…Hace un par de semanas que visito el Comedor Social. No es nada extraño. Después de cuatro meses en paro (sin nada a la vista) y cobrando un subsidio ridículo que se termina en marzo, el dinero nos llega para libros, pago de suscripciones a las Revistas Literarias que Michel devora con tanta ansiedad, luz y agua, botellas de absenta, lienzos y pinturas, licores varios y algún capricho menor, pero no llega para comer…
Tampoco nos preocupamos mucho. Sabemos que los desempleados somos lo nuevos apestados del Siglo XXI, pero al parecer mi médico de cabecera, Asclepio, dice que solo es un “estado de animo”, que guarde recesión en cama, y en tres o cuatro años, se me pasará, que no me queje tanto… Mientras la demagogia política siga insuflando con mentiras nuestros sueños y esperanzas, todo irá bien. No hay nada peor que un pueblo que no oye, no habla, no ve, y peor aún: No siente…
Así que desde hace un par de semanas como en el Comedor Social de la ciudad cateta y provinciana. Me siento junto a un viejo loco, ciego, que asegura que fue Rey de Tracia. La verdad es que yo nunca le llevo la contraria, si una presentadora del Telediario puede ser Reina de Aspanya, bien puede ser este tipo lo que dice que fue… Aunque yo estoy más interesado en las lentejas y sopas de diversa índole y consideración que, inexpresivamente, sirven los voluntarios sociales.
El anciano se llama Fineo, y siempre monta algún escándalo a cuenta de que hay dos tipas, a veces tres, que él despectivamente llama arpías, que le quitan la comida a diario y no le dejan comer, castigo cruel el impuesto por las féminas. Los voluntarios sociales no suelen hacerle caso alguno, tampoco los derrotados que deambulamos por allí, haciendo cola para llenar el estomago, son malos tiempos para el altruismo. La sociedad, como la vida, te quita las ganas de todo a base de recurrentes y reveladoras hostias.
La verdad es que yo he visto a esas malas pécoras quitarle la comida al pobre viejuno que, ciego, da mandobles a diestro y siniestro con un descuidado cayado mientras maldice en varios dialectos indo-europeos, peligrando en alguna ocasión mi integridad y la de la bolsita de comida que le llevo a Michel IV de Gato, el cual, por cierto, anda muy ocupado en el sofá del Salón teorizando sobre los fatales efectos del actual Capitalismo feroz, único responsable de la situación económica-social que atravesamos…
Hoy, sin embargo, ha ocurrido un hecho inaudito. Dos jóvenes mellizos que suelen ir un par de veces por semana, Cetes y Calais, los típicos jóvenes trotamundos que quieren comerse el mundo por los pies, en un acto de valentía social poco común, se han plantado delante de las arpías y amenazantes las han botado del Comedor Social entre algún que otro aplauso esporádico. El pobre Fineo gimoteaba, y no paraba de agradecer a los dos hermanos el detalle, mientras comía a cucharadas trompicadas algo parecido a una sopa de fideos, que era lo que nos tocaba…
Es raro, mientras haya personas como Cetes y Calais, tal vez haya aún esperanzas…Me pareció que estos dos tenían alas…











