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martes, 14 de septiembre de 2010

Micho y las Hormigas


Un largo y lastimero “Meoooww”, hizo que dejara de lavar la loza y me precipitara hacia el Patio-Lavadero. Eran las nueve de la mañana y el termómetro ya marcaba treinta y un grados. Cuando llegué al Patio-Lavadero, el pobre Micho I de Gato debatía una de sus patas delanteras en el aire con cara de perplejidad. Una docena de pequeñas hormigas correteaban confusas por su pelaje. “Hay miles”, maulló Micho. Me acerqué hasta él y le ayudé a deshacerse de los persistentes insectos que Micho clasificó como pobres obreros, producto sin duda, de una economía planificada donde una o varias reinas estaban todo el día pariendo, y unos cientos vivían como zánganos del subsidio derivado del trabajo de varias miles de afanosas obreras que, en su búsqueda de alimento, habían llegado e invadido el Patio-Lavadero. Micho I de Gato comenzó a analizarme la llegada de las hormigas desde un punto de vista político, y yo con mis manos aún llenas de delicada espuma de Fairy, le escuché como hablaba del estado militarizado de las hormigas, con las soldados que luchan contra otras colonias, que conquistan, y las obreras que, en fila india, llegan hasta donde las exploradoras han avisado que hay Comida de Gato. Ninguna, según Micho, podía irse de la colonia, en plenas facultades, haciendo uso de su libertad individual, para establecer una granja autónoma o una cooperativa agrícola en la Serranía de Huelva, por ejemplo. Sería pronto apresada y ajusticiada. O reclamar días festivos como: Santa Hormigonera, Patrona de las Hormigas Obreras. Apuesto a que ni siquiera tienen nombres, apuntilló Micho encarándome con sus ojos de sierpe sobre fondo amarillo y moviendo misterioso el rabo. No tienen domingos, ni derecho a la huelga, ni libertad de expresión u opinión… Pero son efectivas, ¿No?, reclamé mientras veía como la fila que había atacado a Micho se reorganizaba rápidamente para llevarse los krispies del cuenco de comida de Micho. Ya, pero, ¿Son felices?, ronroneó Micho triunfal mientras comenzaba a enroscarse bajo las macetas del Patio-Lavadero, buscando la sombra y cerrando plácidamente los ojos.


En aquel momento, no quise decirle que no me habían concedido el Paro, ni el subsidio, y que sin trabajo aparente a la vista, solo nos tocaba esperar. Y decidí volver a la cocina, a terminar de lavar la loza.

16 comentarios:

Mar dijo...

¡Menudo relato!... Cómo te hace reflexionar y piensas y lo relacionas -inevitablemente- con la política y la situación en la que nos encontramos.

Me gustó mucho como plasmas esa "supuesta" conversación con Micho I de Gato.

Un abrazo.

PD. Espero que el contenido del último párrafo no sea real.

Necronomicón.net dijo...

Este País de países se pierde un profe que merece la pena, y Micho tiene que estar orgulloso de sus amistades (pese a las hormigas).
A mi “Bin Laden” le han comido las pulgas este verano, he tenido que llevarle al médico de gatos porque se le ha caído mogollón de pelo del lomo. Creo que se me está haciendo mayor y tiene el colesterol chungo por las nubes.
Yo también espero que el último párrafo del post sea solo un recurso literario.
Reciba ud, señor profe, un abrazo muy grandote y por favor, salude a Micho de mi parte.

Rebeca dijo...

Las hormigas viven en una dictadura donde impera la teoría de masas y no existe el individualismo. A veces pienso que realmente ellas sí son felices sin tener que preocuparse del paro, las crisis y todas esas cosas que nuestro mundo ha hecho necesarias para nuestra subsistencia.

Duncan de Gross dijo...

Hola!!, me alegra veros por aquí, desde hace tiempo que no viene mucha gente. Gracias por vuestra visita. Lo del final, tristemente, no es un recurso literario, pero como dice Micho I de Gato: Atenea proveerá. Besotes&Absentas!!

Markos dijo...

Hay hormigas audaces capaces de inyectarte ácido fórmico en lugares muy dolorosos, no para una orquitis, pero sí para un par de días dolorido. Menos mal que a él sólo le atacaron la pata.

Mis chihuahas no han tenido muchas peleas con las hormigas, aunque sí con avispas. Y todas las veces salieron perdiendo. Ahora reaccionan fatal ante cualquier bicho que vuele.

Me encanta ver un gato, o un perro durmiéndose plácidamente cuando su pequeño universo vuelve a la calma tras la tempestad.

Salu2

BUENAS NOTICIAS dijo...

Ehhhhh, Duncan, este Micho sigue siendo único, jajajajjaa, me encanta su filosofía ;-)
Un abrazo grande!!!

VerboRhea dijo...

...pues, sí, pronto comenzaremos a desfilar como las hormiguitas y dejar un poco atrás la vida de cigarra que llevamos desde junio :)

Un abrazo y saludos al filósofo felino ;)

Carlos dijo...

Mejor no le digas nada. El minino izquierdoso radical que siga teorizando y viviendo en la inopia.

Ánimo Sr. Duncan ;)

Carlos Laguna dijo...

Hola solo pasando a visitar tu blog, es pequeño el tiempo que paso leyendo, pero me gusta todo lo que pones en el.

La forma en la que escribes me hace pensar que eres una buena persona...

Un saludo muy grande, y espero verte por mis blog´s

Cuidate mucho
bye

Atila el Huno dijo...

Mr. Gatooo!!

¿hormigas?...¡¡¡nada que ver con nosotros!!!...ehhh...¿nada?, ReHostia!!. Serán tan felices como nosotros!! fijo!!

Si es que esos gato criado entre musas...qué nivelaso!!

Maullidos pa to cristo!!

Mujerárbol dijo...

Pangur y yo vivimos en la ausencia de infelicidad, buscar la felicidad cuesta un montón.
Siento lo que dice el último párrafo, porque trabajar es importante para poder tener comida de gato.
Pfff! casi mejor que no me recuerdes cómo lo pasais los inter(min)inos.

Anónimo dijo...

Duncan, soy Firmin ¿qué pasó de la nueva edición? me podías mandar un e-mail? Gracias y saludos

Duncan de Gross dijo...

Hola Firmin, pues no te he escrito porque sigo teniendo problemas con Bubok. No me pagan los beneficios, cuando más lo necesito (y llevo así desde Mayo escuchando excusas de todo tipo), y hasta que no tenga el dinero no arriesgo a sacar la Segunda Edición. Descuida que yo te iré manteniendo informada ;-)

Tomi dijo...

Hola Duncan, paso a saludarte y me encuentro con esta invasión de hormigas robando la comida de Micho. Podían haber entrado en el armario de la cocina donde guardas los rescardones y las perrunillas que están mas dulces, pero seguramente han elegido el patio lavadero con la intención de convencer a Micho para una posible adopción en esta vuestra estupenda casa.

Os saludo a los dos.

Anónimo dijo...

Duncan, mensaje recibido,soy Firmin. Son un poco...jetas.Lo siento, saludos

La Pequeña Candi dijo...

¡Cómo siempre, Andrés, me he reido un montón!
¿Se habrá fijado en ellas el bolivariano?
Tienes que traerme tu libro, que estoy deseando releer historias gatunas.
Un besoooote.