- …Tengo algo que proponerte Micho, un trato que yo considero muy justo… Le dije serio. Micho bufó… Espera oírlo y después decides. La decisión es tuya.
Tanto Missi, como Diderot, Voltaire, Rousseau, Montesquieu y el propio Micho se quedaron muy quietos, esperando oír mis palabras que yo intentaba ordenar y meditar antes de pronunciarlas.
- Habla desgarbado y raquítico burgués de estrafalaria perilla, me espetó el gatito insolentemente mientras Missi lo miraba fijamente y hacía claros gestos de desaprobación.
- Te ofrezco un hogar. Así de sencillo. Un hogar en la cateta y provinciana ciudad de Badayork. Le solté y me sentí como Richard Gere en Pretty Gato. “…Vivirías en el Patio-Lavadero. No es un lugar muy grande, es de unos 20m2 y de esos 20m2, cinco de ellos está cubiertos por un tejado donde hay una gatera muy especial… Por fuera es solo de medio metro cuadrado, pero por dentro (no me preguntes cómo por favor), dispone de veinte habitaciones, tres cuartos de baño, una cocina, una biblioteca-estudio con cerca de ochocientos Cds de música y pelis, libros y revistas, con algún incunable en sus estanterías, un recibidor y un Salón-Comedor… Están los “cazos” de la comida y el agua, y en zona al aire libre están los tendederos, hay macetas que nada envidian a un Patio Cordobés, en su centro hay un naranjo seco, que en su día representó Las Libertades Gatunas, y en un rincón, bajo tejaillo, el Arenero…”.
- ¡¡Yo quiero ir Señor Duncan!!, maulló Montesquieu.
- ¡¡Y yo, y yo!!, maullaron los demás al unísono. Y todos comenzaron a excitarse y a restregarse por la pernera de mi pantalón lanzándome miradas sibilinas solo como un gato sabe hacer.
Missi tuvo que empezar a poner orden, y Micho no decía nada. Comenzó a rascarse con una pata detrás de una de sus orejas mientras cerraba un ojo y dejaba ver parte de su lengua.
- ¿Y todo eso a cambio de que?, maulló secamente Micho y sus hermanos pararon la reciente guerra que habían iniciado a mis pies.
- De compañía. De tu compañía. Así de sencillo, así de simple.
- Es un buen trato Micho, ronroneo Missi.
- Está bien, trato hecho. Dijo Micho. Pero a condición de que me pueda llevar mi libro de lectura, maulló.





