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martes, 9 de agosto de 2016

Gloria Fuertes



      Google se acordó de ella el pasado mes de julio, con un Doodle en su página de inicio, donde con aquella profunda voz salía contando a un grupo de niños un cuento. Una poeta como la copa de un pino. Madrileña de los pies a la cabeza, Gloria Fuertes sabía leer y escribir con tres años, y ya con cinco escribía cuentos y ella mismo los ilustraba. De padres modestos, ya a los catorce escribía poemas que leía en Radio España con quince. Nacida en 1917, le tocó vivir la crueldad y el sinsentido de la Guerra Civil, de la que salió reforzada con un profundo antibelicismo. En la década de los cincuenta, se unió al Postismo poético, con su marca humorística. Utilizó el humor para describir y desgranar la realidad que le rodeaba, que nos rodeaba. Su poesía era, y es, pura vitalidad.


         Escritora, ilustradora, poeta… Se mete primero en el mundo de las revistas infantiles, y pronto da el salto, sin abandonar la literatura infantil, a la poesía adulta a través de la revista Arquero que dirigió durante cuatro años, y donde coincidió con Antonio Gala o Rafael Mir. Profesora en Estados Unidos en los sesenta. En los setenta colaboró e hizo las letras de cabecera de aquellos maravillosos programas infantiles que yo me tragaba: Un Globo, Dos Globos, Tres Globos y La Cometa Blanca, entre otros.



           Y esos son mis recuerdos de ella, siempre cerca de los niños, leyendo, recitando, despertando sonrisas y brillos en los ojos. Siempre eterna Gloria Fuertes. Es una lástima que los niños de posteriores generaciones se hayan perdido tu presencia y tu manera de ser. Imprescindible.