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domingo, 20 de noviembre de 2016

Monsieur Chocolat




        Monsieur Chocolat es una película que me ha gustado, sin tirar cohetes, pero me ha gustado. De hecho, he visto algunas cosas interesantes dentro de lo que es Cine Social, que me ha llamado la atención, y no suele ser un tipo de Cine que esté muy en boga, lamentablemente. Basado en una historia real, creo que merece la pena su visionado.

        Estamos a finales del S.XIX, en algún lugar de Francia. Rafael Padilla (1868-1917), antiguo esclavo cubano, se gana la vida haciendo de caníbal africano en un circo de segunda división. Allí conocerá a un payaso, venido a menos, Foottit, al que se le ocurre la idea de una nueva actuación, la de dos payasos a la vez en escena (Un carablanca y un augusto, algo que no se mezclaba hasta la fecha). Teniendo en cuenta que Rafael es negro, y que el espectáculo se puede resumir en que el payaso blanco se burla del negro, a base de patadas y bofetadas, fundamentalmente, el éxito está asegurado. El racismo en la cinta es palpable. El racismo de los europeos civilizados, en como tratan a los negros o los consideran monos de feria, que se ve igualmente en una exposición en la cual se trata a los negros como animales (¿No fue el abuelo del jugador francés Karembeu igualmente expuesto, humillado, así en su día en la Exposición Colonial francesa de 1931?)

(La Goulee y Chocolat)

        El espectáculo llega hasta París. El éxito del dúo es total, tanto, que llama la atención a los hermanos Lumière, que ruedan algunos cortos de ellos, pero pronto la sombra del olvido y el fracaso les cae encima. Rafael es jugador y bebedor empedernido, un poco drogata, despilfarrador y bastante mujeriego, y eso que cobra la mitad que su compañero. Foottit es todo lo contrario, pero ve normal el rol de su compañero en el mundo que les ha tocado vivir, de hecho, participa en el mismo.
 (Foottit y Chocolat)

        Llegados a este punto, pronto las desavenencias entre ellos se hacen palpables, insalvables. Rafael quiere ser actor teatral, y comienza a enseñar una faceta altruista, hacer reír a los niños ingresados en los hospitales. Deja el dúo, el mundo del circo, y se mete en el mundo del Teatro de cabeza, donde por cierto, le va peor que mal (se empeña en representar a “Otello”). A Foottit tampoco le irá bien, comienza a representar monólogos raros y malos y cae en picado.


        Una película entretenida, a destacar en muchas de sus facetas, y creo que recomendable. No se puede decir que Rafael Padilla no tuviera una vida interesante, triste, pero interesante…

        P.D: Por YouTube tenéis algunos de los cortos de los hermanos Lumière, con Foottit y Chocolat.