorianos que avanzaban con maestría por aquellos surcos terrosos, iluminados solo por la luna y las estrellas, apenas los oía murmurar, se movían como ninjas agrícolas por aquellos arbolitos, cargando sin quejarse con aquel cubo apestoso de plástico. A eso de las siete, yo estaba por rendirme, el sol ya había salido, tímidamente, y nos daba en toda la cara, pero el frío era aún persistente, y decidí descansar diez minutos para anotar mis impresiones literarias. Me dolían las manos, las tenía magulladas, rojas y secas, y en los pies comenzaba a notar las primeras ampollas, quizás porque los zapatos de Springfield no están hechos para el campo ejtremeño. No llevaba ni cuarenta segundos garabateando sensaciones con mi pilot negro en el cuadernillo de notas cuando el ecuatoriano, volvió hasta mi, en dos movimientos, como un caballo de ajedrez, y me recriminó:


- ¿Qué haces loco?, si te ve el capataz, te bota enseguida-

- Necesito descansar. ¿Cuándo comemos aquí?. Protesté sentado desde el suelo.

- Aún faltan tres horas, venga, levanta… Si el señor le da por venir y ve que la ciruela no está entresacada nos bota a todos…-


Con esfuerzo, me incorporé, y volví a recoger, una a una aquellas malditas ciruelas, como un zombi. Pronto me sobró el abrigo y lo dejé colgado en una rama, prometiéndole volver a por él una vez finalizada la misión. En aquel momento ya no era yo. Era un zombi recoge ciruelas, que arrastraba un cubo cada vez más pesado, y que seguía a un ecuatoriano por aquellas interminables hileras de diabólicos ciruelos. Ciruelos del demonio. Llevaba casi cuatro horas allí, pero ya no me parecía tan bucolico, ni inspirador, ni tan bello, el campo ejtremeño, el mundo agrícola.



Tenía las manos agrietadas, doloridas y magulladas, la espalda dolorida y los pies infestados de ampollas y llagas. Continuaba en pie por mi particular Vía Dolorosa, esperando un milagro, un rayo divino que fulminara aquella inmensa huerta ciruelil. Entonces, el señor Calderón, con tres perdices al cinto aparecería y nos diría a todos, a los ecuatorianos, marroquíes y a mi: “Chicos, se jodió la cosecha, cuando no es la helá, es el granizo, la sequía, la lluvia o, los rayos del mismísimo Zeus. Pero no os preocupéis, que os vamos a dar trescientos euros por el trabajo realizado…”. Pero aquello era ficción y aquel rayo no acababa de caer.



Sin embargo, mi mente no dejaba de maquinar situaciones absurdas en medio de aquel campo de ciruelos psicotrópicos. En algunas de ellas, yo era el portero de la Selección Inglesa de Fútbol, me llamaba Robert Moon, y el entrenador me había castigado a recoger ciruelas por haber aparecido borracho a un entrenamiento, hasta The Guardian decía que era un castigo inaudito. Pero pronto me imaginaba miembro de algún falansterio propio del Siglo XIX o un esclavo del medioevo trabajando para algún conde a cambio de manutención.


Cuando llegaron las diez paramos a desayunar. Los ecuatorianos reían y bromeaban joviales mientras comían unas tortas y se servían cafés de termo. Yo era Gollum, que observaba a La Compañía en silencio, comiendo mis Fontaneda y bebiendo agua de Los Riscos. Las manos me iban a explotar y no sentía los pies. Tenía la espalda como un interrogante y no me apetecía escribir. Entonces llegó en un pequeño todo terreno el señor Calderón. Venía con buen ánimo y comenzó a charlar y a compartir chistes con los ecuatorianos. Con esfuerzo, me incorporé y le hice una señal para que se acercara. El señor Calderón se acercó con una media sonrisa hasta mi, me puso la mano en el hombro, y le susurré cabizbajo, agotado, derrotado: “No valgo para esto.” Entonces él me dio una palmada en el hombro donde descansaba la mano y me dijo: “No pasa nada”.


- Eduardo, hazme un favor, hazte cargo de su cubo. – Le dijo a un ecuatoriano que sorbía de un vaso de plástico.


Recogimos mi abrigo, y apesadumbrado, me dirigí con el señor Calderón hasta su todo terreno. “¡¡Adiós escritor!!”, gritó alguien a mis espaldas y todo el grupo rió feliz con mi partida. El señor Calderón se giró y les sonrió la gracia cómplice. En todo el camino de vuelta no me dijo nada, se reía de las ocurrencias matutinas de los tertulianos de Onda Cero. Ni siquiera miré por la ventanilla. Solo miraba mis manos, magulladas, secas y rojas. Al llegar a la puerta de la cooperativa, abrió su cartera y me dio un billete de 20 euros y uno de 5, y con una sonrisa me dijo: “Es normal, les ocurre a muchos, vuelve cuando quieras”, y con un apretón ligero de manos me despidió. Dormí el resto de la mañana, y me desperté avanzada la tarde…

Abril de 2.009

miércoles, 22 de abril de 2009

La Cooperativa (III)


Me presenté a las cinco menos veinte de la mañana en ese mismo lugar. Hacía menos tres grados y yo me había presentado con vaqueros Carrefour de oferta (10, 90 euros), dos camisetas interiores y un jersey, mi gorrito gris con visera de Springfield (19, 95), mi abrigo blanco de entretiempo y el resto de colonia que me quedaba de Thomas Burberry. En una pequeña mochila amarilla que me había tocado con las latas del Nesquik, llevaba mis galletas Fontaneda, un bocata de atún y un litro de agua de Los Riscos. La escena era la misma que el día anterior. Dos grupos principales, uno formado por marroquíes y otro por ecuatorianos, había cinco o seis personas sueltas que pronto se juntaron y que resultaron ser peones agrícolas con cualificación venidos de los pueblos cercanos, a los cuales me uní pronto, buscando congracionarme con alguien.


- …Ya debe estar mal la cosa para que yo me presente aquí para lo que tienes que trabajar y para lo que te dan, no te merece la pena ni la gasolina… - Soltó un tipo de unos treinta y tantos que provenía de Montijo. Los demás afirmaron con la cabeza, sin sacar las manos de sus abrigos, y yo remaché con un “Ya te digo”, buscando establecer vínculos de camaderia entre el grupo.



- …Yo ya estuve el año pasado en el Jerte para la cereza, y ya la cosa estaba mal, se nota la crisis y que los capataces bajan los sueldos, es un abuso, aunque estos (y señalo con descaro a marroquíes y ecuatorianos) vendrían por dos euros la hora fijo…-, habló otro tipo de procedencia desconocida, que sólo hacía escupir a su izquierda, como para intentar fijar cada una de las palabras que pronunciaba.


Pronto se presentaron cuatro camionetas Mercedes. En una de ellas venía el Sr. Víctor Calderón, el capataz. Era un tipo que rozaba la cuarentena, y que venía vestido todo de El Corte Inglés, parecía que iba a una montería. Botas de cuero, pantalones verdes de pana, camisa de franela a cuadros, chaleco negro y boina azul de visera. Había visto a un maniquí de similares características en la tercera planta de El Corte Inglés. No me cabía duda. Le faltaba la escopeta y la jauría de perros. Rápidamente se puso a repartirnos por números en las diversas furgonetas, mientras comentaba que íbamos a la “entresacá” de la ciruela y que no peláramos mucho los ciruelos, que no se trataba de desnudarlos enteros, que eran 95 hectáreas de ciruelas y que estaríamos algunos días allí.


A mi me llamó de los últimos, iba en la última furgoneta junto a siete ecuatorianos que me miraban curiosos y agachaban la cabeza, no hablaron nada en los quince minutos de trayecto. La furgoneta dio varios tumbos en algunos momentos, se notó que cambiábamos comarcal por camino de cabras directamente, cualquiera diría que íbamos por la mitad del campo directamente.


Cuando paramos, nos dieron un cubo de plástico grande, de unos 50 kilos de capacidad, como esos que venden en algunos chinos, y nos dejaron allí, delante de hectáreas y hectáreas de ciruelos plantados en hileras, cada seis o siete uno destacaba por ser más alto que los anteriores. Hacía frío, pero el espectáculo de ver todo aquel manto de estrellas encima de tu cabeza, ya merecía la pena. El cinturón de Orión tintineaba con intensidad, y la Osa Mayor, La Calabaza Borracha, se distinguía perfectamente. Mientras yo observaba extasiado las estrellas, mis compañeros de furgoneta, sin mediar palabras se acercaron a los árboles y empezaron a recoger frutos y a echarlos en los enormes cubos de plástico. Yo me quedé parado. Esperaba que alguien me hubiera explicado que demonios se suponía que debía hacer con el cubo. Como vi que nadie lo hacía, opté por imitarlos y me puse a recoger ciruelas a diestro y siniestro. Al quinto ciruelo, el ecuatoriano más cercano a mi iba por el noveno. No dejaba de observarme. Yo de vez en cuando, me paraba, y sacaba del bolsillo interior de mi abrigo mi cuaderno de notas y anotaba poéticas inspiraciones sobre el campo ejtremeño y las estrellas, quería escribir una Pastoral Renacentista en versos endecasílabos o alejandrinos, o en verso libre. Eso era algo que aún estaba por decidir. Miraba con afecto paternal las ciruelas y las arrancaba de las ramas y las metía en el cubo, las observaba con curiosidad sincera, como crecían en medio del frío de abril, con aquella helada abrigaba por aquel espectáculo de cielo…


- No. No arranques las grandes. – Musitó el ecuatoriano que se había acercado furtivamente hasta mí. – Se trata de que quites las pequeñas, para que el resto del fruto crezca más. No están maduras y estas arrancando las mejores, si te ve el capataz la tienes pinche huevón , ¿Qué no entiendes?, y no te pares a garabatear, te van a botar a la primera. – Me recriminó mirándome directamente a los ojos.


Se notaba que era un joven preocupado por el buen trabajo.


- Es que soy escritor, me viene la inspiración a todas horas. – Le contesté alegre.


- Por mi como si eres el puto Conde Duque de Olivares carajo, no chilles tan alto, y quita las pequeñas, español de los cojones.-


...CONTINUARÁ...