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lunes, 28 de marzo de 2016

Palestina. Joe Sacco.

Palestina, de Joe Sacco, ha sido otra de esas gratas sorpresas, que te encuentras de vez en cuando, para mí. De Joe Sacco había leído algunas cosas relacionadas más bien con la Guerra de Bosnia, pero poco más, su trabajo periodístico acababa en un par de viñetas muy bien trazadas en algunas páginas centrales de ciertos periódicos nacionales (y de hace varios años). Cuando tuve la oportunidad de adquirir “Palestina” lo hice con los ojos cerrados, ya que la base que tenía sobre él era buena.

 Palestina nos sitúa a comienzos de la década de los noventa en Palestina. Sacco decide viajar hasta allí y documentarse sobre la realidad palestina para después hacer una serie de cómics, que salieron como fascículos, y que Planeta editó en un solo tomo, que es el que me he leído, con una serie de extras (cómo la introducción que hizo el profesor Edward Said para la versión anglosajona, en 2001, o la propia de Sacco de hace unos años, 2007). La Intifada, el día a día de los palestinos en las aldeas cercadas por el ejército israelí o La Guerra del Golfo, son temas que están muy presentes en todo el volumen.

 Estos extras, lo reconozco, al principio me hicieron bufar mucho. ¿Por qué? , pues por que el tipo de letra (tuve que usar lupa para leerlo, no es broma) estropea el interesante contenido documental al que hace referencia tanto Said (que cuenta unas anécdotas deliciosas de su niñez) como del propio Sacco.

 Después, el dibujo expresionista de Sacco te hace olvidar cualquier resquicio de temor respecto a la lectura, o al contenido del cómic. En riguroso blanco y negro, Sacco nos da un paseo por las distintas poblaciones palestinas, entrevistando a personas de uno y otro lado de la alambrada, citando hechos, retratando situaciones. Sus viñetas sufren una evolución, desde el exagerado uso de la diagonal, o la viñeta movida, casi balanceada, hasta la clásica presentación de recuadros carcelarios que le dan una cierta atmósfera al dibujo de penitenciaria, buscada y encontrada. A veces, es difícil respirar en Palestina, y eso llega.

El lenguaje que utiliza también ayuda mucho, el uso del “Chacho” a mí me ha parecido una delicia. Me ha encantado esa facilidad para conectar con el lector, sin caer en lo pedante o en lo superfluo. Con una crítica mordaz (a partes casi iguales, también refleja muy bien las contradicciones palestinas en todo el proceso de paz, de ocupación…), con una ironía fina muchas veces, después de la que está cayendo en aquellas tierras.



Y, a pesar de que el cómic va camino de los veinticinco años, el tema sigue siendo de rabiosa actualidad, quizás no con aquella intensidad, opacada por otros conflictos internacionales, pero sin duda, aún latente, y mucho.

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