…Desde hace muchísimo tiempo, en las Vegas del Guadiana, entre eucaliptos plantados por algún sesudo tecnócrata en los años 50 que están dejando la hermosa tierra más árida que el desierto de Arizona, se encuentra una sucursal del Santuario de Delfos.
Esta sucursal, franquicia de la griega, es de papel cartón, la construyeron como el McDonalds, en bloques, imitando elementos clásicos, y tardaron una mañana y media. Y allí la veréis, Oh amigos y amigas de lo divino, alzarse majestuosa, esperando resolver las diferentes dudas y cuestiones de los ineptos mortales que vagan por el decrepito mundo.
Agobiados como estamos por
Michel asegura que la solución de la crisis esta en imponer un régimen democrático comunista, el capitalismo esta finiquitado, y es hora de que los pueblos del mundo se unan bajo una gran economía rural, de Gulags, donde todos seamos Estado, eliminando la propiedad privada y siguiendo los preceptos de Stalin. Él se ofrece voluntario para hacer una criba e iniciar
Desoyendo los consejos del minino opté por acercarme hasta las Vegas del Guadiana, en busca del Santuario de Delfos, a bordo del Grajo Milenario, nuestro habitual vehiculo. Michel finalmente accedió a acompañarme a cambio de que a la vuelta le comprara el último libro de Eduardo Punset. Teclee en el Tom-Tom: “Santuario de Delfos”, y tras cuarenta: “En el próximo cruce, gire a la derecha”, llegamos a nuestro destino…
Pagamos 50 céntimos a un gorrilla en el aparcamiento que nos hacia las mismas señales que le hacen a un F-18 que se quiere posar en un portaviones. Me fije que el tipo tenía la dentadura mucho mejor que la mía, y nos contó un rollo macabeo sobre que él, de joven había sido Auriga en Delfos, el mejor de todos, pero se cerró el hipódromo y acabó en la calle... Coisas de
El Horario del Oráculo era de
Michel y yo nos miramos con cara de circunstancias, pero la mujer de pronto puso los ojos en blanco y comenzó a hablar entre siseos:
- “Oh, Michel IV de Gato, felino mítico, gran xilofonista, que estas llamado a llevar a tu raza a
Michel se quedo de piedra. Yo me sentía triunfal: Había sido una buena idea venir al santuario de Delfos. Tras coger una bocanada de aire, la mujer volvió a sisear, esta vez hacia mí:
- “Duncan de Gross, nacido bajo el Signo de Orión, para ti solo tengo dos mensajes: Más vale pájaro en mano que ciento volando, y deja la absenta que te sienta muy mal…”
Tras esas escuetas palabras, la mujer pareció salir de su éxtasis alcohólico, cambió sus ojos a marrón oscuro y se quedo tal cual:
- “¿Eso es todo?”, protesté.
- “Eso es todo.”, me dijo. “Si quieres saber más, envía DELFOS al 7354, recuerda DELFOS al 7354…”
Con cincuenta euros menos en el bolsillo salí de allí desilusionado. Quise invitar a Michel a un café en Starbucks, pero habían cerrado por recesión económica…











