
… Al tipo lo atracaron una noche de 1.986, cuando regresaba de madrugada a casa tras haber cumplido con la boheme de la ciudad.
Dos tipos, a ochocientos de su casa se llevaron lo poco que no se había gastado en las tertulias nocturnas de la movida, se intentaron propasar con él mientras una navaja de mariposa, ubicada en su pescuezo, le recordaba que no se moviera y finalmente lo despidieron con una esclarecedora tunda a base de hostias matutinas.
Después de aquello solo salió de casa para poner una denuncia y visitar al psicólogo durante seis meses. Nunca cogieron a aquellos tipos. Era de prever y él no volvió a trabajar. No recuerdo en que trabajaba, pero sé que de los doce meses que tiene el año, nueve eran de puro anonimato y de pertinaz ahorro, y los otros tres se los fundía en Marbella, a tutti plein, junto a Jaime de Mora y Aragón y Gunilla Von No sé Qué, como secundario experto en protocolo de aquella farándula de circo mediático que fue Marbella en los ochenta, junto a jeques, putas y viciosos, y demás Niños de Coria y Bufones Velazqueños que protagonizaban las portadas de las revistas de la época, antes de que Gil institucionalizara la caspa y el circo de funambulistas, saltimbanquis , caraduras, corruptos e hijos de puta de diversa ralea. “Las personas decentes me asustan”, bromeaba mientras daba una calada.
Era un tipo culto, inteligente y fumaba Fortuna, un paquete al día, no más, hasta aquella madrugada de 1.986, tras la cual, decidió encerrarse en casa, y no volver a salir nunca más, humillado, avergonzado, resentido y temeroso. Cortó radicalmente con todo. Con su trabajo y su vida, su pasado de gente guapa y falsa marbellí, con su futuro como acompañante protocolario de guiris afortunados… “Agorafobia” le dijo el psicólogo, mientras el cielo le pesaba cada vez más. “Miedo”, le susurró, y el aire era granito a su alrededor, y asumió su nueva situación con estoica disciplina, sin chistar, con la mirada y el pensamiento perdidos en la Marbella de los ochenta, en las cenas sociales de diplomáticos, en la llegada veraniega de los árabes, y en las excentricidades de la villa andaluza, y sin volver a asomarse a la ventana…
Se agenció una radio de dos pilas, su único cordón umbilical con el mundo exterior, y hace poco cumplió setenta años. Sólo, enfermo y arruinado. En los últimos 25 años sólo ha salido de casa una docena de veces, y no por más de una hora, ni siquiera fue al entierro de su amigo Jaime…
P.D: “Agorafobia” forma parte de mis “Relatos Inauditos”, y sin embargo esta basado en una historia real. Todo en “Agorafobia” es real, los hechos, el personaje… El tipo era una especie de “Josemi”, parecido tanto físico como mental, que fue mi vecino hasta el año 2.000. Ni siquiera recuerdo como se llama. Nueve meses del año era un completo anónimo en Badayork, que es donde reside actualmente, y los tres meses de verano cumplía como una estrella con luz propia con la farándula Marbellí. Esta fue su vida desde principios de los setenta hasta aquel año 86… Creí interesante esbozarla, pincelarla con brochazos cortos pero intensos, y así nació el relato “Agorafobia”, tan verídico como él… (Es el único caso de Agorafobia que he conocido por cierto…)

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