martes, 3 de mayo de 2016

Bunny, la cosa asesina.

Hay películas absurdas, y películas más absurdas aún. Bueno, pues esta es una película, completamente absurda, de esas que no puedes dejar de ver porque sabes que, primero te hará reír, y segundo, ya puesto a ver absurdeces, quieres ver como acaba tanta tontería.


 “Bunny, la cosa asesina”, película finlandesa que rebosa nieve y caspa por igual, tiene algo de Porky´s, algo de American Pie, algo de Scary Movie… Y mucho humor bizarro, algo de gore artesanal (de esos efectos especiales de toda la vida), y topicazos para exportar de serie B, de película mala para adolescentes en VHS. Y lo malo es que todo en ella me hace reír, lo cual me va a traer problemas con mi psicoanalista (ahora que lo estaba dejando).


(Aquí Bunny, en su mejor pose)

 Un grupo de jóvenes finlandeses y británicos se van, como siempre, al medio de la nada, a hartarse de alcohol, y a intentar hablarles a las chicas sobre “La caída de Roma” y sus consecuencias. Lo que no saben es que Bunny, un tipo mitad conejo, mitad humano, con un pene kilométrico (de hecho, yo creo que el pene es otro protagonista más que va a su rollo), resultado de un fallido experimento que no viene a cuento, les ronda desde el minuto uno. 

De terror no tiene nada de nada, más bien lo contrario. Bunny es un conejo más salido que el pico de una mesa, su única frase en toda la película es “chooooochooooss” (lo dice unas noventa veces en poco más de una hora) mientras va saltando por la nieve. Desde luego, no me explico cómo encima tiene algunos premios internacionales. Es la típica para ver con unos amigos y unas pizzas mediante. Película mala de narices, frikismo del gordo.

sábado, 30 de abril de 2016

Groucho y yo.

Después de haber leído “Camas”, me quedé con ganas de leer un poco más de Groucho Marx. No en vano, tengo algunas películas originales de los hermanos Marx (Sopa de ganso, un día en las carreras, Copacabana…), algunas de ellas con un doblaje peor que pésimo.
 (Me he reído una barbaridad)

Me decidí estas Navidades pasadas por “Groucho y yo”, que me costó unos cinco leuros, y ahora he tenido la oportunidad, y el tiempo, de leerme esta desternillante autobiografía del más loco y genial de los Marx.

Por sus páginas, en capítulos de 9-10 páginas (el libro tiene 299 páginas), Groucho desgrana su vida, y la de sus hermanos (Harpo, Chico, Gummo y Zeppo), desde que recuerda (asegura que nació a una temprana edad) hasta que escribe el libro (1959). No es una autobiografía al uso, primero por la forma en la que narra los acontecimientos, con un humor impresionante que me ha hecho soltar más de una carcajada (como describe a su padre, y a su trabajo, es para desternillarse), y segundo, porque no sigue un hilo histórico rígido, sino que da botes en su vida, de aquí para allá. Con un sinfín de divertidos monólogos y opiniones (sobre el mundo del espectáculo, las mujeres, el trabajo, el dinero o la televisión). El libro se hace muy ameno, increíblemente fácil de leer, casi adictivo, con unas comparaciones con la actualidad (la suya de aquellos finales de los cincuenta) ya superadas, pero que podrían pasar por la tabla rasa del S.XXI sin muchas dificultades. Al fin y al cabo, hay cosas que no cambian nunca.

Si la autobiografía es real, o no, la verdad es que importa muy poco. Solo leer a este hombre, y todo el humor que destilaba, ya de por sí, merece la pena. En mi caso, la carcajada ha estado garantizada. La sonrisa, presente. Es una lectura muy recomendable. Al 100%. (Nota: Prometo leer algo más, en un futuro, sobre los Marx)



P.D: Hablando de tantos por ciento. El 98% de mis alumnos de la ESO, unos ciento veintitantos, no tenían ni idea de quien era Groucho Marx (y tampoco les interesa). El 2% restante no acudió ese día a clase. La encuesta es real. El dato, abrumador.

lunes, 25 de abril de 2016

Ha vuelto.

“Ha vuelto”, película alemana de 2015, basada en el libro de Timur Vermes de título similar, que se ha vendido en Alemania en los dos últimos años como rosquillas. De momento, lleva varios cientos de miles más libros vendidos en dos años que yo en diez.
(¿Qué ha pachao?)


 Imagina que, en un parque de Berlín, aparece Hitler, así, espontáneamente. Hay gente a la que le salen setas, tréboles u hormigueros en el jardín, pero en este caso que nos atañe, es el mismísimo Hitler quien se aparece entre la hojarasca. Con una gran dosis de humor, Hitler hará una reinterpretación (a su manera) de lo que es la Alemania actual. Se encontrará con un tipo, recién despedido de su trabajo (un canal televisivo), que creerá que está delante de un comediante nato, y a través de una serie de vídeos en YouTube le dará a conocer. Retomará sus dotes artísticas en la calle, pintando caricaturas. Escribirá otro libro que es la propia película. Llegarán a participar en un propio Show televisivo, que es la propia película, este falso documental donde Hitler te hará reír a base de unos gags muy buenos (yo personalmente he disfrutado con la crítica a Merkel y a la cúpula política alemana, cada vez más alejada del pueblo… ¡¡Y que lo tenga que decir Hitler!! y como se mete con los Nacional-Demócratas, los deja como tontos).
 (¿Qué no me ha tocado La Primitiva?)

Es una sátira política sagaz, desenfadada, una comedia llena de puntos realmente buenos, una crítica feroz a la extrema derecha alemana que está cogiendo un poderío impresionante los últimos años (se queda dormido oyendo a los neonazis, se ríe de ellos llamándoles negratas en su cara), una auténtica visión social de la realidad alemana, un film que me ha recordado mucho a Sacha Baron en “El Dictador” y en “Borat”, y que haya sido un éxito en Alemania, en mi opinión, viene a demostrar que los propios alemanes no son tontos…
 Tengo un gorrión en el puño, ¿Lo suelto?

P.D: Hay una escena que es delirante, una escena copiada enterita de “El Hundimiento”. No cuento más. Delirante!!



P.D.D: Efectivamente, las imágenes las he encontrado allí, aquí, y un poco más allá.

No me cae mal este Duncan, aunque él a mí no me puede ni ver...



viernes, 22 de abril de 2016

Demagogias, de Carlos Reyman

Carlos Reyman Güera juega en otra liga. En una de esas ligas en las que, para lectores humildes como el que suscribe, todo puede ser magia, canción y tiempo celebrado, continente encontrado. Su libro, “Demagogias” es un rincón de realismo mágico (empezarán a desaparecer las calles y lo llamarán realismo mágico), un bazar lleno de colores y cosas maravillosas. Leo, releo, vuelvo atrás. Todo es un Ohhh, Ahhhh, continuo. La sorpresa, a la vuelta de la hoja. Impresionante manera de escribir, de sentir, de comunicar. La palabra, certera, no tiene mejor arquero que Carlos. El sentido te lleva a la emoción, a la poesía (Juan Ramón y Pessoa, presentes), a una prosa lírica, a una casa con la puerta y las ventanas abiertas, a una conversación sincera con el autor, que tiene mucho de puñetazo en la mesa, y de mirada concisa, de denuncia social (necesaria como respirar).

(Demagogias)

Es directo, es mordaz, empático, personalísimo, es el maldito Panta Rei, y a ratos es metáfora juguetona, verso cómplice, greguería sublime, aquí entre tú y yo... Todo fluye en este libro, sus frases, como afluentes de algo grande y palpable. Sus historias, donde es fácil verse, como en un espejo claro. Y lo mejor de todo, en mi modesta opinión, es que el libro te lo podrás leer una, dos, catorce veces (en el momento en que escribo estas líneas, ya me lo he leído dos veces, con una voracidad que asusta, con una avidez inaudita), y siempre tendrás la sensación de que el libro ha mutado, ha cambiado, en un giro inesperado sobre sí mismo, y te está contando algo en lo que no habías reparado la última vez. Es una galaxia que gira y gira, plagada de millones de estrellas, y no sabes dónde mirar, y relees para saborear, y aun así… No consigues abarcar todo lo que quisieras. “¡Que tío!”, he llegado a exclamar más de una vez en voz alta.

(Café mediante...)

Uno de mis camareros favoritos, (café con leche, corto de café, por favor) me comentó hace un par de horas, esta misma tarde: “Llevas una semana con el mismo libro, y eso ya es raro en ti”. Y le contesté, ufano: “No es el mismo, cada vez que lo comienzo es diferente”. Y es así, coño. Es así. Es pura literatura, viva, oxígeno para la mente, es un guiño eterno, una luz firme y segura en la oscuridad a la que nos tiene acostumbrado el panorama literario actual. No dejes pasar estas “Demagogias” de Carlos Reyman, por nada del mundo.


(El amigo Carlos. Escritor Mayúsculo)


Bukowski pensaba que John Fante "era Dios", así lo aseguraba en el prólogo de "Pregúntale al polvo", yo pienso lo mismo de Carlos Reymán Güera, pero sin Dios mediante, que al fin y al cabo, aquí no pinta nada.

jueves, 21 de abril de 2016

Miss Hokusai

(Como una ola...)

Miss Hokusai es la historia de E-Oi, una de las hijas de Tetsuzo, aquel pintor japonés, de principios del S.XIX que embelesó tantísimo a los impresionistas por sus sencillas pinturas, mundanas muchas veces, del Japón Tokugawa. E-Oi, ha heredado el talento de su padre para la pintura, y cada vez que puede (y la dejan) aporta su granito de arena al trabajo de su padre. Un melancólico artista, rodeado de papeles, con algún discípulo ocasional, que aspira a ser lo más en el arte de su época. Tetsuzo murió con noventa años, convencido de que si hubiera vivido cinco o diez años más, hubiera alcanzado el cenit pictórico. Se equivocó. Su arte pronto fue admirado en Europa, justo después del comienzo de la Era Meiji, la Etapa de las Luces, de la apertura y occidentalización de Japón. Aquellos bohemios, hartos de absenta, que pululaban el Paris de finales del XIX conocían y estimaban mucho las láminas de Tetsuzo. No era un desconocido.


(¿Te gusta como está quedando?)

La película, basada en el Manga de Sugiura Hinako, se presenta con dos premios, el del mejor largometraje de animación de Sitges (2015) y con el Premio del Jurado en el de Annecy (2015). Es un film emocional, con una banda sonora preciosa (quizás sobra un guitarreo rockero al principio y al final del largometraje), y que no tiene un desarrollo narrativo con demasiados altibajos, algún episodio mágico, da alas a los protagonistas, la superstición japonesa tan interesante siempre está, igualmente, muy presente. El Kabuki (el teatro clásico), los burdeles, el travestismo, la épica, la película termina como comienza, y como espectador te quedas con ganas de más, porque has visto una bella historia, con una gran fantasía, pero crees que te has perdido algo, en algún momento.
(Habrá que ordenar todo este caos, un día de estos...)

P.D: Las imágenes, por variar, las he pillado de aquí y allí.


martes, 19 de abril de 2016

El Renacido

De “El Renacido”, que le valió a Leonardo DiCaprio el único Oscar que tiene (de momento), puedo decir, sin temor a equivocarme, que es una gran película. El director (Iñarritu) ha sabido captar, desde el principio, la trama, la narrativa de este tipo, un auténtico superviviente (ríete tú de los Seals o de esos tipos que comen bichos en mitad de una selva peruana mientras miran a la cámara). Una historia fuerte, realista y fría, con mucha dosis de angustia y emoción servidas en tacitas muy equilibradas.

 (Aquí el amigo Glass, es la mejor cara que tenía)


El inicio de esta película es brutal. La verdad es que no recuerdo un comienzo así, en ningún film, salvando las distancias quizás, “Salvar al Soldado Ryan” con todos esos tiros, ese caos de muerte y destrucción terrible en el Desembarco de Normandía. Nos encontramos con un grupo de colonos, en busca de pieles, en pleno territorio indio, un choque de intereses y de civilizaciones, donde la muerte y la supervivencia acampan a sus anchas. Sin embargo, ya desde el principio notamos que no es el típico Western de camisas blancas y revólveres plateados. Los paisajes, la fotografía, simplemente impresionante: Los bosques helados, la nieve por doquier, el río salvaje, los propios animales y la caracterización de los indios y los colonos. Un gran trabajo. La película ya te comunica, casi desde el principio, con la puesta en escena de la propia Naturaleza, que en mi opinión, es una protagonista más.
 (Sospecho que, aquí, en 200 años, habrá un Starbucks)

El amigo Leo es un explorador que, junto a su hijo mestizo, trabaja para los colonos americanos. Después de un ataque indio, del que salen bastante mal parados los colonos, se inicia una huida en la que Glass (el personaje de Leonardo DiCaprio) tiene un encuentro poco amistoso con un oso del tamaño de una Catedral Románica. Después la película decae un poco en su ritmo, pero no por ello va a dejar de ser buena. Se relaja. Vemos a Glass pasarlas canutas, acompañado de una música que pasa bastante desapercibida (tal vez sea lo mejor, tal vez es lo que buscaban), mientras que el papel de “el malo de turno” (Tom Hardy) es, igualmente, admirable. Por cierto, la historia está basada en un hecho real.
 (Corre, que nos perdemos la Final de la Champions)

En fin, prefiero que la veas, antes de seguir destripándola más. Creo que, solo por los planos y por el paisaje, por su fotografía que es una maravilla, merece la pena verla. Ya me comentas.

P.D: Las imágenes no son mías, las he pillado de aquí y allí...



domingo, 17 de abril de 2016

Gatos. Charles Bukowski

Fue una sorpresa mayúscula encontrar este libro en el estante de una librería de Badajoz. La verdad es que iba buscando otra cosa, pero me lo encontré allí, apoyado en otros volúmenes, y en un rápido vistazo, mi mente analizó dos palabras mágicas “Gatos” y “Bukowski”.

(Gatos y Bukowski. Combinación perfecta. Irresistible)


 No tenía ni idea de la afición de Bukowski por los gatos, aunque alguien que ha llevado su vida (deduje), bien podría contar muchas anécdotas de gatos. Bukowski me tiene acostumbrado a contarme historias de putas, de callejones meados, de vagabundos y de borracheras de vino barato, cigarros mediante… Pero… Gatos… Ciertamente no recordaba nada sobre el tema.


(Estar rodeado de gatos es un regalo...)

Esta edición, perteneciente a la Colección Visor de Poesía, está dirigida por Abel DeBritto, que se ha molestado en buscar y rebuscar entre todos los legajos de Bukowski (murió en 1994), todas las referencias gatunas posibles. E, increíblemente, ha encontrado más de lo que uno podría imaginarse. A pesar de que Bukowski comenzó a dedicarle poemillas a algún que otro perruno, poco a poco, su interés y admiración por los gatos fue creciendo. Tanto que llegó a tener más de media docena de gatos en casa. Unos se pegaban, otros se le orinaban encima, otros mendigaban… Y, él, fue queriéndolos cada vez más, hasta desear ser un gato en su próxima vida (¿Quién sabe?, a lo mejor tu gato puede ser Bukowski…)

 Librito, pues, muy recomendable. Con una serie de poemas y relatos cortos para disfrutar, desde el principio, mientras oyes un suave ronroneo, todo aderezado con una buena colección de fotos del propio Bukowski, su hija, y sus gatos.


 
 (Aquí Bukowski, con uno de sus dueños)


“Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores. Cuantos más gatos uno tenga, más tiempo vivirá. Si tienes cien gatos, vivirás diez veces más que si tienes diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo”. Charles Bukowski



P.D: La foto de Bukowski con el gato, no es mía (ya quisiera). Si vulnera alguna ley federal, o galáctica, solo tienes que decírmelo (sobre todo si eres uno de esos gringos que ve indemnizaciones hasta debajo de las piedras).